¿Cuándo ha sido el
primero? ¿Te acuerdas?
Sí, obvio que me
acuerdo. El primero fue cuando debía volver a mi casa y vos no querías. Me pediste
que me quedara con vos, te quitaste la cadenita del cuello con aquella medalla
que aún conservo.
Era fácil, las
primeras veces no se olvidan.
Pues yo también
recuerdo la segunda; la tercera; la cuarta... y la vez que decidiste volver,
que me elegiste. También aquella en la que angustiada te conté lo que pasaba y
me dijiste que era la mejor noticia que podía darte. Recuerdo la vez que te ví
con ella en los brazos y me dijiste: “gracias”. O la vez que me sorprendiste
con aquella canción que escribiste para mí y la cantaste por la radio. Recuerdo
todas y cada una de las veces. Aquellas después de pelear como gatos –y es que
yo soy tremenda cuando me enfado, lo sé– y todas las veces luego que dabas “el
brazo a torcer”, demostrándome que yo soy más importante que tener razón. O una
de las últimas, cuando después de tanta espera lo hice aliviada y feliz sobre
tu pecho. Porque soy una mujer de buena memoria y porque ¿cómo podría olvidar
veintisiete años de encuentros y desencuentros; de búsquedas y hallazgos; de aciertos
y errores; de construcción constante? ¿Cómo podría olvidarme del amor y de
todas las veces que éste me ha hecho suspirar? ¿Cómo? No podría. No deseo
hacerlo. Quiero continuar a sorprenderme, a emocionarme, y a suspirar. Como
esta mañana, cuando pensé lo habías olvidado y, con un beso y un simple “feliz aniversario,
te amo” susurrado sobre los labios, has hecho que yo suspire de nuevo.
(Este microrrelato pertenece a los
"Relatos Jueveros"
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participantes aquí!)















