Mostrando las entradas con la etiqueta encuentros. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta encuentros. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de febrero de 2020


Si alguien hubiese tenido que describir a Alma, seguramente hubiese dicho que era una niña que soñaba demasiado. Miraba el mundo siempre con ojos curiosos y, a pesar de tener las rodillas lastimadas por tanto tropiezo, no dejaba de alzarse e intentarlo una vez más.

Un día, sus pasos –o tal vez fueron sus alas, esas que para no olvidarse quién era se había dibujado en la espalda-, la llevaron hasta el mar, ese sitio donde podía sentirse sí misma, sin límites ni barreras. Y fue allí que la encontró, la conoció... ella, la Luna.

Al inicio fue un tibio reflejo, parecía como que ninguna de las dos deseaba asustar a la otra con la propia impulsividad, las propias ganas de saberlo todo. Pero la atracción es algo inevitable y ni queriendo podían no buscarse. Parecía que llevaban varias vidas siendo amigas, conociéndose. Las experiencias y sentimientos tan parecidos, tan vividos, tan de ambas.

Desde ese día no volvieron a separarse. Se contaban todo; hasta compartían los silencios, esos que estaban tan llenos de significado y que ambas entendían tan bien. Luna y Alma; dos seres que la vida y las circunstancias habían unido, mucho, muchísimo tiempo antes de encontrarse.


(Este microrrelato pertenece a los "Relatos Jueveros"
y esta semana la convocatoria fue hecha por Demiurgo desde su blog: "El Demiurgo de Hurlingham".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)

sábado, 23 de marzo de 2019

No sabía explicar cómo se sentía, pero no estaba bien y eso era evidente. De un tiempo a esa parte estaba sin ganas de nada; se limitaba a un pasar de las horas, de los días; todo en la más completa y monótona rutina. Vacía. Tal vez esa era la palabra exacta, aquella que fielmente la representaba en esos momentos. Nada lograba quitarla de ese estado... hasta aquella mañana.

Antes de ir al trabajo, pasó por el bar; la costumbre del capuchino y el croissant eran de las pocas cosas que no habían cambiado. Caminaba distraída y estaba por entrar, cuando se topó con un hombre al que no había visto antes. No pudo evitar el gesto de sorpresa cuando, levantando la vista del suelo, encontró esos ojos negros que la atravesaban.  Alzó una ceja y abrió la boca para decir algo, pero ningún sonido salió de ella. Simplemente inspiró todo el aire que cabía en sus pulmones, y con ello también su perfume. Él la hizo pasar sin decir una palabra, pero sin dejar de observarla. Ella entró, sonrojándose al pasar a su lado; su imaginación siempre le había hecho trampas.

Eyyy... pensé que ya no venías esta mañana... –la saludó Caro, la chica del bar, sacándola de la nube de sus pensamientos. ¿Cómo te sientes?
Pues ya me ves, parezco una tortuga de lo lenta que voy últimamente... –respondió sentándose en la barra y pidiéndole lo de siempre.

Se pusieron a conversar mientras ella desayunaba, estaban prácticamente solas y aún tenía poco más de media hora. Con el rabillo del ojo observaba al  hombre que se había cruzado al entrar. Solo; bien vestido; elegante en sus maneras; abstraído en su mundo; serio, tal vez demasiado. Vió que se levantaba y se dirigía donde estaba ella; pagó la cuenta y se marchó, pero dejó el periódico allí. Sin un motivo o quizás sólo por su innata curiosidad, tomó el periódico; enseguida notó algo escrito al pie de la página.

“No importa la velocidad de tus pasos, sino la claridad de tu rumbo.”  No podía quitar la vista de aquellas palabras. Esa caligrafía prolija, precisa; decididamente masculina. ¿Acaso la frase sería para ella? ¿Había escuchado su conversación? No sabía si ofenderse por la indiscreción o sentirse halagada por la atención. Sacudió la cabeza, como tratando de quitarse esas ideas y pensamientos; al fin y al cabo era un desconocido, y seguiría siéndolo.

Fue así hasta la mañana siguiente. Entrando al bar giró la cabeza instintivamente  hacia la mesa donde el día anterior se había sentado aquel hombre. Y allí estaba. Parecía que esperaba a a alguien, y eso la cabreó. Ahora se comportaba como una niña; pero ¿qué motivos tenía ella para ponerse de ese modo? Ninguno; él seguía siendo el mismo desconocido del día anterior, aunque esa idea era lo que parecía disgustarla.

Casi ni abrió boca;  el bar estaba lo suficientemente lleno como para que Caro ni lo notara. Algunos minutos después, él se acercó nuevamente a la barra y, como la mañana anterior, pagó la cuenta y se marchó, dejando el periódico allí. Apenas se cerró la puerta ella lo tomó y buscó, apresurada, alguna señal. Y allí estaba, otra vez. Sólo una frase que la hizo temblar toda.

“A veces, no hay nada más elocuente que el silencio.”  Era para ella sin duda. Sino sería una coincidencia demasiado grande, y ella no creía en las coincidencias. De todos modos, la pregunta que continuaba girando en su cabeza era ¿qué le hacía suponer a ese hombre que ella habría leído lo que él escribía en un periódico cualquiera? Comenzó a cabrearse otra vez; ¿desde cuándo permitía que alguien asi penetrara en su cabeza; dominara sus pensamientos; merodeara en  sus sensaciones? Aún así pensó en él todo el maldito día, y eso la enfurecía más.

Siguió yendo al bar cada mañana, a pesar  de decirse una y otra vez que sería la última. Y como cada mañana, él estaba allí; y después de un rato se marchaba dejando alguna frase en el periódico del día. Luego de una semana, cuando infaltablemente él abandonó el bar y ella, como una felina curiosa, no se resistió a buscar lo que habría escrito; deseó salir corriendo detrás para preguntarle ¿quién diablos se pensaba que era?  Pero no, no lo hizo. Como siempre pudo más su timidez que su furia; aunque ésta la hizo pensar en  cómo encararlo. Decidió que no pasaría del día siguiente. Tímida sí, cobarde jamás.
 
Así fue hasta la mañana siguiente en que lo vió sentado en la misma mesa de todos esos días. Lo observó por unos cuantos minutos, mientras terminaba su capuchino, sin decidir si acercarse de una vez por todas. Hasta que lo vió consultar su reloj, y supo que se marcharía otra vez. La verdad es que nada tenía que perder.

¿Puedo...? –preguntó sentándose atrevidamente frente a él.
Finalmente... te estaba esperando. –y sonrió complacido.


viernes, 2 de febrero de 2018

#VDLN - 81

"Un buen destino es que dos personas se encuentren,
cuando ni siquiera se estaban buscando."

domingo, 5 de febrero de 2017

Me había levantado temprano, sé que no tenía porqué, pero me gustaba andar de aquí para allá por la casa en esas ocasiones. La mañana era cálida y mamá había abierto todas las ventanas, esa leve brisa hacía bailar las cortinas, y yo no pude evitar hacerlo entre ellas. La abuela ya había establecido su indiscutibile reino dentro la cocina, comenzaba a sentirse el perfume de sus manjares invadiendo cada rincón.

Subía y bajaba las escaleras buscando a mi padre, finalmente lo hallé en el jardín. Se giró a mirarme, su cigarro en la mano y sus ojos en los míos. No importaba que en pocos meses fuera a cumplir mis veinticinco años, él siempre me miraría como si fuera su niña pequeña. Lo abracé sonriendo, y escuché como tocaban a la puerta. Salí corriendo a ver quién era. No hizo falta llegar hasta allí, escuchaba la voz de mi madre emocionada... era Tetè, su mejor amiga. Diez años viviendo afuera con su familia, y había vuelto por primera vez a su Buenos Aires querido, y a pasar este día junto a nosotros.

¡Andy... por Diossss... qué grande estás! –me dijo dándome un abrazo que casi me deja sin aire. Mira quien vino también ¿te acuerdas de Nacho?

Él apareció por detrás de su madre y creo que mi corazón se detuvo por un instante. Estaba más alto, más grande, más guapo. Más verdes sus ojos, más negro su pelo... más él. Más hombre.

¿Cómo podría olvidarse, si lo perseguía por todos lados? –juro que a veces mataría a mi madre.
¡Mamá! –y no pude evitar sonrojarme. Hola... cuanto tiempo.

Esos años transcurridos hacían que la diferencia entre nosotros ya no pareciera tanta. Todos fueron para dentro, y yo no fui capaz de mover un pie. Nacho se quedó mirándome, y sonriendo.

Ahora no podré llamarte más Andy... –de sus ojos parecían salir chispas.
¿Y por qué? –temía su respuesta. Soy siempre la misma...
No, no lo eres... –se acercaba peligrosamente. Ya no eres aquella adolescente... eres una mujer... una hermosa mujer.
Tú... –la emoción ahogaba mi voz, mientras mi mano acariciaba el ángulo que formaba su mandíbula.
Yo... yo no he olvidado tu promesa. –tomó mi mano y la besó.

Él había sido el primero en besar mi boca realmente. No un beso de amigos, ni al pasar, como esos cuando jugabas a “Verdad o Penitencia”. Él me había enseñado a besar. Siempre había estado enamorada de Nacho, y no me importaba que fuera mucho más grande que yo. Cuando se fue, creí se me rompería el alma. Fui allí que le prometí esperarlo. Esperarlo todo lo que hiciera falta. Y ahora él había vuelto...



...año nuevo, viejos amores.




(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 1: Escribe un relato que comience en un día de Año Nuevo.) 


jueves, 11 de agosto de 2016



Ella era una mujer en tierra extranjera. Una mujer buscando respuestas.

De día, sus huellas se perdían en la arena de esas grandes dunas. Caminaba detrás de las historias del antiguo Egipto. Sus pies se hundían en la arena tan profundamente como sentía que estaba su alma.

Al caer la tarde, su figura recorría las calles de la ciudad. Los últimos rayos de sol iluminaban las telas que los marchantes iban guardando para el día siguiente. Una leve brisa movía los abanicos de las palmas, mitigando el calor de su cuerpo. Sus pasos sin rumbo, se dejaban llevar por ese perfume exótico, mezcla de tierra y especias.

Mientras paseaba entre aquellas estrechas y ocres calles, cerró por un instante los ojos; inspirando ese aire que sabía a libertad. Iba inmersa en sus propios pensamientos, todo rumor había desaparecido, era la calma a cubrirla. Giró en una esquina y literalmente chocó con él, dos seres en una misma trayectoría. Su mirada se clavó en ella, dejándola sin palabras, sin respiro.

En un gesto involuntario, sus manos se habían apoyado en el pecho de él. Sabía que era una imprudencia, algo que no debía... sin embargo, no podía dejar de sentir esos latidos. Como si cada uno de ellos dijieran su nombre. Fueron segundos que duraron una eternidad.

Cuando ella se apartó, él tomó su mano para posarla aún sobre su pecho, justo en medio.

Ruhi... –susurró él. Ruhi...

Ella no sabía qué significaba, pero lo sentía. Su voz llamaba a una parte de ella tan profunda, tan olvidada. Desde esa noche no lograron separarse, porque simplemente se pertenecían.


Ella había necesitado perderse para encontrarse.



(Estas letras pertenecen a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Noa desde su blog "Hidden words".
Te invito a leer al resto de los participantes aquí!)



lunes, 1 de agosto de 2016

Nosotros dos dentro una habitación
y el mundo entero en tu mirada.
La luz del amanecer
hará una acuarela de nuestros cuerpos
donde las mareas del amor
habrán dejado las huellas de la pasión.
Y serás el que siempre has sido
el que sabe, el que siente
todas las tonalidades de (mi) Alma
el que sin tiempo, se hace eterno.



("Acuarela", haz click para escuchar la canción de inspiración,
31 de 52 para "Contando las semanas" de Sindel)




viernes, 22 de julio de 2016

#VDLN - 2

Y ya estamos a viernes otra vez y llega...



...esta semana, allá por mis tierras, se ha celebrado el "Día del amigo"; por lo cual en un primer momento había pensado a un clásico "Friends will be friends" de Queen... y aunque es una de mis bandas favoritas, hay una canción que significa aún más para mí... sobre todo en la distancia; que es sólo física, porque los verdaderos amigos hacen parte de uno, y están siempre, de una manera u otra.


Y como todos los días son buenos para festejar junto con un amigo, yo hoy lo hago con vos...

"...♫ ...And say you’ll hold
a place for me
in your heart... ♫..."


miércoles, 18 de mayo de 2016

“...♫ ...Vuelvo al Sur,
como se vuelve siempre al amor,
vuelvo a vos,
con mi deseo, con mi temor.

Llevo el Sur,
como un destino del corazón,
soy del Sur,
como los aires del bandoneón... ♫...”





Y sí, vuelvo, vuelo a mi Sur. A mi Baires, donde (mi) Alma se recarga y renace.
Volveré a caminar por sus calles, a sentir su perfume, oír su voz sin igual, a reconocerme en sus ojos.
Lo deseo... lo necesito...
Por eso, por si venís a visitarme, ya sabés... ésta es tu playa también, por lo que queda abierta para que (me) dejes tus huellas. Por mi parte, haré lo posible por responderte, y porqué no, visitarte.

Te dejo un besote grande y un abrazo fuerte fuerte... nos vemos a la vuelta!!


(Por cualquier cosa, aquí en el lateral encontrarás mi mail, me escribes y nos tenemos en contacto... ♥)



lunes, 7 de marzo de 2016

Te prometo escuchar cada palabra que salga de tu boca,
y también cada una de esas que calles.
Te prometo mirarte a los ojos cuando esas palabras no basten,
cuando sean demasiadas... o demasiado pocas.
Te prometo no soltar tu mano,
no por obsecuencia, sino por confianza.
Te prometo que no habrá arrepentimientos,
ni por los pasos dados ni por los gestos hechos.
Te prometo que jamás dejaré de intentarlo,
aunque seguramente seguiré equivocándome.
Y todas estas promesas te las hago a Vos.
Sí a vos...
...a Vos que me mirás detrás del espejo.






("Promesas" haz click para escuchar la canción de inspiración, 10 de 52 para "Contando las semanas" de Sindel)



lunes, 8 de febrero de 2016


Mi imagen se refleja en tus ojos,
y tu boca pronuncia mi nombre.
Vos sentís de perderte entre mis piernas,
y yo siento de encontrarme entre tus brazos.
La pasión envuelve tu cuerpo,
y el amor acaricia mi alma.
Y es en la fragilidad de ese instante,
donde nace toda la fuerza de seguir adelante.
La tuya... La mía...
La nuestra.


("Fragilidad" haz click para escuchar la canción de inspiración, 6 de 52 para "Contando las semanas" de Sindel)



jueves, 28 de enero de 2016

-Hola... Nos encontramos otra vez; últimamente se da muy seguido.
-Es verdad... Es como que necesitaba hacerlo, necesitaba escucharte.
-Pero ¿por qué ahora? ¿Qué cambió?
-No sé...Tal vez antes estaba más concentrada en otras cosas..., en otras personas. Ahora me tomo mis espacios, mis tiempos.
-¿Y eso está mal? ¿Es de egoísta hacerlo?
-No, absolutamente no. Muchos suelen confundir el sano amor propio con egoísmo. Pero yo aprendí que si no te querés, si no sos feliz con vos misma, es difícil lograr serlo con otro. Llega un momento donde te quebrás.
-¿Te arrepentís de algo? ¿Crees que podrías haber hecho las cosas diferentes?
-Muchas cosas podría haberlas hechas diferentes, siempre se puede hacer de modo diverso... Sobre todo si lo analizo ahora, con la experiencia del después. Pero arrepentirme no, no me arrepiento de nada; porque cada elección que hice creo que fue, no sólo la mejor opción en ese momento, sino que me trajo, nos trajo a este punto. Cada uno de nosotros es una consecuencia de las decisiones que toma.
-Suena lindo pero como muy teórico ¿es real?
-Para mí sí... ¿Querés que te diga que me hubiese gustado recorrer el mundo? ¿Conocer gente? ¿Leer más; estudiar otras cosas? ¿Divertirme más; experimentar más?
-Algo así... Así suena más real.
-Bueno, no niego que tengo mis días... Días en los que pienso en que todo hubiese sido diferente “y si...” Pero después están esos otros, los más, en que me veo y veo a mi alrededor, y digo “y sí, hiciste bien... valió la pena...”.
-Será mi eterno inconformismo, esa parte de rebeldía adolescente..., ¿te acordás cómo era?
-¡Por supuesto que me acuerdo! Valorar lo que se tiene no es conformarse... Y siempre se puede soñar con más... Aún también conservo esa parte de rebeldía adolescente muy viva dentro mío... Aún te conservo muy viva dentro mío.




(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Mirella desde su blog "Divagaciones nocturnas".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)




jueves, 21 de enero de 2016

El autobus estaba lleno, como siempre a esas horas. Volver del trabajo se convertía día a día en una odisea. Subí, señé el boleto como pude y traté de ir hacia atrás..., tenía algunos minutos de viaje.

Obviamente de un lugar para sentarse ni hablar. Me quedé en pie, sosteniéndome con una mano y con la otra revisando los mensajes del celular. Evaluaba la posibilidad de ir a cenar de mis padres, tenía la cabeza nublada de pensamientos. Tal vez lo mejor sería ir a mi departamento, una ducha relajante, buena música y algo ligero de comer..., al fin y al cabo al otro día debería ir a trabajar otra vez.

Estaba tan absorbida en mis reflexiones que no noté su presencia detrás de mí. Hasta que sentí unos dedos correrme el cabello muy suavemente y su rostro en mi nuca; como queriendo respirar todo mi perfume. Por una extraña razón esto no me disgustó, al contrario, me excitó. Igualmente me dí la vuelta para enfrentarlo y decirle algo; pero me quedé muda ante su mirada. Me perdí en el mar de sus ojos sin poder articular palabras.
El autobus frenó de golpe y mi celular cayó al suelo. Él se inclinó a recogerlo y me lo dio. Sin ni siquiera mirar, lo coloqué en el bolsillo y soné la campanilla, debía descender.

¿Qué había pasado? ¿Quién sería ese completo desconocido que en un sólo momento me había revolucionado por entera? ... Continuaba a pensar en ello cuando sentí vibrar el celular en mi bolsillo, un mensaje. Lo tomé y vi que no era mi teléfono. “¿Y ahora?” pensé. Reconocí como proprio el número que enviaba el mensaje.

“Sabía que un día te encontraría. Reconocí tu perfume..., tu esencia..., tu alma. Me he enamorado... Así que detente... Voy a tu encuentro... Voy por ti.”



(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Pepe desde su blog "Desgranando momentos".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)



martes, 12 de enero de 2016

Desencuentro

Ese instante en que nos perdimos,
en que no supimos comprendernos,
apoyarnos,
acompañarnos,
sernos...
Ese momento en que dejó de ser nuestro camino,
para ser el tuyo, y el mío,
separados,
diferentes,
distantes...
Ese desencuentro que marcó un fin...

...o tal vez no.

Tal vez fue el inicio de todo,
tal vez fue el comienzo del verdadero encuentro.


[La propuesta hizo que recordara una publicidad italiana del año apenas pasado, en la que basé mis palabras... a veces lo que nos parece un final es sólo el comienzo de algo mejor... haz click aquí!]


("Desencuentro" haz click para escuchar la canción de inspiración, 2 de 52 para "Contando las semanas" de Sindel)



jueves, 10 de diciembre de 2015

Un día te cansas...

Te cansas de que los únicos sueños sean aquellos que haces con los ojos cerrados, y en las pocas horas que logras dormir por las noches.
Te cansas que los proyectos para el futuro sean esos oxidados recuerdos, que un día iniciaste a colocar en los cajones de tu alma.
Te cansas de esas sonrisas forzadas, de esa rabia contenida, de esa alegría perdida.

Entonces, un día abres una ventana y el viento golpea en tu cara. Cierras los ojos y piensas a cuando te quedabas mirando la Luna desde la terraza. O la puesta del Sol desde la hamaca de la plaza. Y decides.

Decides tirar esas flores que se han marchitado a la espera de tiempos mejores.
Decides que es hora de leer esos libros los cuales has dejado que junten polvo por mucho tiempo.
Decides recoger los deseos olvidados, la felicidad pretendida, la esperanza reencontrada.
Decides armar la valija, la llenas con todas esas ilusiones nuevas, y partes.

Partes para recomenzar.


(10 de abril 2003)





(El 10 de abril de 1912 partió desde el puerto de Southampton el Titanic
...lamentablemente nunca llegó a su destino.
Yo lo hice 91 años después y recomencé.)




(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Dorotea desde su blog "Lazos y raíces".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)




domingo, 29 de noviembre de 2015

Vecino ...final.

¿Te parece si cenamos aquí? –me preguntó mientras colocaba un mantel y dos vasos comunes sobre la mesita que se encontraba delante del sofá.
Sí, por mí no hay problema... –e iniciaba a relajarme. ¿Puedo encender la televisión?
Puedes hacer todo aquello que desees... –me respondió sonriendo hasta con los ojos.

Cenamos cómodamente sentados en el sofá, conversando y escuchando música en la televisión; pero comencé a sentir un poco de frío e, involuntariamente, temblé. Esperé que Daniele no lo notara, porque pese al cansancio quería seguir allí con él más que cualquier otra cosa. Pero él se giró, tomó una manta de detrás del sofá y me cubrió, abrazándome.
¿Mejor? –me preguntó acercándose a mi rostro.
Sí, mucho mejor... –inicié a responder. Gracias, pero…
Tranquila, te he dicho que estás en tu casa... –dijo y no dejaba de mirarme a los ojos. ¿Qué deseas?
¿Cómo? –tuve miedo de no entender qué quería decir realmente.
¿Quieres un té? –respondió sonriendo de lado. Siempre viene bien un té…
Ahhh… Sí, claro. –y por un momento me sentí confundida. Este hombre parecía un adolescente a ratos. Había hablado sin parar, yendo y vieniendo, mostrándome cosas, explicándome de su trabajo. Loco, rematadamente loco …pero encantador.
Pero me da cosa separarme de ti y no será cuestión de llevarte conmigo... –susurró casi a mi oído.

Entonces, no hagas nada y…, quédaTe. –ironicé en el “te” final, poniendo cara de niña y abriendo mucho mis ojos.
Perfecto, porque no deseo más que besarte... –agregó. Y ha de ser sí o sí…
¿Seguro? –lo desafié más que preguntarle.
¿Dudas? –y su mirada se clavó tan incisivamente en mí que sentí incendiarme la piel y la sangre.

No esperé a que él hiciera algo. Simplemente me senté a hojarcadas sobre sus piernas, tomé su rostro entre las manos y lo besé. Noté sus manos en mi espalda, quietas primero, recorriéndola después. Mi lengua no dejaba de saborear cada rincón de su boca, lo hacía lentamente. Mordisquié su labio y subí por su mandíbula, besándolo, hasta su lóbulo, que lamí. Pasé mis dedos entre los cabellos de su nuca y llevé su cabeza hasta mi seno. Daniele era tan hábil…, cuidadoso en sus movimientos…, se notaba su experiencia. Suavemente me recostó sobre el sofá y…


Desperté en su habitación..., en su cama y el perfume del café invadió mis pulmones …otra vez. No encontré mi ropa por lo que me puse su camisa y descalza fui hasta la cocina.
¡Buenos días dormilona! Mmmm… Tu perfume...  –saludó Daniele girándose apenas entré y depositando un pequeño beso en mi boca.  Estaba probando tu nueva máquina de café… ¿cómo lo quieres?


martes, 17 de noviembre de 2015

Donde se encuentra el alma ...final.

¿Vamos? –preguntó ella entre desafiante y espectante.
Obviamente... –respondió sonriendo de lado. ¿Dónde me llevas?
Por ahí... –e inició a caminar. Ahhh, por cierto, mi nombre es Alma.

Por una extraña razón Leo lo supo. Llevó su mano al bolsillo y sacó la tarjetita del negocio que horas antes había visitado. “Donde se encuentra el alma”. Definitivamente, destino. Se apuró hasta alcanzarla.

Habían pasado algunas horas. Alma no paró de hablar, pero a Leo le gustaba oirla. Le gustaba ese modo en el que se sonrojaba su rostro y cómo probaba a cubrirse con sus manos. Esa forma de mirarlo, como si lo que estuviese contando fuera lo más interesante del mundo. Y esa manía de mordisquearse el labio.
Interesante esto del “Street Food”... –comenzó a decir Leo y ya le brillaban los ojos. Aunque si después del regalo, había imaginado un clásico plato de la cocina italiana…
No tenía con qué... –respondió apurada Alma, un poco nerviosa por la observación.
¿Y sería muy atrevido de mi parte pedirte un verdadero “espresso”? –preguntó Leo acercándose a su oído. Es que me ha dado curiosidad esa nueva máquina que me has contado tienes.
Atrevido, sí…, pero terriblemente tentador... –dijo Alma mordiéndose el labio nuevamente.

Pasaron delante del negocio, Leo no dijo nada, y subieron. Todo el primer piso era su departamento, amueblado con el mismo buen gusto del negocio. Los espacios eran abiertos, grandes y luminosos.
Este es mi refugio... –dijo Alma y con la mano le mostraba el alrededor. Ponte cómodo…
¿Segura? –respondió Leo con picardía en los ojos.

Alma sirvió el café... Lo tomaron y las horas seguían pasando. Ella sentía de conocerlo desde siempre. Conversaban animadamente, provocándose ambos, hasta que sonó el celular de ella, que se apartó para responder.
Hola… no, estoy en casa… no, no… cierra tú con tus llaves… sí, ok, nos vemos mañana en algún momento… sí… yo también te quiero… chau... –se giró para explicar: Era mi madre… el negocio de aquí abajo es mío y es la hora de cierre…
Bueno… me marcho, así te dejo con tus deberes... –dijo Leo simulando no haber escuchado la conversación.
Absurdamente a Alma se le detuvo el corazón, al fin y al cabo era un desconocido pero… Lo vió acercarse lentamente hasta ella, parándose a escasos centímetros de su rostro.
Podría también quedarme, sólo debes pedírmelo... –y con su mano le alzó el mentón.
Si basta tan poco... –dijo Alma temblando. Quédate…
Leo apoyó sus labios en los de ella, suavemente, apenas los rozaba. Mirándola a los ojos, los delineó con su lengua. Alma suspiró y cerró los ojos. Él siguió besándola, hasta llegar al lóbulo de su oreja.
Si quieres que me frene, dilo ahora... –susurró Leo.
No lo hagas… no te frenes... –pronunció Alma pasando su mano por la nuca de él, acercándose a su boca.

Él la alzó en brazos y ella lo rodeó con sus piernas a la altura de sus caderas. Siguieron besándose en aquellos pocos pasos que los separaban de la cama. Ahí, Alma se dejó caer de espaldas mientras observaba a Leo quitarse la ropa. Y él lo hacía lentamente porque le gustaba verla ruborizar, lo excitaba. Se quedó mirándola por algún segundo y luego comenzó a recorrerle las piernas, hasta llegar al cierre del jeans, que bajó despacio mientras sus ojos se clavaban en ella. Alma temblaba, jamás había deseado a alguien tanto. Leo continuó a desvestirla; se acercó a su oído en el momento de quitarle el sujetador.
Ahora seré yo a morderte los labios... –Leo mordisqueó su lóbulo, bajo por su cuello e inició a tormentar sus pezones. Primero uno y luego el otro. Alma pasó sus manos por la nuca de él, que bajó por su vientre hasta su sexo, donde se perdió saboreándola. Ella arqueó la espalda y pronunciando su nombre le pidió que la hiciera suya. Leo volvió a trepar hasta su boca, que besó hasta casi quedar sin aire.
Yo ya soy tuyo... –susurró él en el momento que la pasión inundaba las entrañas de ella.
Bebió su aliento, cada uno de sus jadeos; pues, aunque ella no lo dijiera, sabía que ya era suya, de él. Se convulsionaba sobre ella, penetrando suave, dejando que lo inundara por completo, mientras sentía las uñas de ella clavarse como garfios en su espalda. Le comía la boca, como si eso le diera fuerza. La atrapaba entre sus brazos, presionándola contra su pecho. Le daba su aliento, parecía no querer perderla.

Leo le dejó espacio para que recuperara la respiración, pero no cesó en mimarla, abrazarla, besarla… Él también necesitaba recobrar la calma después de tanta intensidad; pero en algún momento se quedaron dormidos. Y cuando los primeros rayos del sol se colaron por la ventana, Alma dormía sobre el pecho de Leo. Apenas se separó un poco, no deseaba despertarlo; y se detuvo algunos minutos para observarlo. Se lo veía tan sereno, tan bien ahí donde estaba, como si ese lugar le perteneciera desde siempre.

Siempre… El lugar donde se encontraba el alma… Su Alma.





Si quieres, déjame aquí tu huella...

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *