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domingo, 12 de julio de 2020

Confío plenamente...

Esa mañana se había levantado más temprano que de costumbre. Deseaba tener el tiempo suficiente para prepararse como se debe, si bien hacía días había decidido su vestuario y todo lo necesario para la ocasión, que había guardado dentro el nuevo bolso. Y es que volver a estudiar después de tantos años, no era algo tan simple como parecía.

En un pestañeo se había duchado, vestido y maquillado, ese poco delineador de ojos que ella usaba, y ya se encontraba en la calle rumbo a la universidad.

Tenía tiempo, por lo que decidió parar a comprarse un café, de esos vasos XL que podías llevarte a cualquier lado y pareciera que estás en una película americana.

Llegó a la universidad y comenzó a buscar el edificio donde debía ir. Aquello era una maldita ciudad y ya no recordaba nada; también ¿cuánto tiempo había pasado desde que estuvo allí por última vez? ¿veinte... veinticinco años? En otra vida, definitivamente.

Después de media hora de dar vueltas por todos lados y cruzar tanta gente joven a la que no deseaba preguntar, se sentó en las escalinatas. Apoyó todo a su lado y se tomó el rostro con las manos. A pesar de todo, llegaría tarde... ¡genial!

¿Qué sucede señorita? ¿Puedo ayudarla? –una profunda voz la sacó de sus pensamientos autodemoledores.
Es que... –comenzó a decir levantando la cabeza y cubriéndose los ojos del sol. Me he perdido... debo ir a este edificio, a esta facultad, pero estoy dando vueltas desde hace rato y no logro encontrarla.

Mientras, le extendía la hoja donde se había copiado las instrucciones. Aún si no podía verle el rostro con nitidez, sólo sus largas piernas y sus zapatos, imaginaba que no se trataba de otro estudiante; lo que hizo se alzara como un rayo y de la vergüenza evitara mirarlo a los ojos.

Pues no hay mayor dificultad... –dijo él finalmente y con toda la calma le indicó perfectamente cómo llegar.

Ella agradeció y mencionó que quedaba en deuda, pero recogió sus cosas a toda velocidad y se marchó sin más. Tal vez aún podría llegar a tiempo.

Lo hizo. La primera mañana en la facultad de psicología había pasado. Y, en todo ese tiempo, se obligó a no pensar al desconocido que la había ayudado a encontrar el camino. Pero ahora estaba de vuelta en su departamento y eso ya no era tan fácil. Esa voz... ¿se cruzaría con él alguna otra vez? ¿lo reconocería? Estaba segura que sí, pero no podía pensar en ello, no ahora, no después de todo.

Había pasado más de un mes y ya no había pensado en nada más que sus estudios. Una compañera le había dicho que ese sábado se llevaría a cabo una especie de conferencia, una clase magistral abierta a todos, en la facultad de humanidades; y que el principal orador sería un antiguo profesor de allí, una eminencia según ella. Deseaba asistir, nutría una profunda curiosidad e interés por el tema.

Llegó con tiempo de sobra, desde aquella primera mañana no había vuelto a perderse. Se ubicó en uno de los bancos de la primera fila, no deseaba distracciones de ningún tipo.

Cuando entró el profesor invitado, su instinto lo supo. No reconocía su rostro, ni sus facciones obviamente, pero algo dentro de ella lo había reconocido. Y, cuando comenzó a hablar y se presentò, no tuvo ninguna duda. Él era su desconocido, el de aquella primera mañana.

Sin saber muy bien el porqué, se notaba inquieta. El profesor no la había reconocido, al menos no había dado ninguna señal de ello. Sus miradas no se habían ni siquiera cruzado por casualidad, a pesar que ella había participado activamente a toda la charla. Sin embargo, allí estaba, haciendo tiempo y quedando por última. Con estúpidas excusas había dejado que los compañeros que estaban con ella, se marcharan. No había querido tampoco que David la esperase para almorzar, es que su simpatía y lo guapo, no le hacía olvidar que era un niño.

Veo con placer que no ha vuelto a perderse. –otra vez aquella voz la sacaba de sus pensamientos.
Disculpe... –probó a poner rostro de sorpresa y cierta ingenuidad en la voz. ¿Cómo dijo?
El primer día de clases, la encontré en las escalinatas que se había perdido. –mientras hablaba su mirada no dejaba de recorrer y analizar cada centímetro del rostro de ella. Creí me había reconocido.
Ahhh... ¿fue usted? –su voz resultaba demasiado fingida hasta para ella misma. No lo reconocí, llevaba tal apuro ese día.
Me imagino. –él tampoco había creído a la respuesta de ella, pero sonrió. Me han gustado sus intervenciones en la charla de hoy, muy apropiadas.
Es un tema que me apasiona desde hace tiempo... –le sonrió ella también; creía estar coqueteándolo aún sin proponérselo pero él la atraía y eso era innegable.
Si lo desea, en la semana puedo alcanzarle un libro que a mí ha sido más que útil. –dijo no sin cierta curiosidad y desafío en la mirada.
Me encantaría... –fue rotunda, no dejando espacio a dudas.

Unos días después se encontraron al finalizar de la última lección de ella.

Lo prometido es deuda. –dijo entregándole el libro.
¿Y será muy inapropiado si lo invito a tomar un café? –le preguntó ella fijándose bien que no hubiese nadie a su alrededor.

Aceptó y se dirigieron a un bar un poco alejado que a ella le gustaba particularmente. Se acomodaron en una mesa un poco alejada de la entrada. Ella no sabía cuánto habían estado conversando; con él le resultaba fácil y natural contarse. Pero cuando salíeron hacía horas que se había hecho de noche.

¿Me dejas que te alcance hasta tu casa? –preguntó él; después de los primeros minutos de conversación habían coincidido en hablarse de tú.
Me encantaría... –otra vez ella le respondió de forma certera, sonriéndole hasta con los ojos.

Ya en la puerta del edificio de departamentos donde ella vivía, debían despedirse y bajar del coche. Y eso era lo último que ella deseaba. Fue instintivo. Se acercó para saludarlo con un beso pero su mano se apoyó en su rostro acariciándole la barba. Se detuvo frente a su boca, mordiéndose.

Tal vez sea un error... –dijo él pero no se apartaba de ella.
No veo el porqué... –respondió ella. Ambos somos adultos y tú no eres mi profesor ni yo tu alumna.
Pero a mis años... –rebatió. Podría ser tu padre.

Se acercó a su oído, se sentía osada esa noche y le susurró: Pero no lo eres.

Y sus bocas se fundieron en un beso.




(Este relato pertenece a los retos de "Gym para escritores".
Éste particularmente corresponde a la semana dos: "Frase".
Esta semana, deben inspirarse con la siguiente frase, si quieren citarla, pueden hacerlo, aunque la gracia reside en inspirarse en ella: "Y debo decir, que confío plenamente en la capacidad de haberte conocido", de Julio Cortázar)

jueves, 21 de mayo de 2020

¿Cuándo ha sido el primero? ¿Te acuerdas?

Sí, obvio que me acuerdo. El primero fue cuando debía volver a mi casa y vos no querías. Me pediste que me quedara con vos, te quitaste la cadenita del cuello con aquella medalla que aún conservo.

Era fácil, las primeras veces no se olvidan.

Pues yo también recuerdo la segunda; la tercera; la cuarta... y la vez que decidiste volver, que me elegiste. También aquella en la que angustiada te conté lo que pasaba y me dijiste que era la mejor noticia que podía darte. Recuerdo la vez que te ví con ella en los brazos y me dijiste: “gracias”. O la vez que me sorprendiste con aquella canción que escribiste para mí y la cantaste por la radio. Recuerdo todas y cada una de las veces. Aquellas después de pelear como gatos –y es que yo soy tremenda cuando me enfado, lo sé– y todas las veces luego que dabas “el brazo a torcer”, demostrándome que yo soy más importante que tener razón. O una de las últimas, cuando después de tanta espera lo hice aliviada y feliz sobre tu pecho. Porque soy una mujer de buena memoria y porque ¿cómo podría olvidar veintisiete años de encuentros y desencuentros; de búsquedas y hallazgos; de aciertos y errores; de construcción constante? ¿Cómo podría olvidarme del amor y de todas las veces que éste me ha hecho suspirar? ¿Cómo? No podría. No deseo hacerlo. Quiero continuar a sorprenderme, a emocionarme, y a suspirar. Como esta mañana, cuando pensé lo habías olvidado y, con un beso y un simple “feliz aniversario, te amo” susurrado sobre los labios, has hecho que yo suspire de nuevo.






(Este microrrelato pertenece a los "Relatos Jueveros"
y esta semana la convocatoria fue hecha por Mónica desde su blog: "Neogeminis".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)

martes, 21 de enero de 2020

¿Cómo era antes de conocerlo?
No lo recordaba. No le importaba.
Porque ella era mejor desde que él estaba en sus días. Lo sabía, lo sentía.
Y, aún si lo de ellos no era amor, aunque no fueran nada, ella sólo deseaba serle.
Porque lo único que ella no podría perdonarse jamás, sería el pecado de no vivirlo.


(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras del mes de Enero son: antes - pecado - aunque.)

domingo, 11 de agosto de 2019

¿Cómo lo había conocido? Tal vez si hubiese sido otra no lo recordaría, pero ella, ella recordaba cada pequeño detalle de ese encuentro.

Se había presentado ante ella casi en puntas de pie, pero con el rostro lleno de preguntas. Ella le dejó abiertas todas las posibilidades, porque él había sabido hacerle cosquillas a su curiosidad. Por cada pregunta que le hacía, ella sonreía de forma pícara, alzaba los ojos al cielo y le respondía no sin cierta timidez.

Me gusta ser el que provoca tu sonrisa. –le dijo y ella se ruborizó como si fuera una adolescente y esa fuera una declaración de amor.

La verdad es que él le gustaba desde mucho antes de cruzar las primeras palabras. Lo había oído hablar tantas veces, siempre con la respuesta pronta, aquella justa. Él no dejaba de preguntarle, deseaba saber todo sobre su vida y ella, con su más sincera naturalidad, le respondía, le contaba todo.

Si sigues... si sigo... te me harás vicio... –le dijo ella como con miedo en la voz.
Me encanta hacerme vicio. –respondió él tomándola por el mentón y obligándola a mirarlo. ¿A qué le tienes tanto miedo? ¿A mí?
Sí... y no... –las palabras salieron de su boca sin poder detenerlas.
Explícame. –le pidió.
Me gustas mucho... me encantas... pero mi vida es demasiado complicada como para dejar que lo que siento, que esto que tú me provocas, me invada y tenga el sobreviento... –más sincera que así no podía ser.
¿Y qué harás? –preguntó mientras se acercaba peligrosamente. ¿Te frenarás? ¿Pondrás límites?
Sí... sí, si es necesario... –respondió mostrando una seguridad que no tenía.
Si crees lograrlo, te dejaré intentarlo. –y su aliento le rozaba el cuello.
No me dejes... –murmuró colocándose en ese espacio que él le había hecho entre sus brazos.
Dejarte sería castigarme a mí mismo. –la abrazó fuerte y selló sus palabras con un beso.


domingo, 12 de mayo de 2019


Siempre me sentí diferente.
No me gustaba seguir las normas
y las únicas reglas eran las mías.
Creí que aquello nunca cambiaría
y temblé el día que supe pasaría.
La mayoría decía era una locura,
una más de las mías,
una que arruinaría mi vida.
Sin embargo, desde ese primer instante
mi alma ya vibraba diferente;
y cuando sin apenas aliento
te apoyaron en mi pecho,
mis alas se abrieron
comenzando el más magnífico vuelo.


(Estas letras pertenecen a la iniciativa, "El sombrero loco", propuesta por Gin;
y hoy, que aquí se festeja el Día de la Madre, se las dedico a mi hija, el motivo de todo...

...si así lo desean, AQUI pueden leer a los otros participantes.
Y un GRACIAS enorme a Gin, por todo, todo lo hermoso que nos ofreces día a día.)

lunes, 17 de diciembre de 2018

24 Retos de Lectura - #23

Reto 23:
Un mes para viajar, para volver a ser pequeño y disfrutar de las fiestas. Para acabar esa obra de Dickens que dejaste a la mitad hace cien años y de ingorda en familia. También tiene que ser un mes para viajar entre letras.
Un libro que te haga viajar y que se desarrolle en un país exótico.
Elección: “Viaje a Oxiana”, de Robert Byron

Sinopsis:
“Poética, erudita, y ácidamente humorística a la vez, la narración que Robert Byron traza de su peregrinaje a través de Persia y Afganistán en los años treinta, en busca de los orígenes de la arquitectura islámica, es una obra maestra en su género. Al hacer revivir con animada autenticidad a unos personajes y unos paisajes, “Viaje a Oxiana” se convierte en una oda apasionada a la búsqueda de la aventura, en el retrato evocador de un heroico y visionario viajero.”

Inicio diciendo: a mí me encanta viajar. Simple. Soy una persona que inicia a disfrutar el viaje cuando; si es por aquí cerca, se sube al auto; y cuando es más lejos, desde que comienza a preparar las maletas. No importa si el paisaje es el mismo que veo desde hace años; ni si tengo que esperar horas en un aeropuerto. Me gusta viajar, ver pasar las imágenes de ese paisaje visto infinidad de veces; o el rostro de las personas que cruzo en el aeropuerto; siempre he pensado que podría escribir muchísimas historias con lo que se puede ver por allí. Pero, pese a todo esto, jamás había leído un libro sobre viajes, ni nada parecido. Por eso, cuando comencé a buscar, me di cuenta que entre los títulos de mi –ya famosa– lista de espera, figuraba éste que es considerado, nada menos, que una obra maestra en su género. No lo dudé, y fue mi elección.

Y fue una excelente elección sin dudas. Robert Byron nos cuenta bajo forma de diario un viaje que emprende partiendo desde Venecia (ciudad que adoro por demás) pasando por Palestina, Siria, Irak, Persia y Afganistán. Todos sitios más que interesantes por conocer; y que, aún si hoy por hoy el hombre y sus circunstancias los hayan convertido en peligrosos, no han perdido un ápice de misterio y encanto. El autor no sólo nos describe el paisaje y su arquitectura, de la cual era un amplio conocedor; sino que nos habla de su gente, de sus modos de vivir... de toda la belleza, pero también de todas las sombras.

“(...)
Nunca he encontrado un esplendor de este tipo antes. Cuando me paré allí, se me ocurrieron otros interiores para compararlos con: Versalles, o las habitaciones de porcelana de Schönbrunn, o el Palacio Ducal, o la de San Pedro. Todos son ricos; pero ninguno tan rico. Su riqueza es tridimensional; Todo el esfuerzo de la sombra lo asiste: en la Mezquita de Sheikh Lutfullah, es una riqueza de luz y superficie, de patrón y color solamente. La forma arquitectónica no es importante. No está sofocado, como en el rococó; es simplemente el instrumento de un espectáculo, como la tierra es el instrumento de un jardín. Y luego, de repente, pensé en esa desafortunada especie, en los modernos decoradores de interiores, que se imaginan que pueden hacer que un restaurante, un cine o el salón de un plutócrata se vean ricos si se les da suficiente dinero para el pan de oro y el espejo. Poco saben qué aficionados son. Tampoco, por desgracia, hacen sus clientes.
(...)”
(Fragmento de “Viaje a Oxiana”, de Robert Byron)

Un largo y encantador viaje. Algo que en la era de la globalización, tal vez, ya sea impracticable; pero nos queda el diario de un sueño. Un libro de un verdadero viaje, el viaje de descubrimiento del otro y, de este modo, de uno mismo.
A la próxima!

miércoles, 24 de octubre de 2018

Su síntoma era tan evidente que no hizo falta ella dijiera nada.
Según las referencias que tenía, él era lo que necesitaba para salir de ese estado en el que había caído, y en el que sentía ahogarse cada vez más. Fue estar entre sus brazos para saberlo.

Contigo haré mi mejor trabajo... no recordarás cómo era antes de mí. –dijo.

Y ella sintió en esas palabras, más que una amenaza, una soñada promesa.


(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras para el mes de Octubre: síntoma, referencias, contigo.)

domingo, 4 de marzo de 2018


El día era espléndido e invitaba a disfrutarlo.
Salí a caminar con el gusto del café aún en la boca. Sin rumbo, sin expectativas. Mis pasos se dirijieron solos hacia ese sitio que sentía como un refugio. A medida que avanzaba los sonidos del pueblo se volvían un lejano rumor. Sólo escuchaba el grupo de albatros que incansablemente buscaba de comer.
El sol me calentaba más allá de la piel y el viento se enredaba entre mis cabellos y pensamientos. El camino comenzaba a descender, hasta perderse en las dunas. Allí, por un instante, me detuve para sentir como mis pies se hundían en la arena. Sentía cómo cada pequeño granito pasaba entre mis dedos; como si esas grandes montañas doradas quisieran hacerme parte de ellas. Sonreí ante esa idea y continué a caminar.
Llegué a su orilla y, sorprendentemente, estaba sola en el paraíso. Observé el infinito que tenía delante mis ojos. Dejé que mi mirada buscara ese límite inexistente entre el cielo y el mar. Y respiré. Respiré profundamente, dejando que el aire salino penetrara hasta el último espacio de mis pulmones, limpiándolos. Limpiándome.
Me despojé de todo y cada cosa, y me puse de puntillas, como si dentro mío le pidiera permiso. Permiso para entrar, para ser parte de él, y que él hiciera parte de mí. Su espuma envolvió mis piernas y yo me dejé seducir por su ímpetu. Me sumergí en su profundidad, sintiéndome nueva al salir una y otra vez a la superficie.
El día era espléndido y yo lo estaba viviendo.

El día era espléndido porque yo lo estaba viviendo.

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 07: Haz un relato ASMR para que tu lector se relaje leyéndolo.)

martes, 26 de diciembre de 2017

¡Qué basta... qué te marches...!

Pero no, aquí está ella otra vez. Y no entiendo cómo no se cansa de toda esta situación. Yo no me soporto ni a mí mismo. Es que de sólo poder escaparme, lo haría sin dudarlo. Se lo he dicho, y probado a explicar, pero ella no me ha entendido. Que es algo momentaneo mío, que ya se me pasará, que la crisis de la edad, que los muchos años juntos... La verdad es que yo no soy el que antes fui, he cambiado; aunque no sé si esto ha sido para bien. Seguramente si ella supiera todo, pensaría que no, que me he convertido en ese hombre que juré jamás ser. Y en ese momento sentí que no me dejaba más opción, aunque hoy sepa que no era así. Fue mi excusa luego la enésima discusión. Ella no deseaba ver la realidad, y a mí me quedaba cómodo en cierto modo todo eso. Ahora me ahoga la culpa. La culpa de que esté aquí, cuidándome, porque sé que no me lo merezco. No por lo que hice, las otras mujeres serían lo de menos, sino por no tener el coraje de que ella se vea tal cual es. De haber sido un cobarde y no dejar lo conveniente por lo que realmente me hacía feliz. Y, sobre todo, porque ahora ella está aquí, creyendo ser la causa de todos mis males, repitiendo lo mucho que me ama, y no sabe que en el momento del accidente, yo no estaba distraído por lo nuestro, sino que estaba huyendo. Huía de ella y su rutina. Huía del peso de las responsabilidades. Huía del sentirme viejo antes de tiempo. Huía hacia mi propia felicidad, aún sabiendo que dejaría la desolación a mi espalda. Huía y ahora estaba más prisionero que nunca, encarcelado dentro mi propio cuerpo.

Aquí ha llegado otra vez su mujer... –dijo al pasar una de las enfermeras.
No sé si admirarla o compadecerla. –comentó otra colega. Mirá que son años ya que viene y no falta un día, por más que su marido esté en coma.
Se ve que es amor... –deseaban convencerse, tal vez.

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 48: Describe los pensamientos y sensaciones
de un personaje que está en coma.)

viernes, 24 de noviembre de 2017

#VDLN - 71

"Me gusta la calma que da el tiempo,
porque lo que ayer se sintió como un huracán,
hoy vemos que era el viento abriéndonos camino."
(Mi granero)


viernes, 8 de septiembre de 2017

#VDLN - 60

"Según algunas leyendas,
el mar es la morada de todo aquello que hemos perdido,
de aquello que no hemos tenido,
de los deseos quebrados,
de los dolores,
de las lágrimas que hemos derramado..."
Osho


Para quien escribe, el mar es algo inexplicable, ese sentimiento profundo que todo lo abarca. Y, porque como dice otra canción:

"...♫ quiero estar en la playa cuando se han ido
los que tapan toda la arena con celofán ♫..."

...es que ahora que todos vuelven, yo me marcho.

Por esto es que las próximas entradas están todas programadas, no faltarán los relatos, y menos que menos dejaré de "dar la nota" los viernes... pero no creo poder responder a los comentarios, ni dejarles mis huellas en sus casas, aunque los leeré...

...y cuando ustedes vengan a esta playa, podrán encontrarme porque:



viernes, 18 de agosto de 2017

#VDLN - 57

"Cuando sufres, oblígate a recordar un momento alegre.
Una sola luciérnaga es el fin de la oscuridad."
(Alejandro Jodorowsky)


Hoy, más que nunca, no dejemos de ser luz...
no dejemos que ganen las sombras.

viernes, 23 de junio de 2017

#VDLN - 49

Para vos...
...de tu compañera.

Esta semana les pido disculpas, con toda (el) Alma.
Esto porque, aunque sé que no hay obligaciones y soy la primera a decirlo,
últimamente el tiempo se me escapa de las manos.
Entonces no sólo no llego a responderles en tiempo aquí,
sino que por muchas de vuestras casas estoy ausente desde hace tiempo...
Y esto no me gusta, de verdad que no.
Por un momento pensé cerrar los comentarios,
pero luego no creí fuera tampoco justo...
Porque vienen hasta esta playa,
porque se detienen a leer,
porque escuchan la música que elijo
y porque de este modo, este rincón es también de ustedes...
Esta playa, esta arena, sin vuestras huellas sería sólo un árido desierto.
Por todo esto, van mis disculpas y un
GRACIAS
así de grande...
♥

viernes, 2 de junio de 2017

#VDLN - 46

"Las mujeres como ella nacieron en una tormenta.
Tienen un rayo en sus almas,
un trueno en sus corazones
y el caos en sus huesos."
(del web)




viernes, 19 de mayo de 2017

#VDLN - 45



Todo de ti
Tatúame todo de ti
Todo de ti
Tatúame todo de ti
Todo de ti
Tatúame todo de ti
Todo de ti

Pero si
tú no volvieras más
ahora yo querría una imagen congelada,
una fotografía
de llevarme en los ojos.
Pero sí, el tiempo hace olvidar
y todo sanará
pero mi piel no,
no te olvida.

Déjame un signo
tatúame las manos y luego los brazos
que uso para tocarte, para sentirte y abrazarte.
Y en silencio tatúa tu sonrisa sobre los labios
pero sobre mis labios.
No te detengas
graba sobre mi pecho las iniciales
de este amor roto y luego métele dos alas
así podrá volar aunque si me queda encima
en otras dimensiones.

Todo de ti
Tatúame todo de ti
Haz tú,
pinta donde quieras.
Me gusta cuando vas
largo la espalda.
Diseña los temblores
y el infinito.
Y tatúame las piernas y las rodillas
que uso para alcanzarte y para hacer el amor.
Y en silencio tatúa tu aliento sobre el mío
respiro sobre ti.
Sabes,
quería decirte que contigo
yo camino volando
a tres metros del suelo
y que no vivo sin ti.
Te marco a fuego fuera y dentro...




jueves, 11 de mayo de 2017

Se alzaba en mitad de la noche, como ya lo había hecho otra infinidad de veces, y ésta no sería la excepción. Se vistió haciendo el menor ruido posible, no deseaba despertarla. Ella... bella hasta cuando dormía. La observaba allí, desnuda entre las sábanas, y pensaba que con ninguna otra había tardado tanto tiempo en seducirla, en tenerla entre sus brazos, en hacerla suya. Bueno, en realidad, enseguida la había conquistado, porque podría jurar que esa chispa fue inmediata; pero ella no se confiaba. Y ahora, que otra vez se estaba yendo, escapando como un ladrón, tal vez ella hacía bien a no hacerlo. Pero es que ella no comprendía, no podía saber lo que se sentía. Él había intentado decírselo, explicárselo... pero no, esas cosas hay que vivirlas para entenderlas. Él no podía enamorarse, porque él sabía que el amor no dura, que el amor causa la más mortal de las heridas. Todos a los que había amado y que él había amado, se habían ido, lo habían dejado... y él se había quedado solo.

Por suerte ella no había vivido nada parecido. Ella era todo sonrisas. Era la luz de la mañana entrando por la ventana. Era el arcoiris luego de tantos días de lluvia, Era como detenerse en la orilla y que el mar te acariciara los tobillos. Ella sabía hacerlo latir, hacerlo volar. Ella... pero no, no podía permitírselo, debía marcharse de allí y cuanto antes. Sin embargo, algo lo ligaba, a ella... a su piel morena; a sus cabellos azabaches; a esas manos que lo habían elevado al mejor de los cielos; a sus ojos oscuros como una noche sin luna; al ancho perfecto de sus caderas y la generosidad de sus pechos... a toda ella. Había intentado verla sólo como a una amiga, y había estado en cientos de camas para convencerse, de las cuales siempre había escapado, como haría esa noche. Necesitaba que ella continuara a creer que era sólo sexo. Y para eso bastaba que no se despertara; que esa boca, sinónimo de pasión y deseo, no pronunciara su nombre. Si lo hacía, él ya no podría marcharse, no podría dejarla, no como lo habían hecho con él. No, él no podría abandonarla, no después de esa noche.

Porque él sabía cómo era.
Porque él sabía cómo se sentía.
Porque él prefería seguir engañándose a sí mismo.
Porque él no quería se supiera la verdad.
Porque él... él ya la amaba.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 29: Escribe una historia de un personaje con miedo al amor.)

viernes, 21 de abril de 2017

#VDLN - 41

“No soy la única, pero aún así soy alguien.
No puedo hacer todo, pero aún así puedo hacer algo.
Y justo porque no lo puedo hacer todo,
no renunciaré a hacer lo que sí puedo”
(Helen Keller)




Un año más...
En este minuto exacto, en plena Ciudad de Buenos Aires, 41 años atrás nacía esta mujer...
Cuarenta y uno... a veces parecen muchos más, por tanto sentido, en la piel y en el alma; por tanto vivido, a pleno, con el corazón abierto... y a veces parecen tan pocos, y que tantas cosas hayan sido ayer...
Tantos recuerdos... tantos momentos inolvidables... tantos sentimientos que desbordan...
Gracias... a vos que estás desde siempre... y a vos que has apenas llegado...
Gracias... a vos que estás allí, de ese otro lado, pero tan cerquita de mi ♥...
Gracias... por tanto... por todo... por lo bueno, y también por lo malo, porque todo me ha hecho la mujer soy...
Hoy festejo junto a vos mis cuarenta y un vueltas alrededor del sol... y espero sean muchas más!



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