Yo no sabría
que tipo de chocolate soy,
creo que eso lo
debería decir la otra persona, quien tengo delante...
Sí puedo decir
qué tipo de chocolate me gustaría ser...
Un chocolate
que no encuentras en cualquier negocio,
no por
exclusivo, ni por especial, sino porque no se lo conoce.
Un chocolate
que no llama la atención por el papel que lo envuelve,
porque al verlo
parece un chocolate como cualquier otro.
Un chocolate
con una cobertura resistente,
la cual
necesita de un mordisco seguro, sin titubeos...
pero que dentro
tiene un sabor que invade la boca;
suave...
dulce... especiado... con almendras... o aroma a vainilla...
que te hace cerrar los ojos y disfrutar.
Un chocolate
que se busca en un momento no muy bueno,
y que sólo al
verlo provoca una sonrisa;
pero también
uno que hará de broche perfecto a los instantes más felices.
Un chocolate
que una vez que se prueba,
no lo puedes
dejar...
y si lo dejas,
jamás lo podrás olvidar.
(Este texto pertenece a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Maribel desde su blog "Soliluna".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)
