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jueves, 28 de marzo de 2019


Después de años se había reunido toda la familia. “Demasiado tiempo”, añado mentalmente, casi como hablando conmigo misma. Pero había valido la pena trabajar tanto, superar los malos momentos, todo por verlos sonreír como esa noche. Aún si debía aguantar esas canciones de reggaeton que los chicos se empeñaban en poner a todo volumen. Recuerdo la sensación de que nada hubiese podido empañar esa felicidad... pronto descubriría lo equivocada que estaba.


(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras son las de los meses de Enero-Febrero-Marzo:
añado, familia, demasiado/canciones, felicidad, trabajar/sensación, aguantar, malos.)

martes, 10 de julio de 2018

En un tiempo del cual no tenemos memoria, existían unas tierras dominadas por las Dríades. Mujeres hermosas llenas de magia que habitaban los bosques. Ellas los cuidaban, eran sus protectoras. Dalia era una de las más sabias entre ellas, le gustaba pasearse serena por las noches, descalza, sintiendo las hojas bajo sus pies. Fue en uno de estos paseos que lo conoció.

Grokè era el fauno más poderoso que habitaba esas forestas. Y aunque era muy raro que estos se dejaran ver, apenas sus ojos cruzaron los de Dalia, ni siquiera pensó en ocultarse. A ella le sucedió lo mismo, no podía quitar su mirada de ese ser al que le estaba implícitamente prohíbido acercarse, ni hablar de enamorarse. Y sin embargo...

Pasaron meses de encuentros a escondidas, de caricias fugaces y besos robados; hasta que sucedió lo inevitable. Ella esperaba que las cosas no fueran como siempre le habían dicho. No podían ser así, se repetía una y otra vez mientras acariciaba su vientre que de ahí a poco iniciaría a crecer. Sabía que esta elección suya traería consecuencias; pero estaba dispuesta a enfrentarlas. Lo haría porque lo que estaba viviendo era un verdadero milagro; la cosa más extraordinaria; algo en lo cual ya no esperaba. Se preguntaba cómo haría a decirle a él, no podría ocultarlo por mucho tiempo, y tampoco deseaba hacerlo.

Amor... –dijo Grokè tomándola entre sus brazos. Temí que te hubiese sucedido algo.
Y así es, Grokè... –respondió Dalia mientras las palabras se le ahogaban en la garganta.
¿De qué hablas, Dalia? –preguntó él.
Estoy esperando un niño... –susurró sin poderlo mirar a los ojos.

Grokè quedó mudo por un instante. Sabía lo que esto significaba, para ambos. Debían consultar cuanto antes al poderoso hechicero del Alto Bosque; era el único que sabría qué debían hacer. Al día siguiente acudieron de éste; que los escuchó pacientemente.

Vuestro amor, en estas tierras y bajo nuestras leyes, está prohíbido. –sentenció duramente el gran Mago. Sólo existe una solución, si lo que desean es continuar juntos...

Lo escucharon y sin dudarlo un momento, aceptaron lo que el destino les tenía preparado. Nada importaba mientras estuvieran juntos. Ambos pasaron a ser comunes mortales, sin un mínimo rastro en la memoria de sus vidas precedentes. Aunque en las noches de verano, cuando el perfume de los eucaliptos se mezclabla al de las rosas que Dalia tenía en su jardín, ella sentía el impulso de caminar descalza; y sus hijos hubiesen jurado de haberle visto alas en la espalda, como las hadas de las historias que ella misma les contaba.

Este relato es dedicado al Hada protectora de mi familia,
a la mujer que ha dejado todo por el bien y la felicidad de los suyos,
para vos Mamá...
¡Feliz cumpleaños!  Te amo ♥

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 05: Te toca escribir un relato de fantasía épica.)

domingo, 1 de abril de 2018

Son las ocho de la mañana de un domingo. A pesar de ello se levantan de un salto de sus camas. No es que ellos sean muy creyentes, pero en algunas fechas especiales, cumplen con algunas de esas tradiciones las cuales su familia consideran importantes. La misa del domingo de Pascuas es una de ellas.

Se visten en cuestión de minutos, y antes de salir, toman esa taza de leche con Nesquick que nunca falta. Caminan pocos metros, en esas calles que los han visto crecer, y se encuentran con sus amigos. Nadie dijo que cumplir con ciertos deberes no podía ser divertido. Veinte minutos después ya están entrando en la Iglesia. No que quedara lejos, pero entre charlas y bromas, se extiende cualquier camino. El cura los mira de reojo, pidiéndoles en forma silenciosa de comportarse como deben; ya los conocen demasiado bien.

Poco más de una hora luego, todo había terminado, y ellos volvían a casa. En realidad, iban a la casa de su nonna. “La Nonna” de todos se diría, hasta sus amigos la llamaban así. Algo que a ella, la ‘mujercita’ de la familia, la hacía enfadar; nunca le había gustado demasiado compartir los afectos. Entraron por el jardín, corriendo y gritando, como hacían siempre. El nonno ya había comprado las medialunas, y sólo los estaba esperando. El más pequeño tomó una en cada mano y fue hacia el garage.

Desde que al nonno le habían prohíbido conducir, se deshizo del auto y el garage se había convertido en el centro de juegos. El primo mayor ya había llegado, y los esperaba mientras escuchaba música y pintaba sobre una de las paredes. Ella prefirió quedarse en la cocina, adoraba ver a su nonna preparar el almuerzo. Los fideos caseros ya estaban sobre la mesa, y el perfume del “tuco” invadía cada rincón. Sabía que la torta era dentro la heladera, y no la abría para no caer en la tentación de deslizar un dedo sobre la crema.

Finalmente llegaron los que faltaban; mamá, papá y la tía. Esta última acompañada de un enorme huevo de chocolate. Todos se sentaron a la mesa, entre risas y conversaciones. Era el domingo de Pascuas de 1991. Un domingo como tantos otros había habido antes. Uno como jamás volverían a tener otro. Pero ellos no lo sabían. Ellos eran felices y no lo sabían.

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 47: Relato de tema libre pero descriptivo, sin un sólo diálogo.)

martes, 2 de enero de 2018

Aún era de madrugada. La casa estaba en silencio y en unas horas tendría que ir al trabajo, comenzando la rutina. Puede parecer paradójico, pero he aprovechado a quedarme a escuchar el silencio en la calle que hace la nieve al caer, mientras disfruto de mi café.

No quería hacer balances; porque ha habido bueno y no tanto. Lo primero se ha disfrutado, lo segundo ha enseñado, al menos, en el mejor de los casos. Lo que sí deseaba y deseo es agradecer.

Agradecer a mi familia. A la que toca y a la que se elige. Porque me acompañan; porque me soportan y me ayudan a que pueda hacer lo que me gusta; porque sé que me leen y me estimulan a continuar; porque algunos pueden estar lejos físicamente, pero siempre están cerca de mi ... y haciendo parte de mi alma.

Agradecer a los amigos; a los de toda la vida, y a los que me han enseñado que el tiempo es un concepto relativo. Y aquí, permítanme hacer algunas menciones especiales...

A Mag... alguien que este mundo virtual ha puesto en mi camino; quien me ha “empujado” a abrir esta playa; con quien hemos pasado mil cosas y hemos sobrevivido a todas; con quien me siento querida y cuidada, y sobre todo, respetada... a esa gran mujer que tengo el honor de llamar amiga...

A Hugo... quien desde el primer momento me ha demostrado más allá de cualquier palabra, que la amistad, que el sentir verdadero, no sabe de distancias, ni de “tiempos”; porque hemos sabido estar siempre, porque hemos buscado el modo, porque no han habido reproches de niños de jardín de infantes, ni excusas tontas... al “flaco” con el cual el café se convirtió en un ritual estupendo...

A Ale... quien por esas vueltas que hace ese hilo rojo que todo lo une, un día nos encontramos y parece que hubiésemos estado allí desde siempre, esperándonos; quien me cuida como una mamá y me es cómplice como una hermana... a mi Luna personal y tan querida...

A Ivel... una niña con un talento impresionante; a la que se hace imposible no querer; quien me pone al día sobre series; y quien nunca falla cuando mi ánimo baja de algún escaloncito... a mi niña especial...

A los que siempre están aquí, pase lo que pase, y de los cuales ya no puedo hacer de menos... Auroratris, poesía en nombre de mujer; Dulce, un Caballero y amigo; Ginebra, una guerrera de corazón enorme; Ester, una mujer de ternura y cariño infinito; Cora, la dulzura hecha palabra...

Y a los que llegaron, estuvieron por aquí un tiempo, y luego se marcharon dejando su huella... a los que van y vienen, junto con las mareas, haciendo que se los espere cada vez... y a los que han apenas acabado de llegar, y aún no nos hemos conocido... a todos y cada uno...

...gracias ...de verdad y de todo corazón, gracias; porque sin ustedes nada de esto tendría sentido.



Como dice la canción, mis mejores regalos son ustedes,
vuestra amistad y compañía,
pero no quiero dejar de mostrar aquello
que algunos me han preparado
y hecho llegar...
de nuevo, gracias!
(haz click en la imagen para verlos)

Y ahora, a por un nuevo año, compartiendo y disfrutando juntos... smu@ckssssssssssss!!!


(De a poquito iré pasando por vuestras casas... prometido!)


jueves, 8 de diciembre de 2016

#VDLN - 22


Ha llegado el tiempo de perderse.
De perderse en melodías que no digan nada,
y en aquellas que lo recuerden todo.
De perderse en palabras que de tan repetidas parezcan vacias
y en silencios que siendo tan grandes estén llenos de significado.
De perderse en esos pequeños y banales actos cotidianos
y en aquellos únicos y mágicos instantes que se grabarán en la memoria.
De perderse para encontrarse.
Encontrarse...
Encontrarme...
Encontrarte...
Y encontrarnos.
...
Encontrarnos...
haciendo que la distancia no sean esos 11.785 kilómetros,
ni las mínimas casi 17 horas de viaje;
porque vos y yo sabemos que la distancia real entre dos,
...es sólo un latido.


("La distancia", haz click para escuchar la canción de inspiración,
49 de 52 para "Contando las semanas" de Sindel.
Y si bien no es un relato, estas letras pertenecen a los "Relatos Jueveros"
y esta semana la convocatoria fue hecha por Charo desde su blog "¿Quieres que te cuente?".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)


Si quieres, déjame aquí tu huella...

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