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jueves, 21 de mayo de 2020

¿Cuándo ha sido el primero? ¿Te acuerdas?

Sí, obvio que me acuerdo. El primero fue cuando debía volver a mi casa y vos no querías. Me pediste que me quedara con vos, te quitaste la cadenita del cuello con aquella medalla que aún conservo.

Era fácil, las primeras veces no se olvidan.

Pues yo también recuerdo la segunda; la tercera; la cuarta... y la vez que decidiste volver, que me elegiste. También aquella en la que angustiada te conté lo que pasaba y me dijiste que era la mejor noticia que podía darte. Recuerdo la vez que te ví con ella en los brazos y me dijiste: “gracias”. O la vez que me sorprendiste con aquella canción que escribiste para mí y la cantaste por la radio. Recuerdo todas y cada una de las veces. Aquellas después de pelear como gatos –y es que yo soy tremenda cuando me enfado, lo sé– y todas las veces luego que dabas “el brazo a torcer”, demostrándome que yo soy más importante que tener razón. O una de las últimas, cuando después de tanta espera lo hice aliviada y feliz sobre tu pecho. Porque soy una mujer de buena memoria y porque ¿cómo podría olvidar veintisiete años de encuentros y desencuentros; de búsquedas y hallazgos; de aciertos y errores; de construcción constante? ¿Cómo podría olvidarme del amor y de todas las veces que éste me ha hecho suspirar? ¿Cómo? No podría. No deseo hacerlo. Quiero continuar a sorprenderme, a emocionarme, y a suspirar. Como esta mañana, cuando pensé lo habías olvidado y, con un beso y un simple “feliz aniversario, te amo” susurrado sobre los labios, has hecho que yo suspire de nuevo.






(Este microrrelato pertenece a los "Relatos Jueveros"
y esta semana la convocatoria fue hecha por Mónica desde su blog: "Neogeminis".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)

jueves, 26 de marzo de 2020

Metamórfosis


En el momento que entró a la habitación y lo vió, todo desapareció y volvió a aquel fin de semana de algunos meses atrás.

A última hora se había decidido y comprado los pasajes del tren. Ale como siempre tenía trabajo por hacer, para adelantar. Ella ya no estaba segura que eso le molestase, era mucho tiempo que ella y Ale no compartían más que silencios incómodos y  sexo rutinario. Tal vez fue por eso, o por el aburrimiento, pero no pensó demasiado cuando se inscribió a esa chat. Sólo deseaba que alguien la escuchara.

Así fue que lo conoció a él. Al principio había sido raro, como que ninguno de los dos confiaba en el otro. Cuando ella le preguntó el nombre, él se limitó a decir: “Puedes llamarme Sandro” y ella pensó que no sería su verdadero nombre. Entonces tampoco le dijo el suyo. Pasaron semanas hasta que comenzaron a relajarse y conversar realmente. Se daban los ‘buenos días’, como un ritual mágico para enfrentar mejor la jornada. Se contaban desde los detalles más banales hasta las intimidades más inconfesables. Así y todo, había un límite invisible; sin decirlo con todas las letras, habían entendido que ambos tenían pareja, que si bien amaban, algo no estaba funcionando. Por eso ella se sorprendió cuando él propuso de encontrarse. Se negaba a creer que todo no fuera más que un simple deseo hacia lo nuevo, lo desconocido, lo prohibido. Pero aquel viernes, cuando por enésima vez Ale permanecía ajeno a ella, refugiándose en un trabajo que ambos sabían podría esperar; se decidió y le dijo que sí. Al fin y al cabo era sólo un encuentro, un café sin compromiso a ninguna continuación que no se deseara.

Debió admitir que se desilucionó cuando Sandro no le propuso esperarla en la estación central, sino hacerlo en un bar anónimo en el centro de aquella ciudad que ella conocía tan bien. Había optado por el mismo hotel de siempre, y fue allí que se dirigió primero; dejaría el pequeño bolso y la ansiedad, si era capaz. Tomó el metro hasta el centro y lo esperó en aquella esquina pensando si lograría reconocer. Ninguno de los dos había querido enviarse fotos, no las creían necesarias, no buscaban algo físico por lo cual poco importaba cómo tenía el cuerpo. ¿Sería verdad eso? ¿Y entonces por qué estaba tan nerviosa? Los minutos pasaban y él no llegaba. Y, ¿si él la hubiese reconocido y se hubiese marchado? ¿Qué haría? No quería pensarlo. Pidió un tè, le daría más tiempo para pensarlo, esperarlo.

No llegó. Y ella se sintió tan tonta. Pagó la cuenta y caminó sin rumbo, por suerte la ciudad siempre ofrece mil distracciones. Le sonó el móvil en el bolsillo. Un mensaje de Sandro que le advertía, tarde, que por un contratiempo de último momento no podría acudir a la cita. Lo remetió en el bolsillo sin siquiera responder. En un impulso, para no pensar más, entró a una muestra de arte. Y fue justo cuando se detuvo frente a ese cuadro que la estremeció y serenó a la vez, que decidió responderle.

Fue su último mensaje. Luego canceló también su cuenta de chat. Al otro día volvió a casa, a su vida de siempre pero con la convicción de que algo debía cambiar. No buscó fuera, reconstruyó dentro. Y ahora, ahora que todo finalmente era como siempre había deseado, ese cuadro la llevaba a un punto que creía haber olvidado.

Ale... Ale... Alessandro... –él desde la cocina no la escuchaba.

Eyyy... ¿qué pasa? –preguntó Ale mientras entraba al cuarto y la abrazaba por la espalda.

¿Y ese cuadro? –tenía miedo de girarse y verle a los ojos. ¿De dónde ha salido?

¿Te gusta? –susurró. Hace unos meses me hablaron de él, y cuando lo ví, simplemente me enamoré... otra vez.

Ninguno de los dos se movió, ni dijo más nada. No hacía falta.

"Metamórfosis de ángeles en mariposa", Salvador Dalí (1973)

(Este microrrelato pertenece a los "Relatos Jueveros"
y esta semana la convocatoria fue hecha por Mağ desde su blog: "La Trastienda del Pecado".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)

jueves, 16 de mayo de 2019

Hoy al llegar a casa sentí su ausencia más que nunca. Definitivamente ella había sido el amor de mi vida. Lo era. Aún hoy, ahora, lo es, estoy seguro.

Recuerdo el día que entró por primera vez en mi panadería. Se había mudado hacía poco al barrio. Nadie sabía nada de ella, yo menos, pero no me importó. Me bastó ver cómo se movía su falda al compás de sus tacones. La brisa que jugaba con la solapa de su camisa, mostrando su escote. Abierto lo justo, un poco más hubiese sido indecentemente provocador. Quise atenderla yo mismo, casi podía adivinar qué me pediría. No era de dulces, de hecho quiso unos pancitos con semillas.

Deberías probar estos... –le dije ofreciéndole unos grisines con sésamo.
Gracias... –me respondió tímidamente, pero sonriendo de una manera que hizo que el resto de las personas allí dentro desaparecieran al instante. ¿Cuánto le debo?
Nada. –le dije mientras le colocaba todo dentro una bolsa y me aseguraba que llevara la tarjetita del local con los números de teléfono. Es un regalo de bienvenida al barrio, faltaría más.

Volvió a sonreír, sonrojándose apenas. Eso me volvió loco, y supe que existía el amor a primera vista. Se giró, saludó y se marchó.

Continuó a venir dentro la panadería día tras día después de esa primera vez. Llevaba siempre lo mismo, y siempre la atendía yo personalmente, colocándole en la bolsa alguna nueva especialidad para que probara. Parecía una danza de cortejo y seducción. Hasta que un día junté coraje y la invité a salir.

¿Qué te parece si esta tarde cuando cierro aquí, te paso a buscar por donde me digas y nos vamos a comer y tomar algo por ahí? –pregunté casi sin tomar aliento, temía que si hacía alguna pausa no sería capaz de terminar.

La ví que dudaba y no entendía porqué, en definitiva no le estaba proponiendo nada malo.

Podría ser... –me respondió finalmente. Vendré yo hasta aquí, lo prefiero; dime a qué hora.

No me pareció lo más correcto, ni muy caballero de mi parte, pero se lo dejaría pasar por esa vez, ya luego tendría tiempo de que entendiera.

Pese a toda mi simpatía y mis esfuerzos por hacerla sentir cómoda, ella mantenía la distancia. Sentía que había algo que la hacía desconfiar. No me importaba, me había enamorado y la conquistaría. Ella terminaría amándome, sabía que lo haría, no podía ser diferente.

Pasaban los días, las semanas, y continúabamos a salir aquí y allá, pero nuestra situación no cambiaba demasiado. Yo le había demostrado más de una vez lo que sentía y hubiese jurado que era más que obvio. Como cuando casi la obligué a ponerse mi chaqueta para que no anduviese tan destapada por la calle, no deseaba se enfermara tampoco. O como cuando le quité el cigarrillo de la boca, diciéndole que no debería fumar, sería un pecado arruinarse de ese modo la salud.

Esa noche no decía nada, sólo me observaba. No supe decifrar esa mirada, pero la noté cabreada. No deseaba pelear y la convencí para ir hasta la panadería. Era domingo y a esas horas ya estaba cerrada hacía rato, y hasta el martes a la madrugada sería toda para nosotros.

Me costó. Al inicio no quería, no entendía el sentido, deseaba terminar la velada allí y basta. No podía permitirlo.

Vamos niña, que no te pongas así, que sólo quiero cuidarte... –le decía mientras entrábamos al local. Tú sabes que me he enamorado de ti... que haría lo que fuera por ti...
Mario, por favor... termínala ya... –dijo con cierto fastidio y mirándose alrededor. Creo que esto ha llegado demasiado lejos.
¿Lejos? –pregunté perplejo. Pero si esto apenas ha iniciado mi niña.
Odio que me llames así... –dijo dándose la vuelta. No soy tu niña, soy una mujer adulta y libre... ya te lo he dicho Mario, ya he pasado por muchas y no volveré a cometer ciertos errores, no deseo enrollarme, ni contigo ni con nadie...
Pero ¿qué dices dulzura? –le dije mientras me acercaba para abrazarla. Te he dicho, te amo y nada ni nadie podrá separarnos.
Basta Mario... –y trató de soltarse de mis manos que la sujetaban con fuerza por los brazos. Tú no estás bien... apenas nos conocemos y hemos salido unas cuantas veces, pero nada más... ni amor ni nada... esto acaba aquí... creo que me marcharé, he siempre querido vivir en la playa...

(...)

No recuerdo exactamente qué pasó después. Todo había sido sólo un mal entendido. Ella no se daba cuenta cuánto la amaba, y yo sólo deseaba cuidarla.

Habían pasado unos meses desde aquella noche. A último momento había decidido cerrar la panadería y tomarme unos días de vacaciones. Ya de madrugada, apagué los hornos y le dejé un mensaje en el celular a la señora que me ayudaba en el local.

“María, me tomaré unos días de descanso, los necesito como me dice siempre usted. No se preocupe por nada, he dejado todo limpio en la panadería. Me iré a la casa del mar. Nos vemos a la vuelta.
Mario.”

Y hoy, entrando a casa sentí su ausencia. Ella, que aún sin quererlo, lo había sido todo, que todavía hoy era todo para mí, me hacía falta. Pero yo no me equivocaba, nada ni nadie podría separarnos porque yo la amaba, la amo. Sonreía mientras pensaba en ello y agregaba un poco de mi arena especial a la pequeña pecera marina. En definitiva, a ella le gustaba el mar y ¿qué no haría yo por hacer feliz a mi niña?





(Este relato pertenece al Reto: "Fuego en las palabras" del mes de Mayo;
blog "Crónica de la loca que cazaba nubes"... te invito a visitar el blog y su dueña, Rebeca.)

lunes, 24 de diciembre de 2018


Hoy es Nochebuena y este año será un poco especial. Como si fuera el guión de una película propia de estas fechas, cuando suenen las doce campanadas estaré en un aeropuerto esperando el vuelo que me haga encontrar con mi familia.

Finalmente, luego de tantos años nos volveremos a reunir todos. Sé que los planes han cambiado, y es que hay cosas que escapan a nuestro control; pero, pese a todo, también sé que estaremos bien, que seremos felices.

Por un instante cierro los ojos, y me acuerdo de las navidades en la casa de mis nonos. ¡Cómo me gustaba ayudar a armar el árbol! Era un día donde sin dudas se respiraba la magia... y me detengo a pensar cuánto me gustaría repetir, al menos una vez, ese momento, donde la única prioridad parecía ser colocar la estrella en la punta de aquel pino.

Sonrío. Lo hago mientras imagino que estarán armando la gran mesa, donde cada uno habrá preparado algo. Se prenderán las velas, y sus luces se confundirán con las del árbol. Los regalos estarán todos debajo del pino, esperando la medianoche, y esas manos que ansiosas los abran transformando a todos en niños por algunos instantes.

Y me emociono, porque en esos momentos todo queda envuelto en un clima de serenidad y amor. Rodeados de la gente que se ama, más allá de cualquier diferencia pudiese existir. Aquellos seres que nos “tocaron”, y esos otros que elegimos. Y también aquellos que ya no están físicamente, pero sí en nuestros corazones, y por los cuales, seguramente, alzaremos la mirada al cielo deseándoles una muy:
...lo mismo que te deseo a vos.

Sí, a vos que pasás cada vez por aquí y me dejas tu huella;
a veces en forma silenciosa y otras, bien marcada en la arena.
A vos, que cuando me notas con el ánimo un poco bajo,
no demoras en dejarme tu abrazo y tu cariño.
A vos, que compartes mis alegrías y me estimulas a mejorar cada vez.
A vos, que en esta playa nos acercamos y derrotamos cualquier distancia.
A vos, que no importa en qué creas, mientras lo hagas,
te deseo una magnífica noche
y que mañana –y los días que le siguen a éste–,
nos volvamos a encontrar.

(Por motivos que seguro comprenderás,
me resultará un poco difícil conectarme en estos días,
más precisamente, hasta fines de enero.
Las futuras entradas están todas programadas
y, aunque ya sabes que no hay obligaciones,
siempre te estaré esperando...
...y en cuanto pueda, te estaré visitando.
Smu@ckssssssssssssssssss!

Ahhh... y gracias, gracias con todo mi  ♥)

viernes, 16 de noviembre de 2018

#VDLN - 122

Y hoy, son 26 años que celebramos...
Pese a todo, lo hacemos...
...porque vos me enseñaste que nada es definitivo,
que vale la pena seguir adelante,
vos sos la fuerza y las ganas de luchar,
y porque te miro y el alma se me llena de amor y orgullo...



...Feliz Cumpleaños Mari!!!

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viernes, 9 de noviembre de 2018

#VDLN - 121

"...♫ Vos sabés
Cómo te esperaba
Cuánto te deseaba
No, si vos sabés
Vos sabés
Que a veces hay desencuentros
Pero cuando hay un encuentro de dos almas trae luz
Vos sabés ♫..."
Vos sabés, y no tengo que explicarte lo que significás para mí.
El hijo que no tuve... mi ahijado...
Y como allí aún es tu día:
Feliz 22° cumpleaños...
...para vos todo lo mejor y más!!!

viernes, 19 de octubre de 2018

#VDLN - 118

"Continuaré a mirarte siempre con estos ojos,
como si fuera la primera vez que te veo,
que te descubro, que me enamoro.
Continuaré a mirarte con estos ojos,
como si fueras la única cosa hermosa de este mundo,
como si cada amanecer naciera de tus ojos.
Continuaré a mirarte siempre de este modo,
porque es el único modo en el cual el amor sabe mirar."
(Anónimo)

miércoles, 17 de octubre de 2018

Sonó el despertador y no deseaba levantarme, estaba tan bien debajo del edredón. Su perfume había quedado en toda la cama, pero él se había ido. Era un amigo, alguien especial, con derechos -¿o esos eran míos? ...vaya una a saber-, pero era ocasional. No quería, por ningún motivo, que eso cambiara. Habían pasado muchos años, más de veinticinco, desde que me había enamorado tan perdidamente que hubiese dejado todo, mi vida entera. Pero no, él eligió marcharse y ya nada tuvo sentido. Me prometí que no volvería a creer en palabras bonitas, y así hice.

El aroma del café recién hecho invadiendo cada rincón de mi casa, fue el motivo perfecto para finalmente iniciar la jornada. ¡Qué gran invento lo de la cafetera con timer!, ¿qué sería de mí sin ella? Por suerte no tenía que preocuparme de ello. Fui al baño sin ningún apuro, tenía tiempo esa mañana. Todo estaba en su sitio, exactamente como yo lo había dejado la noche anterior. Una de las ventajas de vivir sola; aunque si... No, no debía pensar en ello.

Me vestí de forma casual, mi trabajo comenzaría casi al mediodía, debía sólo pasar por los tribunales para cerrar una de las causas que estaba llevando. Eso también se había convertido en algo rutinario, muy lejos de lo que alguna vez había imaginado. Y pensar que él no deseaba que estudiara abogacia; según su opinión debía apuntar a algo creativo o a la enseñanza... al final, hubiese terminado dándole la razón. Suspiré. Tomé mi café al vuelo y salí del departamento, ya lavaría cuando regresara, total...

Como siempre, me encargué de tenerme ocupada todo el día. No sé porqué pero últimamente me costaba volver al departamento y estar sola. Todas mis amigas estaban en pareja y con niños, parecía una epidemia. Mitad de semana y nadie estaba disponible para una cena o unas copas. Tal vez debería haber pensado en conseguirme una mascota, alguien que me espere en casa y se alegre con mi regreso. Decidí dejarme de tonterías, llamé para que me trajeran algo de cenar, miré un poco televisión y me fui a dormir sin más.

Ti ti ti ti... ti ti ti ti... ti ti ti ti...
Mmmmmmmm... ese despertador... –su voz aún dormida me susurraba en los oídos. ¿Lo apagás vos o debo hacerlo yo... de nuevo?

Sentí el calor de su cuerpo junto al mío, y una de sus manos bajo el edredón acariciaba mi espalda.

¿Soñabas? ...parecía que te quejabas. –me preguntó, dándome un beso en la frente. Vamos... levántate que preparo el desayuno, en cualquier momento se despierta tu hija.

Sólo sonreí. Finalmente había despertado, ¿o era ahora que estaba soñando?

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 41: Lo siento, pero vas a tener que acabar un relato
con 'un sueño de Resines'.)

Feliz cumpleaños, amor...
...y todo el resto queda entre vos y yo  ...♥

lunes, 17 de septiembre de 2018

24 Retos de Lectura - #17

Reto 17:
Este mes tienes, para la primera lectura, tema libre. Aunque te recomiendo que vayas a un estilo cómodo para ti.
Elección: “Al principio”-“In the beginning”, (título original) de Catherine Dunne; aunque esta vez me toca precisar algo: he leído la versión en italiano, “La metà di niente”, sin darme cuenta, sino hasta ahora, que no ha sido traducido al español... por lo cual desde ya pido disculpas a todo aquel que lea esta reseña. (Las traducciones de la sinopsis y demás, son hechas por mí.)

Sinopsis:
“Una mañana como tantas, en la cocina en desorden, en el aire punzante de una Dublin aún adormentada. Una mañana como otras, aquella en la cual Ben decide decir adiós a la esposa Rose, a sus tres hijos y a veinte años de vida juntos: ‘No te amo más’, le dice telegráfico, como conclusión de un breve diálogo. Rose no habla, no reacciona, no sabe ni siquiera qué sentir. Con esta escena se abre ‘Al principio’, la novela debut de Catherine Dunne, el diario lúcido y dramático de una mujer que, de un momento al otro, se encuentra sola, sin dinero y con una familia que mantener. Como en un album de fotografías, la nueva vida de Rose se alterna con visiones de la vida pasada, de sus sueños juveniles, de sus románticas ilusiones sobre el matrimonio. Pero entre lágrimas y desesperación, entre rabia y sentido de culpa, Rose se hace fuerte. Y, gracias a olvidados recursos, no sólo logra recoser la profunda herida de su alma, sino también a reencontrar una alegría de vivir y de sonreír, absolutamente nueva. Una novela intensa y atrapante, en la cual la autora, gracias a una increíble autenticidad del lenguaje y a una visión casi fotográfica de las situaciones y estrado de ánimo, nos regala un retrato, tan veraz y emotivo, como irónico y lleno de vivacidad, sobre una crisis de pareja vista toda al femenino.”

Vine a escribir la reseña de este libro con muchísima ilusión, y para ser sincera como siempre, me ha desanimado un poco –tanto- descubrir que no existe la versión en español. Y es que cuando leí que el reto que tocaba era tema libre, quise elegir uno de los cientos (sí, has leído bien...) de libros que tengo en mi ya famosa lista de espera... ¿quién se iba a imaginar que no estaba traducido en los idiomas más importantes? Porque tengamos en cuenta que el español es el segundo idioma más hablado al mundo, si no es importante éste, no sé cuál lo sea. En fin... igualmente te contaré de él.

Por comenzar, te diré que me gusta muchísimo más el título en italiano: “La metà di niente”, es decir, “La mitad de nada”, ¿y por qué? Simplemente porque le da más sentido a todo lo que vive y siente la protagonista con el correr de los días. Una mañana se levanta como siempre, comienza a hacer el desayuno para sus hijos y su marido, y éste, de punto en blanco la deja, sin más explicación que el hecho que la ha dejado de amar... así, de la noche a la mañana. Ella podría desesperarse, correr detrás de él, pedir explicaciones, buscar una reconciliación a toda costa... sin embargo, permanece inmóvil, y comienza un trabajo interior increíble. Su primera y principal preocupación es que sus hijos no queden traumatizados por el abandono del padre, para eso busca de mantener un orden, hasta una cierta “rutina” con ellos. Al mismo tiempo debe comenzar a preocuparse de la situación económica, ya que hasta ese momento era su marido que se ocupaba de todo, y ahora se había ido, los había abandonado sin más y sin poderlo ubicar de ningún modo. Ella se pregunta qué sabe hacer, y su primer respuesta es demoledora: ‘nada’. Hasta ese momento había sido la secretaria de su marido, la anfitriona de las cenas que él organizaba, la encargada de mantener el orden de la casa, la madre de sus hijos... “la mitad de una respetada y sólida pareja burgués.” ¿Y ahora? ...ahora simplemente era “la mitad de nada”. Obviamente no es verdad que ella no sabe hacer nada, sólo que siempre había pensado, creído, de sentirse realizada al lado de su marido, sólo y únicamente con ello.

Por esto, por la fuerza que muestra esta protagonista; fuerza que radica en admitir fallas, responsabilidades, en sobreponerse al golpe recibido, en saber buscar ayuda y apoyo, sea en sus hijos, que en sus amigos; es que yo recomiendo su lectura. Sobre todo a las mujeres, ya que muchas veces creemos que necesitamos de un otro para ser completas, creemos deber ser la mitad de... olvidando que ya estamos, somos completas, tanto como lo son ellos.

A la próxima!

(Nota: la sinopsis fue sacada del sitio: laFeltrinelli)

viernes, 7 de septiembre de 2018

#VDLN- 112

"Todos tenemos dos elecciones,
estar llenos de miedo
o llenos de amor."
(Albert Einstein)




miércoles, 18 de julio de 2018

24 Retos de Lectura - #13

Reto 13:
Busca una obra que tenga varias partes y comiénzala.
Elección: “Delirium”, de Lauren Oliver

Sinopsis:
“A nadie le gusta estar enfermo. Afortunadamente, en el siglo XXII los científicos han encontrado la cura para la pandemia que, durante milenios, asoló el planeta. Un delirio que se contagiaba más rápido que cualquier otra enfermedad, afectando a cientos cada día, y a millones al cabo del año. Era tan grave que, encontrada la cura, el gobierno decretó su administración a todos los ciudadanos a partir de la mayoría de edad. Lena Holoway está emocionada. Lleva años esperando cumplir los 18. Por fin recibirá la cura, por fin vivirá sin dolor, de un modo predecible y feliz. Por fin hay cura para esa enfermedad que se llama amor.”

“Delirium” es el primer libro de una trilogía que lleva el mismo nombre. Hacía mucho tiempo que quería comenzarla, pero por ‘a’ o por ‘z’ al final nunca lo hacía. Despertaba mucho mi curiosidad una historia creada en una sociedad que ha llegado a considerar el amor como una enfermedad... ¿se lo imaginan?

Es un libro complejo aunque no lo parezca, -y, al inicio es lento, podríamos decir-, pero, así y todo, lo he encontrado muy interesante. Un mundo donde la sociedad trata al amor como sinónimo de desequilibrio, de infelicidad, de desgracia. Es una infección que debe ser combatida, cuestión de vivir en forma serena y rutinaria. Para esto, cuando cada persona cumple dieciocho años, es sometida a “la cura”, nada más y nada menos que la exportación de la parte del cerebro que regula las emociones... (😱ésta ha sido mi carita cuando leí). ¿El resultado de esto? ...pues una pequeña cicatriz detrás de la oreja y una vida –supuestamente- feliz y perfecta. Todo esto no significa que hombres y mujeres no puedan relacionarse, de hecho lo hacen. Una vez que cada individuo es “curado”, se le realizan una serie de evaluaciones y se le presentan algunas posibles “parejas”.

Y, como era obvio que sucediera, la protagonista se enamora y aquí digamos que comienza toda la cuestión y el planteo del libro en sí.

“(...) Tienes que comprenderlo: yo no soy nadie especial. Soy sólo una chica normal. Mido uno sesenta y soy del montón en muchas cosas.Pero tengo un secreto. Aunque construyan murallas que lleguen hasta el cielo, ya encontraré la forma de volar sobre ellas. Aunque intenten atraparme con cientos de armas, yo encontraré un modo de resistir. Y hay muchos como yo ahí afuera, más de los que crees. Gente que se niega a dejar de creer. Gente que se niega volver a la tierra. Gente que ama en un mundo sin murallas, gente que ama frente al odio, frente al rechazo, sin miedo y contra toda esperanza.Te amo. Recuerda. Eso no pueden quitártelo. (...)”

Un libro que, según mi opinión, te deja pensando, reflexionando. ¿Se puede amar sin ser infeliz en algún momento, o alguna vez? Y si no, ¿aún así, vale la pena? Yo tengo mis respuestas, y seguro me dirás las tuyas... Espero pronto poder seguir con los otros dos libros que le siguen (“Pandemonium” y “Requiem”); mientras te recomiendo que leas éste.
A la próxima!

(Nota: la sinopsis fue sacada del sitio: Casa del Libro)

martes, 10 de julio de 2018

En un tiempo del cual no tenemos memoria, existían unas tierras dominadas por las Dríades. Mujeres hermosas llenas de magia que habitaban los bosques. Ellas los cuidaban, eran sus protectoras. Dalia era una de las más sabias entre ellas, le gustaba pasearse serena por las noches, descalza, sintiendo las hojas bajo sus pies. Fue en uno de estos paseos que lo conoció.

Grokè era el fauno más poderoso que habitaba esas forestas. Y aunque era muy raro que estos se dejaran ver, apenas sus ojos cruzaron los de Dalia, ni siquiera pensó en ocultarse. A ella le sucedió lo mismo, no podía quitar su mirada de ese ser al que le estaba implícitamente prohíbido acercarse, ni hablar de enamorarse. Y sin embargo...

Pasaron meses de encuentros a escondidas, de caricias fugaces y besos robados; hasta que sucedió lo inevitable. Ella esperaba que las cosas no fueran como siempre le habían dicho. No podían ser así, se repetía una y otra vez mientras acariciaba su vientre que de ahí a poco iniciaría a crecer. Sabía que esta elección suya traería consecuencias; pero estaba dispuesta a enfrentarlas. Lo haría porque lo que estaba viviendo era un verdadero milagro; la cosa más extraordinaria; algo en lo cual ya no esperaba. Se preguntaba cómo haría a decirle a él, no podría ocultarlo por mucho tiempo, y tampoco deseaba hacerlo.

Amor... –dijo Grokè tomándola entre sus brazos. Temí que te hubiese sucedido algo.
Y así es, Grokè... –respondió Dalia mientras las palabras se le ahogaban en la garganta.
¿De qué hablas, Dalia? –preguntó él.
Estoy esperando un niño... –susurró sin poderlo mirar a los ojos.

Grokè quedó mudo por un instante. Sabía lo que esto significaba, para ambos. Debían consultar cuanto antes al poderoso hechicero del Alto Bosque; era el único que sabría qué debían hacer. Al día siguiente acudieron de éste; que los escuchó pacientemente.

Vuestro amor, en estas tierras y bajo nuestras leyes, está prohíbido. –sentenció duramente el gran Mago. Sólo existe una solución, si lo que desean es continuar juntos...

Lo escucharon y sin dudarlo un momento, aceptaron lo que el destino les tenía preparado. Nada importaba mientras estuvieran juntos. Ambos pasaron a ser comunes mortales, sin un mínimo rastro en la memoria de sus vidas precedentes. Aunque en las noches de verano, cuando el perfume de los eucaliptos se mezclabla al de las rosas que Dalia tenía en su jardín, ella sentía el impulso de caminar descalza; y sus hijos hubiesen jurado de haberle visto alas en la espalda, como las hadas de las historias que ella misma les contaba.

Este relato es dedicado al Hada protectora de mi familia,
a la mujer que ha dejado todo por el bien y la felicidad de los suyos,
para vos Mamá...
¡Feliz cumpleaños!  Te amo ♥

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 05: Te toca escribir un relato de fantasía épica.)

viernes, 29 de junio de 2018

#VDLN - 102

"Ámame sin miedos.
Confía sin cuestionarme.
Necesítame sin exigir.
Quiéreme sin restricciones.
Acéptame sin cambios.
Deséame sin inhibiciones.
Por un amor tan libre ...que nunca vuele lejos."
(Anónimo)





lunes, 21 de mayo de 2018

Veinticinco vueltas alrededor del sol
y aún recuerdo el sabor de las palabras
que pronunciaste esa mañana mientras me marchaba.

Veinticinco vueltas alrededor del sol
y aún oigo la ansiedad de tus manos
que, como aquella primera vez, buscan mi cuerpo.

Veinticinco vueltas alrededor del sol
y aún veo la sal de las lágrimas
que produjeron el amor y rodaron por mi rostro.

Veinticinco vueltas alrededor del sol
y aún huelo el roce de tus labios
tatuándome cada centímetro de piel.

Veinticinco vueltas alrededor del sol
y aún siento el brillo de tus ojos
que enlazan mi alma.

Veinticinco vueltas alrededor del sol
y aún tú y yo.
Aún, aquí y ahora.















(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 38: ¿Sabes lo que es la sinestecia?
En tu texto tendrás que describir cambiando los receptores de los sentidos.)

Si quieres, déjame aquí tu huella...

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