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domingo, 5 de febrero de 2017

Me había levantado temprano, sé que no tenía porqué, pero me gustaba andar de aquí para allá por la casa en esas ocasiones. La mañana era cálida y mamá había abierto todas las ventanas, esa leve brisa hacía bailar las cortinas, y yo no pude evitar hacerlo entre ellas. La abuela ya había establecido su indiscutibile reino dentro la cocina, comenzaba a sentirse el perfume de sus manjares invadiendo cada rincón.

Subía y bajaba las escaleras buscando a mi padre, finalmente lo hallé en el jardín. Se giró a mirarme, su cigarro en la mano y sus ojos en los míos. No importaba que en pocos meses fuera a cumplir mis veinticinco años, él siempre me miraría como si fuera su niña pequeña. Lo abracé sonriendo, y escuché como tocaban a la puerta. Salí corriendo a ver quién era. No hizo falta llegar hasta allí, escuchaba la voz de mi madre emocionada... era Tetè, su mejor amiga. Diez años viviendo afuera con su familia, y había vuelto por primera vez a su Buenos Aires querido, y a pasar este día junto a nosotros.

¡Andy... por Diossss... qué grande estás! –me dijo dándome un abrazo que casi me deja sin aire. Mira quien vino también ¿te acuerdas de Nacho?

Él apareció por detrás de su madre y creo que mi corazón se detuvo por un instante. Estaba más alto, más grande, más guapo. Más verdes sus ojos, más negro su pelo... más él. Más hombre.

¿Cómo podría olvidarse, si lo perseguía por todos lados? –juro que a veces mataría a mi madre.
¡Mamá! –y no pude evitar sonrojarme. Hola... cuanto tiempo.

Esos años transcurridos hacían que la diferencia entre nosotros ya no pareciera tanta. Todos fueron para dentro, y yo no fui capaz de mover un pie. Nacho se quedó mirándome, y sonriendo.

Ahora no podré llamarte más Andy... –de sus ojos parecían salir chispas.
¿Y por qué? –temía su respuesta. Soy siempre la misma...
No, no lo eres... –se acercaba peligrosamente. Ya no eres aquella adolescente... eres una mujer... una hermosa mujer.
Tú... –la emoción ahogaba mi voz, mientras mi mano acariciaba el ángulo que formaba su mandíbula.
Yo... yo no he olvidado tu promesa. –tomó mi mano y la besó.

Él había sido el primero en besar mi boca realmente. No un beso de amigos, ni al pasar, como esos cuando jugabas a “Verdad o Penitencia”. Él me había enseñado a besar. Siempre había estado enamorada de Nacho, y no me importaba que fuera mucho más grande que yo. Cuando se fue, creí se me rompería el alma. Fui allí que le prometí esperarlo. Esperarlo todo lo que hiciera falta. Y ahora él había vuelto...



...año nuevo, viejos amores.




(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 1: Escribe un relato que comience en un día de Año Nuevo.) 


viernes, 20 de enero de 2017

#VDLN - 28

“Las despedidas producen una extraña sensación.
Los hombres se van para poner a prueba su valor
y si algo se pone a prueba es nuestra paciencia
al prescindir de ellos,
o tal vez por lo bien que soportamos la soledad."
("Out of Africa" de Sydney Pollack)




"...♫ ...Ma se ti aspetterò
sul ciglio senza far rumore,
puoi annullare le distanze
che un po' ci uccidono,
e intanto sopravviverò.
Ho messo in tasca
un po' del tuo respirò
e qualche bacio di riserva,
per quando mancherai... ♫..."


Si quieres, déjame aquí tu huella...

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