Aún recordaba
cuando lo conoció, cuando llegó para quedarse bajo la protección de sus alas. A
pesar de ser tan pequeño, él ya cargaba un peso increíble sobre los hombros. Esa
frase que todos continuaban a repetir cuando lo veían...
“Hazte
fama y échate a dormir.”
Lo que esa
gente no entendía es que no había sido él a hacerse la fama; ésta lo precedía.
Una herencia que hubiese sido mejor nunca obtener. Pero a ella no le importaba;
su abuelo siempre le había repetido que “el ladrón juzga por su condición”. Por
eso no se dejaba influenciar de lo que otros decían. Ella creía firmemente que
si no podía confiar en él, ¿cómo podía pedirle que confiara en ella?
Así fue
que comenzaron. Ella cumplía con cada palabra que le decía, en bien y en mal; y
él inició a creer. De a poco aprendió que lo que pasara mañana en gran parte
dependía de lo que él eligiera hacer, y no de las elecciones de otros tomadas en
pasado.
Hoy se cruzan
en la calle, y cuando sus miradas se encuentran, él vuelve a ser un niño y
ella, con orgullo, ve el maravilloso hombre en el que siempre supo se
convertiría.
Es el número 40: Utiliza un refrán integrado en un texto creativo.)
