Mostrando las entradas con la etiqueta escritos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta escritos. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de abril de 2024

Dom

Dominación. Tanto se había escrito sobre el tema en los últimos tiempos. Provocando la creación de tantos mitos... demasiados. Por ello sonreía delante de los muchos que se presentaban llenos de pretensiones y no tenían ni idea del significado de las palabras. Hasta que lo conoció.
Él no necesitaba títulos; ni tenía necesidad de demostrar nada a nadie.
Cuando estaban juntos, le bastaba un gesto y... punto.


(Este microrrelato pertenece a “ Reto: 5 líneas ” propuesto por Adella Brac.
Las palabras del mes de Abril son : mitos - muchos - punto.)



El mes pasado recibí esta imagen como reconocimiento
por haber participado por tres meses consecutivos...

...pero soy yo la agradecida a Adele y este reto
por impulsarme a seguir escribiendo.

domingo, 5 de febrero de 2017

Me había levantado temprano, sé que no tenía porqué, pero me gustaba andar de aquí para allá por la casa en esas ocasiones. La mañana era cálida y mamá había abierto todas las ventanas, esa leve brisa hacía bailar las cortinas, y yo no pude evitar hacerlo entre ellas. La abuela ya había establecido su indiscutibile reino dentro la cocina, comenzaba a sentirse el perfume de sus manjares invadiendo cada rincón.

Subía y bajaba las escaleras buscando a mi padre, finalmente lo hallé en el jardín. Se giró a mirarme, su cigarro en la mano y sus ojos en los míos. No importaba que en pocos meses fuera a cumplir mis veinticinco años, él siempre me miraría como si fuera su niña pequeña. Lo abracé sonriendo, y escuché como tocaban a la puerta. Salí corriendo a ver quién era. No hizo falta llegar hasta allí, escuchaba la voz de mi madre emocionada... era Tetè, su mejor amiga. Diez años viviendo afuera con su familia, y había vuelto por primera vez a su Buenos Aires querido, y a pasar este día junto a nosotros.

¡Andy... por Diossss... qué grande estás! –me dijo dándome un abrazo que casi me deja sin aire. Mira quien vino también ¿te acuerdas de Nacho?

Él apareció por detrás de su madre y creo que mi corazón se detuvo por un instante. Estaba más alto, más grande, más guapo. Más verdes sus ojos, más negro su pelo... más él. Más hombre.

¿Cómo podría olvidarse, si lo perseguía por todos lados? –juro que a veces mataría a mi madre.
¡Mamá! –y no pude evitar sonrojarme. Hola... cuanto tiempo.

Esos años transcurridos hacían que la diferencia entre nosotros ya no pareciera tanta. Todos fueron para dentro, y yo no fui capaz de mover un pie. Nacho se quedó mirándome, y sonriendo.

Ahora no podré llamarte más Andy... –de sus ojos parecían salir chispas.
¿Y por qué? –temía su respuesta. Soy siempre la misma...
No, no lo eres... –se acercaba peligrosamente. Ya no eres aquella adolescente... eres una mujer... una hermosa mujer.
Tú... –la emoción ahogaba mi voz, mientras mi mano acariciaba el ángulo que formaba su mandíbula.
Yo... yo no he olvidado tu promesa. –tomó mi mano y la besó.

Él había sido el primero en besar mi boca realmente. No un beso de amigos, ni al pasar, como esos cuando jugabas a “Verdad o Penitencia”. Él me había enseñado a besar. Siempre había estado enamorada de Nacho, y no me importaba que fuera mucho más grande que yo. Cuando se fue, creí se me rompería el alma. Fui allí que le prometí esperarlo. Esperarlo todo lo que hiciera falta. Y ahora él había vuelto...



...año nuevo, viejos amores.




(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 1: Escribe un relato que comience en un día de Año Nuevo.) 


jueves, 24 de noviembre de 2016

20/04/1993
Hoy cumplo 17 años.
Un año más y comenzaré con todos mis sueños. Irme a vivir sola, a la Capital. Encontrar un trabajo. Seguir estudiando. Debo averiguar cómo es lo de arquitectura de interiores. Quiero viajar. Desde que tengo memoria digo que tengo que conocer Roma, la capilla sixtina... y esa plaza.
Aunque ahora está él. Pero no creo tenga historias... él puede dedicarse a la música o a algo artístico... En definitiva, hasta hace dos días parecía que nuestros caminos se separaban para siempre, y sin embargo, acá estamos.
Ufffff que día intenso será hoy... mejor me preparo.


23/04/1993
¿A quién se le ocurre?
Me pregunto a quién se le puede ocurrir hacerme determinadas preguntas estando en mi casa y con mi vieja dando vueltas... ¡a él!
Preguntarme si tenía un atraso... ¡Dios! ...y obvio que escuchó quien no debía y se armó la de San Quintín!! Estos días discusiones infinitas y obviamente turno con la ginecóloga... todo por un atraso... y seguro son los nervios... en fin.


25/04/1993
¡Paren el mundo que me quiero bajar!
El test dió POSITIVO... no podía creerlo... no puedo ahora... hasta soplé esa tirita para ver si cambiaba el resultado... no sé ni qué decir. En 3 días me hago el análisis de sangre... tiene que ser un error... no se puede confiar del todo en esos test.
Igual, obviamente, se lo conté a él... lloraba de la alegría... ya dice que será niña... dentro de 3 días también llegan sus padres, los cuales no me conocen... otra vez, ¡¡paren el mundo!!


28/04/1993
Definitivo... POSITIVO
Tuve el papel del análisis todo el día en mi bolsillo... también cuando fui a la casa de él a conocer a sus padres... ahora sólo queda decidir qué hacer... casi nada... ¿qué hago? ¿qué mierda hago?


02/05/1993
Decidido: me caso.
Quiero ser yo a decidir el camino a seguir y eso significa asumirse las responsabilidades y consecuencias de la elección hecha. Ahora hay que apurarse, mis suegros se van, se vuelven...


11/05/1993
Vox populi: en 10 días casamiento.
Avisada la familia, más de uno se cayó de culo.
Avisados los amigos, más de uno sigue pensando que es joda.
Avisada la escuela, que horror habrán pensado, pero mientras se pague ahí sigo.
10 días... no un año, 10 días.

21/05/1993
Hoy... hoy es el día.
Hoy se comienza.
Hoy es mañana.



(Estas letras pertenecen a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Pepe desde su blog "Desgranando Momentos".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)



jueves, 22 de septiembre de 2016

Una noche. No una como tantas, sino una especial.

No como aquellas que recordaba en la ciudad. Allí donde la oscuridad se rompía por miles de luces y el silencio estaba intoxicado por tantos ruidos. Una noche donde el sólo y único rumor era producido por el viento entre las ramas de los árboles, haciendo música al mover las hojas. Y en esa oscuridad, que todo lo cubre, ella... la luna. La misma que dibujaba los contornos de las montañas contra el muro de la casa. La misma que entraba por la ventana de la habitación, invadiendo cada rincón e iluminándonos.

Iluminaba su cuerpo... en pie, potente, echando una sombra sobre el mío. Una sombra que se movía lenta, como lo hacía él, porque no había apuro. Caminó hacia mí, observándome… deleitándose… como un cazador que sabe de tener ya su presa. Se recostó a mi lado, en esa cama tan grande, tan acogedora, tan nuestra. Su mano comenzó a recorrer ese paisaje que antes había llenado sus ojos. Me envolví en sus brazos y pegué mi boca a la suya. Saboreándolo… mordiéndolo… comiéndolo. Las caderas iniciaron a empujarse una contro la otra. La de él para moverse dentro mío, la mía para seguirle el ritmo y recibirlo en lo más profundo. La agitación de nuestras respiraciones parecía estar acompañada del silbar de ese viento externo. Ese mismo viento que vistió el cielo con una capa de nubes, llevándose nuestras sombras y aquella calma aparente. Una fuerte explosión cubrió nuestros gemidos, y se desató la tempestad.

Las gotas golpeaban sobre los vidrios, al ritmo de sus embestidas. Sus manos en mis cimas, tomándolas… apretándolas... azotándolas como la lluvia hacía con los árboles. Cual trueno rompiendo el silencio, fue mi voz gritando su nombre, cuando su hombría atraversó mi cielo, convirtiéndolo en un infierno. Donde la verdadera tempestad eran las acometidas entre esas sábanas. Su fuerza quebraba mi cuerpo como un rayo; y su amor recomponía mi alma. Envueltos en sudor, en lluvia, nos derramamos. Uno en el otro... ambos.

Una noche, una simple noche... pero no simplemente una noche.


("Simple", haz click para escuchar la canción de inspiración,
38 de 52 para "Contando las semanas" de Sindel.
Estas letras pertenecen a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Inma desde su blog "Molí del Canyer".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)

jueves, 25 de agosto de 2016

Salí de la ducha envuelta en la toalla y fuí a mi habitación. Me vestí con esa lencería negra que tan sexy me hacía sentir. Medias de seda y el liguero nuevo, justo para esta cita. Luego me pondría aquel vestido corto sujeto al cuello que dejaba mi espalda descubierta. Me paré frente al espejo para peinarme y maquillarme.

Creo que el cabello suelto no harían tus rasgos tan duros... –dijo Ella con esa tímida voz de siempre, como con miedo a mi reacción. Y tal vez si no llevaras los labios tan rojos...

Ya no la escuchaba. Alteraba mis nervios esa manía de Ella de querer siempre aparentar ser más buena, más gentil, más decente, más santa... Yo en cambio me mostraba como era. Precisa en el trabajo. Generosa con mis amigas. Una señora en la calle. Una puta cuando se trataba de Él.

¿Volverás tarde? –susurró Ella. Mañana debo alzarme temprano, debo entregar un informe en el trabajo...

La miré de reojo, ni siquiera me detuve a responderle. Quedó allí, en pie, en el exacto lugar donde horas antes estaba yo. Había tenido su oportunidad y la desaprovechó. Esa noche yo tendría la mía... esa noche Él sería mío.

Ella me miraba. Esos ojos suplicantes y llenos de miedo... de lo que podría hacer... de lo que llegaría a ser.


Ella me miraba desde allí... desde el espejo.








(Estas letras pertencen a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Demiurgo desde su blog "El Demiurgo de Hurlingham".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)



jueves, 14 de julio de 2016

Finalmente había dormido toda la noche, sin esas interminables vueltas de un lado a otro entre las sábanas ni esos sudores de madrugada. La brisa del mar entraba por las ventanas del cuarto, junto a los rayos de sol de esas primeras horas.
Se desperezó como si fuera un felino, se alzó y sonrió, convencido que iniciaría a disfrutar de sus tan merecidas vacaciones. Luego de la ducha se dirigió a la cocina a prepararse el café, y de repente tuvo una extraña sensación, había algo que no lograba recordar. Escuchó voces y risas provenientes de la playa, y esa sensación desapareció al momento.
Mientras saboreaba su café y alguna galleta, controló sus mails desde el celular... era demasiado obsesivo como para dejar pasar un entero mes sin saber qué ocurría en la oficina. Y allí estaba nuevamente... tenía la certeza de que debería recordar algo, pero no lograba saber qué. Sacudió la cabeza, como si aquel gesto pudiese poner orden en ella. Apagó el celular, guardó todo y fue a la playa. Pasaría allí toda la jornada.
En esos diez primeros días, el sol ya había bronceado su cuerpo con ese color dorado que tanto lo favorecía. Pero en ningún momento lo había abandonado esa pregunta que ya taladraba su ser... ¿qué sería aquello que debía recordar?
Al caer el sol volvió a su casa, relajado, sereno. Se duchó nuevamente para quitar el salitre de su piel. Preparó algo sabroso y se acomodó delante de la tv. Mirar los canales de deportes sin ningún tipo de interrupción era un placer que no se dejaría pasar.
Fumó el último cigarrillo del día y fue a dormir. Aún no había podido recordar qué era aquello que persistía en hacerle eco dentro. Se dijo así mismo que si no lo recordaba, era porque no debería tener demasiada importancia. Se colocó sólo el pantalón de su pijama a rayas y se acostó. Tranquilo, sin recordar...

...él ya la había olvidado.





(Estas letras pertenecen a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Gustavo desde su blog "Juliano, el apostata".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)




jueves, 7 de julio de 2016

No, no puede ser... –y sentía como el fastidio la invadía. Hace semanas que he pedido cambiar la reservación del camarote, y me habían dicho que todo estaba solucionado.

La señorita en la recepción de la nave continuaba a explicarle, con la mejor sonrisa, qué había sucedido; pero ella no daba crédito, y cada vez aumentaba más su enojo. No tuvo más remedio que acomodar su equipaje, repitiendo como un mantra que sólo serían 20 días, y no los pasaría en un camarote justamente.

El día pasó entre cocktail de bienvenida, algún masaje, visita al sauna y la tarde en piscina. Bajó al camarote a prepararse para la cena; y, aunque vió todas sus cosas perfectamente ubicadas, él no estaba... por suerte.

Fue una velada tranquila a pesar de la gran cantidad de gente, después de la medianoche saludó a sus compañeros de mesa y se retiró, dando un último paseo por cubierta. Al llegar al camarote sintió su perfume inundando cada rincón, hasta los de su alma. Se durmió esperando su retorno, y cuando despertó por la mañana ya no estaba.

Y así continuó por los siguientes días hasta esa noche... ella sintió su presencia y sin siquiera mirarlo preguntó...

¿Hasta cuando piensas jugar al gato y al ratón? –y seguía su ritual de prepararse para la cena.

Sólo hasta que vuelva a domar a la fierecilla... –dijo apoyándose contra una de las paredes del camarote.

Lo odiaba cuando se ponía así, amo y señor... de la situación... de los sentires... de ella misma. Y la excitaba... la excitaba muchísimo. Siempre había sido así, desde que se conocieron.

Ella pasó por su lado con toda la intención de ir a cenar en cubierta. Él la tomó por un pulso, llevando su brazo por detrás de la espalda. La otra mano tomó su nuca entrelazando los dedos por sus cabellos y la besó... Invadió su boca, su lengua recorrió cada rincón de ella, de esa boca que tan bien conocía. Ella se rebeló al inicio, pero no tardó en claudicar ante él... porque esa era la verdad, y ella lo sabía... ella era de él, siempre había sido de Él.


(Estas letras pertenecen a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Leonor desde su blog "Mi blog de fotos".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)



jueves, 12 de mayo de 2016

Rwanda, enero 1994

Amor mío:
                Te escribo estas líneas desde estas tierras olvidadas por Dios, y por cualquier otro tipo de fe. Ya no sé qué hago aquí, tan lejos de ti, tan lejos de todo, tan lejos de cualquier rastro de amor, de vida, de esperanza... y tan cerca del Infierno. Porque es allí donde me encuentro, no tengo dudas. Nada podría ser peor que lo que mis ojos han visto, que lo que mis oídos han escuchado. Ni en sus peores pesadillas alguien podría imaginar tal misería humana.
Hemos venido aquí con ideales... yo he venido aquí siguiendo esos sueños que una vez teníamos. Tú y yo... nuestros sueños... ¿los recuerdas amor? Yo sí recuerdo, recuerdo todo. Recuerdo esa noche, nuestra última noche juntos. Recuerdo tus palabras... “Todos merecen sentir la paz que siento yo sobre tu pecho después del amor...”.
De allí la idea de esta aventura, de esta “Misión de Paz”... y era contigo que debía vivirla, pero tú no estás aquí y aún pasados estos meses me pregunto porqué no llegaste ese día al aeropuerto...

Disculpa amor, he debido interrumpir, han iniciado nuevamente los disparos; pero no temas, estamos al seguro.
Espero que pronto recibas estas palabras mías, en estos días te he pensado mucho más que de costumbre; y he necesitado sentirme a tu lado de algún modo... deseando pronto tenerte entre mis brazos y que finalmente la paz de tu alma invada por completo mi ser.

Por siempre tuyo, Pablo

Casi no pudo terminar de leer esa carta que luego de 22 años había llegado a sus manos junto con unas líneas de disculpas por parte del Correo Nacional por el “accidente de extravío”. Las lágrimas cubrían el rostro de Maripaz, como la llamaban sus abuelos, mientras apoyaba unas rosas sobre el mármol blanco y susurraba a su madre: “Él te amó hasta el final, mamá... y de un modo u otro lo supo... supo que ese día en el que yo nacía, lo estabas llamando a tu lado... espero que finalmente ambos, donde quieran que estén, hayan encontrado la paz que tanto soñaron... Los amo.”




(Esta semana una vez más he unido las dos propuestas.
La de los "Relatos Jueveros" y esta semana
la convocatoria fue hecha por Charo desde su blog "¿Quieres que te cuente?".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!
Y la de "La paz" haz click para escuchar la canción de inspiración, 19 de 52 para "Contando las semanas" de Sindel)

jueves, 14 de abril de 2016

Yo no sabría que tipo de chocolate soy,
creo que eso lo debería decir la otra persona, quien tengo delante...

Sí puedo decir qué tipo de chocolate me gustaría ser...

Un chocolate que no encuentras en cualquier negocio,
no por exclusivo, ni por especial, sino porque no se lo conoce.
Un chocolate que no llama la atención por el papel que lo envuelve,
porque al verlo parece un chocolate como cualquier otro.
Un chocolate con una cobertura resistente,
la cual necesita de un mordisco seguro, sin titubeos...
pero que dentro tiene un sabor que invade la boca;
suave... dulce... especiado... con almendras... o aroma a vainilla...
que te hace cerrar los ojos y disfrutar.
Un chocolate que se busca en un momento no muy bueno,
y que sólo al verlo provoca una sonrisa;
pero también uno que hará de broche perfecto a los instantes más felices.
Un chocolate que una vez que se prueba,
no lo puedes dejar...
y si lo dejas, jamás lo podrás olvidar.




(Este texto pertenece a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Maribel desde su blog "Soliluna".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)




martes, 5 de abril de 2016


Cuando los días se transforman en monotonía.
Cuando las estaciones pasan inadvertidas.
Cuando todo es ya rutina.
Recuerda su vuelo.
El que va más allá del límite de unos ojos.
El que te ofrece nuevas emociones,
nuevos horizontes,
nuevos sueños.
Deja que abra sus alas delante de ti.
Sé pájaro libre en la inmensidad del amor.
Y vuela.






("Pájaro libre" haz click para escuchar la canción de inspiración, 14 de 52 para "Contando las semanas" de Sindel)



jueves, 24 de marzo de 2016

Era ya tarde, y siendo miércoles, mitad de semana, decidí terminar y cerrar el libro que estaba leyendo. Apagué la luz, para obligarme a dormir, pero nada.
Me giré. Me cubrí aún más, de repente un frío en la habitación me congeló hasta los huesos. Volví a girarme. Ví el radio reloj. Las 2:00am y aún no llegabas.
Me levanté y fui hasta la cocina. Tal vez un poco de leche caliente me ayudaría. Escuché el ascensor y miré hacia la puerta esperando verte entrar. Pero no, no se detuvo, no eras vos. Fui hasta el salón a observar la ciudad por la ventana. Estaba temiblemente silenciosa y había iniciado a llover. Despacio, como si de repente el manto de estrellas se hubiese transformado en lágrimas. Como si la noche hubiese sabido.
Las 3:00am y el sueño no llegaba... y vos tampoco.
La mañana de un día visiblemente gris, me encontró en el sofá. La vista fija en la puerta que no se abrió, porque vos no volviste...

Nunca más.



haz click aquí: 24/Marzo '76





(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Pepe desde su blog "Desgranando momentos".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)




jueves, 3 de marzo de 2016

Hace algunos años, tantos que parece hubiera sido en otra vida, ella creyó que las cosas se dividían en blanco o negro.
Todo, y todos, se podían colocar de un lado o del otro.
Arriba o abajo.
Derecha o izquierda.
Dentro o fuera.
Blanco o negro.
Como si una grieta dividiera lo bueno de lo malo,
lo justo de lo injusto,
lo correcto de lo equivocado.
Pero el tiempo, ese gran maestro, le enseñó
que la grieta no es más que un espacio infinito de encuentros.
Es en esa grieta donde somos y estamos,
donde están todos los grises,
y porqué no, los colores.
En esa grieta donde los opuestos dejan de ser contrarios,
y son simplemente, complementarios.





(Esta semana he unido las dos propuestas, la de los "Relatos Jueveros";
y esta semana la convocatoria fue hecha por Matices desde su blog "Matices de colores".
Te invito a leer al resto de los participantes aquí!
Y la de "Grieta", haz click para escuchar la canción de inspiración, 9 de 52 para "Contando las semanas" de Sindel.)



jueves, 11 de febrero de 2016

Su mano recorriendo mi espalda me despertó. Sentí el calor de su cuerpo pegarse al mío. Me giré y lo envolví con mis piernas. Su boca tomó posesión y su lengua se entrelazó con la mía. No hicieron falta palabras. Su pasión encendía la habitación. Mis gemidos rompían el silencio de la noche. Perdí noción del tiempo que pasamos haciendo el amor, y me dormí entre sus brazos.


Amanecí sola, con su perfume en la almohada, en la cama, en mi piel. Sonreí al recordar la noche anterior, y lo llamé.
En estos momentos me encuentro en una reunión de trabajo, dejame tu mensaje que te llamo apenas termino. –me anunció el contestador automático de su celular personal.
Otra reunión; anoche una lo hizo perderse la cena y llegó cuando ya estaba acostada..., ahora de nuevo. Me fui a duchar y vi en el espejo la marca que su beso dejó en mi cuello. Más tarde volvería a intentar hablar con él.

Ya era mediodía cuando sonó el timbre de casa.
Disculpe, ¿es usted la esposa del señor Uriarte? –me preguntó uno de los oficiales de policía que me encontré al abrir la puerta; y al cual no podía dejar de mirar sin poder articular palabra. Señora... Necesitaríamos hablar con usted.
Sentí temblar mis rodillas, y el mismo oficial fue quien me ayudó a sentarme en el recibidor.
Señora, lamentamos venir en estas circunstancias... –comenzó a decir el oficial. Ayer a la noche, cerca de las 22:00 horas, hubo un accidente donde quedó involucrado su marido...
No... No puede ser... –respondí casi tartamudeando, mientras en mi mente corrían las imágenes de nosotros dos haciendo el amor.
Lo lamentamos señora, su marido falleció camino al hospital... –continuó el oficial. Y no pudimos identificarlo hasta hace unas horas.
Me levanté de la silla, y fui hacia el espejo de la entrada. Miré mi cuello, ahí estaba la marca de su beso, de su amor. Él había estado conmigo, de una forma u otra, él me había amado por última vez.




(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Charo desde su blog  "¿Quieres que te cuente?".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)




viernes, 5 de febrero de 2016

Sábado, el despertador no suena pero me despierto tan temprano como siempre. Me levanto y voy al baño como una autómata. Pasando me miro al espejo y, ¡por Dios... qué desastre! Decidido, voy a la peluquería.

Cuando llego allí no hay muchas mujeres esperando, ...por suerte. Y sí, porque sinceramente, todas esas horas escuchando “ciertos” discursos, suelen darme dolor de cabeza. Pero deseo un cambio, mejor, deseo que el cambio interior se refleje por fuera.

Y... ¿qué hacemos esta vez? –preguntó Sol, sonriéndome como si supiera ya lo que iba a contestarle; pero la sorprendería.
Quiero un cambio radical... –respondí con mirada desafiante, aunque si aún no sé a quién quería convencer, si a ella o a mí misma. Me pongo en tus manos.
¿Estás segura? –preguntó nuevamente pero riendo, creo que ya me conoce demasiado bien.
¡Sí! –respondo entusiasmada. Quiero un corte que los demás admiren, se maravillen. Quiero un corte que deje atrás lo pasado y recomenzar. Corte nuevo para una nueva yo.
Ok... Si es lo que querés. –dijo Sol levantando una ceja sin creerme del todo.

Una vez hecho el lavado, me acomodé en uno de los sillones y Sol me colocó esa molesta bata que siempre me da picazón al cuello.
¿Una tinta? –preguntó mientras me ofrecía una carpeta llena de mechones de todos colores.
Mmmm... No sé... –y miraba esos colores, había hasta un violeta, y por un momento me imaginé como un personaje de historieta. No, mejor no... Con todo lo que me costó mi mechón a lo Crudelia... Y sabés, eso de venir una vez a la semana a “retocar”; no, no es para mí.
¡Ja ja ja ja ja ja! –se rió con ganas. “Mechón a lo Crudelia...” Esta me la anoto.
Un cambio radical significa algo corto, desparejo... –decía Sol mientras me miraba através del espejo. Algo muy juvenil... ¿Qué decís?
¿Te parece? –y ya había fruncido la boca. Con mi cara redonda y el pelo corto pareceré un zapallo... No, deja, deja... Mejor mantengamos la largueza.
Bien... –y no agregó más; sonrió y comenzó a cortar.

Estuvo un rato, tijeras aquí y allá, me peinó con la ayuda del secador y un poco de laca (que detesto), y el resultado fue exactamente igual a las últimas veces, en los últimos años. Fui hasta la caja, le pagué, le di las gracias y un abrazo; nos sonreímos cómplices (ambas sabíamos desde el inicio que terminaría así), y me fui a casa. Donde me volví a lavar la cabeza para peinarme como me gusta. Preparé un poco de tè y pensé como decía Scarlett: “Mañana será otro día...” Y habrá siempre tiempo para cambios radicales... porque el verdadero cambio, ya sucedió.






(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Alfredo desde su blog "La Plaza del Diamante".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)





jueves, 21 de enero de 2016

El autobus estaba lleno, como siempre a esas horas. Volver del trabajo se convertía día a día en una odisea. Subí, señé el boleto como pude y traté de ir hacia atrás..., tenía algunos minutos de viaje.

Obviamente de un lugar para sentarse ni hablar. Me quedé en pie, sosteniéndome con una mano y con la otra revisando los mensajes del celular. Evaluaba la posibilidad de ir a cenar de mis padres, tenía la cabeza nublada de pensamientos. Tal vez lo mejor sería ir a mi departamento, una ducha relajante, buena música y algo ligero de comer..., al fin y al cabo al otro día debería ir a trabajar otra vez.

Estaba tan absorbida en mis reflexiones que no noté su presencia detrás de mí. Hasta que sentí unos dedos correrme el cabello muy suavemente y su rostro en mi nuca; como queriendo respirar todo mi perfume. Por una extraña razón esto no me disgustó, al contrario, me excitó. Igualmente me dí la vuelta para enfrentarlo y decirle algo; pero me quedé muda ante su mirada. Me perdí en el mar de sus ojos sin poder articular palabras.
El autobus frenó de golpe y mi celular cayó al suelo. Él se inclinó a recogerlo y me lo dio. Sin ni siquiera mirar, lo coloqué en el bolsillo y soné la campanilla, debía descender.

¿Qué había pasado? ¿Quién sería ese completo desconocido que en un sólo momento me había revolucionado por entera? ... Continuaba a pensar en ello cuando sentí vibrar el celular en mi bolsillo, un mensaje. Lo tomé y vi que no era mi teléfono. “¿Y ahora?” pensé. Reconocí como proprio el número que enviaba el mensaje.

“Sabía que un día te encontraría. Reconocí tu perfume..., tu esencia..., tu alma. Me he enamorado... Así que detente... Voy a tu encuentro... Voy por ti.”



(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Pepe desde su blog "Desgranando momentos".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)



domingo, 29 de noviembre de 2015

Vecino ...final.

¿Te parece si cenamos aquí? –me preguntó mientras colocaba un mantel y dos vasos comunes sobre la mesita que se encontraba delante del sofá.
Sí, por mí no hay problema... –e iniciaba a relajarme. ¿Puedo encender la televisión?
Puedes hacer todo aquello que desees... –me respondió sonriendo hasta con los ojos.

Cenamos cómodamente sentados en el sofá, conversando y escuchando música en la televisión; pero comencé a sentir un poco de frío e, involuntariamente, temblé. Esperé que Daniele no lo notara, porque pese al cansancio quería seguir allí con él más que cualquier otra cosa. Pero él se giró, tomó una manta de detrás del sofá y me cubrió, abrazándome.
¿Mejor? –me preguntó acercándose a mi rostro.
Sí, mucho mejor... –inicié a responder. Gracias, pero…
Tranquila, te he dicho que estás en tu casa... –dijo y no dejaba de mirarme a los ojos. ¿Qué deseas?
¿Cómo? –tuve miedo de no entender qué quería decir realmente.
¿Quieres un té? –respondió sonriendo de lado. Siempre viene bien un té…
Ahhh… Sí, claro. –y por un momento me sentí confundida. Este hombre parecía un adolescente a ratos. Había hablado sin parar, yendo y vieniendo, mostrándome cosas, explicándome de su trabajo. Loco, rematadamente loco …pero encantador.
Pero me da cosa separarme de ti y no será cuestión de llevarte conmigo... –susurró casi a mi oído.

Entonces, no hagas nada y…, quédaTe. –ironicé en el “te” final, poniendo cara de niña y abriendo mucho mis ojos.
Perfecto, porque no deseo más que besarte... –agregó. Y ha de ser sí o sí…
¿Seguro? –lo desafié más que preguntarle.
¿Dudas? –y su mirada se clavó tan incisivamente en mí que sentí incendiarme la piel y la sangre.

No esperé a que él hiciera algo. Simplemente me senté a hojarcadas sobre sus piernas, tomé su rostro entre las manos y lo besé. Noté sus manos en mi espalda, quietas primero, recorriéndola después. Mi lengua no dejaba de saborear cada rincón de su boca, lo hacía lentamente. Mordisquié su labio y subí por su mandíbula, besándolo, hasta su lóbulo, que lamí. Pasé mis dedos entre los cabellos de su nuca y llevé su cabeza hasta mi seno. Daniele era tan hábil…, cuidadoso en sus movimientos…, se notaba su experiencia. Suavemente me recostó sobre el sofá y…


Desperté en su habitación..., en su cama y el perfume del café invadió mis pulmones …otra vez. No encontré mi ropa por lo que me puse su camisa y descalza fui hasta la cocina.
¡Buenos días dormilona! Mmmm… Tu perfume...  –saludó Daniele girándose apenas entré y depositando un pequeño beso en mi boca.  Estaba probando tu nueva máquina de café… ¿cómo lo quieres?


Si quieres, déjame aquí tu huella...

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *