Cuando ella nació, aún
no era tiempo de cambios; pero aquello no le impidió crecer de la manera que lo
hizo. Soñaba con las heroínas que veía en las pantallas, y con las de las historias
de los libros que leía. Tal vez por ello o porque era destino, a una cierta
edad y hasta casi sin darse cuenta, se hizo parte de un clan. Un clan de
heroínas como las que tanto había deseado ser.
En ese clan estaba aquella
heroína que había logrado alzarse después de haber perdido su gran amor; y
aquella que siendo la única de su estirpe supo formar una aún más fuerte. Aquella
que continuó a estar en pie y caminar a pesar de encontrarse sola con todo el
peso en su espalda; y aquella que pudiendo alcanzar la cima, eligió construir el
propio refugio para ella y los suyos. Aquella que nunca se dejó vencer ni por males ni por
desilusiones; y aquella que aún peleando con sus propios fantasmas, eligió
hacerlo con los de algún otro. Aquella que pasó todo el tiempo necesario para
cuidar su herencia; y aquella que aún enterrando uno de sus más grandes
tesoros, no dejó de creer. Y aquellas que siendo las más jóvenes ya habían
pasado por pruebas tremendas.
Estas heroínas no
tenían nombres especiales, no los tienen aún hoy. Hay quien las llama abuela o
nonna; tía o mamá; hermana o cuñada o amigas; hija o sobrina o nieta. Porque en
realidad, los nombres no importan, porque ellas están a nuestro lado, todos los
días; nos acompañan, nos cuidan, nos aman. Y tampoco hay un día o dos para
celebrarla, porque todos son “el día”. Estas heroínas son simplemente mujeres y
éste es el gran superpoder que tienen.
Esto es para vos que
estás leyendo, y en éste como en todo el resto del año, te deseo un gran
espléndido día... feliz 8 de marzo heroína.
