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domingo, 8 de abril de 2018

-Por fin mis brazos pueden rodear tu cuello... y así alcanzar tu boca.

-Parece que esta vez me has extrañado.
-Sí... y no.
-¿Sí y no? Suena un poco contradictorio.
-Vos me conoces... yo soy toda una contradicción.
-Me gusta que seas así, pero quiero me expliques.
-Sí, te extrañé. Te extrañé por las mañanas, cuando me despertaba y no tenía la luz de tu mirada para comenzar el día. Te extrañé por las tardes, al terminar la jornada de trabajo y no encontrar tu sonrisa esperándome. Te extrañé por las noches, cuando no podía dormirme y no tenía la exacta medida de tu abrazo...
-Amor...
-Y no, no te extrañé. No te extrañé por las mañanas, porque apenas el sabor del café me invadía la boca, así intenso, así fuerte, sabía que eras vos. No te extrañé por las tardes, porque cuando me duchaba y el agua caliente me recorría la piel, sabía que eras vos. No te extrañé por las noches, porque un segundo antes que finalmente el sueño me atrapara y cerraba los ojos, vos estabas ahí... yo lograba sentirte.
-No sé qué decir, sos vos la de las palabras.
-No importa... nunca necesitaste de ellas, tus gestos siempre han hablado por vos.
-Uffffffffffff amor...
-Shhhhh... te amo...
-Haces bien. –sonrió guiñando un ojo.
-Jajajajajajajajajajajaja!
-Ven aquí, quiero sientas mi respuesta...


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 11: Esta semana tienes tema libre pero sin descripciones;
sólo diálogo y acotaciones.)


Si quieres, déjame aquí tu huella...

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