sábado, 30 de noviembre de 2019

Me quedé allí, sin saber qué pensar mientras veía cómo se mecían las hojas que el otoño había sustraído a los árboles. De repente, todo parecía haber perdido sentido. Los días continuaban a pasar, uno tras otro. No se detenían, por nada, por nadie. Por otro lado, ¿por qué deberían hacerlo?, ¿qué deberían esperar? No sabía qué responder, porque tampoco yo sabía qué debía esperar, o si realmente deseaba hacerlo. Ambigüedad, eso sentía. Todo y nada.


(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras son las de los meses de Noviembre: mecían - días - pensar.)


jueves, 31 de octubre de 2019

Otra vez esa extraña sensación la embargaba.
Ella, que dominaba cada aspecto y situación de la propia vida, encontraba el máximo placer en poner las riendas en manos de Él.
Contradictoria, así era ella, la contradicción hecha mujer. Pero es que ella sólo encontraba descanso cuando sus rodillas tocaban el suelo que estaba delante de Él.



(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras son las de los meses de Octubre: extraña - descanso - suelo.)

domingo, 13 de octubre de 2019


Había comenzado su rutina laboral, por ende la radio se encendía automáticamente a las 7:00am. Se levantó aún con sueño y puso el café a hacer. Dejó que la música siguiera sonando, escuchar a Aute siempre le hacía pensar en él.


Se hizo una foto así como estaba; todavía la camiseta con la que había dormido puesta y la taza del desayuno en la mano. Fue esa misma foto la que le envió por mail, aunque sabía que él estaría durmiendo, su trabajo lo tenía despierto casi hasta la madrugada. Recordaba cuando lo había conocido.

¿Madrugas cerca del mediodía? –le había preguntado sorprendida. De grande quiero vivir como tú.

Sonreía con el recuerdo cuando le sonó el móvil indicándole que tenía un nuevo mail. Para su sorpresa era la respuesta a su foto.

Mis días mejoran cuando veo un correo tuyo.
No imaginas cuánto deseo desayunarte.

Se ruborizó al leerlo, aunque hacía tiempo que se frecuentaban, él seguía causándole el mismo efecto.

Era un mimo... para que no me olvides y lleves mi imagen en tu cabeza todo el tiempo que no estés conmigo.

No había llegado a su habitación que el móvil volvió a sonar; él había respondido.

No podría olvidarte. No quiero sacar de mi cabeza nada que venga de ti.

Se quitó la camiseta, se echó boca abajo en la cama deshecha y mientras una de sus manos bajaba hasta su sexo, la otra marcaba su número. Tenía la necesidad, la urgencia de escucharlo.

Aquí me tienes... –le dijo en apenas un susurro.
Me encanta tenerte. –respondió él.

Esa mañana ella no llegó al trabajo, sin embargo viajó por horas sólo con el sonido de su voz.


lunes, 23 de septiembre de 2019

El grupo de animales yacía a sus pies. La sangre de ellos corría por sus manos. Pero no tenía otra opción. Le bastó ver entrar a su hija aquella noche. El vestido hecho jirones; el maquillaje corrido; el rostro desencajado. Lloró por días enteros. Había perdido la cuenta de cuántas duchas había tomado, hasta casi desprenderse la piel, hasta dejarse ir y sucumbir al dolor. Entonces, el sabor a metal invadió su boca, la furia cegó su razón y la brutal venganza guió sus pasos.


(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras son las de los meses de Septiembre: metal - vestido - grupo.)

sábado, 31 de agosto de 2019

Otra vez tenía esa sensación, ese cosquilleo que le invadía el cuerpo, el sexo, cuando lo leía. Sentía esa sirena de alarma dentro su cabeza. Él era de esos hombres peligrosos, sabía siempre qué decir.

“Me gusta tu presencia e intentaré merecérmela,
aunque no gane el derecho de ocupar parte de tu cama.”

Sin saber que con sólo esa frase, él ya se había metido en ella.


(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras son las de los meses de Agosto: tenía - sirena - hombres.)

domingo, 11 de agosto de 2019

¿Cómo lo había conocido? Tal vez si hubiese sido otra no lo recordaría, pero ella, ella recordaba cada pequeño detalle de ese encuentro.

Se había presentado ante ella casi en puntas de pie, pero con el rostro lleno de preguntas. Ella le dejó abiertas todas las posibilidades, porque él había sabido hacerle cosquillas a su curiosidad. Por cada pregunta que le hacía, ella sonreía de forma pícara, alzaba los ojos al cielo y le respondía no sin cierta timidez.

Me gusta ser el que provoca tu sonrisa. –le dijo y ella se ruborizó como si fuera una adolescente y esa fuera una declaración de amor.

La verdad es que él le gustaba desde mucho antes de cruzar las primeras palabras. Lo había oído hablar tantas veces, siempre con la respuesta pronta, aquella justa. Él no dejaba de preguntarle, deseaba saber todo sobre su vida y ella, con su más sincera naturalidad, le respondía, le contaba todo.

Si sigues... si sigo... te me harás vicio... –le dijo ella como con miedo en la voz.
Me encanta hacerme vicio. –respondió él tomándola por el mentón y obligándola a mirarlo. ¿A qué le tienes tanto miedo? ¿A mí?
Sí... y no... –las palabras salieron de su boca sin poder detenerlas.
Explícame. –le pidió.
Me gustas mucho... me encantas... pero mi vida es demasiado complicada como para dejar que lo que siento, que esto que tú me provocas, me invada y tenga el sobreviento... –más sincera que así no podía ser.
¿Y qué harás? –preguntó mientras se acercaba peligrosamente. ¿Te frenarás? ¿Pondrás límites?
Sí... sí, si es necesario... –respondió mostrando una seguridad que no tenía.
Si crees lograrlo, te dejaré intentarlo. –y su aliento le rozaba el cuello.
No me dejes... –murmuró colocándose en ese espacio que él le había hecho entre sus brazos.
Dejarte sería castigarme a mí mismo. –la abrazó fuerte y selló sus palabras con un beso.


martes, 30 de julio de 2019

Esa mañana cuando abrió los ojos, el dolor le hizo recordar que todo continuaba en el mismo exacto modo que lo había dejado la noche anterior; y que ningún milagro había ocurrido en esas pocas horas de sueño. Miró el celular y respondió al único mensaje que realmente le importaba: “Estoy bien... aquí sigo... no te preocupes...”. Y es que, cómo le explicaba que lo sucedido todos esos meses la había rota por dentro y nada tenía que ver con la fractura de su pie.





(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras son las de los meses de Julio: pie - rota - preocupes.)

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