domingo, 1 de abril de 2018

Son las ocho de la mañana de un domingo. A pesar de ello se levantan de un salto de sus camas. No es que ellos sean muy creyentes, pero en algunas fechas especiales, cumplen con algunas de esas tradiciones las cuales su familia consideran importantes. La misa del domingo de Pascuas es una de ellas.

Se visten en cuestión de minutos, y antes de salir, toman esa taza de leche con Nesquick que nunca falta. Caminan pocos metros, en esas calles que los han visto crecer, y se encuentran con sus amigos. Nadie dijo que cumplir con ciertos deberes no podía ser divertido. Veinte minutos después ya están entrando en la Iglesia. No que quedara lejos, pero entre charlas y bromas, se extiende cualquier camino. El cura los mira de reojo, pidiéndoles en forma silenciosa de comportarse como deben; ya los conocen demasiado bien.

Poco más de una hora luego, todo había terminado, y ellos volvían a casa. En realidad, iban a la casa de su nonna. “La Nonna” de todos se diría, hasta sus amigos la llamaban así. Algo que a ella, la ‘mujercita’ de la familia, la hacía enfadar; nunca le había gustado demasiado compartir los afectos. Entraron por el jardín, corriendo y gritando, como hacían siempre. El nonno ya había comprado las medialunas, y sólo los estaba esperando. El más pequeño tomó una en cada mano y fue hacia el garage.

Desde que al nonno le habían prohíbido conducir, se deshizo del auto y el garage se había convertido en el centro de juegos. El primo mayor ya había llegado, y los esperaba mientras escuchaba música y pintaba sobre una de las paredes. Ella prefirió quedarse en la cocina, adoraba ver a su nonna preparar el almuerzo. Los fideos caseros ya estaban sobre la mesa, y el perfume del “tuco” invadía cada rincón. Sabía que la torta era dentro la heladera, y no la abría para no caer en la tentación de deslizar un dedo sobre la crema.

Finalmente llegaron los que faltaban; mamá, papá y la tía. Esta última acompañada de un enorme huevo de chocolate. Todos se sentaron a la mesa, entre risas y conversaciones. Era el domingo de Pascuas de 1991. Un domingo como tantos otros había habido antes. Uno como jamás volverían a tener otro. Pero ellos no lo sabían. Ellos eran felices y no lo sabían.

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 47Relato de tema libre pero descriptivo, sin un sólo diálogo.)

12 comentarios:

  1. Qué bonito recuerdo, Alma... es así, son momentos como ráfagas donde nunca se sabe que se es feliz hasta que queda reducido a un recuerdo.

    Mil besitos y muy feliz inicio de semana.

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    1. Gracias Auro... hay fechas que hacen que una esté nostálgica.

      Besotes infinitos, preciosa.

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  2. Oh,me llevaste de un salto a mi niñez, a la casa de mi nonna, donde todo transcurría como lo contás aquí, los fideos, el tuco, el huevo de Pascua, las risas de mis hermanos y los juegos.
    Gracias!

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    1. Como siempre, parecidas vos y yo... :)

      Gracias a vos, Ale...smu@cksssssssssssssssssssss!

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  3. Todo ha sonado a mi alrededor,
    risas, conversaciones, todo se ve y se siente....
    Uyyyy!!! Esa tentación del dedo sobre la crema, aquí entre nos, a veces, así de mayor, es lo único que me como xDD
    Qué ricura de texto, Alma,
    y sí, cuando somos felices no nos damos cuenta, no lo sabemos hasta que recordamos, aunque yo me he dado cuenta en algunas ocasiones, como ahora al leer este texto que me ha transportado: Soy feliz...

    ¡Reto superado! ;)
    Besicos, mamita del mio cuore❤
    quieroTe mucho, mucho!!!

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    1. Ainsssssssssssssssssss Ivel... y yo soy feliz con sólo leer tu nombre y saberte bien!

      Besotes enormes y quieroTe yo también mi niña!!!

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  4. Un relato lleno de añoranza. Yo solo comí huevos de pascua de grande :)

    Besos dulces y dulce semana Alma.

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    1. Mira tú...yo por el contrario, ahora ya es un domingo más.

      Besos grandes como el mar, Dulce.

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  5. Por eso hay que disfrutar cada instante, cada visita, cada reunión, conversación, juego o incluso, cada instante de tranquilidad a solas, porque la vida es un poco impredecible.

    Lindo relato.

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    1. Exacto Kadannek... vivir el ahora, intensa y plenamente, porque no sabemos cuánto puede durar.

      Besos!!

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  6. Una vez más tengo que decirte, que la delicadeza y sensibilidad con la que narras estas historias, llegan al alma… Son una dulce mano que te lleva a aquellos instantes vividos… Eres tú, mi preciosa amiga, que nos haces viajar al pasado y sentir esas emociones latidas y compartidas… Esos días que, a veces y sin saberlo, no volverían a repetirse…

    Hermoso y sentido…

    Bsoss y cariños gigantes, y muy feliz día 😘

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    1. Me encanta encontrar siempre tu huella, porque son tus palabras a ser caricia para (mi) Alma... y hoy me quedo especialmente con esta frase: "Esos días que, a veces y sin saberlo, no volverían a repetirse." ...porque lo resume todo.

      Besotes gigantes para vos también...♥

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