Había comenzado la guerra y ellos habían logrado huir de Atlanta.
Rhett había conseguido un carro tirado por un sólo caballo y de ese modo dejaban atrás la
ciudad en llamas. Debían volver a Tara, allí podrían recomenzar.
Faltaba una hora de camino cuando él detuvo el carro y la hizo
bajar de áquel. La abrazó pegándola a su cuerpo. La tomó de la barbilla e hizo
mirarlo a los ojos.
Scarlett, mírame... Te quiero como no he querido nunca a ninguna otra mujer
y te he esperado como no he sido jamás capaz de esperar a otra... –besó su
frente, sabía que lo que estaba por hacer sería inaceptable para ella; pero,
pese a todo, debía ir a esa guerra y luchar por lo que aún creía.
Ella, como presintiendo lo que él estaba por decirle, por hacer,
se pegó a su cuerpo. Apoyo su rostro cansado y cubierto de lágrimas en su
pecho. Sus manos recorrían la espalda de él.
No te marches, no lo hagas... –y la angustía se palpaba en voz.
Debo hacerlo, y tú estarás bien... –deseaba asegurarla, aunque ni
él mismo lo estuviera. Llegarás a Tara, tu hogar, tu tierra, de allí sacas tu
fuerza...
Ella apoyó su mano sobre su boca haciéndolo callar. Por un momento
pensó a Melanie, desmayada por el dolor en la parte trasera del carro, y su hijo recién nacido en brazos de
esa joven sirvienta buena para nada. Tal vez no sobreviviría al viaje hasta
Tara, y Ashley finalmente sería libre... Y fue allí, en medio al horror y la
desolación, que supo definitivamente que ello no le importaba, ya no, que su alma
vibraba por otra cosa... por él.
No... tú sabes, siempre lo has sabido... –y sus ojos verdes se
perdían en la oscuridad de los de él. Desde que has entrado a mi vida, me has
convertido en una mujer mejor de lo que jamás imaginé... sin ti ya no hay sitio
donde yo pueda ser...
Sabes lo que dicen de mí, alguien que no tiene dignidad, no soy
ese caballero que tú esperas, nunca lo seré... –no podía dejar de sujetar su
cintura, de sentirla contra su cuerpo.
No me interesa lo que los demás digan de ti, yo sé quién eres
Rhett Butler... –las lágrimas volvían a rodar por su rostro. Y si debo
suplicarte, rogarte, arrastrarme, para que no te vayas a una guerra estúpida y
sin sentido, lo haré... Me tragaré mi orgullo y lo haré, porque no hay sitio en
el cual yo desee estar que no sea contigo.
Y aunque una dama no debería, Scarlett lo besó. Lo besó como nunca
antes ninguna mujer lo había hecho. Entonces él comprendió que había ganado la
más importante de las batallas. Que tampoco existía otro sitio al mundo donde
él deseara estar que no fuera al lado de ella. La estrechó aún más a él devolviendo
el beso, hasta que escucharon al niño llorar. Se separaron, se miraron, y
sonrieron.
Ayudó a Scarlett a subir al carro, y también él lo hizo. Ella se
sujetó a su brazo, reposando finalmente la cabeza en su pecho. Siguieron el camino hacia Tara, a
comenzar, a reescribir la propia historia.
Es el número 8: Usa una escena romántica de una película que sea reconocida y dale un giro sorprendente para cambiar totalmente esa historia.)