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jueves, 21 de mayo de 2020

¿Cuándo ha sido el primero? ¿Te acuerdas?

Sí, obvio que me acuerdo. El primero fue cuando debía volver a mi casa y vos no querías. Me pediste que me quedara con vos, te quitaste la cadenita del cuello con aquella medalla que aún conservo.

Era fácil, las primeras veces no se olvidan.

Pues yo también recuerdo la segunda; la tercera; la cuarta... y la vez que decidiste volver, que me elegiste. También aquella en la que angustiada te conté lo que pasaba y me dijiste que era la mejor noticia que podía darte. Recuerdo la vez que te ví con ella en los brazos y me dijiste: “gracias”. O la vez que me sorprendiste con aquella canción que escribiste para mí y la cantaste por la radio. Recuerdo todas y cada una de las veces. Aquellas después de pelear como gatos –y es que yo soy tremenda cuando me enfado, lo sé– y todas las veces luego que dabas “el brazo a torcer”, demostrándome que yo soy más importante que tener razón. O una de las últimas, cuando después de tanta espera lo hice aliviada y feliz sobre tu pecho. Porque soy una mujer de buena memoria y porque ¿cómo podría olvidar veintisiete años de encuentros y desencuentros; de búsquedas y hallazgos; de aciertos y errores; de construcción constante? ¿Cómo podría olvidarme del amor y de todas las veces que éste me ha hecho suspirar? ¿Cómo? No podría. No deseo hacerlo. Quiero continuar a sorprenderme, a emocionarme, y a suspirar. Como esta mañana, cuando pensé lo habías olvidado y, con un beso y un simple “feliz aniversario, te amo” susurrado sobre los labios, has hecho que yo suspire de nuevo.






(Este microrrelato pertenece a los "Relatos Jueveros"
y esta semana la convocatoria fue hecha por Mónica desde su blog: "Neogeminis".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)

martes, 21 de enero de 2020

¿Cómo era antes de conocerlo?
No lo recordaba. No le importaba.
Porque ella era mejor desde que él estaba en sus días. Lo sabía, lo sentía.
Y, aún si lo de ellos no era amor, aunque no fueran nada, ella sólo deseaba serle.
Porque lo único que ella no podría perdonarse jamás, sería el pecado de no vivirlo.


(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras del mes de Enero son: antes - pecado - aunque.)

martes, 31 de diciembre de 2019

Ayer caminé junto a ti; te tomé de la mano y confié.
Me reí, pero sobre todo me rompí. Caí. Sentí no tener un momento de descanso, ningún placebo a la rutina, a la realidad. Pero no dejaré me conviertas en una más de esas turistas que recorren tus días.
Hoy es mejor decirnos adiós, apagar la luz y cerrar la puerta a nuestras espaldas.
‘Noche de paz... noche de amor...’ ...y mañana será tiempo de renacer.


(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras son las de los meses de Diciembre: caminé - descanso - turistas.)

sábado, 21 de diciembre de 2019

Felices Fiestas


Y ya ha pasado otro año más...

En lo personal ha sido un año muy, muy difícil. Comenzó mal, de la peor manera, y continuó bastante complicado. Muchos de los propósitos que me había planteado en esas primeras horas del 2019, se fueron difumando hasta desaparecer; otros han debido ser cambiados sin más. Pero bueno, así es la vida, no pide permisos.

Aunque también hubo otra constante: estos rinconcitos que son los blogs. Los míos, donde he volado con la imaginación y escrito (poco), o compartido música, o me he abierto para tratar de curar las heridas. Y también, obviamente, los de ustedes. Aunque muchas de esas veces haya pasado de puntillas, leyéndolos en silencio, porque no sabía qué decir o cómo hacerlo... pero en ambos casos, aquí o allí, he podido sonreír con esas palabras, con esos comentarios, con esas entradas.

Sentir el cariño entre letras; el abrazo silencioso, aunque fuera a la distancia; la preocupación a veces, que luego se transformaba en un mail personal... todos y cada uno, me han regalado algo para mí muy valioso: tiempo. Por eso, quiero dejarte mi regalo para ti, ábrelo en Navidad y úsalo cuando desees...


...en la cajita encontrarás un puñado de sonrisas para compartir si quieres; unos cuantos abrazos esperándote cuando lo necesites; un par de orejas dispuestas a escucharte; unos cuantos coloridos globos para poder volar juntos cuando la realidad amenace con aplastarnos; unas palabras amables cuando el mundo no lo sea; y mi agradecimiento más sincero... no te vayas de aquí sin él.


También aprovecho la ocasión para agradecer muy especialmente a:


Ale...
...por cada día que hemos compartido en estos años,
en estas vidas;
por tus brazos que no me han dejado de sostener;
por ese amor inmenso e incondicional;
por todo y más.
Miguel...
...por esta amistad que apenas comienza
y esta pasión por el Cine, que compartimos.
Gin...
...por toda esa fuerza que me transmites
y esas ganas de seguir adelante.

Guille...
...por esas risas, sonrisas,
y momentos compartidos en tu Hope.

Auro...
...por tanto mimo y cariño que me dejas en cada huella,
y por tanto Arte que me transmites.

Dulce...
...por esta amistad construida en el tiempo
basada en el aprecio y respeto mutuo.
...por todos esos cafés compartidos en el tiempo,
por la magia y cariño de tu presencia.

Demian...
...por esta amistad que, como el océano,
une las dos orillas.


Perlita...
...por cada muestra de cariño
y cada abrazo que arropa.
Mag...
...por tantos años compartidos,
tantos momentos, buenos y no tanto;
y por todos aquellos que, seguramente,
nos encontrarán aún juntas.
Laura...
...porque entraste en mi vida como brisa fresca,
por todas esas 'coincidencias',
por las risas y todas las que vendrán.
Ivel...
...por tanto amor incondicional,
por sentirme y llamarme de la manera más hermosa,
por ser siempre esa niña especial de mi  ♥

Y a todos los que entrada tras entrada, me dejan sus huellas en cualquiera de mis playas:

...y todos los que seguramente me olvido.

¡Felices Fiestas!




martes, 30 de julio de 2019

Esa mañana cuando abrió los ojos, el dolor le hizo recordar que todo continuaba en el mismo exacto modo que lo había dejado la noche anterior; y que ningún milagro había ocurrido en esas pocas horas de sueño. Miró el celular y respondió al único mensaje que realmente le importaba: “Estoy bien... aquí sigo... no te preocupes...”. Y es que, cómo le explicaba que lo sucedido todos esos meses la había rota por dentro y nada tenía que ver con la fractura de su pie.





(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras son las de los meses de Julio: pie - rota - preocupes.)

jueves, 20 de junio de 2019

De repente un día se quedó en silencio. No porque no tuviese qué decir, sino todo lo contrario. Tenía tanto que las palabras no le salían, se le atoraban en la garganta y la laceraban por dentro. Lloraba sin lágrimas; y se iba rompiendo. Lo hacía de una forma imperceptible. Como esa mañana cualquiera que te despiertas y te das cuenta que definitivamente el verano ha terminado y el frío es lo único que logras sentir en la piel... en el alma.

Fue cuando necesitó ese abrazo por la espalda que nunca llegó. Ese gesto casi de prepo; porque sí, porque cuando estaba así era –aún más– caprichosa e infantil. Y se alejaba, tomaba distancia. Se volvía arisca, terriblemente desconfiada y racional. Y fue desde esa distancia que vió todo claro. Todo era tan sencillo, tan simple, tan obvio, que no comprendía cómo no se había dado cuenta antes.

Entonces se recumpuso otra vez como tantas otras había hecho antes. Ya no había más preguntas por responder; no había explicaciones para dar ni recibir; no había nada, absolutamente nada, por decir. Ahora, lo único que quedaba, era ese silencio lleno de significado.



(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros"
y esta semana la convocatoria fue hecha por Mag desde su blog: "La trastienda del Pecado".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)

sábado, 25 de mayo de 2019

Se subió al auto sin pensarlo demasiado, y antes de ponerlo en marcha, controló por enésima vez el maquillaje, ahora en el espejo retrovisor. Se preguntaba en qué momento había tenido la brillante idea de volver, ¿a caso no se encontraba bien ella así como estaba? Pero le había dicho a él que lo haría, se lo había prometido, y si algo siempre le había gustado, era cumplir con su palabra.

Arrancó; no eran demasiado los kilómetros que la separaban de aquella casa, pero tampoco deseaba encontrarse en medio al tráfico de aquellos que elegían salir a pasear un domingo a la mañana. Él le había contado que todo era prácticamente igual, las mismas costumbres, las mismas tradiciones. Aunque no había profundizado mucho sobre el tema, como si él evitara ponerla de frente a la realidad. Pero no hacía falta, ella ya sabía lo que encontraría. Imaginaba ya el rostro de su tía cuando abriera la puerta de la casa. No lo creería. Después de todos esos años, diecisiete para ser exactos, donde sólo había reinado el silencio. Ella no le había contado ni a su madre que pensaba volver, y es que sentía que no lograría comprenderla. Hacía ya tiempo que había dejado de librar batallas que no eran suyas, y mucho menos, continuaría a combatir enemigos ajenos. Estaba preparada; preparada para los reproches, al fin y al cabo, serían los de siempre, segura que eso tampoco había cambiado. Le parecía ya oír esa voz que marcó su infancia, diciendo lo egoísta que era; que con qué coraje se presentaba allí hoy y, sobre todo, para qué, qué buscaba.

El paisaje de los costados de la autopista continuaba a pasar como si nada y ella probaba a respirar para serenar toda la agitación que comenzaba a invadirle el cuerpo. Cada tanto se cruzaba con imágenes de todo lo que había sido y no podía dejar de preguntarse cómo había llegado a tanto. En definitiva, había sido ella a dar el portazo y alejarse lo más posible. Y ahora volvía. Es que diecisiete años no son pocos; ella había crecido, había vivido tantas cosas y aprendido que, tal vez, no todo era blanco o negro. Ya no era esa veinteañera rebelde, que quería llevarse el mundo por delante y que estaba segura de poder lograrlo. Ahora era una mujer adulta, y una que necesitaba cerrar ciertos círculos. No pretendía disculpas de nadie, no era eso. Sabía que los errores habían sido de ambas partes, aunque esto no le fuera jamás reconocido. No importaba. Ya estaba allí.

Estacionó frente a la casa; todo se veía exactamente igual, como si el tiempo no hubiese pasado. Sólo faltaba que tres niños salieran corriendo por el costado. Gritando, sonriendo, jugando. Tembló y por un momento pensó en escapar otra vez. Respiró profundamente, bajó del auto y sonó a la puerta.

Un momento... ya llego... –la inconfundible voz de su tía le gritó desde adentro.

Dos minutos después la puerta de la casa de su nonna se abría y su tía se la quedaba mirando emocionada. Ninguna de las dos lograba pronunciar una palabra, y por todo gesto se abrazaron.

Pasa... pasa... –dijo su tía mientras casi la empujaba dentro. Tu nonna está en la cocina, porque supongo que es a ella a quien quieres ver, ¿no?
Sí... –respondió en un susurro. Sé que es la hora del almuerzo, y no quiero molestar...
¿Qué dices? –respondió su tía deteniéndose de golpe. Ella no entenderá nada, pero se pondrá contenta de que alguien haya venido a visitarla.

¿Alguien? ...se preguntó para sus adentros. Estaba allí, preparada y lista para la lluvia de ataques que le caería encima. Entró en la cocina; ahí estaba ella, su nonna. Parada de espaldas no la había visto, estaba concentrada girando lo que sin dudas sería el estofado; pese a los años, ese perfume era inconfundible. No podía decir nada, en un segundo había perdido la voz, sólo pudo toser.

Hola nena... no te escuché entrar... –dijo la anciana girándose con la cuchara de madera en la mano. Has llegado justo en tiempo, ¿te quedas a almorzar?

Ella seguía muda, inmóvil en mitad de ese espacio lleno de recuerdos. Su tía apareció por detrás, y como si supiera que estaba a punto de caer, la sujetó por la cintura.

Mamá... ¿viste quién vino a visitarte? –preguntó su tía sin soltarla.
La nena... –respondió la anciana. La amiga de Fer... ¿se queda a comer?

La escuchaba y era como que el tiempo transcurría en cámara lenta, nada tenía sentido; y a la vez, todo comenzaba a encajar perfectamente. Por ello él le había hecho prometer que iría hasta allí. Le había hecho entender que se lo debía, sino a otra persona, a ella misma. Su nonna ya no recordaba todo, había olvidado muchas cosas, entre esas, a ella.

No supo de dónde sacó la fuerza pero permaneció allí el tiempo del almuerzo y una larga sobremesa. Se sentó junto a su nonna; la cual se pasó todo el tiempo contándole su vida. Le habló de su nono, de su madre, de sus nietos, hasta de ella misma. Se sorprendió que a pesar del muro que había alzado entre las dos, ella estuviera tan informada de su vida. Así y todo, no la reconoció en ningún momento, ni siquiera cuando le repitió por décima vez su nombre.

Nena... yo ahora me voy a dormir la siesta, ya estoy grande para aguantar tantas horas en pie... –comenzó a decir su nonna soltándole la mano que había sujetado por todo el almuerzo y acariciándole el rostro. Tienes unos ojos hermosos, una mirada con luz... espero vuelvas otro día...

Seguro... –respondió ella. ¿Por qué no?

No pudo evitar romperse en llanto. Ella estaba preparada para todo, para los reproches, para las recriminaciones... para todo, menos para lo que había pasado. Menos para que su nonna no la reconociera, menos para no poder disculparse. Menos para darse definitivamente cuenta que, tal vez, ya era demasiado tarde para volver.

domingo, 21 de abril de 2019


Hoy, exactamente ahora, son cuarenta y tres... ni uno más ni uno menos.
Quince mil seiscientos noventa y cinco días con cada una de sus noches.
Trescientas setenta y seis mil seiscientas ochenta horas vividas plenamente.
Veintidós millones seiscientos mil ochocientos minutos de experiencias, emociones, recuerdos.
Y ¿ahora? ...ahora sigo, porque no importan los años siempre tendré un sueño por cumplir.


En una noche porteña de 43 años atrás,
comenzaba esta aventura llamada vida...
...y aún queda mucho por bailar ¿vienes?




(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras son las de los meses de Abril: sueño - millones - cada.)

jueves, 28 de marzo de 2019


Después de años se había reunido toda la familia. “Demasiado tiempo”, añado mentalmente, casi como hablando conmigo misma. Pero había valido la pena trabajar tanto, superar los malos momentos, todo por verlos sonreír como esa noche. Aún si debía aguantar esas canciones de reggaeton que los chicos se empeñaban en poner a todo volumen. Recuerdo la sensación de que nada hubiese podido empañar esa felicidad... pronto descubriría lo equivocada que estaba.


(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras son las de los meses de Enero-Febrero-Marzo:
añado, familia, demasiado/canciones, felicidad, trabajar/sensación, aguantar, malos.)

viernes, 28 de diciembre de 2018

#VDLN - 128

Un año más que termina, y con él tantas cosas. Algunas buenas, otras no tantas.
He perdido... pero también he ganado.
Me he decepcionado... pero también me he vuelto a ilusionar con un simple detalle.
He llorado a mares... pero también me he reído a carcajadas.
Me he caído... pero también me he vuelto a levantar aún más fuerte.
Y en todas y cada una de las ocasiones, he aprendido y eso es lo más importante.

He cumplido con muchos, casi todos, los objetivos que me propuse al inicio de este 2018; y, para aquellas cosas que han quedado en el tintero, bastará reproponer nuevas fechas... siempre he pensado que sólo se fracasa cuando se deja de intentarlo.

Un año más termina, pero lo importante es que otro comienza. Y en este nuevo año que está por iniciar, las ideas son muchas y las ganas aún más. Ganas de compartirlo con vos, así que ya sabes...

...Si te hace falta quien te trate con amor,
si no tenés a quien brindar tu corazón,
si todo vuelve cuando más lo precisás,
nos veremos otra vez...



...así es, yo te estaré esperando, y lo haré desde el primer día de ese nuevo año que está por comenzar. No tardes, nos vemos y

lunes, 24 de diciembre de 2018


Hoy es Nochebuena y este año será un poco especial. Como si fuera el guión de una película propia de estas fechas, cuando suenen las doce campanadas estaré en un aeropuerto esperando el vuelo que me haga encontrar con mi familia.

Finalmente, luego de tantos años nos volveremos a reunir todos. Sé que los planes han cambiado, y es que hay cosas que escapan a nuestro control; pero, pese a todo, también sé que estaremos bien, que seremos felices.

Por un instante cierro los ojos, y me acuerdo de las navidades en la casa de mis nonos. ¡Cómo me gustaba ayudar a armar el árbol! Era un día donde sin dudas se respiraba la magia... y me detengo a pensar cuánto me gustaría repetir, al menos una vez, ese momento, donde la única prioridad parecía ser colocar la estrella en la punta de aquel pino.

Sonrío. Lo hago mientras imagino que estarán armando la gran mesa, donde cada uno habrá preparado algo. Se prenderán las velas, y sus luces se confundirán con las del árbol. Los regalos estarán todos debajo del pino, esperando la medianoche, y esas manos que ansiosas los abran transformando a todos en niños por algunos instantes.

Y me emociono, porque en esos momentos todo queda envuelto en un clima de serenidad y amor. Rodeados de la gente que se ama, más allá de cualquier diferencia pudiese existir. Aquellos seres que nos “tocaron”, y esos otros que elegimos. Y también aquellos que ya no están físicamente, pero sí en nuestros corazones, y por los cuales, seguramente, alzaremos la mirada al cielo deseándoles una muy:
...lo mismo que te deseo a vos.

Sí, a vos que pasás cada vez por aquí y me dejas tu huella;
a veces en forma silenciosa y otras, bien marcada en la arena.
A vos, que cuando me notas con el ánimo un poco bajo,
no demoras en dejarme tu abrazo y tu cariño.
A vos, que compartes mis alegrías y me estimulas a mejorar cada vez.
A vos, que en esta playa nos acercamos y derrotamos cualquier distancia.
A vos, que no importa en qué creas, mientras lo hagas,
te deseo una magnífica noche
y que mañana –y los días que le siguen a éste–,
nos volvamos a encontrar.

(Por motivos que seguro comprenderás,
me resultará un poco difícil conectarme en estos días,
más precisamente, hasta fines de enero.
Las futuras entradas están todas programadas
y, aunque ya sabes que no hay obligaciones,
siempre te estaré esperando...
...y en cuanto pueda, te estaré visitando.
Smu@ckssssssssssssssssss!

Ahhh... y gracias, gracias con todo mi  ♥)

viernes, 9 de noviembre de 2018

#VDLN - 121

"...♫ Vos sabés
Cómo te esperaba
Cuánto te deseaba
No, si vos sabés
Vos sabés
Que a veces hay desencuentros
Pero cuando hay un encuentro de dos almas trae luz
Vos sabés ♫..."
Vos sabés, y no tengo que explicarte lo que significás para mí.
El hijo que no tuve... mi ahijado...
Y como allí aún es tu día:
Feliz 22° cumpleaños...
...para vos todo lo mejor y más!!!

domingo, 9 de septiembre de 2018

Se miraba las manos. La tierra se había mezclado con la sangre, cubriéndolas de una manera que parecía imposible lavarlas. Pero debía hacerlo, no podía detenerse ahora. Debía terminar con todo eso. Con el agua fría, la sangre volvió a brotarle de debajo de las uñas. Porque sí, la sangre era suya; se había herido al terminar de excavar. Había olvidado qué dura podía ser la tierra de allí donde había decidido enterrarlo. Sin embargo, no podía ser en otro lugar, y no podía haberlo hecho ningún otro. Ahora estaba sola, definitivamente sola. Las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro.

Hacia ya algunos años que Pedro había decidido marcharse. Luego de todo lo vivido, lo compartido juntos. Él había dicho que no era allí donde deseaba estar. No era su “lugar en el mundo”. Que irónico le resultaba recordar sus palabras. Le había pedido de seguirlo en nombre del amor entre ellos; pero no, no podía. No hubiese jamás podido abbandonarlo. Él no lo hizo.

Aún recordaba cuando había llegado a esa cabaña, en medio a las montañas; creyendo que ya nada, nadie le quedaba. Y allí estaba él. Tan serio, tan duro en sus modos, tan acostumbrado a vivir solo. Que hubiera podido negarse a que ella se quedara; hubiera podido enviarla lejos, a la capital, darla en adopción. Pero no lo hizo.

Él le había dado la única cosa de valor que un ser necesita: amor. Entonces, ¿cómo hubiese podido ella dejarlo a su suerte por correr detrás de Pedro? No, no hubiese podido jamás ser tan egoísta. No con él. No con quien la había hecho ser la mujer que era. No con su abuelo. Menos sabiendo que él estaba enfermo, muriendo.

Él no se lo había dicho, pero ella lo supo. Hacía meses que ya no era el primero a levantarse; y sus pasos se habían vuelto pesados. Su espalda ya no era tan rígida, como si de repente llevara el peso de una vida sobre ella. Cuando Pedro se marchó, vió la angustia en su mirada. Le dolía, sabía lo que había entre ellos. Lo había visto nacer y crecer todos estos años. Desde el primer día que Heidi había llegado allí y se había encontrado con Pedro, supo que terminarían juntos. Y ahora él era una carga para ella, aunque ésta lo negara repetidamente.

Pocos meses después, él ni siquiera salía de la cama; y era Heidi a encargarse de todo. En primer lugar de su abuelo. Pese a los dolores, que ya no le daban tregua, y éste se negaba a que llamara a un médico. Se había pasado una entera existencia a no tener nada que ver con ellos, -y con nadie más, a decir verdad-, que no iniciaría ahora que ya nada podía hacerse. Su temor era que convencieran a Heidi de internarlo en alguna clínica de la capital; y así morir en el único sitio en el que deseaba hacerlo.

Los dolores se habían vuelto insoportables. Había adelgazado tanto que sobre la cama padecía la sombra del gran hombre que había sido. Sin embargo, el corazón se resistía a dejarlo marchar.

Una noche, en uno de esos pocos momentos de lucidez que aún le dejaba la enfermedad, se lo pidió. Ella lloró todas las siguientes horas, pero cuando llegó la mañana, se secó las lágrimas, se levantó y le preparó la taza de leche caliente. Le agregó una segunda cucharada de miel para disimular el sabor. Lo ayudó a tomarla, y permaneció a su lado hasta el final; sosteniendo su mano.

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 19: Piensa en tu personaje de infancia favorito, y haz que haya cometido un asesinato.
Describe cómo ha llegado a matar.)

domingo, 29 de julio de 2018

Podría describirla de mil modos, y no alcanzaría para decir todo lo que significa para mí.

Podría contar que me conoce desde siempre, creo yo que aún antes de habernos cruzado por primera vez, hace ya muchos años.

Podría mencionar esas veces que me vió a tierra, sin fuerzas, y que sin dudarlo, se echó a mi lado y me tomó en sus brazos.

Podría explicar que es una de esas personas sin dobleces, que siempre me ha mirado de frente; que ha tenido el coraje de decirme cualquier verdad.

Podría recordar las veces que viéndome volar alto, sus ojos reflejaron orgullo, y la complicidad abrió sus alas para perseguir juntas los sueños.

Podría resaltar su humildad para reconocer defectos; y, más aún, su gran corazón para aceptarlos y continuar junto a mí en este camino llamado vida.

Podría pero aún así no sería suficiente, por eso sólo diré: TE AMO...

...a vos, a mi Amiga, a mi hermana de la vida: ¡Feliz cumpleaños! ...y todo lo mejor, porque menos no te merecés ❤️


viernes, 20 de julio de 2018

#VDLN - 105

Día del amigo...

...amigo, amiga, amistad ...que palabra grande ésta.

Hay tantos tipos de amigos; los amigos de la infancia, los amigos del secundario, los amigos del barrio, los amigos del club, los amigos de la facu, los amigos del trabajo... tantos, muchos. Y luego están los amigos de la vida, de una vida. Son esos seres que encontramos un día "x", y sin muchas explicaciones, sin demasiadas razones, surge un chispazo, se produce magia, y se comienza a crear un lazo... o, tal vez, siempre ha estado ahí, esperando, ese invisible hilo rojo que une las almas.

Con esos amigos podemos cambiar de escuela, de trabajo, de barrio, de provincia, de país y de continente... hasta podemos cambiar nosotros mismos, o ellos, porque crecemos, porque evolucionamos, porque maduramos... y esos amigos siguen ahí. Y no importa si hablamos todos los días o una vez cada... cada tanto (😉); porque lo que sí importa, lo único que cuenta, es que ese amigo va a estar ahí. Va a estar ahí para lo que sea, no importa si lo que tienes para decir es el psicodrama del momento o la mejor noticia del mundo; no interesa qué día de la semana es, ni qué hora... porque simplemente puedes contar con él. Y como decía Benedetti, no contar hasta uno, o hasta dos o hasta diez, sino infinito; porque un día, sin darte cuenta ambos han hecho una silente promesa, un para siempre.

Yo me considero una mujer muy afortunada, tengo seres así en mi vida, Amigos así, con la A mayúscula; con los cuales no importa el tiempo que ha pasado, siempre es ayer que nos vimos; ni la distancia que nos separa, esos son sólo kilómetros, porque ellos están, ellos son; con ellos he compartido charlas interminables, infinidad de risas, muchas lágrimas, han estado con el pasar de los años, en fiestas, en nacimientos, en llegadas a metas, en inevitables despedidas... ellos han estado, ellos están, y sé que ellos estarán...siempre.

A ellos... a vos... feliz día!


viernes, 25 de mayo de 2018

#VDLN - 97

"La contradicción no es una señal de falsedad,
ni la carencia de contradicción una señal de verdad."
(Blaise Pascal)



...día contradictorio,
de buenos recuerdos y no tantos,
de lágrimas y sonrisas,
de todo y nada...
...porque soy y no soy.

Si quieres, déjame aquí tu huella...

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