Después de años se había reunido toda la familia. “Demasiado
tiempo”, añado mentalmente, casi
como hablando conmigo misma. Pero había valido la pena trabajar
tanto, superar los malos momentos,
todo por verlos sonreír como esa noche. Aún si debía aguantar esas canciones
de reggaeton que los chicos se empeñaban en poner a todo volumen. Recuerdo la sensación de que nada hubiese podido
empañar esa felicidad... pronto descubriría
lo equivocada que estaba.
"No sé porqué las personas sean así
entusiastas de hacer públicos los detalles de la propia vida privada, olvidando
que la invisibilidad es un superpoder."
...amigo, amiga, amistad ...que palabra grande ésta.
Hay tantos tipos de amigos; los amigos de la infancia, los amigos del secundario, los amigos del barrio, los amigos del club, los amigos de la facu, los amigos del trabajo... tantos, muchos. Y luego están los amigos de la vida, de una vida. Son esos seres que encontramos un día "x", y sin muchas explicaciones, sin demasiadas razones, surge un chispazo, se produce magia, y se comienza a crear un lazo... o, tal vez, siempre ha estado ahí, esperando, ese invisible hilo rojo que une las almas.
Con esos amigos podemos cambiar de escuela, de trabajo, de barrio, de provincia, de país y de continente... hasta podemos cambiar nosotros mismos, o ellos, porque crecemos, porque evolucionamos, porque maduramos... y esos amigos siguen ahí. Y no importa si hablamos todos los días o una vez cada... cada tanto (😉); porque lo que sí importa, lo único que cuenta, es que ese amigo va a estar ahí. Va a estar ahí para lo que sea, no importa si lo que tienes para decir es el psicodrama del momento o la mejor noticia del mundo; no interesa qué día de la semana es, ni qué hora... porque simplemente puedes contar con él. Y como decía Benedetti, no contar hasta uno, o hasta dos o hasta diez, sino infinito; porque un día, sin darte cuenta ambos han hecho una silente promesa, un para siempre.
Yo me considero una mujer muy afortunada, tengo seres así en mi vida, Amigos así, con la A mayúscula; con los cuales no importa el tiempo que ha pasado, siempre es ayer que nos vimos; ni la distancia que nos separa, esos son sólo kilómetros, porque ellos están, ellos son; con ellos he compartido charlas interminables, infinidad de risas, muchas lágrimas, han estado con el pasar de los años, en fiestas, en nacimientos, en llegadas a metas, en inevitables despedidas... ellos han estado, ellos están, y sé que ellos estarán...siempre.
“Son extraordinarias las mujeres que tienen el mar dentro. Te sorprenden por las imprevistas tempestades de emociones, pero cuando la furia de las olas se calma, se vuelven dulces, silenciosas y acogedoras. Viven de corrientes y de altas mareas, alternando tiernas caricias a la fuerza de la pasión. Tienen una personalidad calma pero al mismo tiempo decidida y con una voluntad que encanta. Saben sorprenderte por las riquezas que puedes encontrar en sus profundidades. Porque las mujeres que aman el mar son almas burrascosas y acogedoras, en las cuales quisieras vivir para siempre.” (Agostino Degas)
"Cuando sufres,
oblígate a recordar un momento alegre.
Una sola luciérnaga
es el fin de la oscuridad."
(Alejandro
Jodorowsky)
Hoy, más que nunca, no dejemos de ser luz... no dejemos que ganen las sombras.
miércoles, 16 de agosto de 2017
He meditado sobre el
tema, y he llegado a la conclusión que es la enésima muestra de la naturaleza humana.
No nos damos cuenta, no valoramos aquello que tenemos, hasta que ya no es así.
“...♫ ...sólo necesitas
la luz cuando se está consumiendo,
sólo echas de menos el
sol cuando comienza a nevar,
sólo sabes que la
quieres cuando la dejas marchar...
...sólo sabes que has
estado bien cuando te sientes de bajón,
sólo odias la
carretera cuando echas de menos tu casa,
sólo sabes que la quieres
cuando la dejas marchar... ♫...”
E irremediablemente
hemos dejado que se marchara.
Lo hemos hecho cuando
no hemos dicho, cuando no hemos hecho. Cuando no hemos logrado masticar y
tragar el orgullo. Cuando no hemos querido que vean nuestras lágrimas, que nos muestran
frágiles, que nos hacen vulnerables. Cuando hemos dejado que ganara el miedo, y
no han servido los “tal vez...” ni los “y si...”, tanto menos los “si sólo
hubiese...”.
Y ya es tarde, hemos
dejado que se marchara y no lo hemos intentado... no la detuvimos.