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domingo, 12 de mayo de 2019


Siempre me sentí diferente.
No me gustaba seguir las normas
y las únicas reglas eran las mías.
Creí que aquello nunca cambiaría
y temblé el día que supe pasaría.
La mayoría decía era una locura,
una más de las mías,
una que arruinaría mi vida.
Sin embargo, desde ese primer instante
mi alma ya vibraba diferente;
y cuando sin apenas aliento
te apoyaron en mi pecho,
mis alas se abrieron
comenzando el más magnífico vuelo.


(Estas letras pertenecen a la iniciativa, "El sombrero loco", propuesta por Gin;
y hoy, que aquí se festeja el Día de la Madre, se las dedico a mi hija, el motivo de todo...

...si así lo desean, AQUI pueden leer a los otros participantes.
Y un GRACIAS enorme a Gin, por todo, todo lo hermoso que nos ofreces día a día.)

martes, 30 de abril de 2019

Vuelo

Pensé que definitivamente ese viaje sería interminable...

Apenas llegé al aeropuerto de Heathrow, mi vuelo había sido suspendido hasta nuevo aviso; eso sumado a las horas que aún me faltaban para llegar a mi destino, no hacían que estuviese de muy buen humor. Decidí tomármelo con calma, respiré profundamente y me senté en una de las butacas. Me pondría a leer o escucharía algo de música. El aeropuerto estaba practicamente vacío, sin embargo él se sentó frente a mí.

Era un hombre atractivo, sin dudas, las miradas de las mujeres –pocas– que había alrededor, eran todas para él. Cabellos muy cortos, muy prolijo; algunas canas que le daban ese encanto de la madurez. Bien vestido, traje oscuro, Prada o Armani, seguramente. No podía dejar de observarlo, aunque él ni se dignó a devolverme la mirada una sola vez. Sacó una agenda y comenzó a escribir algo. Sus manos, cuidadas, perfectas… y de repente, no pude más que imaginarlas sobre mi cuerpo. Decidí ir por un café, debía despejarme; ese desconocido estaba despertando todas mis fantasias. Yo, que generalmente soy considerada un poco fría y distante, estaba probando una extraña excitación.

Volví con mi café y empecé a leer; él seguía allí, en sus cosas. Comencé a observarlo otra vez, como si tuviese un imán al que no podía sustraerme. Sus piernas cruzadas. Su camisa un poco abierta. Su cuello tan masculino. En ese instante alzó la vista y nuestras miradas se cruzaron. Él hizo una media sonrisa y automáticamente me mordí el labio, mientras mi pulso se disparaba. Me sentí arder, y sentí arder también sus ojos oscuros recorriendo mi piel. Nerviosa me levanté, recogí mis cosas rápidamente y me fui hasta el baño.

No había nadie… mejor. Abrí el grifo, dejé correr el agua fresca por mis manos y cerré los ojos. Hasta que escuché cerrar la puerta con llave a mis espaldas. Ahora era él quien me observaba a través del espejo. No me moví. No sentí temor sino deseo. Se acercó lentamente por detrás y se apretó a mi cuerpo. Recogió mis cabellos, haciendo que inclinase el cuello, que besó… mordió. Sus manos abrieron mi camisa y sujetaron mis pechos, sacándolos del sujetador. Sentía su excitación presionando mis nalgas. Levanté mi falda y llevé su mano a mi entrepierna, quería sintiera lo que me estaba provocando.

Hundió sus dedos en mi sexo; entraba y salía de él lentamente. Comencé a gemir y sentía esos espamos que preanunciaban mi orgasmo. Se abrió el pantalón y sentí cómo frotaba su miembro contra mi culo. Con un moviemiento delicado pero decidido, me giró e hizo que me sentara sobre el mármol. Me penetró enredando sus manos en mis cabellos. Su lengua hambrienta recorría mi boca con la misma intensidad con la que sus caderas me embestían. Mi calor lo envolvía y hacía que desapareciera dentro de mí. Ambos vibrábamos al mismo ritmo acompasado. Por momentos se detenía, dejándome empalada en su virilidad; para luego retomar con más énfasis.

Y finalmente, su voz. Un susurro… un pedido en mi oído… “…acaba conmigo…”. No hizo falta más. Sentí su caliente hombría llenando mis entrañas, en el preciso instante que me derramaba en un inevitable orgasmo.

Nuestras respiraciones comenzaban a calmarse cuando escuché el anuncio de mi vuelo. Nos miramos a los ojos, él esbozó otra vez una media sonrisa y yo, yo después de todo, me sonrojé como una adolescente que había cometido su primera gran trasgresión. Me arreglé; tomé mis cosas, y salí del baño dejándolo allí. Me dirigí a la puerta de embarque, no deseaba pensar en lo que acababa de ocurrir. Luego de unos minutos ya estaba en mi asiento. Faltaba poco para el despegue y parecía que viajaría sola; nadie llegaba para sentarse a mi lado. Miraba por la ventanilla cuando oí a la azafata indicar mi fila. Levanté la vista… era él.

Me corrijo, ese viaje definitivamente no sería interminable, sino inolvidable.




(Relato presentado al concurso de "El Tintero de Oro"
Para leer los restantes participantes te invito a pasar por aquí.)

lunes, 15 de abril de 2019

Día y noche


El último tímido rayo de sol iluminaba su rostro. Ese día también llegaba a su fin; podía posar el libro y prepararse. Comenzaba su momento favorito: la noche.


Se había pasado casi cuarenta años intentando ser la hija perfecta, la nieta perfecta, la amiga perfecta, la madre perfecta, la mujer perfecta... y ya estaba bien. De ahora en más, sería la perfecta imperfecta. Conocía sus –pocas– virtudes y sus –muchos– defectos, y finalmente se había aceptado, aún con sus pequeñas debilidades. Por fin, amparada en la oscuridad de la noche, podía maullar como la gata que sentía latir dentro suyo.




(Este microrelato pertenece a la iniciativa "Escribir jugando"
y ésta es organizada por Lídia desde su blog: "El Blog de Lídia".
Ésta es la propuesta para el mes de abril.)

jueves, 11 de abril de 2019


He llegado tarde, lo sé... pero apenas ví la propuesta de este jueves,
la inspiración me llegó pensando en ti, Gin...
...así que, aún con un poco de retraso, espero te guste tu regalo;
yo te digo otra vez "gracias", por ser y estar, de verdad;
eres un ser espléndido y es un honor ser tu amiga.



(Este texto/imagen pertenece a los "Relatos Jueveros"
y esta semana la convocatoria fue hecha por Mag desde su blog: "La trastienda del Pecado".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)

jueves, 4 de abril de 2019

La última vez

Estaba allí sentada mirando la gente pasar pero no viendo nada. No sabía cuánto tiempo llevaba ahí, ni cómo había llegado. Ni siquiera recordaba muy bien el porqué, en realidad, se encontraba en esa situación. O sí. Por eso no sabía tampoco si partir e irse de una vez y para siempre; o si levantarse y volver definitivamente; o si esperar, continuar a esperar. Pero, ¿esperar qué? ¿esperar a quién?

La verdad era que hacía meses que esperaba. Esperaba que se diera cuenta; esperaba despertar no sintiéndose insatisfecha; esperaba escuchar algo más que meras insinuaciones. Esperaba y esperaba. Creo se había pasado más de media vida esperando. Como si la responsabilidad de lo que le sucedía hubiese podido dársela a algún otro; nunca a sí misma.

Nadie pareció darse cuenta. Ni el hombre de traje, que haciéndose el interesante la observaba y sonreía de lado; ni la mujer que estaba a su lado, notablemente fastidiosa. Mucho menos la niña que jugaba de manera distraída casi sobre sus pies. Pero ella sí; ella lo supo desde el inicio.

Se puso en pie, sujetó su cabello en la nuca, acomodó su bolso en el brazo izquierdo; y comenzó a caminar. Se marchó de allí sin mirar atrás. Las puertas automáticas se abrieron y tomó aire a pleno pulmón, casi como si tuviese que viajar lejos. Y es que, en cierta forma, así era. Comenzaría el viaje más largo: el viaje de su propia vida. Esta vez ya no dejaría que nadie más condujera; lo haría ella misma. Sólo ella.

Habían existido muchas primeras veces; pero ésta no sería la crónica de otra de esas que nunca, al final, se concluyen. No. Ésta era, sin dudas, la crónica de su última vez. La última vez que ella había dejado las riendas de su propia vida en manos de alguien más. Ahora, finalmente, lo único que algunos verían, sería su espalda mientras se alejaba.

(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros"
y esta semana la convocatoria fue hecha por Neogéminis desde su blog: "Neogéminis".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)

domingo, 22 de abril de 2018

Hoy.
Un minuto y todo cambia.
Un minuto y todo ha pasado.
Un minuto y todo fluirá.
Una cinta sin principio ni final,
sólo un continuo.
Hoy...
Ahora.
Sin miradas atrás, ya pasó.
Sin vistas al futuro... aún no.
Ahora... disfruta.
Ahora... tú.
Ahora... yo.
Ahora... nosotros.
Ahora... la vida.

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 30: Enhorabuena, esta semana el tema es libre,
pero sin utilizar ni una sola vez la letra "E".)

domingo, 5 de febrero de 2017

Me había levantado temprano, sé que no tenía porqué, pero me gustaba andar de aquí para allá por la casa en esas ocasiones. La mañana era cálida y mamá había abierto todas las ventanas, esa leve brisa hacía bailar las cortinas, y yo no pude evitar hacerlo entre ellas. La abuela ya había establecido su indiscutibile reino dentro la cocina, comenzaba a sentirse el perfume de sus manjares invadiendo cada rincón.

Subía y bajaba las escaleras buscando a mi padre, finalmente lo hallé en el jardín. Se giró a mirarme, su cigarro en la mano y sus ojos en los míos. No importaba que en pocos meses fuera a cumplir mis veinticinco años, él siempre me miraría como si fuera su niña pequeña. Lo abracé sonriendo, y escuché como tocaban a la puerta. Salí corriendo a ver quién era. No hizo falta llegar hasta allí, escuchaba la voz de mi madre emocionada... era Tetè, su mejor amiga. Diez años viviendo afuera con su familia, y había vuelto por primera vez a su Buenos Aires querido, y a pasar este día junto a nosotros.

¡Andy... por Diossss... qué grande estás! –me dijo dándome un abrazo que casi me deja sin aire. Mira quien vino también ¿te acuerdas de Nacho?

Él apareció por detrás de su madre y creo que mi corazón se detuvo por un instante. Estaba más alto, más grande, más guapo. Más verdes sus ojos, más negro su pelo... más él. Más hombre.

¿Cómo podría olvidarse, si lo perseguía por todos lados? –juro que a veces mataría a mi madre.
¡Mamá! –y no pude evitar sonrojarme. Hola... cuanto tiempo.

Esos años transcurridos hacían que la diferencia entre nosotros ya no pareciera tanta. Todos fueron para dentro, y yo no fui capaz de mover un pie. Nacho se quedó mirándome, y sonriendo.

Ahora no podré llamarte más Andy... –de sus ojos parecían salir chispas.
¿Y por qué? –temía su respuesta. Soy siempre la misma...
No, no lo eres... –se acercaba peligrosamente. Ya no eres aquella adolescente... eres una mujer... una hermosa mujer.
Tú... –la emoción ahogaba mi voz, mientras mi mano acariciaba el ángulo que formaba su mandíbula.
Yo... yo no he olvidado tu promesa. –tomó mi mano y la besó.

Él había sido el primero en besar mi boca realmente. No un beso de amigos, ni al pasar, como esos cuando jugabas a “Verdad o Penitencia”. Él me había enseñado a besar. Siempre había estado enamorada de Nacho, y no me importaba que fuera mucho más grande que yo. Cuando se fue, creí se me rompería el alma. Fui allí que le prometí esperarlo. Esperarlo todo lo que hiciera falta. Y ahora él había vuelto...



...año nuevo, viejos amores.




(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 1: Escribe un relato que comience en un día de Año Nuevo.) 


martes, 31 de enero de 2017

Otro día más. Suena el despertador y ella comienza a dar vueltas, creo seguiría en la cama, más por desidía que por sueño. Los sueños ya no están, desparecieron, se le murieron según ella. Al menos es lo suficientemente temprano para no escuchar su voz, lamentándose, enfadándose con todo, con todos, con el mundo, menos con ella misma. Si pudiese sólo salir de ese rol de víctima de las circunstancias, y pelear. Pero no, a todo encuentra una justificación. Excusas.

Finalmente se levanta, arrastrando los pies, a cumplir con el rol de madre abnegada. No lo soporto. No soporto verla así.

¿Hasta cuándo? Dime... –mi rostro no mostraba piedad, a ella no le servía mi lástima. ¿Hasta cuándo piensas continuar así? O las cosas las haces por gusto, convencida de la razón por la que lo haces, o no lo haces. No te sirve a ti, no le sirve a ellos.
Ya inicias... –respondía sin siquiera alzar la vista. Yo elegí en su momento y es esto lo que toca hacer.
Pero, ¿quién lo ha dicho eso?, o ¿quién ha dicho que debe ser así, de este modo? –me daban ganas de darle una sacudida. Es un modo absurdo que te está matando.
Ojalá lo hiciera... –iniciaba la letanía patética. Ojalá tuviese el coraje de pegarme un tiro, pero ni eso.
Déjate de estupideces, ¡haz el favor! –ponía a prueba toda mi paciencia. 0

Me miró con los ojos vidriosos mientras continuaba con sus tareas de buena ama de casa.

Sabes que lo pienso cada día... –y sí, sabía perfectamente que no bromeaba. Creo que es mi única salida.
¿Tu única salida? –trataba de moderar el sarcasmo en mi voz. ¿Realmente crees que el suicidio podría ser una solución?
Sí... –por primera vez comenzaba a asustarme; siempre creí que era una penosa fantasía producto del desánimo.
Párate frente al espejo y decide cambiar aquello que no te gusta... –creo que ni siquiera me escuchaba. Mira dentro tuyo, sabes que vales mucho más que lo que se ve en superficie.
No es tan fácil... –lo mismo de siempre.
Excusas. –debía ser lapidaría.
No tengo tiempo para esto, debo hacer... –y sus gestos automáticos no escondían el vacío de su alma, yo lo sabía... lo que no sabía era qué más decir.

Pasaban las horas y los días, cambiaban las palabras y mis ironías, pero la sustancia continuaba a ser la misma. Nada servía, no reaccionaba. Ella pensaba cada día más a alguna manera de desaparecer, y yo iniciaba a no soportarla más. Ella tenía todas las justificaciones y a mí me dejaba sin ningún tipo de argumentación. Ella quería morir, pero no tenía el coraje. Y yo, yo lo tenía por las dos.

Esa mañana se levantó como siempre, con el peso de algo que no deseaba y no era capaz de cambiar. Se paró frente al espejo y lloró. Miré sus ojos e hice aquello que ella jamás se atrevería.

Hoy soy yo quien observa su reflejo en el espejo, me gusta lo que veo. Cada tanto creo escuchar su voz, pero no, ella ya no está y no volverá.



(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 19: Escribe un relato cuyo personaje atormentado sólo vea el suicidio como solución.)



martes, 24 de enero de 2017

Había comenzado la guerra y ellos habían logrado huir de Atlanta. Rhett había conseguido un carro tirado por un sólo caballo y de ese modo dejaban atrás la ciudad en llamas. Debían volver a Tara, allí podrían recomenzar.

Faltaba una hora de camino cuando él detuvo el carro y la hizo bajar de áquel. La abrazó pegándola a su cuerpo. La tomó de la barbilla e hizo mirarlo a los ojos.

Scarlett, mírame... Te quiero como no he querido nunca a ninguna otra mujer y te he esperado como no he sido jamás capaz de esperar a otra... –besó su frente, sabía que lo que estaba por hacer sería inaceptable para ella; pero, pese a todo, debía ir a esa guerra y luchar por lo que aún creía.

Ella, como presintiendo lo que él estaba por decirle, por hacer, se pegó a su cuerpo. Apoyo su rostro cansado y cubierto de lágrimas en su pecho. Sus manos recorrían la espalda de él.

No te marches, no lo hagas... –y la angustía se palpaba en voz.
Debo hacerlo, y tú estarás bien... –deseaba asegurarla, aunque ni él mismo lo estuviera. Llegarás a Tara, tu hogar, tu tierra, de allí sacas tu fuerza...

Ella apoyó su mano sobre su boca haciéndolo callar. Por un momento pensó a Melanie, desmayada por el dolor en la parte trasera del carro, y su hijo recién nacido en brazos de esa joven sirvienta buena para nada. Tal vez no sobreviviría al viaje hasta Tara, y Ashley finalmente sería libre... Y fue allí, en medio al horror y la desolación, que supo definitivamente que ello no le importaba, ya no, que su alma vibraba por otra cosa... por él.

No... tú sabes, siempre lo has sabido... –y sus ojos verdes se perdían en la oscuridad de los de él. Desde que has entrado a mi vida, me has convertido en una mujer mejor de lo que jamás imaginé... sin ti ya no hay sitio donde yo pueda ser...
Sabes lo que dicen de mí, alguien que no tiene dignidad, no soy ese caballero que tú esperas, nunca lo seré... –no podía dejar de sujetar su cintura, de sentirla contra su cuerpo.
No me interesa lo que los demás digan de ti, yo sé quién eres Rhett Butler... –las lágrimas volvían a rodar por su rostro. Y si debo suplicarte, rogarte, arrastrarme, para que no te vayas a una guerra estúpida y sin sentido, lo haré... Me tragaré mi orgullo y lo haré, porque no hay sitio en el cual yo desee estar que no sea contigo.

Y aunque una dama no debería, Scarlett lo besó. Lo besó como nunca antes ninguna mujer lo había hecho. Entonces él comprendió que había ganado la más importante de las batallas. Que tampoco existía otro sitio al mundo donde él deseara estar que no fuera al lado de ella. La estrechó aún más a él devolviendo el beso, hasta que escucharon al niño llorar. Se separaron, se miraron, y sonrieron.

Ayudó a Scarlett a subir al carro, y también él lo hizo. Ella se sujetó a su brazo, reposando finalmente la cabeza en su pecho. Siguieron el camino hacia Tara, a comenzar, a reescribir la propia historia.



(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 8: Usa una escena romántica de una película que sea reconocida y dale un giro sorprendente para cambiar totalmente esa historia.)

viernes, 6 de enero de 2017

#VDLN - 26

Mañana serán 23 años...

O podría decir que fueron 8401 días;
7531 donde la vida nos transcurrió serenamente;
esos 377 donde nos hemos reído hasta que nos dolió la panza;
también esos  250 donde nos enojamos, y hasta discutimos y guardado silencio;
esos 135 donde lloramos, ambas, una en los brazos de la otra;
esos 59 que quisieramos borrar para siempre
y esos 49 que por fortuna hemos logrado olvidar...

Pero siempre te he enseñado que los números son sólo eso, números; y no nos determinan. Lo que nos determinan son los momentos, esos instantes a corazón pleno, con el alma expuesta, y que hacen sentirnos vivos.

Entonces, podría decir que fueron esas noches donde hacía de contorsionista y me metía en tu cuna para que durmieras tranquila;
esas tardes en la plaza a volar desde una hamaca o a tratar de mostrarme valiente mientras decidías bajar por el más alto tobogán;
esa primera vez al cine y todas mi recomendaciones, tu carita maravillada y el nacer de una pasión que compartimos hasta hoy;
ese correr al hospital por lo que luego fue una apendicitis, no recuerdo haber estado tanto tiempo observando cómo dormías;
esa primera vez al mar, correr para atrapar las olas, y correr de vuelta para que ellas no nos atraparan a nosotras;
ese primer día de escuela, esas dos colitas, ese guardapolvo blanco y esos ojitos orgullosos;
esos picnics en la cama mientras mirábamos dibujitos;
también esas peleas a los gritos, esas lágrimas de rabia y ese pedirse disculpas de ambas;
ese año ganado en el secundario, y sí, ganado, porque aprendiste que nada es descontado, que vos podés con todo lo que te proponés;
ese abrazo fuerte cuando sufriste tu primera pérdida importante, donde hubiese dado lo que no tengo por evitarte el dolor...

...porque Vos sos mi mejor parte;
Vos sos mi eternidad, mi infinito;
Vos sos principio y fin de todas mis cosas;
Vos sos, a modo tuyo, toda el alma mía.

¡Feliz Cumpleaños!
Te amo... tu mamá.

viernes, 30 de diciembre de 2016

#VDLN - 25

No soy una de hacer balances... o al menos no en una fecha específica.
Pero éste fue un año especial... ¿por qué?
Principalmente, porque así lo siento,
esas "cosas" que no tienen una explicación racional,
pero te atraviesan el cuerpo y el alma,
que sabes que es un antes y después.
Tal vez porque fue el final de un recorrido donde hubo muchos cambios,
tal vez porque estuvo marcado por muchos encuentros,
tal vez porque hubo despedidas importantes,
tal vez por tantas confirmaciones...
Tal vez porque todo, o tal vez porque nada,
pero así lo siento y así es...

Y es por todo esto que dentro de (mi) Alma nace decir:
¡¡¡GRACIAS!!!



Gracias a vos que estás lejos en kilómetros y tan cerca mío, porque nos llevamos dentro.
Gracias a vos que estás de ese otro lado, porque no nos tocamos la piel pero sí el alma.
Gracias a vos que apareciste un día, porque sí y fue decir ¿por qué no?
Gracias a vos que tomaste mi mano, porque pese a todo nunca la soltaste.
Gracias a vos que contás conmigo para este viaje, porque yo también cuento con vos.
Gracias a vos que revolucionas mi mundo, porque ya sabemos que la rutina es peligrosa.
Gracias a vos que sos, porque así me dejas ser.

Gracias por cada momento e instante compartido,
y espero que podamos continuar juntos por mucho, muchísimo tiempo más...


...que tu año finalice de forma maravillosa e inicie aún mejor!!!








jueves, 8 de diciembre de 2016

#VDLN - 22


Ha llegado el tiempo de perderse.
De perderse en melodías que no digan nada,
y en aquellas que lo recuerden todo.
De perderse en palabras que de tan repetidas parezcan vacias
y en silencios que siendo tan grandes estén llenos de significado.
De perderse en esos pequeños y banales actos cotidianos
y en aquellos únicos y mágicos instantes que se grabarán en la memoria.
De perderse para encontrarse.
Encontrarse...
Encontrarme...
Encontrarte...
Y encontrarnos.
...
Encontrarnos...
haciendo que la distancia no sean esos 11.785 kilómetros,
ni las mínimas casi 17 horas de viaje;
porque vos y yo sabemos que la distancia real entre dos,
...es sólo un latido.


("La distancia", haz click para escuchar la canción de inspiración,
49 de 52 para "Contando las semanas" de Sindel.
Y si bien no es un relato, estas letras pertenecen a los "Relatos Jueveros"
y esta semana la convocatoria fue hecha por Charo desde su blog "¿Quieres que te cuente?".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)


jueves, 24 de noviembre de 2016

20/04/1993
Hoy cumplo 17 años.
Un año más y comenzaré con todos mis sueños. Irme a vivir sola, a la Capital. Encontrar un trabajo. Seguir estudiando. Debo averiguar cómo es lo de arquitectura de interiores. Quiero viajar. Desde que tengo memoria digo que tengo que conocer Roma, la capilla sixtina... y esa plaza.
Aunque ahora está él. Pero no creo tenga historias... él puede dedicarse a la música o a algo artístico... En definitiva, hasta hace dos días parecía que nuestros caminos se separaban para siempre, y sin embargo, acá estamos.
Ufffff que día intenso será hoy... mejor me preparo.


23/04/1993
¿A quién se le ocurre?
Me pregunto a quién se le puede ocurrir hacerme determinadas preguntas estando en mi casa y con mi vieja dando vueltas... ¡a él!
Preguntarme si tenía un atraso... ¡Dios! ...y obvio que escuchó quien no debía y se armó la de San Quintín!! Estos días discusiones infinitas y obviamente turno con la ginecóloga... todo por un atraso... y seguro son los nervios... en fin.


25/04/1993
¡Paren el mundo que me quiero bajar!
El test dió POSITIVO... no podía creerlo... no puedo ahora... hasta soplé esa tirita para ver si cambiaba el resultado... no sé ni qué decir. En 3 días me hago el análisis de sangre... tiene que ser un error... no se puede confiar del todo en esos test.
Igual, obviamente, se lo conté a él... lloraba de la alegría... ya dice que será niña... dentro de 3 días también llegan sus padres, los cuales no me conocen... otra vez, ¡¡paren el mundo!!


28/04/1993
Definitivo... POSITIVO
Tuve el papel del análisis todo el día en mi bolsillo... también cuando fui a la casa de él a conocer a sus padres... ahora sólo queda decidir qué hacer... casi nada... ¿qué hago? ¿qué mierda hago?


02/05/1993
Decidido: me caso.
Quiero ser yo a decidir el camino a seguir y eso significa asumirse las responsabilidades y consecuencias de la elección hecha. Ahora hay que apurarse, mis suegros se van, se vuelven...


11/05/1993
Vox populi: en 10 días casamiento.
Avisada la familia, más de uno se cayó de culo.
Avisados los amigos, más de uno sigue pensando que es joda.
Avisada la escuela, que horror habrán pensado, pero mientras se pague ahí sigo.
10 días... no un año, 10 días.

21/05/1993
Hoy... hoy es el día.
Hoy se comienza.
Hoy es mañana.



(Estas letras pertenecen a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Pepe desde su blog "Desgranando Momentos".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)



viernes, 18 de noviembre de 2016

#VDLN - 19


A veces necesito alejarme,
tomar distancia.
Separarme de todo,
de todos,
del mundo.
Mirar desde arriba... o desde abajo,
o simplemente, desde esta otra orilla.
Porque no me arrepiento pero extraño.
Porque extraño pero no lo digo.
Porque no lo digo y así tal vez parece menos.
Porque no hay porqués válidos sólo lo que (el) Alma siente.
Porque debo estar mal hecha.
Porque necesito estar sola pero en compañía...
...sola pero con vos.




"...♫ ...acompáñame al silencio
de charlar sin las palabras
a saber que estás ahí y yo a tu lado.
Acompáñame a lo absurdo de abrazarnos sin contacto
tú en tu sitio, yo en el mío
como un ángel de la guarda
acompáñame a estar solo... ♫..."





viernes, 28 de octubre de 2016

#VDLN - 16

Antes que termine este viernes, es mejor si...




Porque cuando me siento perdida, me refugio en vos...
Porque sos esa luz que ilumina mi alma en los días oscuros...
Porque cuando tus aguas bañan mi orilla, me siento plena...
Porque nos amamos en nuestras altas y bajas mareas...
Porque nos encontramos, nos reconocimos...
Porque estamos y somos...
Y porque al menos vos en el universo...


"...♫ ...Tu, tu che sei diverso,
almeno tu nell’universo,
non cambierai,
dimmi che per sempre sarai sincero
e che mi amerai davvero di più,
di più, di più... ♫..."



viernes, 30 de septiembre de 2016

#VDLN - 12

Es ya viernes y...




Dicen que no hay fuerza más grande
que la del pensamiento;
y es allí donde quiero me lleves,
donde deseo me tengas...

...que cuando camines
y tus pies desnudos dejen sus huellas
pienses en mí y en mi piel...
...que cuando el sol esté más alto
y abrase tu cuerpo,
pienses en mí y en el calor de mi voz...
...que cuando pasees en una tarde cualquiera
y el viento roce tu cara,
pienses en mí y en las caricias de mis manos...
...que cuando estés frente al mar
y sientas su fuerza en cada una de sus olas,
pienses en mí...

...y en ti.








Si quieres, déjame aquí tu huella...

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