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domingo, 13 de octubre de 2019


Había comenzado su rutina laboral, por ende la radio se encendía automáticamente a las 7:00am. Se levantó aún con sueño y puso el café a hacer. Dejó que la música siguiera sonando, escuchar a Aute siempre le hacía pensar en él.


Se hizo una foto así como estaba; todavía la camiseta con la que había dormido puesta y la taza del desayuno en la mano. Fue esa misma foto la que le envió por mail, aunque sabía que él estaría durmiendo, su trabajo lo tenía despierto casi hasta la madrugada. Recordaba cuando lo había conocido.

¿Madrugas cerca del mediodía? –le había preguntado sorprendida. De grande quiero vivir como tú.

Sonreía con el recuerdo cuando le sonó el móvil indicándole que tenía un nuevo mail. Para su sorpresa era la respuesta a su foto.

“Mis días mejoran cuando veo un correo tuyo.
No imaginas cuánto deseo desayunarte.”

Se ruborizó al leerlo, aunque hacía tiempo que se frecuentaban, él seguía causándole el mismo efecto.

“Era un mimo... para que no me olvides y lleves mi imagen en tu cabeza todo el tiempo que no estés conmigo.”

No había llegado a su habitación que el móvil volvió a sonar; él había respondido.

“No podría olvidarte. No quiero sacar de mi cabeza nada que venga de ti.”

Se quitó la camiseta, se echó boca abajo en la cama deshecha y mientras una de sus manos bajaba hasta su sexo, la otra marcaba su número. Tenía la necesidad, la urgencia de escucharlo.

Aquí me tienes... –le dijo en apenas un susurro.
Me encanta tenerte. –respondió él.

Esa mañana ella no llegó al trabajo, sin embargo viajó por horas sólo con el sonido de su voz.


martes, 30 de abril de 2019

Vuelo

Pensé que definitivamente ese viaje sería interminable...

Apenas llegé al aeropuerto de Heathrow, mi vuelo había sido suspendido hasta nuevo aviso; eso sumado a las horas que aún me faltaban para llegar a mi destino, no hacían que estuviese de muy buen humor. Decidí tomármelo con calma, respiré profundamente y me senté en una de las butacas. Me pondría a leer o escucharía algo de música. El aeropuerto estaba practicamente vacío, sin embargo él se sentó frente a mí.

Era un hombre atractivo, sin dudas, las miradas de las mujeres –pocas– que había alrededor, eran todas para él. Cabellos muy cortos, muy prolijo; algunas canas que le daban ese encanto de la madurez. Bien vestido, traje oscuro, Prada o Armani, seguramente. No podía dejar de observarlo, aunque él ni se dignó a devolverme la mirada una sola vez. Sacó una agenda y comenzó a escribir algo. Sus manos, cuidadas, perfectas… y de repente, no pude más que imaginarlas sobre mi cuerpo. Decidí ir por un café, debía despejarme; ese desconocido estaba despertando todas mis fantasias. Yo, que generalmente soy considerada un poco fría y distante, estaba probando una extraña excitación.

Volví con mi café y empecé a leer; él seguía allí, en sus cosas. Comencé a observarlo otra vez, como si tuviese un imán al que no podía sustraerme. Sus piernas cruzadas. Su camisa un poco abierta. Su cuello tan masculino. En ese instante alzó la vista y nuestras miradas se cruzaron. Él hizo una media sonrisa y automáticamente me mordí el labio, mientras mi pulso se disparaba. Me sentí arder, y sentí arder también sus ojos oscuros recorriendo mi piel. Nerviosa me levanté, recogí mis cosas rápidamente y me fui hasta el baño.

No había nadie… mejor. Abrí el grifo, dejé correr el agua fresca por mis manos y cerré los ojos. Hasta que escuché cerrar la puerta con llave a mis espaldas. Ahora era él quien me observaba a través del espejo. No me moví. No sentí temor sino deseo. Se acercó lentamente por detrás y se apretó a mi cuerpo. Recogió mis cabellos, haciendo que inclinase el cuello, que besó… mordió. Sus manos abrieron mi camisa y sujetaron mis pechos, sacándolos del sujetador. Sentía su excitación presionando mis nalgas. Levanté mi falda y llevé su mano a mi entrepierna, quería sintiera lo que me estaba provocando.

Hundió sus dedos en mi sexo; entraba y salía de él lentamente. Comencé a gemir y sentía esos espamos que preanunciaban mi orgasmo. Se abrió el pantalón y sentí cómo frotaba su miembro contra mi culo. Con un moviemiento delicado pero decidido, me giró e hizo que me sentara sobre el mármol. Me penetró enredando sus manos en mis cabellos. Su lengua hambrienta recorría mi boca con la misma intensidad con la que sus caderas me embestían. Mi calor lo envolvía y hacía que desapareciera dentro de mí. Ambos vibrábamos al mismo ritmo acompasado. Por momentos se detenía, dejándome empalada en su virilidad; para luego retomar con más énfasis.

Y finalmente, su voz. Un susurro… un pedido en mi oído… “…acaba conmigo…”. No hizo falta más. Sentí su caliente hombría llenando mis entrañas, en el preciso instante que me derramaba en un inevitable orgasmo.

Nuestras respiraciones comenzaban a calmarse cuando escuché el anuncio de mi vuelo. Nos miramos a los ojos, él esbozó otra vez una media sonrisa y yo, yo después de todo, me sonrojé como una adolescente que había cometido su primera gran trasgresión. Me arreglé; tomé mis cosas, y salí del baño dejándolo allí. Me dirigí a la puerta de embarque, no deseaba pensar en lo que acababa de ocurrir. Luego de unos minutos ya estaba en mi asiento. Faltaba poco para el despegue y parecía que viajaría sola; nadie llegaba para sentarse a mi lado. Miraba por la ventanilla cuando oí a la azafata indicar mi fila. Levanté la vista… era él.

Me corrijo, ese viaje definitivamente no sería interminable, sino inolvidable.




(Relato presentado al concurso de "El Tintero de Oro"
Para leer los restantes participantes te invito a pasar por aquí.)

lunes, 17 de diciembre de 2018

24 Retos de Lectura - #23

Reto 23:
Un mes para viajar, para volver a ser pequeño y disfrutar de las fiestas. Para acabar esa obra de Dickens que dejaste a la mitad hace cien años y de ingorda en familia. También tiene que ser un mes para viajar entre letras.
Un libro que te haga viajar y que se desarrolle en un país exótico.
Elección: “Viaje a Oxiana”, de Robert Byron

Sinopsis:
“Poética, erudita, y ácidamente humorística a la vez, la narración que Robert Byron traza de su peregrinaje a través de Persia y Afganistán en los años treinta, en busca de los orígenes de la arquitectura islámica, es una obra maestra en su género. Al hacer revivir con animada autenticidad a unos personajes y unos paisajes, “Viaje a Oxiana” se convierte en una oda apasionada a la búsqueda de la aventura, en el retrato evocador de un heroico y visionario viajero.”

Inicio diciendo: a mí me encanta viajar. Simple. Soy una persona que inicia a disfrutar el viaje cuando; si es por aquí cerca, se sube al auto; y cuando es más lejos, desde que comienza a preparar las maletas. No importa si el paisaje es el mismo que veo desde hace años; ni si tengo que esperar horas en un aeropuerto. Me gusta viajar, ver pasar las imágenes de ese paisaje visto infinidad de veces; o el rostro de las personas que cruzo en el aeropuerto; siempre he pensado que podría escribir muchísimas historias con lo que se puede ver por allí. Pero, pese a todo esto, jamás había leído un libro sobre viajes, ni nada parecido. Por eso, cuando comencé a buscar, me di cuenta que entre los títulos de mi –ya famosa– lista de espera, figuraba éste que es considerado, nada menos, que una obra maestra en su género. No lo dudé, y fue mi elección.

Y fue una excelente elección sin dudas. Robert Byron nos cuenta bajo forma de diario un viaje que emprende partiendo desde Venecia (ciudad que adoro por demás) pasando por Palestina, Siria, Irak, Persia y Afganistán. Todos sitios más que interesantes por conocer; y que, aún si hoy por hoy el hombre y sus circunstancias los hayan convertido en peligrosos, no han perdido un ápice de misterio y encanto. El autor no sólo nos describe el paisaje y su arquitectura, de la cual era un amplio conocedor; sino que nos habla de su gente, de sus modos de vivir... de toda la belleza, pero también de todas las sombras.

“(...)
Nunca he encontrado un esplendor de este tipo antes. Cuando me paré allí, se me ocurrieron otros interiores para compararlos con: Versalles, o las habitaciones de porcelana de Schönbrunn, o el Palacio Ducal, o la de San Pedro. Todos son ricos; pero ninguno tan rico. Su riqueza es tridimensional; Todo el esfuerzo de la sombra lo asiste: en la Mezquita de Sheikh Lutfullah, es una riqueza de luz y superficie, de patrón y color solamente. La forma arquitectónica no es importante. No está sofocado, como en el rococó; es simplemente el instrumento de un espectáculo, como la tierra es el instrumento de un jardín. Y luego, de repente, pensé en esa desafortunada especie, en los modernos decoradores de interiores, que se imaginan que pueden hacer que un restaurante, un cine o el salón de un plutócrata se vean ricos si se les da suficiente dinero para el pan de oro y el espejo. Poco saben qué aficionados son. Tampoco, por desgracia, hacen sus clientes.
(...)”
(Fragmento de “Viaje a Oxiana”, de Robert Byron)

Un largo y encantador viaje. Algo que en la era de la globalización, tal vez, ya sea impracticable; pero nos queda el diario de un sueño. Un libro de un verdadero viaje, el viaje de descubrimiento del otro y, de este modo, de uno mismo.
A la próxima!

viernes, 4 de mayo de 2018

#VDLN - 94

"Somos el resultado
de los libros que leemos,
los cafés que disfrutamos,
los viajes que hacemos
y las personas que amamos."
(del web)


"...♫ ...Tú que partes de la idea
que nunca nada cambiará
como hojas sobre los árboles
nosotros dos cambiamos ya.
Estás seguro que yo sea
sólo aquello que tú conoces
en la vida la costumbre
no deja ver jamás la verdad.

Soy el alma que tú no pides
la isla que tú no ves
y te lo demostraré
que yo no soy
aquello que desde siempre crees,
soy cielos blancos y negros
sol entre las nubes.

Mientras el tiempo vuela
sabes cuál es la novedad
yo no soy sólo agua
sólo fuego todo aquí.
Si no lo has entendido aún
soy el sueño y la locura
la dulzura y la inquietud
pero ¿tú has jamás visto quién soy yo?

Soy el alma que tú no pides
la isla que tú no ves
y te lo demostraré
que yo no soy
aquello que desde siempre crees,
soy cielos blancos y negros
sol entre las nubes.

La luz y luego la oscuridad
el mar y la profundidad
la espuma que en la ola sabe danzar.

Soy el alma que tú no rezas
la isla que tú no ves
yo que tú lo quieras o no.
Amor no soy
aquello que desde siempre crees
agua clara que tú ves
hada de fábulas
no, no lo soy
yo no lo soy... ♫..."

miércoles, 12 de julio de 2017

Hubo un tiempo, donde él se sentía lleno de vida, con una constante curiosidad por todo lo que lo rodeaba. Viajaba alrededor del mundo y las páginas de su vida estaban llenas de aventuras. Pero eso había pasado; y ahora, hasta los viajes se habían convertido en una aburrida monotonía. Sus días parecían una continuación de hojas en blanco, no había nada que lo hiciera sentir satisfecho. Nada que lograra hacerlo sentir pleno como un tiempo. Se sentía un personaje más. Uno de los de esas historias que tanto le gustaba contar en sus noches de insomnio. Esas historias con las que había seducido a un sinfín de mujeres; con las que, en cierto modo, había vivido.

Así se sentía cuando ella entró en su vida. Sin embargo no pudo resistirse a presentarse como ese personaje, ese trotamundos, ese papel que tan bien conocía y que sabía infalible. Pero ella lo sorprendió... pudo ver más allá. Ella lograba leerlo entre líneas, sentía aquello que él trataba, en vano, de ocultar. Poco a poco descubrió que con ella no era necesario llevar máscaras. Reía de sus faltas y lograba siempre corregir cada cosa con una sonrisa suya. El entusiasmo de ella lo contagiaba, le donaba las ganas de hacer cosas nuevas... ¿y por qué no?

Él estaba cansado de fantasiosas aventuras. Ella sólo deseaba escribir historias verdaderas.
Él, un viejo cuaderno de viaje. Ella, su nueva pluma.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 11: Inventa un cuento con dos objetos a los que dotas de vida.)


miércoles, 2 de noviembre de 2016

Se había hecho tarde. En esta época del año y con estas temperaturas, la ciudad estaba casi vacía. Pero debía volver a casa, y tomar un taxi hasta la estación era impensable. No gastaría casi lo ganado en mi jornada por una docena calles. Decidí ir a tomar el autobús, ni siquiera me pondría a escuchar música por el ipod, para estar atenta a mi alrededor. Casi llegando vi que no estaría sola, un hombre mayor ya estaba en la parada. Suspiré aliviada. Pero cuanto poco me duró lo de relajarme. Apenas llegué, el viejo (sí, así, despectivo...), se giró hacia mí; me miró de arriba a abajo, como haciéndome una radiografía, para finalmente guiñarme un ojo mientras se pasaba la lengua por los labios. Me sentí asqueada. Sin pensarlo dos segundos comencé a caminar nuevamente. Cualquier cosa sería mejor que esperar junto a semejante personaje. Si apresuraba el paso igualmente haría rápido. Un gato cruzó mi camino, y era tal mi tensión que casi muero del susto.

Finalmente allí estaba, estación central. Controlé el horario, en diez minutos partía el próximo tren en el tercer andén. Pasé los controles y caminé hacia allí. Miraba dentro los vagones, prácticamente vacíos. Subí al segundo; algunos, pocos, pasajeros. Un señor leyendo el periódico, una mujer controlando su celular cerca, y un poco más allá, un muchacho con los auriculares durmiendo. Me senté cerca de la puerta y ahí sí, me puse a escuchar música, eran cuarenta y cinco minutos de viaje.

En algún momento, enseguida de haber partido el tren, me debo haber quedado dormida. Desperté de golpe cuando sentí algo moverse a mi lado. Como una ingenua idiota, me había sentado del lado de la ventanilla y ahora tenía a uno sentado a mi lado, mirándome insistentemente mientras se manoseaba. Me puse rígida, no podía ni siquiera saber si aún estaban los pasajeros que antes había visto. No sabía qué hacer. ¿Me levantaba y me iba?
¿Y si estabamos solos en el vagón y ese gesto lo enfurecía y era peor? Pensaba mil cosas en escasos segundos. ¿Y si el quedarme allí lo interpretaba como una aceptación? Miraba hacia afuera por la ventanilla y lo sentía masturbarse. Me venían las arcadas pero no quería mover un sólo músculo. Sentía su respiración agitada y el tiempo parecía haberse detenido, los minutos no pasaban. Sentí algo caliente mojarme la pierna del jeans y al tipo (llamarlo hombre sería darle una clase que no merece) acomodarse, levantarse e irse. Me giré para alzarme, y no pude contener de vomitar. Cuando alcé la cabeza vi que los pasajeros seguían en su sitio, nadie notó nada, y si lo hizo daba lo mismo. Seguía sintiendo nauseas, bajé del tren y corrí los doscientos metros hasta mi casa. Entré directa a la ducha. Por alguna maldita razón me sentía no sólo sucia, sino culpable. ¿De qué? ...no lo sé.




(Esto podrìa ser un relato de terror pero en cambio es, lamentablemente,
una terrorífica realidad que pasan miles y miles de mujeres en cualquier ciudad, todos los días...
No miremos para otro lado cuando viajamos por esta vida.)



("Pasajeros", haz click para escuchar la canción de inspiración,
44 de 52 para "Contando las semanas" de Sindel.)



lunes, 27 de junio de 2016

Viajar es marcharse de casa,
es dejar los amigos,
es intentar volar,
volar conociendo otras ramas,
recorriendo caminos,
es intentar cambiar.

Viajar es vestirse de loco,
es decir "no me importa",
es querer regresar.
Regresar valorando lo poco,
saboreando una copa,
es desear empezar.

Viajar es sentirse poeta,
es escribir una carta,
es querer abrazar.
Abrazar al llegar a una puerta,
añorando la calma,
es dejarse besar.

Viajar es volverse mundano,
es conocer otra gente,
es volver a empezar.
Empezar extendiendo la mano,
aprendiendo del fuerte,
es sentir soledad.

Viajar es marcharse de casa,
es vestirse de loco,
diciendo todo y nada con una postal.
Es dormir en otra cama,
sentir que el tiempo es corto,
viajar es regresar.
Gabriel García Márquez


Y yo estoy regresando... regreso a vos.
Gracias por cada cosa... por cada momento... por tanto.
Y como dijo alguien que amo, no hay despedidas, sólo un "Hasta pronto!"

miércoles, 18 de mayo de 2016

“...♫ ...Vuelvo al Sur,
como se vuelve siempre al amor,
vuelvo a vos,
con mi deseo, con mi temor.

Llevo el Sur,
como un destino del corazón,
soy del Sur,
como los aires del bandoneón... ♫...”





Y sí, vuelvo, vuelo a mi Sur. A mi Baires, donde (mi) Alma se recarga y renace.
Volveré a caminar por sus calles, a sentir su perfume, oír su voz sin igual, a reconocerme en sus ojos.
Lo deseo... lo necesito...
Por eso, por si venís a visitarme, ya sabés... ésta es tu playa también, por lo que queda abierta para que (me) dejes tus huellas. Por mi parte, haré lo posible por responderte, y porqué no, visitarte.

Te dejo un besote grande y un abrazo fuerte fuerte... nos vemos a la vuelta!!


(Por cualquier cosa, aquí en el lateral encontrarás mi mail, me escribes y nos tenemos en contacto... ♥)



Si quieres, déjame aquí tu huella...

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