lunes, 29 de junio de 2015

No todo lo que brilla es oro

Su familia no era numerosa. Papá y mamá; un hermano menor; sus cuatro abuelos; una tía, que era su madrina, y un primo. Un tiempo hubo alguien más; su padrino. No tenía muchos recuerdos de él, murió siendo ella muy chica. Pero sabía, sentía, que lo adoraba. Bastaba ver una foto suya para que se le iluminaran los ojos. Y ese sentimento era recíproco por lo que le contaban. Siempre decían que para él, ella era su consentida. No había una vez que no le trajera un regalo; que no la tomara en brazos y la llenara de mimos. Tenía grabada en el alma esa primera vez en la “Ciudad de los niños”. El viaje en auto, ella de su mano, y él tan protectivo, tan afectuoso, tan…, tan como lo recordaba ella. O tal vez lo imaginaba.

Luego de su muerte él pasó a ser innombrable. Ni siquiera al hijo, su primo, se lo mencionaban. Y ella no entendía el por qué. Creciendo supo que él no era tan “perfecto” como lo recordaba. En el país habían sido los años más difíciles aquellos de su infancia, plena dictadura militar. Y su padrino…, en fin, su padrino no estuvo del lado que a ella le hubiese gustado. Así y todo, hasta el día de hoy, ella, ya adulta, no logra recordarlo con menos amor de cuando era niña.

Pero aprendió. Ella siendo muy joven, aprendió. Aprendió que a veces el Cielo de uno puede ser el Infierno del otro. Aprendió que las apariencias pueden engañar. Aprendió a no juzgar. Aprendió que no todo lo que brilla es oro.




jueves, 25 de junio de 2015

Rostros de la Polio

No recuerdo cómo era mi vida antes de esta enfermedad. Tenía apenas 3 años cuando la epidemia se extendió por todo el país, allá por el año 1956. Sé que vivíamos en una provincia del interior, aunque lo que conozco de esa parte de mi historia es por relatos ajenos, y no muy precisos.

Mi “Diario de viaje”, como a mí me gusta llamarlo, dice que llegué al Hospital en marzo de ese año, viajando hasta la Capital. Aunque si por áquel entonces allí tampoco estaban especializados; y la enfermedad continuaba a ganar terreno sobre mi cuerpo, a casi paralizarlo irremediablemente. Los médicos determinaron que el tratamiento sería largo, muy largo. Creo que fue ahí cuando mis padres decidieron regresar a casa…, sin mí.

Viví en el hospital hasta los 12 años, momento en el cual, a pocos metros de allí, abrió sus puertas un Hogar para alojar a niños como yo. Desde entonces, ese fue mi lugar en el mundo. Fue allí donde descubrí mi pasión por la pintura. A pesar de la dificultad para usar mis manos, semi paralizadas, podía expresarme através de ella. Y así fue que entré en contacto con una escuela de arte, ellos me aceptaron, me promovieron, me becaron. Me dieron la oportunidad de ganarme la vida, y hoy soy profesora de “Historia del arte” en esta misma escuela; y una conocida artista local.

Con el tiempo construí una familia; una algo especial, unida por lazos de profunda amistad, amor, y no de sangre. Y es verdad, la enfermedad marcó mi vida, señó mi destino; pero no reniego de ello, es más, no consigo imaginar que hubiese sido sin ella. Tal vez hubiese sido una vida más sencilla, pero seguramente no menos maravillosa. ¿Mi nombre?..., mi nombre no importa, mi nombre es uno más en una larga lista. ¿Mi rostro?..., mi rostro es igual al de tantos, mi rostro es uno más de los “Rostros de la Polio”.



(Este texto pertenece a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria fue hecha por José Vincente desde su blog "El sueño de la colina". Te invito a leer al resto de los participantes aquí!)



domingo, 21 de junio de 2015

Enamórate de un hombre de verdad

Si algún día llegas a leer estas palabras, quiero pedirte unos minutos de tu tiempo para tratar de explicarte.
No puedo pedirte que te enamores de un extraño, eso es absurdo; pero quiero pedirte que, al momento de entregar tu corazón, lo hagas a sabiendas de que quién está a tu lado, es un hombre que sabrá amarte y apreciarte por la mujer que eres. Quiero pedirte que te enamores de un hombre de verdad; uno, que te persiga con la mirada, como un león hambriento; y que, se pierda en el brillo de tus ojos, aún en la oscuridad. Enamórate de un hombre para el cuál tu seas la única mujer en este mundo; y, que sea cápaz de construirte un castillo, aunque sólo tenga un lápiz y papel. No puedo pedirte que te enamores de un hombre que lo haga todo; sin embargo, te pido que te enamores de un hombre que esté dispuesto a hacerlo todo por tí. Quiero que te enamores de un hombre con la suficiente hombría para cocinar por las noches, o cuando estés cansada. Un hombre que pueda coser un botón de tu blusa favorita, para que puedas llegar a tiempo a esa reunión; y, por qué no, que te diga al oído que: 'todo estará bien'. Enamórate de un hombre que valore a la familia y a los amigos, pues en la vida necesitará de todos ellos. Y, si es un ladrón, procura que te robe sólo algunos besos; pues, ya te habrá robado el corazón. Quiero que te enamores de aquel que acaricie tu rostro y juegue con tu pelo, así sabrás que su mente está sólo contigo. Cualquiera puede decir un 'te amo'; pero, el amor se demuestra cada día, y en los pequeños 'te quiero'. Quiero que te enamores de un hombre que procure llenarte de alegría; y que te haga sonreir, aún en tus días más difíciles. Enamórate de aquel hombre que no se aproveche de tí, ni aún en tus momentos de vulnerabilidad. Un verdadero hombre te respetará, incluso, cuando tú no quieras. Enamórate de un hombre que no haga alarde de los bienes que tiene; sino, que sepa apreciar y valorar todo aquello que ha vivido, las personas con las cuales ha compartido y las experiencias que en la vida ha acumulado. Enamórate de alguien a quien le guste cocinar y ejercitarse, así tendrás la excusa perfecta para comer tus caprichos; y luego, pasar el tiempo juntos 'quemando esas calorías'! Quiero que te enamores de un hombre que esté dispuesto a llevarte la contraria; y, que tenga un punto de vista distinto al tuyo. Así, en la salud, la distancia o la enfermedad, sabrás que siempre podrás contar con alguien que estará a tu lado, a pesar de cualquier diferencia. Enamórate de un hombre que te tenga presente a cada momento del día; y, que te llene la vida de detalles. Un hombre, que jamás te oculte lo que siente; y te diga lo que necesitas saber. Quiero que te enamores de alguien que sepa escucharte, aún en el sórdido silencio del olvido. Enamórate de un hombre que sea libre, que sea tuyo; que te ame y que se deje amar por tí. Enamórate de alguien que, aunque no sea yo, te haga feliz.
Al final, si aún no has comprendido, eres tan digna de este amor tan tuyo y tan mío, que aquel de quien te enamores sabrá que, sólo un hombre de verdad es digno de tí.
No te conformes con menos...
Nunca bajes el listón de lo alto.
Te lo dice un hombre enamorado de tí...
Te amo..., tu padre.




En el Día del Padre en Argentina,
un texto, una imagen y un video,
para un hombre maravilloso al que amo infinitamente
...mi Papá!



(He descubierto el autor de tan hermosas letras, él se llama Fran y su blog "El Ático".
Y acá está su entrada original con este texto maravilloso:
"Enamórate de un hombre de verdad")




jueves, 18 de junio de 2015

Un nuevo mundo

Se podría decir que Leo la encontró por casualidad, si creyera en ellas. Eso sí, fue un instante, y sintió perderse…, encontrándose más que nunca.
Y hoy la vería. La sensación que le producía ese encuentro era como un calor que le partía del pecho a su entrepierna, donde el deseo se volvía más latente. Y se imaginaba a los dos sentados, uno frente al otro, a simular que les interesaba el mundo que los rodeaba, tal vez en silencio, pero hablándose con los ojos, buscando estirar el tiempo para que no escapara velozmente.
Sería una cena informal y él ya la veía. Sus ojos negros, apenas delineados. Su cuello, con su cabello recogido. Su escote y esa visión donde nacen sus pechos. Sensuales…, provocadores…, que siempre deseaba besar, saborear, como si de eso dependiera su vida. La necesidad de tocarla lucharía con sus propias convicciones…, y las convenciones.
Lo sabía. Sabía que su esposa y su marido estarían junto a ellos, a mantener las apariencias de parejas felices, de amigos de siempre, de socios en los negocios. Y hablarían de su trabajo. Trabajo que los unía y que transformaba a ellos en simples objetos decorativos. Y aunque ellos no trabajaban juntos, compartían el mismo sueño, las mismas ganas, el mismo deseo.
Y llegaría el momento de saludarse. Los labios dibujarían una sonrisa cómplice. Y las miradas serían calladas promesas.
Él sabía que el momento y la situación eran equivocados, pero se negaba a creer que ese placer fuera un castigo. Porque prefería pensar que el hecho de encontrarse entre tanta soledad era un milagro.  Y ella lo había despertado. Despertado de ese letargo que lo estaba convirtiendo en la sombra de sí mismo. Despertado a una nueva vida, a un nuevo mundo. Un mundo de sólo ellos dos. Un mundo único…, secreto…, peligroso. Un mundo bajo control, pero que no podían controlar.


(Este texto pertenece a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria fue hecha por Mónica desde su blog "Neogeminis". Te invito a leer al resto de los participantes!)


domingo, 14 de junio de 2015

"Cuando te beso
no es sólo tu boca,
no es sólo tu ombligo,
no es sólo tu vientre
que beso.
Yo beso también tus preguntas,
y tus deseos,
beso tu reflexión,
tus dudas
y tu coraje.
Tu amor por mí
y tu libertad de mí,
tu pie
que llegó hasta aquí
y que de nuevo se va,
yo te beso a ti,
así como eres
y como serás
mañana y después
y cuando mi tiempo habrá pasado."
(Erich Fried)







Tu beso no es sólo tu boca sobre mi
...porque me besas sin siquiera tocarme.
Me besas cuando me miras
y ves más allá.
Me besas cuando escuchas lo que digo
y sobre todo, lo que callo.
Me besas cuando me sientes caida
y con tu abrazo me haces alzar el vuelo.
Me besas cuando me cuidas
hasta de mi misma.
Me besas cuando tocas mi alma con la tuya
...y nos convertimos en un único latido.


"... ♫ ... cuando me besas ... ♫ ..."



viernes, 12 de junio de 2015

Lujuria

Necesitaría las llaves del 3°D –dijo Anna sin prestar mucha atención.
¿Usted es…? –aquella voz masculina le hizo erizar la piel en un instante.
Anna Pardo, soy la nueva inquilina –dijo mostrando su documento.
Linda foto …pero no le hace justicia… -dijo el hombre. Sus ojos eran tan oscuros como la noche. Sin más, se acercó. Acarició suavemente el rostro femenino hasta llegar a su boca, rozándole apenas los labios. Anna tembló.
¿Ves?, la foto no dice cuánto aterciopelada sea tu piel, ni cuánto vibren tus ojos al toque de los párpados, ni cuánto tus labios sean suaves …y deseosos.

La besó, abriéndose paso en su boca con la lengua, degustando y haciendo crecer el deseo. Anna no supo reccionar, envuelta en una excitación que inegablemente crecía. Buscó con su lengua la masculina, pero él se negó. Él continuò besándola, bajó por su cuello mientras le desabrochaba la camisa. Anna quiso tomarle el rostro, pero él la frenó.
Debes sólo dejarme hacer... –dijo y su boca se dirigió velozmente sobre el seno femenino, sin sacarle el sujetador, en tanto que una mano le bajaba el cierre del jeans y acariciaba su espalda, sus caderas, su vientre. Sus pezones, tan erectos, los tomó para chuparlos vorazmente, primero uno y luego el otro, mientras su mano hurgaba entre su tanga, sintiendo la humedad de su sexo. Entonces, sin dejar de mirarla a los ojos, bajó su jeans y ropa interior, y se introdujo entre sus pliegues. Lentamente, saboreando ese néctar primordial…, hasta que la lengua de él y el cuerpo de ella danzaban al mismo ritmo. Anna se derramó sobre su boca en un orgasmo tan intenso que casi perdió la conciencia...

Él la ayudó a acomodarse la ropa. La acompañó hasta el piso. Al abrirse la puerta del ascensor, la hizo pasar. La besó en la frente a modo de despedida.

Al día siguiente Anna recordó lo acontecido y esperaba averiguar cosas. Encontró un hombre muy distinto en la portería.
Buen día; disculpe, ¿el conserje de la noche? –preguntó Anna.
No hay conserje de noche, Anna, y no debe dejar su documentación aquí…  –dijo entregándosela.
Anna se giró sin entender nada; se dirigió hacia la puerta y antes de salir escuchó al conserje:

Por cierto señorita Pardo, la foto no le hace justicia…



(Este relato fue inspirado para una convocatoria a la que he querido participar "Relatos Jueveros". Esta vez el tema fue propuesto por Charo desde su blog "¿Quieres que te cuente?"  y era elegir uno de los siete pecados capitales y escribir...
Aquí tienes todos los relatos participantes.)


lunes, 8 de junio de 2015

¿Destino?

Cristina siempre fue muy supersticiosa, no había mañana que no leyera su horóscopo. Ni hablar de pasar por debajo de escaleras o si un gato negro atraversaba su camino. Por lo que ese sábado, cuando vió la publicidad de la “Feria de las Ciencias Ocultas” en Capital, había decidido que no se la perdería.

Llegó apenas pasadas las 19:00. Había de todo; tarotistas, astrólogos, quien leía las manos, la borra del café, hasta grafólogos. Las horas pasaban y, a pesar de su curiosidad, no hacía “consultas”; el temor que le dijieran algo feo sobre su futuro era mayor.

Estaba yéndose, un poco descepcionada consigo misma por esta forma de cobardía; cuando sintió que alguien tomaba su mano. Una vieja ciega y extravagante; que lo único que pronunciò antes de desaparecer entre la gente fue: “Ayyy niña, disfruta de éstas, tus últimas semanas…”. Cristina quedó shockeada; su primera reacción fue “¡qué vieja loca!”, sacudió la cabeza y volvió a casa.

Esa noche no logró dormir. No dejó de pensar en esas palabras; razón por la cual, a la mañana siguiente, llamó al trabajo dando parte de enferma. Y en realidad lo estaba, o al menos así se sentía. A la falta de sueño se había sumado el comer mal; pues todo la hacía dudar, a todo temía: intoxicaciones; raras enfermedades; improvisas alergias; hasta el ahogarse en su más completa soledad. Pasadas unas semanas su debilidad física era notable; esto y el “riesgo” de salir a la calle, hicieron que decidiera comprar todo por internet y hacérselo traer a su casa. Obviamente ya había renunciado al trabajo e iba adelante con sus ahorros, mientras buscaba un trabajo que pudiese hacer desde su notebook. Pero no era fácil y el dinero comenzó a no alcanzar, las compras iniciaron a ser menos y más espaciadas. Su debilidad aumentaba, había días en los cuales ni siquiera salía de la cama, y su higiene dejaba mucho que desear.

El muchacho encargado de los envíos a domicilio del supermercado se sorprendió que desde hacía 15 días la muchacha tan delgada y con cara asustada de Av. Vergara y Miranda no hiciera su pedido. Por lo que decidió pasar y tocar el timbre. Nada. No se escuchaba ningún sonido. Tuvo un mal presentimiento y llamó a la policía…

Lo siguiente que se supo fue de la trágica muerte de una joven sin familia, a causa de una grave desnutrición. Se la había encontrado dentro su propia casa, en un estado de descomposición avanzada. En su puño cerrado, la entrada a una “Feria de las Ciencias Ocultas” …murió 13 semanas luego de visitarla.


(Otra vez un escrito inspirado a un tema de los
"Jueves de Relatos" de "El Demiurgo de Hurlingham"
...la próxima trataré de participar en tiempo y forma.)

jueves, 4 de junio de 2015

Madrugada.
Los primeros rayos de luz entran por la ventana,
…y tu voz llega a mi oído.
La piel se eriza,
…y un calor invade mi cuerpo.
Las sábanas me rozan los pezones,
…duros …dolorantes …expectantes.
Tus caricias en mis manos,
…y en la humedad de mi sexo.
Juegan entre mis pliegues.
Gimo tu nombre,
…y te siento.
La espalda se arquea.
Llega el orgasmo,
...derramándose en una sonrisa.
Esa que deseas,
…esa que te gusta.
Esa sonrisa que ya es toda tuya.






lunes, 1 de junio de 2015

Desperté con el rumor del celular que parecía decir “no duermas más” y oí cómo llovía…, aún. “No good”, pensé; y no respondí. No hoy.

Me levanté con los minutos contados, como siempre estas semanas. Un café al vuelo, y al trabajo.

Al abrir la puerta de casa me invadió ese aroma de asfalto mojado, e inevitablemente pensé en vos. Recordé ese día en el cual mi vida cambiaría para siempre.

Había llegado al colegio, y me miraste cómo vos sola sabes hacerlo, con tus ojos de terciopelo y sólo dijiste: “No digas nada…, no más nada…, vamos.” y por primera vez en cinco años, me rateé. Empezaste a caminar hacia Newbery, dijiste que a esa hora en Ruben Dario seguramente nos verían. Tren, subte y llegamos a destino. “Mañana en el Abasto”, dijiste guiñándome un ojo. Entramos, dimos vueltas…, muchas vueltas…, pero necesitaba aire, no más confusión. Salimos otra vez y nos fuimos hasta Palermo. Nos sentamos en el pasto mirando el lago y sin más me largué a llorar. “Shhh…, calma…, Luca ya está en camino…”. “Pero Naty…, él es el primero, son siete meses que nos conocemos y ¿si no funciona?..., tal vez lo mejor sea…”, no pude terminar la frase, me cortó en seco. “No…, mejor no hablar de ciertas cosas…, cuando lo tengas en brazos te odiarás por haberlo sólo pensado.” Y me abrazó.

Hoy, veintidos años después, los sentimientos vuelven a ser no tan distintos a los de aquella vez. Porque como decía Prodan: “…no sé lo que quiero pero lo quiero ya…”. Y son las 8:30 y no puedo ratearme del trabajo. No podemos ir a dar vueltas por el Abasto, ni sentarnos en el pasto a mirar el lago. No estás para abrazarme. No estoy…, y te extraño.

Pero esta noche te llamaré, y al oirme vos sabrás. Y yo…, yo silenciosamente te pediré: “Brilla tu luz para mí…”


 (Este texto nace en base a una idea de "El Demiurgo de Hurlingham", blog que recomiendo para quién no lo conoce ya. Iniciativa que él propuso para uno de sus "Jueves de relatos", a la cual como siempre no he logrado participar, últimamente no manejo bien los tiempos... pero la idea me había gustado mucho y quise probar... espero comentarios y críticas!
La banda a la que se va haciendo referencia en el texto, es SUMO, liderada por Luca Prodan; un italiano crecido y educado en Inglaterra, que terminó sus días allá por el año '88 en Buenos Aires.)