viernes, 21 de abril de 2017

#VDLN - 41

“No soy la única, pero aún así soy alguien.
No puedo hacer todo, pero aún así puedo hacer algo.
Y justo porque no lo puedo hacer todo,
no renunciaré a hacer lo que sí puedo”
(Helen Keller)




Un año más...
En este minuto exacto, en plena Ciudad de Buenos Aires, 41 años atrás nacía esta mujer...
Cuarenta y uno... a veces parecen muchos más, por tanto sentido, en la piel y en el alma; por tanto vivido, a pleno, con el corazón abierto... y a veces parecen tan pocos, y que tantas cosas hayan sido ayer...
Tantos recuerdos... tantos momentos inolvidables... tantos sentimientos que desbordan...
Gracias... a vos que estás desde siempre... y a vos que has apenas llegado...
Gracias... a vos que estás allí, de ese otro lado, pero tan cerquita de mi ♥...
Gracias... por tanto... por todo... por lo bueno, y también por lo malo, porque todo me ha hecho la mujer soy...
Hoy festejo junto a vos mis cuarenta y un vueltas alrededor del sol... y espero sean muchas más!



martes, 18 de abril de 2017

Había cumplido diecisiete años. Pensaba que esa fecha la pasaría con él, pero no. Él le había pedido un tiempo, y eso había roto algo en su interior que no tenía arreglo. Cuando llamó unos días después, ella no quiso hablarle, pese a tener una horrible sospecha. Fue a la escuela como siempre, y a la salida se dirigió a lo de su mejor amiga, necesitaba hablar con alguien, contar todo y aquello que pensaba hacer.

¿Estás segura? –preguntó su hermana del alma, con una mezcla de asombro y angustía en el rostro. Yo creo que él debería saberlo.
No... –ella fue categórica. Él quiso un tiempo... Él no está seguro, y yo no quiero atar a nadie a mi lado... ni siquiera sé si yo deseo atarme a alguien en estos momentos.
Pero... –intentaba por una vez ser la más racional de las dos. No deberías pasar sola por algo así.
No estoy sola, te tengo a vos... –sus ojos decían mucho más que cualquier palabra. Nadie debe saberlo, todos opinarían y me dirían qué hacer... terminarían volviéndome loca... más loca. Aparte, él vendría a saberlo y eso cambiaría sus planes.
¿Y no crees sería lo más justo? –insistía mientras servía a ambas la segunda taza de café.
Que no... –volvió afirmar ella encendiéndose un cigarrillo. Él debe seguir con su vida, debe irse, viajar a Europa con sus padres, es allá su futuro... esto es sólo un accidente.
Claro... un accidente... –repitió su amiga en forma irónica. Un error del cual sólo vos te harás cargo.
Un error que vos me ayudarás a remediar... y olvidar. –respondió ella.

Pasó el tiempo y no volvieron a hablar del tema. Terminó de estudiar ese mismo año e ingresó a la Universidad. Se dedicó a la carrera y no se detuvo hasta convertirse en una de las más conocidas abogadas en ámbito penal de la ciudad. Tuvo algunos amores pasajeros pero nunca formó una pareja estable. Ni siquiera había vuelto a pensar en tener hijos... Al menos no hasta ese momento. Se encontraba en la sala de espera del consultorio médico, le darían los resultados de unos estudios; había estado muy estresada en los últimos meses y eso estaba repercutiendo en su cuerpo seguramente. Pero el rostro de su doctora indicaba que había algo más. Según trataba de explicarle, sin una razón aparente, su reloj biológico se había detenido unos cuantos años antes del tiempo previsto. En pocas palabras, ya no podría tener hijos. Las lágrimas invadieron sus ojos y rodaron por sus mejillas. La angustía invadió su pecho y cerró su garganta, se estaba ahogando...

Despertó sobresaltada en su cama, estaba completamente sudada. Se alzó y caminó hacia la cocina.

¡Mamá! –su hija de veintitrés años estaba preparando el desayuno. ¿Qué haces ya levantada?
Es que... –y no lograba articular palabra.
Dale... volvé a la cama. –insistía mientras la empujaba entre risas hacia la habitación. Papá fue a comprarte una torta y unas flores... sabés que se enfada si no puede sorprenderte y mimarte.

Era la mañana de su cumpleaños número cuarenta y uno, y todo era como tenía que ser... simplemente maravilloso.




(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 44: Escribe con sinceridad retomando una historia que te podía haber pasado,
pero en su lugar escogiste otro camino.)


viernes, 14 de abril de 2017

#VDLN - 40

"Habría podido mandarlo al diablo
y buscar una vida más simple.
Habría podido..., y en cambio, lo tomé de la mano.
Tanto nos habríamos echado de menos,
tanto nos deseabamos aún,
tanto a veces es necesario arremangarse
y salvarlos ciertos amores."
(Susanna Casciani)




miércoles, 12 de abril de 2017

El Club de los 5: Abril


Tal vez, y sólo tal vez, te estés preguntando que, qué es "El Club de los 5"... Pues nada más que un sitio donde charlar de ocio y cultura los cinco de cada mes. Sí, ya sé, estamos a día doce... pero es que ya el mes pasado he descubierto esta iniciativa en el blog de "El Papá Cavernícola (e hijo)" y como que me ha tentado demasiado, y no he querido esperar más... entonces aquí vamos...

  • Serie: Ally McBeal
Un clásico de ya unos cuantos años (veinte para ser exactos... ¡¡cómo pasa el tiempo!!). No es más que el día a día de esta joven abogada, pero cada vez que la veo no puedo contener las risas con las cosas que ella 'piensa' y que, obviamente, nadie más que el espectador 'oye'. Ese humor irónico, sarcástico, es de lo que más me gusta.

  • Libro: Mujeres que corren con los lobos
El primer libro de la psicóloga y escritora Clarissa Pinkola Estés. Un libro que habla de la fuerza natural de la mujer, de su espíritu; basado en años de investigación del rol de la mujer en diferentes culturas. Un libro que toda mujer debería leer... y todo hombre también.

"(...) Los lobos y las mujeres tienen mucho en común. Ambos comparten un espíritu salvaje.Las mujeres y los lobos son criaturas instintivas, capaces de percibir lo invisible. Son leales, protectores de sus compañeros y de sus crías. Son salvajes y hermosos. Ambos han sido cazados y capturados.Incluso en cautiverio, se puede ver en los ojos de una mujer, o un lobo, el deseo de correr libremente, y la determinación de que si se presenta la oportunidad... se han ido... (...)"

  • Descubrimiento: Blogger
Sí, podrán reírse, pero es que hace años cuando descubrí el 'mundo' de los blogs fue una maravilla. Esto de 'contactar', conocer, a otros con los cuales compartir tus gustos musicales, hablar de películas, de la crianza de los hijos; de repente te lanzas a cosas que siempre te han gustado pero no te animabas, y comienzas a escribir; y accedes a escritores que de otra forma no hubieses jamás conocido... justo eso, una maravilla.

  • Trailer: La liga de la Justicia
Ha ganado mi lado adolescente... soy de las que pasa de una película de culto, a la más comercial de todas, lo admito. Lo único que me hace falta para este tipo de películas es algún niño de acompañante, con quien comentar... obviamente una vez que se sale del cine, todo el mundo sabe que durante la proyección no se habla, ¿o no?


  • Cita:
"La ventaja de ser inteligente es que se puede fingir ser imbécil,
mientras que lo contrario es totalmente imposible."
(Woody Allen)


Bueno... esto es todo... por ahora!!


domingo, 9 de abril de 2017

Martín... Martín... –continuaba a gritar Elena.

Nada. Martín había vuelto al departamento hecho una furia, y había dejado a Elena sola en mitad de la rambla. Bueno... en realidad no estaba sola. Se había quedado con Alejandro. Eran amigos desde hacía años. Él la había conocido en su peor momento y desde allí siempre estuvieron el uno para el otro.. Elena no podía hacer a menos de él. Hacía parte de cada nuevo proyecto, de cada locura. Pero esa noche, tal vez, había superado todos los límites.

Martín le había dicho que estaba cansado y que deseaba volver al departamento; y ella que no, que Ale quería hacerles ver el nuevo local, el bar que inaguraría en unos días. Y ahora Martín se había ido y ella no correría detrás; decidió que igualmente iría a ver este bar, ¿qué de malo podía haber en ello?

Caminaron hasta el final de la rambla, conversando de cualquier cosa, simulando que todo estaba bien. Ale tomó la mano de Elena y la detuvo antes de entrar. Le pidió de cerrar los ojos, encendió todas las luces y entonces sí, le pidió que los abriera. El rostro de Elena era aquello que él esperaba ver, era una mezcla de emoción y admiración, se había iluminado y no dejaba de sonreír. Le hizo ver cada rincón, cada detalle, le explicó que él se había encargado de todo, había estado en cada cosa que se había hecho. Los ojos de Elena aumentaban su brillo a cada palabra.

Ale fue detrás de la barra e inició a preparar unos tragos, nada muy fuerte. Ella probaba cada cosa que él le ofrecía, y comenzó a relajarse. Hablaban de todo, y de todos... y obviamente de Martín.

No es malo, al contrario... –decía Elena, a la que iniciaba a nublarse la mirada. Pero a veces hace me desquicie con tanta seriedad.
Podría ser un poco más cómplice. –provocó Ale, acercándose a ella.
Sí... tienes razón... eso es lo que nos falta... –y la voz de Elena era casi un murmullo. Complicidad...
Como la que hay entre tú y yo... –dijo Ale mirándola fijamente y sujetándola contra la barra para que ella no cayera.
Sí... tú y yo somos un buen par... –le tocaba la punta de la nariz riendo. Un buen par de amigos...
Tú y yo... –la mano de él delineó su hombro hasta su cuello, acarició el perfil de su mandíbula y la sujetó por el mentón. Tú y yo somos mucho más que buenos amigos...

Y la besó. Elena sintió el calor del cuerpo de Ale sujetando el suyo. Las manos de él recorrían su espalda hasta perderse en su cintura. Ella había perdido toda razón y se dejó llevar. Él la envolvía en un tortellino de éxtasis que hacía mucho tiempo no probaba. Lo deseaba. Le quitó la camisa, pasando sus manos y uñas por su pecho. Él desabrochó el vestido de Elena, dejándolo caer a sus pies y deleitándose con su desnudez. La sentó en la barra para besarla en su más profunda intimidad. Elena se arqueaba por él... para él. Sus gemidos inundaron el local en el momento que la lujuría explotó en su cuerpo.

Elena... Elena... ¡Elena! –gritó.

Ella se despertó de golpe, sentándose en la cama y sin entender nada.

Martín... –balbuceó. ¿Qué pasó?
Nada... qué Ale te ha traído esta madrugada porque te han caído mal esos tragos... –dijo Martín con algo de desaprobación en la voz. Que tú no estás acostumbrada a beber.
¿Ale me ha traído? –preguntó sin poder quitarse ciertas imágenes al cerrar sus ojos.
Que sí, que al final es un buen amigo... –mencionó Martín. Voy a prepararte un poco de café.

Elena se quedó mirando el vacío y en su cabeza sólo resonaba la voz de Ale diciendo: “Tú y yo somos mucho más que buenos amigos...”.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 2: Describe una escena sensual con una pareja
que termina desnuda en la barra de un bar.)


viernes, 7 de abril de 2017

#VDLN - 39

"Y al final comprendemos,
que hay personas que brillan sin ser estrellas...
que hay silencios que separan sin ser distancia...
que la vida es un poquito así, loca
y que mientras se nos pasa
nos desesperamos por darle sentido."
(Mi Granero)


viernes, 31 de marzo de 2017

#VDLN - 38

"Hay tantas cosas que tendrás que descubrir.
Las cosas invisibles, las difíciles,
la brecha que te espera entre el deseo y el mundo:
apretarás los dientes, resistirás, nunca pedirás nada.
No, no se vive para ganarle a nadie. Se vive para darse..."
(Eduardo Galeano)


miércoles, 29 de marzo de 2017

Siento mucho haberte dado esta noticia... –y su voz sonoba realmente dolorida. Había esperado como vos que este tratamiento experimental diera resultados positivos.

Anna... –se detuvo, el desánimo hacía temblar su voz. En todo este tiempo ambas sabíamos que ésta era una posibilidad... lo más probable, ésta, que no funcionara... Ahora sólo te pido un último favor...

Lo que quieras Clau... –por su voz  sabía lo decía de verdad.

No se lo digas a nadie... ni siquiera a mi hijo... –era muy seria en esto y su expresión no dejaba dudas.

¿Qué piensas hacer? –ahora iniciaba a preocuparse. No es momento para locuras, necesitas ser contenida, aparte ya sabes que queda poco tiempo.

Justamente por eso... y ninguna locura. –le respondió alzándose y dirigiéndose hacia la única ventana del consultorio.

En todos estos años Anna se había convertido en una amiga, ya no era sólo la doctora que había hecho hasta lo imposible por salvarla de algo que, estaba visto, era inevitabile. El último intento por curarla, no sólo había sido totalmente ineficaz sino que había reducido el ya poco tiempo que le quedaba. Y ella había decidido. Nunca quiso ser un peso para los suyos. La muerte no la asustaba, eran ya muchos años que caminaban hombro con hombro. Pero sí temía al dolor. No al proprio, también a ese se había acostumbrado, sino al que veía reflejado en los ojos de su hijo. Él no se merecía más esta vida que no era tal. Lo había tenido que crecer sola y él había madurado de golpe. Los escasos dieciocho años de diferencia hacían de ellos amigos más que madre e hijo. Pero ya basta.

Volvió a su casa con la decisión tomada. Apenas cruzó el umbral escuchó sonar el teléfono.

Má... ¿Dónde estabas? –inconfundible la voz de su niño, aunque ya estaba cerca de los treinta.

¡Hola nene! –simulaba un entusiasmo que no tenía. Nada... me perdí paseando por el centro y decidí hacer otro viaje.

Pero ¿qué dices? –se mostraba confundido. ¿Puedes? ¿Y el tratamiento? Espérame, en media hora estoy en tu casa y hablamos.

No Fer... acabo de llegar y estoy agotada... –sabía de no poder enfrentarlo y mirarlo a los ojos. Nos encontramos mañana a desayunar, ¿te parece?

¿Segura? ...te noto extraña. –decía preocupado.

Sí, sí... me haré un baño y directa a la cama... –decía la verdad.

Ok, como quieras, te espero en el bar de acá abajo... Descansa, te quiero. –dijo sin seguir insistiendo.

Perfecto cielo... gracias, yo también te quiero. –respondió con casi un hilo de voz.

Colgó la corneta y rompió a llorar. Pero no cambió de idea, al contrario, estaba aún más decidida.

Al día siguiente se despertó de madrugada, le sucedía tantas veces que ya estaba acostumbrada. Aprovechó a controlar todos sus papeles; y sí, estaban en orden, hacía unos meses había ido de su abogado y puesto todo a nombre de Fernando, ¿para qué esperar? De este modo le evitaría, al menos, toda la burocracia del papeleo. Sacó la valija del armario y comenzó a poner dentro algunas prendas. Se preparò, tomó todas sus pastillas diarias y salió a la calle. Antes de encontrarse con su hijo, pasó por la agencia de viajes y compró un pasaje... partiría en dos días.

Finalmente entró al bar. Vió a Fernando sentado en una mesa en el fondo, alzaba la mano para que lo viera.

Llegaste... a ver si me explicas qué es esto del viaje. –dijo sin preámbulos.

Hola... buenos días, ¿vos qué tal? ...yo bien, gracias. –respondió irónica.

Buen día mamá... –le dijo dándole un beso. Y ahora explícame lo del viaje.

Claudia sonrió, ordenó el cappuccino y la medialuna de siempre, y trató de explicarle a Fernando el porqué había decidido viajar así improvisamente. Mentía. Ella sabía de estar mintiéndole, pero se decía así misma que era lo mejor. No lo haría pasar otra vez por lo mismo de hace un año atrás. Días y días al lado de una cama, haciéndolo sentir impotente. Debía ser fuerte por los dos. El amor por él era más grande que cualquier otra cosa.

Se pasaron la mañana conversando. Fernando no estaba convencido pero a un cierto punto entendió no la haría cambiar de opinión. Claudia le había dicho que igualmente debía esperar tres meses para volver a repetir otro ciclo del tratamiento, entonces aprovechaba a hacer ese crucero por el Mediterráneo que era una vida que soñaba. Y Fernando  pareció aceptar la idea. Quedaron en cenar juntos al día siguiente en la casa de ella, y despedirse.

Todo fue bastante normal. Claudia bromeaba todo el tiempo para no caer en la angustía de saber que no volverían a verse. Fernando no sospechó nada, tal vez no deseaba ver lo que realmente estaba sucediendo.

Una semana después llegó la noticia... una noche, por causas desconocidas, Claudia cayó en mar abierto.



(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 41Escribe una historia con lo que haría un personaje
que sabe que le queda una semana de vida.)

viernes, 24 de marzo de 2017

#VDLN - 37

"Saber que hay alguien, en alguna parte,
del cual te sientes comprendido pese a las distancias
o a los pensamientos inexpresados,
hace de esta tierra un jardín."
(Antoine de Saint-Exupéry)


miércoles, 22 de marzo de 2017

Italia, noviembre de 1942.


Mio caro:
            Inicio a escribir estas líneas sin siquiera saber si lograremos vernos una vez más. De no ser así, y si existe aún un Dios, ruego que ellas te lleguen de algún modo.

Ya son dos meses que te has marchado, y tu ausencia provoca en mí un vacío y un sentimiento de desolación, que ni siquiera este crudo invierno podría igualar. Todo está cubierto de nieve, nuestro pueblo, nuestros senderos, cada uno de nuestros rincones. Tan blancos, tan puros y etéreos. Y sin embargo, falta esa magia en ellos, esa magia que vivía junto a ti y que se ha marchado contigo. Pero mis palabras no desean ser un reproche; porque tus ideales, tu sentido del deber, tu responsabilidad, son parte de las cosas que me han enamorado de ti. De ese hombre maravilloso que me conquistó simplemente rozando mi mano... y luego el alma y el cuerpo entero.

Sé que esté no es el mejor de los modos, y seguramente no es como lo hubiese imaginado; pero tal vez no tenga otra oportunidad. Hace apenas unos días supe de esperar un niño. Y sé también que no es el mejor momento, que todo está en nuestra contra. Pero ya no me importa nada... ni las disputas entre tu familia y la mía, ni los quince años de diferencia, ni si yo podría ser una niña como dice mi madre. Yo me convertì en mujer entre tus brazos aquella tarde, y ahora tomo la decisión como tal de marcharme también. Me iré a Suiza, buscaré trabajo y tendré allí a nuestro hijo. Espero que la vida nos reencuentre, pero si no es así, este niño será tu regalo más grande... y habrá valido la pena. 

Te amo, por siempre tuya, A.



(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 39: Desarrolla un relato en forma de carta.)

sábado, 18 de marzo de 2017

"Si yo pudiese ofrecerte un consejo para guardar en tu corazón,
sería el de apreciar cada segundo que tengas con aquello que amas;
sean lugares, objetos o personas.
Porque hay una última vez para todo
y no siempre se llega a saber que es la última vez que podrás hacerlo.
Habrá una última vez que veas un amanecer,
una última vez que pruebes el helado
y una última vez que huelas una rosa.
Habrá una última vez que entres en cada habitación,
una última vez que sostengas a tu mascota
y una última vez que escuches la voz de un ser querido.
A veces sabemos que estamos en esos momentos
y podemos saborear cada segundo de ellos,
pero con tanta frecuencia no lo sabemos hasta que ese momento se ha ido
y es demasiado tarde para volver y revivirlo.
Así que aferrate a esos momentos mientras los tienes... vive dentro de ellos.
Apreciarlos al máximo cada vez,
hará que nunca te arrepientas de haberlos tomado por hecho el día que se hayan ido."
(Ranata Suzuki)


Yo supe que era la última vez, muy dentro mío lo sabía... y tal vez por eso estoy serena, porque sé que nos hemos disfrutado, que hemos reído hasta lo último, y nos hemos dicho cuánto nos queríamos.
Esto no es una despedida, es sólo un hasta pronto, porque vos sabés que soy de las que cree que nadie muere mientras viva dentro el corazón, el alma, de quienes has amado y te han amado... y vos, vos vivirás por siempre dentro mío.

11/Febrero/1921 - Abue - 18/Marzo/2017

viernes, 17 de marzo de 2017

#VDLN - 36

"Los momentos únicos, los encuentros con personas especiales,
todo aquello que nos cambiará la vida para siempre,
sucede siempre por casualidad, cuando menos te lo esperas,
y tal vez también cuando es poco oportuno.
Cuántas ocasiones perdidas,
personas que nos dejamos a la espalda,
porque pensamos 'no es el momento justo' o 'no estoy preparado'.
El momento justo no existe, como no existen las personas perfectas.
A veces sólo debemos dejar que la vida transcurra, que las cosas sucedan.
Entonces es magia. Imperfecta pero espléndida."
(Anónimo)




viernes, 10 de marzo de 2017

#VDLN - 35

Llegó...


...y porque todos los días deberían ser 8/marzo.



"Aquello que las mujeres no dicen"

Nos hacen compañía
ciertas cartas de amor
palabras que permanecen con nosotras
y no nos marchamos
sino que escondemos el dolor
que resbala
lo sentiremos luego...
Tenemos demasiada fantasia
y si decimos una mentira
es una verdad ausente
que antes o después sucederá...
Cambia el viento pero no nosotras
y si nos transformamos un poco
es por el deseo de gustar a quien ya está
o podrá llegar a estar con nosotras...

Somos así... es difícil explicar
ciertas jornadas amargas, déjalas estar,
tanto nos podrás encontrar aquí
con nuestras noches en blanco
pero no estaremos cansadas
ni siquiera cuando te diremos aún otro "sí".

Rápidamente escapan
de las jornadas sin fin
silencios...qué familiar!
y dejan un rastro
las frases de niñas que retornan
pero quién las escuchará...
Y desde los automóviles
los cumplidos de los playboys
pero no los escuchamos más
si hay quien ya no nos lo hacen...
Cambia el viento pero nosotras no
y si nos confundimos un poco
es por el deseo de entender
quien ya no es capaz de hablar aún con nosotras...

Somos así... dulcemente complicadas
siempre más emocionadas, delicadas
pero podrás encontrarnos aún aquí
en las noches tempestuosas,
tráenos rosas, nuevas cosas
y te diremos aún otro "sí".

miércoles, 8 de marzo de 2017

Hoy te contaré la historia de Clara.

Clara nació con el siglo, pero no con éste, sino con el pasado. Sus padres, ya bastante mayores, casi habían perdido la esperanza de tener hijos. Vivían en un pueblo perdido a las afuera de una gran ciudad. Tenían una granja con algunos animales y una cuantas hectáreas de tierra destinadas al cultivo. No era una vida fácil, se podría decir que pasó una infancia con bastantes privaciones, aunque si lo que nunca le faltó fue el amor y la atención de sus padres. Tal vez fue por eso que ella sonreía siempre, todos los que la conocían no podían hacer de menos de quererla.

Cuando llegó el momento de comenzar el liceo, Clara decidió que estudiaría en la ciudad. De ese modo podría también seguir el curso para convertirse en enfermera. Así fue que por esos años ella se levantaba antes del alba, viajaba a la ciudad muy temprano, estudiaba toda la mañana, y por la tarde iba al Hospital Central, donde cumpliría el sueño de ser enfermera. Fue allí, en el hospital, que conoció a Pedro, un muchacho muy guapo que estaba en el último año de la carrera de medicina. Fue amor a primera vista.

Lamentablemente parece ser que la vida tenía otros planes. Pocos meses antes que Clara terminase los estudios, perdió a su mamá y su padre cayó muy enfermo. En ese momento ella tomó la desición más dura de toda su vida. Hizo los exámenes pertinentes para diplomarse antes de tiempo, se despidió de Pedro y volvió al pueblo para cuidar de su padre y ocuparse de la granja. A pesar de todo, nadie nunca oyó una queja o un reproche salir de su boca.

Un año más tarde también el papá se marchó; y todos pensaron que Clara vendería todo y se iría a la ciudad, tal vez a buscar ese gran amor. Sin embargo, ella decidió permanecer entre la gente que la había visto nacer, crecer. Por aquellos años el pueblo no contaba con un médico, ni siquiera con un hospital, había que andar muchos kilómetros para llegar a uno. Entonces Clara pensó que la casa era demasiado grande para ella sola, y destinó gran parte de ésta como “salita de primeros auxilios”. En los años que siguieron, si un niño estaba por nacer, allí estaba ella; nadie más quedaría sin vacunas pues se encargaba de registrar el nombre de todos y anotar las fechas en las que debían aplicárselas. Con el tiempo logró que un médico fuera tres veces por semana para visitar a todo el que lo necesitara. Y si había que cuidar un enfermo, así fuera por noches y noches, allí estaba ella sosteniendo esa mano.

El pueblo creció, y finalmente se construyó un pequeño hospital, donde había un médico de forma permanente; aunque la gente continuaba a recurrir a Clara... Era ella la que siempre sabía la cosa justa de hacer.

Una mañana no despertó, se fue de forma serena como había vivido, y si bien se podría pensar que estaba sola en el mundo, nunca se vió tanta gente llorar por la pérdida de alguien. Es por eso, que a pesar que han pasado muchísimos años de todo esto, si aún pasas por ese pueblo, y te acercas a su cementerio, encontrarás una tumba siempre muy bien cuidada, siempre con flores frescas, y grabado en el mármol:

“Aquí descansa en paz Clara,
una heroína anónima
que con su vida
honró a cada una de las de este pueblo.”


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 27: Inventa un relato con una mujer como heroína
y su camino hasta llegar a serlo.)


domingo, 5 de marzo de 2017

Mi nombre es F¥. Nací en la mitad perennemente iluminada del planeta Æq2, ubicado en la séptima galaxia. Un planeta fijo delante de la estrella Œl, la más grande y brillante; por eso en una mitad era siempre día y en la otra, noche.
Desde niña supe de ser especial, aún entre los míos. Mi energía era inagotable, podía permanecer días y días despierta, estudiando, trabajando, lo que sea, y no me cansaba. Si me encontraba delante alguien triste o desanimado, me bastaba mirarlo a los ojos y sonreírle para que éste sea invadido por una luz y calor enorme. Mi sangre corría más veloz de lo normal, parecía estar formada por la misma materia de la estrella que nos iluminaba.
Sin embargo, había algo que me paralizaba: la oscuridad. Tal vez fuera por mi naturaleza, o por las enseñanzas de Mæ, pero la verdad es que en ella me sentía totalmente vulnerable. Por ello no supe reaccionar al conocerlo. Él, tan diferente a mí, y a pesar de ello, me sentía tan atraída.

§tøn... no sé qué hacer... –pregunté sin hacerlo directamente. Él era el más viejo y sabio de los de mi raza, pero sobre todo, era mi amigo.
¿Con respecto a qué mi niña? –preguntó él con esa manía de querer oír lo evidente.
Tú sabes... He conocido a alguien, pero pertenece a las Tierras de la Eterna Noche... –le contaba y mi tono encerraba preguntas que quedaban flotando en el aire.
¿Y qué es lo que tanto temes? –preguntaba otra vez, deteniéndose en sus quehaceres para mirarme a los ojos. ¿Acaso te ha hecho algún daño?
No, no, para nada... –me apresuré a decirle. Pero sabes que temo más que nada a la oscuridad, y aparte, Mæ siempre ha dicho que en esas Tierras nada bueno podía haber.

§tøn alzó los ojos al cielo y se dirigió hacia la cocina a preparar un poco de tè. Él estimaba a Mæ, pero no soportaba su extremo celo hacia mí. Volvió al rato, con dos tazas enormes, humeantes, y se sentó una vez más delante mío, tomándome de las manos.

F¥, mi querida niña... la que con una sonrisa cambia el sentir del otro; quien con sus manos inunda de vida a quien siente que ya no tiene fuerzas... ¿qué es lo que siente tu corazón cuando estás con él? –preguntó, pero §tøn ya sabía la respuesta a esto, sólo quería yo lo dijiera.
Siento que mi corazón podría estallar... siento que mi alma se expande... –decía, y sólo pensar en él hacia que cada poro de mi piel proyectara un rayo de luz. Con él siento que que puedo ser plenamente yo...

Salí de allí sabiendo exactamente qué debía hacer, qué deseaba hacer. Me encontraría con Akµ y le explicaría todo. De mi miedo y de lo que sentía por él.
Me escuchó atentamente, en silencio, sus niveas manos enlazadas a las mías tan morenas. Sus ojos de hielo clavados en el ébano de los míos. Luego que terminé de contarle las razones de mi compartamiento, esperó un rato observando mi rostro.

¿Confías en mí, F¥? –dijo finalmente.
Obvio que sí, Akµ... sino, no estaría aquí. –respondí un poco perpleja.
Cierra los ojos... –decía y no lograba entender qué quería. Ciérralos...

Tomó un pañuelo de entre sus prendas y vendó mis ojos. De repente me encontré en la más absoluta oscuridad. Y comencé a comprender a dónde quería llegar Akµ.

¿Logras ver algo de luz, F¥? –preguntó, aunque ya sabía la respuesta.
No... todo es oscuro... –dije, tomando su mano. Pero tú estás conmigo.
Concéntrate... no debes ver con tus ojos... siente la luz... –susurraba a mi oído, sin siquiera tocarme.

Poco a poco comencé a ver, a sentir aquello que Akµ me decía. El negro dejaba paso al blanco. Y extrañamente, inicié a sentirme serena.

Puedo verla, Akµ... ¡la veo! –le grité saltando de alegría.
Eso es, F¥... la luz ha estado siempre dentro tuyo... –me decía mientras quitaba la venda de mis ojos. No debes temerle a la oscuridad. Luz y oscuridad no son contrarias, se complementan, no habría la una sin la otra... Como el día y la noche... Como tú y yo, pequeña.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 3: Imagina que eres un superhéroe con una gran fobia a la oscuridad,
escribe un relato de superación.)


viernes, 3 de marzo de 2017

#VDLN - 34

"La distancia le impedía darle esa cantidad acumulada de besos,
pero eran tantas sus ganas que decidió enviarle una carta.
Obviamente no pudo tocar sus labios,
pero lo que la gente no supo, fue que al leer ella esa carta,
por un momento... él pudo besarle el alma."
(Edgar Pareja)


lunes, 27 de febrero de 2017

Decidido... lo hago. –dije a mí mismo dándome coraje.

Cinco... Total ¿qué puede salir mal?
Cuatro... Creo estar preparado, he visto cómo lo hacen, y yo puedo también.
Tres... ¿Y si va mal? Lo volveré a intentar, eso es.
Dos... Me tiemblan las piernas, tal vez debería esperar otra ocasión.
Uno... No, no, es ahora o nunca...

Y la besé.

Aún lo recuerdo. Después de hacer la cuenta atrás para mis adentros, le toqué el hombro y al darse vuelta, le robé un beso. Lo había visto hacer miles de veces en las telenovelas que miraba mi madre por las tardes, no podía ser tan complicado. Recuerdo también, haber rogado no me diera un bofetón delante de todos los demás. Y es que desde el primer día que la había visto, supe era la niña más bonita que jamás habría conocido. Sus dos coletas de bucles perfectos, con esos lazos rojos que tanto resaltaban en sus cabellos oscuros. Sus ojos, negros, pero mágicamente iluminados. Y su sonrisa, no había día que ella no sonriera. Ella. fue la razón por la que ese año no falté un sólo día.

Debe ser verdad aquello de que el primer amor nunca se olvida, pues yo tenía sólo seis años, el primero en aquella escuela. Y ella... ella es la niña más bonita que yo jamás he conocido.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 16: Crea un relato que gire en torno a una cuenta atrás.)