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domingo, 12 de julio de 2020

Confío plenamente...

Esa mañana se había levantado más temprano que de costumbre. Deseaba tener el tiempo suficiente para prepararse como se debe, si bien hacía días había decidido su vestuario y todo lo necesario para la ocasión, que había guardado dentro el nuevo bolso. Y es que volver a estudiar después de tantos años, no era algo tan simple como parecía.

En un pestañeo se había duchado, vestido y maquillado, ese poco delineador de ojos que ella usaba, y ya se encontraba en la calle rumbo a la universidad.

Tenía tiempo, por lo que decidió parar a comprarse un café, de esos vasos XL que podías llevarte a cualquier lado y pareciera que estás en una película americana.

Llegó a la universidad y comenzó a buscar el edificio donde debía ir. Aquello era una maldita ciudad y ya no recordaba nada; también ¿cuánto tiempo había pasado desde que estuvo allí por última vez? ¿veinte... veinticinco años? En otra vida, definitivamente.

Después de media hora de dar vueltas por todos lados y cruzar tanta gente joven a la que no deseaba preguntar, se sentó en las escalinatas. Apoyó todo a su lado y se tomó el rostro con las manos. A pesar de todo, llegaría tarde... ¡genial!

¿Qué sucede señorita? ¿Puedo ayudarla? –una profunda voz la sacó de sus pensamientos autodemoledores.
Es que... –comenzó a decir levantando la cabeza y cubriéndose los ojos del sol. Me he perdido... debo ir a este edificio, a esta facultad, pero estoy dando vueltas desde hace rato y no logro encontrarla.

Mientras, le extendía la hoja donde se había copiado las instrucciones. Aún si no podía verle el rostro con nitidez, sólo sus largas piernas y sus zapatos, imaginaba que no se trataba de otro estudiante; lo que hizo se alzara como un rayo y de la vergüenza evitara mirarlo a los ojos.

Pues no hay mayor dificultad... –dijo él finalmente y con toda la calma le indicó perfectamente cómo llegar.

Ella agradeció y mencionó que quedaba en deuda, pero recogió sus cosas a toda velocidad y se marchó sin más. Tal vez aún podría llegar a tiempo.

Lo hizo. La primera mañana en la facultad de psicología había pasado. Y, en todo ese tiempo, se obligó a no pensar al desconocido que la había ayudado a encontrar el camino. Pero ahora estaba de vuelta en su departamento y eso ya no era tan fácil. Esa voz... ¿se cruzaría con él alguna otra vez? ¿lo reconocería? Estaba segura que sí, pero no podía pensar en ello, no ahora, no después de todo.

Había pasado más de un mes y ya no había pensado en nada más que sus estudios. Una compañera le había dicho que ese sábado se llevaría a cabo una especie de conferencia, una clase magistral abierta a todos, en la facultad de humanidades; y que el principal orador sería un antiguo profesor de allí, una eminencia según ella. Deseaba asistir, nutría una profunda curiosidad e interés por el tema.

Llegó con tiempo de sobra, desde aquella primera mañana no había vuelto a perderse. Se ubicó en uno de los bancos de la primera fila, no deseaba distracciones de ningún tipo.

Cuando entró el profesor invitado, su instinto lo supo. No reconocía su rostro, ni sus facciones obviamente, pero algo dentro de ella lo había reconocido. Y, cuando comenzó a hablar y se presentò, no tuvo ninguna duda. Él era su desconocido, el de aquella primera mañana.

Sin saber muy bien el porqué, se notaba inquieta. El profesor no la había reconocido, al menos no había dado ninguna señal de ello. Sus miradas no se habían ni siquiera cruzado por casualidad, a pesar que ella había participado activamente a toda la charla. Sin embargo, allí estaba, haciendo tiempo y quedando por última. Con estúpidas excusas había dejado que los compañeros que estaban con ella, se marcharan. No había querido tampoco que David la esperase para almorzar, es que su simpatía y lo guapo, no le hacía olvidar que era un niño.

Veo con placer que no ha vuelto a perderse. –otra vez aquella voz la sacaba de sus pensamientos.
Disculpe... –probó a poner rostro de sorpresa y cierta ingenuidad en la voz. ¿Cómo dijo?
El primer día de clases, la encontré en las escalinatas que se había perdido. –mientras hablaba su mirada no dejaba de recorrer y analizar cada centímetro del rostro de ella. Creí me había reconocido.
Ahhh... ¿fue usted? –su voz resultaba demasiado fingida hasta para ella misma. No lo reconocí, llevaba tal apuro ese día.
Me imagino. –él tampoco había creído a la respuesta de ella, pero sonrió. Me han gustado sus intervenciones en la charla de hoy, muy apropiadas.
Es un tema que me apasiona desde hace tiempo... –le sonrió ella también; creía estar coqueteándolo aún sin proponérselo pero él la atraía y eso era innegable.
Si lo desea, en la semana puedo alcanzarle un libro que a mí ha sido más que útil. –dijo no sin cierta curiosidad y desafío en la mirada.
Me encantaría... –fue rotunda, no dejando espacio a dudas.

Unos días después se encontraron al finalizar de la última lección de ella.

Lo prometido es deuda. –dijo entregándole el libro.
¿Y será muy inapropiado si lo invito a tomar un café? –le preguntó ella fijándose bien que no hubiese nadie a su alrededor.

Aceptó y se dirigieron a un bar un poco alejado que a ella le gustaba particularmente. Se acomodaron en una mesa un poco alejada de la entrada. Ella no sabía cuánto habían estado conversando; con él le resultaba fácil y natural contarse. Pero cuando salíeron hacía horas que se había hecho de noche.

¿Me dejas que te alcance hasta tu casa? –preguntó él; después de los primeros minutos de conversación habían coincidido en hablarse de tú.
Me encantaría... –otra vez ella le respondió de forma certera, sonriéndole hasta con los ojos.

Ya en la puerta del edificio de departamentos donde ella vivía, debían despedirse y bajar del coche. Y eso era lo último que ella deseaba. Fue instintivo. Se acercó para saludarlo con un beso pero su mano se apoyó en su rostro acariciándole la barba. Se detuvo frente a su boca, mordiéndose.

Tal vez sea un error... –dijo él pero no se apartaba de ella.
No veo el porqué... –respondió ella. Ambos somos adultos y tú no eres mi profesor ni yo tu alumna.
Pero a mis años... –rebatió. Podría ser tu padre.

Se acercó a su oído, se sentía osada esa noche y le susurró: Pero no lo eres.

Y sus bocas se fundieron en un beso.




(Este relato pertenece a los retos de "Gym para escritores".
Éste particularmente corresponde a la semana dos: "Frase".
Esta semana, deben inspirarse con la siguiente frase, si quieren citarla, pueden hacerlo, aunque la gracia reside en inspirarse en ella: "Y debo decir, que confío plenamente en la capacidad de haberte conocido", de Julio Cortázar)

viernes, 5 de junio de 2020

Había estado mirando dentro sus obsesivamente ordenados cajones, cuando encontró una vieja foto de él. ¿Cómo había llegado allí? No lo sabía; no tenía la mínima importancia ya, ¿o sí?

Pensó cuando lo conoció. Aquel solitario y taciturno lobo estepario. Un moderno Don Quijote en lucha con míticos molinos de viento. Toda una ficción, una de tantas. Una de las que se sirvió para derribar esa gran muralla que ella había construído a su alrededor. Esa coraza con la que se protegía y que se había forjado decepción trás decepción. Sin embargo, volvía a temblar con aquella imagen entre sus manos. No como antes, no de pasión ni nada que se le pareciera. En todo caso de rabia. Odiaba la persistencia de la memoria en recordarle cuánto la había herido. Y continuaba preguntándose ¿para qué? Después de todo, no habían habido promesas ni juramentos que infringir. Sólo el deseo de un abrazo, de esos que quitan el frío del alma. Pero claro, él no era quien ella creía conocer, jamás hubiese podido ser ese alguien que tanto insistía en decir, era ella en su vida. Porque decía querer llevarla hasta su cielo y no hacía más que caminar en su propio infierno de mentiras.

De todos modos ella no había buscado venganza ni revancha alguna, no caería tan bajo, ni perdería su tiempo. Simplemente y sin ninguna piedad, le dió lo que él más temía... lo hizo parte de su olvido.



Este relato pertenece al reto: "Sinfonía de las Artes", organizado por Ginebra desde su blog "Variétés".

Para la propuesta elegí para cada rama del arte:
Pintura: "La persistencia de la memoria", de Salvador Dalí
Escultura: "La piedad", de Miguel Ángel
Literatura: "El lobo estepario", de Hermann Hesse
Música: "Somebody", de Depeche Mode (aquí he usado la traducción literal: 'alguien')
Danza: "Don Quijote", act II por la Royal Opera House
Arquitectura: "La gran muralla", ubicada en China
Cine: "Revenge", de Tony Scott con Kevin Costner y Anthony Queen (aquí también he usado la traducción literal: 'venganza')


Gracias a ti, Gin, una vez más por la propuesta y por todo el trabajo y amor que pones en cada uno de nosotros y de nuestros textos.


(Lee el resto de los participantes aquí!)

sábado, 25 de mayo de 2019

Se subió al auto sin pensarlo demasiado, y antes de ponerlo en marcha, controló por enésima vez el maquillaje, ahora en el espejo retrovisor. Se preguntaba en qué momento había tenido la brillante idea de volver, ¿a caso no se encontraba bien ella así como estaba? Pero le había dicho a él que lo haría, se lo había prometido, y si algo siempre le había gustado, era cumplir con su palabra.

Arrancó; no eran demasiado los kilómetros que la separaban de aquella casa, pero tampoco deseaba encontrarse en medio al tráfico de aquellos que elegían salir a pasear un domingo a la mañana. Él le había contado que todo era prácticamente igual, las mismas costumbres, las mismas tradiciones. Aunque no había profundizado mucho sobre el tema, como si él evitara ponerla de frente a la realidad. Pero no hacía falta, ella ya sabía lo que encontraría. Imaginaba ya el rostro de su tía cuando abriera la puerta de la casa. No lo creería. Después de todos esos años, diecisiete para ser exactos, donde sólo había reinado el silencio. Ella no le había contado ni a su madre que pensaba volver, y es que sentía que no lograría comprenderla. Hacía ya tiempo que había dejado de librar batallas que no eran suyas, y mucho menos, continuaría a combatir enemigos ajenos. Estaba preparada; preparada para los reproches, al fin y al cabo, serían los de siempre, segura que eso tampoco había cambiado. Le parecía ya oír esa voz que marcó su infancia, diciendo lo egoísta que era; que con qué coraje se presentaba allí hoy y, sobre todo, para qué, qué buscaba.

El paisaje de los costados de la autopista continuaba a pasar como si nada y ella probaba a respirar para serenar toda la agitación que comenzaba a invadirle el cuerpo. Cada tanto se cruzaba con imágenes de todo lo que había sido y no podía dejar de preguntarse cómo había llegado a tanto. En definitiva, había sido ella a dar el portazo y alejarse lo más posible. Y ahora volvía. Es que diecisiete años no son pocos; ella había crecido, había vivido tantas cosas y aprendido que, tal vez, no todo era blanco o negro. Ya no era esa veinteañera rebelde, que quería llevarse el mundo por delante y que estaba segura de poder lograrlo. Ahora era una mujer adulta, y una que necesitaba cerrar ciertos círculos. No pretendía disculpas de nadie, no era eso. Sabía que los errores habían sido de ambas partes, aunque esto no le fuera jamás reconocido. No importaba. Ya estaba allí.

Estacionó frente a la casa; todo se veía exactamente igual, como si el tiempo no hubiese pasado. Sólo faltaba que tres niños salieran corriendo por el costado. Gritando, sonriendo, jugando. Tembló y por un momento pensó en escapar otra vez. Respiró profundamente, bajó del auto y sonó a la puerta.

Un momento... ya llego... –la inconfundible voz de su tía le gritó desde adentro.

Dos minutos después la puerta de la casa de su nonna se abría y su tía se la quedaba mirando emocionada. Ninguna de las dos lograba pronunciar una palabra, y por todo gesto se abrazaron.

Pasa... pasa... –dijo su tía mientras casi la empujaba dentro. Tu nonna está en la cocina, porque supongo que es a ella a quien quieres ver, ¿no?
Sí... –respondió en un susurro. Sé que es la hora del almuerzo, y no quiero molestar...
¿Qué dices? –respondió su tía deteniéndose de golpe. Ella no entenderá nada, pero se pondrá contenta de que alguien haya venido a visitarla.

¿Alguien? ...se preguntó para sus adentros. Estaba allí, preparada y lista para la lluvia de ataques que le caería encima. Entró en la cocina; ahí estaba ella, su nonna. Parada de espaldas no la había visto, estaba concentrada girando lo que sin dudas sería el estofado; pese a los años, ese perfume era inconfundible. No podía decir nada, en un segundo había perdido la voz, sólo pudo toser.

Hola nena... no te escuché entrar... –dijo la anciana girándose con la cuchara de madera en la mano. Has llegado justo en tiempo, ¿te quedas a almorzar?

Ella seguía muda, inmóvil en mitad de ese espacio lleno de recuerdos. Su tía apareció por detrás, y como si supiera que estaba a punto de caer, la sujetó por la cintura.

Mamá... ¿viste quién vino a visitarte? –preguntó su tía sin soltarla.
La nena... –respondió la anciana. La amiga de Fer... ¿se queda a comer?

La escuchaba y era como que el tiempo transcurría en cámara lenta, nada tenía sentido; y a la vez, todo comenzaba a encajar perfectamente. Por ello él le había hecho prometer que iría hasta allí. Le había hecho entender que se lo debía, sino a otra persona, a ella misma. Su nonna ya no recordaba todo, había olvidado muchas cosas, entre esas, a ella.

No supo de dónde sacó la fuerza pero permaneció allí el tiempo del almuerzo y una larga sobremesa. Se sentó junto a su nonna; la cual se pasó todo el tiempo contándole su vida. Le habló de su nono, de su madre, de sus nietos, hasta de ella misma. Se sorprendió que a pesar del muro que había alzado entre las dos, ella estuviera tan informada de su vida. Así y todo, no la reconoció en ningún momento, ni siquiera cuando le repitió por décima vez su nombre.

Nena... yo ahora me voy a dormir la siesta, ya estoy grande para aguantar tantas horas en pie... –comenzó a decir su nonna soltándole la mano que había sujetado por todo el almuerzo y acariciándole el rostro. Tienes unos ojos hermosos, una mirada con luz... espero vuelvas otro día...

Seguro... –respondió ella. ¿Por qué no?

No pudo evitar romperse en llanto. Ella estaba preparada para todo, para los reproches, para las recriminaciones... para todo, menos para lo que había pasado. Menos para que su nonna no la reconociera, menos para no poder disculparse. Menos para darse definitivamente cuenta que, tal vez, ya era demasiado tarde para volver.

viernes, 28 de diciembre de 2018

#VDLN - 128

Un año más que termina, y con él tantas cosas. Algunas buenas, otras no tantas.
He perdido... pero también he ganado.
Me he decepcionado... pero también me he vuelto a ilusionar con un simple detalle.
He llorado a mares... pero también me he reído a carcajadas.
Me he caído... pero también me he vuelto a levantar aún más fuerte.
Y en todas y cada una de las ocasiones, he aprendido y eso es lo más importante.

He cumplido con muchos, casi todos, los objetivos que me propuse al inicio de este 2018; y, para aquellas cosas que han quedado en el tintero, bastará reproponer nuevas fechas... siempre he pensado que sólo se fracasa cuando se deja de intentarlo.

Un año más termina, pero lo importante es que otro comienza. Y en este nuevo año que está por iniciar, las ideas son muchas y las ganas aún más. Ganas de compartirlo con vos, así que ya sabes...

...Si te hace falta quien te trate con amor,
si no tenés a quien brindar tu corazón,
si todo vuelve cuando más lo precisás,
nos veremos otra vez...



...así es, yo te estaré esperando, y lo haré desde el primer día de ese nuevo año que está por comenzar. No tardes, nos vemos y

lunes, 24 de diciembre de 2018


Hoy es Nochebuena y este año será un poco especial. Como si fuera el guión de una película propia de estas fechas, cuando suenen las doce campanadas estaré en un aeropuerto esperando el vuelo que me haga encontrar con mi familia.

Finalmente, luego de tantos años nos volveremos a reunir todos. Sé que los planes han cambiado, y es que hay cosas que escapan a nuestro control; pero, pese a todo, también sé que estaremos bien, que seremos felices.

Por un instante cierro los ojos, y me acuerdo de las navidades en la casa de mis nonos. ¡Cómo me gustaba ayudar a armar el árbol! Era un día donde sin dudas se respiraba la magia... y me detengo a pensar cuánto me gustaría repetir, al menos una vez, ese momento, donde la única prioridad parecía ser colocar la estrella en la punta de aquel pino.

Sonrío. Lo hago mientras imagino que estarán armando la gran mesa, donde cada uno habrá preparado algo. Se prenderán las velas, y sus luces se confundirán con las del árbol. Los regalos estarán todos debajo del pino, esperando la medianoche, y esas manos que ansiosas los abran transformando a todos en niños por algunos instantes.

Y me emociono, porque en esos momentos todo queda envuelto en un clima de serenidad y amor. Rodeados de la gente que se ama, más allá de cualquier diferencia pudiese existir. Aquellos seres que nos “tocaron”, y esos otros que elegimos. Y también aquellos que ya no están físicamente, pero sí en nuestros corazones, y por los cuales, seguramente, alzaremos la mirada al cielo deseándoles una muy:
...lo mismo que te deseo a vos.

Sí, a vos que pasás cada vez por aquí y me dejas tu huella;
a veces en forma silenciosa y otras, bien marcada en la arena.
A vos, que cuando me notas con el ánimo un poco bajo,
no demoras en dejarme tu abrazo y tu cariño.
A vos, que compartes mis alegrías y me estimulas a mejorar cada vez.
A vos, que en esta playa nos acercamos y derrotamos cualquier distancia.
A vos, que no importa en qué creas, mientras lo hagas,
te deseo una magnífica noche
y que mañana –y los días que le siguen a éste–,
nos volvamos a encontrar.

(Por motivos que seguro comprenderás,
me resultará un poco difícil conectarme en estos días,
más precisamente, hasta fines de enero.
Las futuras entradas están todas programadas
y, aunque ya sabes que no hay obligaciones,
siempre te estaré esperando...
...y en cuanto pueda, te estaré visitando.
Smu@ckssssssssssssssssss!

Ahhh... y gracias, gracias con todo mi  ♥)

viernes, 9 de noviembre de 2018

#VDLN - 121

"...♫ Vos sabés
Cómo te esperaba
Cuánto te deseaba
No, si vos sabés
Vos sabés
Que a veces hay desencuentros
Pero cuando hay un encuentro de dos almas trae luz
Vos sabés ♫..."
Vos sabés, y no tengo que explicarte lo que significás para mí.
El hijo que no tuve... mi ahijado...
Y como allí aún es tu día:
Feliz 22° cumpleaños...
...para vos todo lo mejor y más!!!

miércoles, 17 de octubre de 2018

Sonó el despertador y no deseaba levantarme, estaba tan bien debajo del edredón. Su perfume había quedado en toda la cama, pero él se había ido. Era un amigo, alguien especial, con derechos -¿o esos eran míos? ...vaya una a saber-, pero era ocasional. No quería, por ningún motivo, que eso cambiara. Habían pasado muchos años, más de veinticinco, desde que me había enamorado tan perdidamente que hubiese dejado todo, mi vida entera. Pero no, él eligió marcharse y ya nada tuvo sentido. Me prometí que no volvería a creer en palabras bonitas, y así hice.

El aroma del café recién hecho invadiendo cada rincón de mi casa, fue el motivo perfecto para finalmente iniciar la jornada. ¡Qué gran invento lo de la cafetera con timer!, ¿qué sería de mí sin ella? Por suerte no tenía que preocuparme de ello. Fui al baño sin ningún apuro, tenía tiempo esa mañana. Todo estaba en su sitio, exactamente como yo lo había dejado la noche anterior. Una de las ventajas de vivir sola; aunque si... No, no debía pensar en ello.

Me vestí de forma casual, mi trabajo comenzaría casi al mediodía, debía sólo pasar por los tribunales para cerrar una de las causas que estaba llevando. Eso también se había convertido en algo rutinario, muy lejos de lo que alguna vez había imaginado. Y pensar que él no deseaba que estudiara abogacia; según su opinión debía apuntar a algo creativo o a la enseñanza... al final, hubiese terminado dándole la razón. Suspiré. Tomé mi café al vuelo y salí del departamento, ya lavaría cuando regresara, total...

Como siempre, me encargué de tenerme ocupada todo el día. No sé porqué pero últimamente me costaba volver al departamento y estar sola. Todas mis amigas estaban en pareja y con niños, parecía una epidemia. Mitad de semana y nadie estaba disponible para una cena o unas copas. Tal vez debería haber pensado en conseguirme una mascota, alguien que me espere en casa y se alegre con mi regreso. Decidí dejarme de tonterías, llamé para que me trajeran algo de cenar, miré un poco televisión y me fui a dormir sin más.

Ti ti ti ti... ti ti ti ti... ti ti ti ti...
Mmmmmmmm... ese despertador... –su voz aún dormida me susurraba en los oídos. ¿Lo apagás vos o debo hacerlo yo... de nuevo?

Sentí el calor de su cuerpo junto al mío, y una de sus manos bajo el edredón acariciaba mi espalda.

¿Soñabas? ...parecía que te quejabas. –me preguntó, dándome un beso en la frente. Vamos... levántate que preparo el desayuno, en cualquier momento se despierta tu hija.

Sólo sonreí. Finalmente había despertado, ¿o era ahora que estaba soñando?

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 41: Lo siento, pero vas a tener que acabar un relato
con 'un sueño de Resines'.)

Feliz cumpleaños, amor...
...y todo el resto queda entre vos y yo  ...♥

viernes, 12 de octubre de 2018

#VDLN - 117

In suo ricordo, e in noi per sempre...
(29/aprile/1930 - 10/ottobre/2018)


lunes, 8 de octubre de 2018

Salí a caminar como todas las mañanas. Necesitaba despejar mi mente, limpiar mi alma; para ello existía un sólo sitio: el mar. Me preguntaba cómo continuar, si valdría la pena hacerlo. Tal vez sería sólo cuestión de rendirse, y dejar que esta nave, que ya llevaba años navegando, naufragara sin más pena, y con ninguna gloria. Las olas mojaron mis tobillos, y pensé que sin embargo, podría también imitarlas. Ellas, que aún rompiéndose una y otra vez sobre la playa, no dejan de intentarlo.

Frené mis pasos, y respiré profundo. Observé la playa, estaba desierta, a excepción de un anciano. Llamó mi atención con sólo verlo. Permanecía sentado sobre el muro de la rambla y miraba el mar como si buscara algo más allá del horizonte. Y hablaba.

Hablaba con un portaretrato que tenía a su lado. La curiosidad pudo más que mi educación, por lo que me acerqué lentamente.

Amor... está casi por comenzar el otoño y la playa está casi desierta... –dijo el señor a la fotografía de una hermosa mujer. Pero hay un sol que te encantaría... seguramente te sentarías sobre la arena con uno de tus libros, mientras escuchas el mar.

No pude evitar oírlo y al hacerlo, los ojos se me llenaron de lágrimas. Él levantó la mirada y me vió, sonrió ante mis lágrimas.

Me disculpe, no deseaba ser indiscreta... –le dije mientras secaba mi rostro.
Buenos días... ¿Usted lo dice por mi conversación con ella? –me respondió sonriendo y señalando la fotografía que tenía a su lado.
Sí... –la vergüenza me hizo bajar la mirada. Es que me ha llamado la atención verlo aquí... solo.
Yo no estoy solo... estoy con ella, mi esposa... con Ida. –volvió a sonreír y tomar el portaretrato. Por cierto, mi nombre es José, ¿y el suyo?
Me llamo Claudia; y he venido a la playa a pensar un poco, es que... –me callé, no quería incomodar al pobre hombre.
¿Sabe?, a mi esposa también le gustaba venir hasta aquí a reflexionar, decía que el mar le daba consejos... –comenzó a contarme José. Vino aquí cuando nos conocimos y nos dimos nuestro primer beso, teníamos apenas diecisiete años... y también vino aquí cuando a los veinte yo me fui a la guerra y ella descubrió estar embarazada... No quiero imaginar cuántas veces más ha venido; sin dudas, lo ha hecho cuando le confesé la cosa más fea que había hecho, y el mar le debe haber dicho algo bonito, porque Ida me perdonó y fueron nuestros años mejores...
Ayyy José, como quisiera que para mí fuera así de sencillo como escuchar a las olas... –le respondí mientras mis pies empezaron a jugar en la arena.
Claudia... Claudia... si algo me ha enseñado el mar, y sobre todo, mi amada Ida, es la calma, todo es mucho más simple de como nos parece... –me dijo y esta vez ví correr las lágrimas por su rostro. Míreme a mí... siete años atrás pensé que todo se habría terminado, y sin embargo, ella no me ha dejado un sólo instante, porque para escuchar no necesita abrir los oídos, sino el alma...

En ese instante lo supe. Supe qué debía hacer, porque supe qué quería. Yo deseaba lo que Ida y José habían tenido, lo que tenían. Y ahora tenía que ponerme en movimiento.

Gracias José... de todo corazón le agradezco sus palabras, no imagina cuánto me hayan ayudado... –le dije con la voz ahogada por la emoción.
Me alegra mucho oír eso, pero nada tiene que agradecerme... –volvió a sonreír y podría jurar que una luz especial lo rodeaba.

Nos despedimos con un abrazo, y con la promesa que la próxima vez que nos viéramos, tomaríamos juntos un café. Salí casi corriendo a casa, y estaba feliz. Por primera vez en mucho tiempo, estaba feliz.

Nunca más volví a ver a José, aunque hay quien dice que lo ha encontrado en otras playas, sentado frente al mar con el retrato de su amada entre las manos.

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 06: Vete a tu diario -papel o digital- favorito y busca una noticia rara.
Escribe el relato como si fueras uno de los protagonistas.)

lunes, 17 de septiembre de 2018

24 Retos de Lectura - #17

Reto 17:
Este mes tienes, para la primera lectura, tema libre. Aunque te recomiendo que vayas a un estilo cómodo para ti.
Elección: “Al principio”-“In the beginning”, (título original) de Catherine Dunne; aunque esta vez me toca precisar algo: he leído la versión en italiano, “La metà di niente”, sin darme cuenta, sino hasta ahora, que no ha sido traducido al español... por lo cual desde ya pido disculpas a todo aquel que lea esta reseña. (Las traducciones de la sinopsis y demás, son hechas por mí.)

Sinopsis:
“Una mañana como tantas, en la cocina en desorden, en el aire punzante de una Dublin aún adormentada. Una mañana como otras, aquella en la cual Ben decide decir adiós a la esposa Rose, a sus tres hijos y a veinte años de vida juntos: ‘No te amo más’, le dice telegráfico, como conclusión de un breve diálogo. Rose no habla, no reacciona, no sabe ni siquiera qué sentir. Con esta escena se abre ‘Al principio’, la novela debut de Catherine Dunne, el diario lúcido y dramático de una mujer que, de un momento al otro, se encuentra sola, sin dinero y con una familia que mantener. Como en un album de fotografías, la nueva vida de Rose se alterna con visiones de la vida pasada, de sus sueños juveniles, de sus románticas ilusiones sobre el matrimonio. Pero entre lágrimas y desesperación, entre rabia y sentido de culpa, Rose se hace fuerte. Y, gracias a olvidados recursos, no sólo logra recoser la profunda herida de su alma, sino también a reencontrar una alegría de vivir y de sonreír, absolutamente nueva. Una novela intensa y atrapante, en la cual la autora, gracias a una increíble autenticidad del lenguaje y a una visión casi fotográfica de las situaciones y estrado de ánimo, nos regala un retrato, tan veraz y emotivo, como irónico y lleno de vivacidad, sobre una crisis de pareja vista toda al femenino.”

Vine a escribir la reseña de este libro con muchísima ilusión, y para ser sincera como siempre, me ha desanimado un poco –tanto- descubrir que no existe la versión en español. Y es que cuando leí que el reto que tocaba era tema libre, quise elegir uno de los cientos (sí, has leído bien...) de libros que tengo en mi ya famosa lista de espera... ¿quién se iba a imaginar que no estaba traducido en los idiomas más importantes? Porque tengamos en cuenta que el español es el segundo idioma más hablado al mundo, si no es importante éste, no sé cuál lo sea. En fin... igualmente te contaré de él.

Por comenzar, te diré que me gusta muchísimo más el título en italiano: “La metà di niente”, es decir, “La mitad de nada”, ¿y por qué? Simplemente porque le da más sentido a todo lo que vive y siente la protagonista con el correr de los días. Una mañana se levanta como siempre, comienza a hacer el desayuno para sus hijos y su marido, y éste, de punto en blanco la deja, sin más explicación que el hecho que la ha dejado de amar... así, de la noche a la mañana. Ella podría desesperarse, correr detrás de él, pedir explicaciones, buscar una reconciliación a toda costa... sin embargo, permanece inmóvil, y comienza un trabajo interior increíble. Su primera y principal preocupación es que sus hijos no queden traumatizados por el abandono del padre, para eso busca de mantener un orden, hasta una cierta “rutina” con ellos. Al mismo tiempo debe comenzar a preocuparse de la situación económica, ya que hasta ese momento era su marido que se ocupaba de todo, y ahora se había ido, los había abandonado sin más y sin poderlo ubicar de ningún modo. Ella se pregunta qué sabe hacer, y su primer respuesta es demoledora: ‘nada’. Hasta ese momento había sido la secretaria de su marido, la anfitriona de las cenas que él organizaba, la encargada de mantener el orden de la casa, la madre de sus hijos... “la mitad de una respetada y sólida pareja burgués.” ¿Y ahora? ...ahora simplemente era “la mitad de nada”. Obviamente no es verdad que ella no sabe hacer nada, sólo que siempre había pensado, creído, de sentirse realizada al lado de su marido, sólo y únicamente con ello.

Por esto, por la fuerza que muestra esta protagonista; fuerza que radica en admitir fallas, responsabilidades, en sobreponerse al golpe recibido, en saber buscar ayuda y apoyo, sea en sus hijos, que en sus amigos; es que yo recomiendo su lectura. Sobre todo a las mujeres, ya que muchas veces creemos que necesitamos de un otro para ser completas, creemos deber ser la mitad de... olvidando que ya estamos, somos completas, tanto como lo son ellos.

A la próxima!

(Nota: la sinopsis fue sacada del sitio: laFeltrinelli)

domingo, 9 de septiembre de 2018

Se miraba las manos. La tierra se había mezclado con la sangre, cubriéndolas de una manera que parecía imposible lavarlas. Pero debía hacerlo, no podía detenerse ahora. Debía terminar con todo eso. Con el agua fría, la sangre volvió a brotarle de debajo de las uñas. Porque sí, la sangre era suya; se había herido al terminar de excavar. Había olvidado qué dura podía ser la tierra de allí donde había decidido enterrarlo. Sin embargo, no podía ser en otro lugar, y no podía haberlo hecho ningún otro. Ahora estaba sola, definitivamente sola. Las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro.

Hacia ya algunos años que Pedro había decidido marcharse. Luego de todo lo vivido, lo compartido juntos. Él había dicho que no era allí donde deseaba estar. No era su “lugar en el mundo”. Que irónico le resultaba recordar sus palabras. Le había pedido de seguirlo en nombre del amor entre ellos; pero no, no podía. No hubiese jamás podido abbandonarlo. Él no lo hizo.

Aún recordaba cuando había llegado a esa cabaña, en medio a las montañas; creyendo que ya nada, nadie le quedaba. Y allí estaba él. Tan serio, tan duro en sus modos, tan acostumbrado a vivir solo. Que hubiera podido negarse a que ella se quedara; hubiera podido enviarla lejos, a la capital, darla en adopción. Pero no lo hizo.

Él le había dado la única cosa de valor que un ser necesita: amor. Entonces, ¿cómo hubiese podido ella dejarlo a su suerte por correr detrás de Pedro? No, no hubiese podido jamás ser tan egoísta. No con él. No con quien la había hecho ser la mujer que era. No con su abuelo. Menos sabiendo que él estaba enfermo, muriendo.

Él no se lo había dicho, pero ella lo supo. Hacía meses que ya no era el primero a levantarse; y sus pasos se habían vuelto pesados. Su espalda ya no era tan rígida, como si de repente llevara el peso de una vida sobre ella. Cuando Pedro se marchó, vió la angustia en su mirada. Le dolía, sabía lo que había entre ellos. Lo había visto nacer y crecer todos estos años. Desde el primer día que Heidi había llegado allí y se había encontrado con Pedro, supo que terminarían juntos. Y ahora él era una carga para ella, aunque ésta lo negara repetidamente.

Pocos meses después, él ni siquiera salía de la cama; y era Heidi a encargarse de todo. En primer lugar de su abuelo. Pese a los dolores, que ya no le daban tregua, y éste se negaba a que llamara a un médico. Se había pasado una entera existencia a no tener nada que ver con ellos, -y con nadie más, a decir verdad-, que no iniciaría ahora que ya nada podía hacerse. Su temor era que convencieran a Heidi de internarlo en alguna clínica de la capital; y así morir en el único sitio en el que deseaba hacerlo.

Los dolores se habían vuelto insoportables. Había adelgazado tanto que sobre la cama padecía la sombra del gran hombre que había sido. Sin embargo, el corazón se resistía a dejarlo marchar.

Una noche, en uno de esos pocos momentos de lucidez que aún le dejaba la enfermedad, se lo pidió. Ella lloró todas las siguientes horas, pero cuando llegó la mañana, se secó las lágrimas, se levantó y le preparó la taza de leche caliente. Le agregó una segunda cucharada de miel para disimular el sabor. Lo ayudó a tomarla, y permaneció a su lado hasta el final; sosteniendo su mano.

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 19: Piensa en tu personaje de infancia favorito, y haz que haya cometido un asesinato.
Describe cómo ha llegado a matar.)

domingo, 29 de julio de 2018

Podría describirla de mil modos, y no alcanzaría para decir todo lo que significa para mí.

Podría contar que me conoce desde siempre, creo yo que aún antes de habernos cruzado por primera vez, hace ya muchos años.

Podría mencionar esas veces que me vió a tierra, sin fuerzas, y que sin dudarlo, se echó a mi lado y me tomó en sus brazos.

Podría explicar que es una de esas personas sin dobleces, que siempre me ha mirado de frente; que ha tenido el coraje de decirme cualquier verdad.

Podría recordar las veces que viéndome volar alto, sus ojos reflejaron orgullo, y la complicidad abrió sus alas para perseguir juntas los sueños.

Podría resaltar su humildad para reconocer defectos; y, más aún, su gran corazón para aceptarlos y continuar junto a mí en este camino llamado vida.

Podría pero aún así no sería suficiente, por eso sólo diré: TE AMO...

...a vos, a mi Amiga, a mi hermana de la vida: ¡Feliz cumpleaños! ...y todo lo mejor, porque menos no te merecés ❤️


viernes, 20 de julio de 2018

#VDLN - 105

Día del amigo...

...amigo, amiga, amistad ...que palabra grande ésta.

Hay tantos tipos de amigos; los amigos de la infancia, los amigos del secundario, los amigos del barrio, los amigos del club, los amigos de la facu, los amigos del trabajo... tantos, muchos. Y luego están los amigos de la vida, de una vida. Son esos seres que encontramos un día "x", y sin muchas explicaciones, sin demasiadas razones, surge un chispazo, se produce magia, y se comienza a crear un lazo... o, tal vez, siempre ha estado ahí, esperando, ese invisible hilo rojo que une las almas.

Con esos amigos podemos cambiar de escuela, de trabajo, de barrio, de provincia, de país y de continente... hasta podemos cambiar nosotros mismos, o ellos, porque crecemos, porque evolucionamos, porque maduramos... y esos amigos siguen ahí. Y no importa si hablamos todos los días o una vez cada... cada tanto (😉); porque lo que sí importa, lo único que cuenta, es que ese amigo va a estar ahí. Va a estar ahí para lo que sea, no importa si lo que tienes para decir es el psicodrama del momento o la mejor noticia del mundo; no interesa qué día de la semana es, ni qué hora... porque simplemente puedes contar con él. Y como decía Benedetti, no contar hasta uno, o hasta dos o hasta diez, sino infinito; porque un día, sin darte cuenta ambos han hecho una silente promesa, un para siempre.

Yo me considero una mujer muy afortunada, tengo seres así en mi vida, Amigos así, con la A mayúscula; con los cuales no importa el tiempo que ha pasado, siempre es ayer que nos vimos; ni la distancia que nos separa, esos son sólo kilómetros, porque ellos están, ellos son; con ellos he compartido charlas interminables, infinidad de risas, muchas lágrimas, han estado con el pasar de los años, en fiestas, en nacimientos, en llegadas a metas, en inevitables despedidas... ellos han estado, ellos están, y sé que ellos estarán...siempre.

A ellos... a vos... feliz día!


Si quieres, déjame aquí tu huella...

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