pero venía asaltada de una nostalgia así
de penetrante que,
aunque me encontraba en mi casa,
sentía que existía un lugar,
en algún lado,
donde debía volver."
(B. Yoshimoto)
"...♫ Autopista
desierta a la frontera con el mar siento el corazón más fuerte que este motor Cigarrillos nunca apagados prendida la radio que habla yo que conduzco siguiendo las luces del alba Lo sé, lo sabes, la mente vuela fuera del tiempo y se reencuentra sola sin más cuerpo ni prisionera nace la aurora. Tú estás dentro mío como la marea alta que desaparece y reaparece llevándote lejos Eres el misterio profundo, la pasión, la idea eres el inmenso miedo que tú no seas mía Lo sé, lo sabes, el tiempo vuela pero cuánta distancia para verte nuevamente por una mirada por mi orgullo cuanto te deseo Tú estás dentro mío como la marea alta que desaparece y reaparece llevándote lejos Eres el misterio profundo, la pasión, la idea eres el inmenso miedo que tú no seas mí@ Lo sé, lo sabes, el tiempo vuela pero cuánta distancia para verte nuevamente por una mirada por mi orgullo cuanto te deseo ...para decirte cuanto te quiero ...para decirte cuanto te quiero ...para decirte cuanto te quiero ♫..."
Por esto es que las próximas entradas están todas programadas, no faltarán los relatos, y menos que menos dejaré de "dar la nota" los viernes... pero no creo poder responder a los comentarios, ni dejarles mis huellas en sus casas, aunque los leeré...
...y cuando ustedes vengan a esta playa, podrán encontrarme porque:
"Nos enseñaron desde niños cómo se forma un cuerpo,
sus órganos, sus huesos, sus funciones, sus sitios,
pero nunca supimos de qué estaba hecha (el) Alma."
(Mario Benedetti)
Alma...
tres letras formando un nombre,
donde no hay principio y fin,
sino un infinito latir.
Alma...
un mar de contradicciones,
de fuego en las venas,
para resurgir cual Fénix eterna.
Alma... con sus mareas y contrastes.
Alma... con palabras y silencios.
Alma... ahora y siempre.
Alma... simplemente
Alma.
(letras escritas para una iniciativa de mi querida Gin)
miércoles, 21 de junio de 2017
Hace ya algunos años, también en un solsticio de invierno, cuando
el sol comenzaba a esconderse detrás del horizonte salino, aquellas playas del
sur fueron testigo de algo mágico y maravilloso.
La Luna y el Mar, en una de sus eternas danzas de amor, dieron a
la luz un hijo. Surgió del mismo fondo de ese vasto océano. En él se conjugaba
la pureza y la luz de su madre, con la fuerza y el temple de su padre.
Un día, cuando era ya grande, supo de un antiguo tesoro. Uno que
no era formado por piedras preciosas ni monedas de oro, pero el cual todas las
criaturas de la Tierra deseaban. No era fácil lo que se proponía, pero no por
ello dejaría de intentarlo. Se sumergió y comenzó su búsqueda, sin darse cuenta
que la Luna se ensombrecía dando inicio a una feroz tormenta. El mar estaba tan
agitado, que las olas se alzaban y rompían con una fuerza descomunal. Fueron
ellas las que lo llevaron a lo más profundo, allí donde todo era oscuro pero
extrañamente calmo. Y, contrariamente a lo que se podría pensar, él se sintió
sereno; el Mar lo estaba acunando y enseñándole el complejo lenguaje del
silencio. La Luna lo observaba desde el alto con su sabio mutismo y cuando
creyó que él ya estaba listo, besó al Mar que tanto amaba y con la alta marea
hizo que él volviera a la superficie. Cuenta la leyenda, que desde ese día, cuando las tormentas son
demasiado destructivas, él se sumerge, buscando en lo más profundo, la luz en
la oscuridad del abismo, la serenidad de un latido.
...dedicado a mi querido amigo Demian en su cumpleaños.
"Somos el puente hacia el infinito arqueado sobre el mar.
Buscamos aventuras para nuestro placer,
vivimos misterios,
elegimos desastres,
triunfos,
desafíos,
apuestas imposibles,
sometiéndonos a una prueba tras otra
mientras aprendemos el amor."
(Richard Bach)
jueves, 14 de julio de 2016
Finalmente había dormido toda la noche, sin esas interminables
vueltas de un lado a otro entre las sábanas ni esos sudores de madrugada. La
brisa del mar entraba por las ventanas del cuarto, junto a los rayos de sol de
esas primeras horas.
Se desperezó como si fuera un felino, se alzó y sonrió, convencido
que iniciaría a disfrutar de sus tan merecidas vacaciones. Luego de la ducha se
dirigió a la cocina a prepararse el café, y de repente tuvo una extraña
sensación, había algo que no lograba recordar. Escuchó voces y risas
provenientes de la playa, y esa sensación desapareció al momento.
Mientras saboreaba su café y alguna galleta, controló sus mails
desde el celular... era demasiado obsesivo como para dejar pasar un entero mes
sin saber qué ocurría en la oficina. Y allí estaba nuevamente... tenía la
certeza de que debería recordar algo, pero no lograba saber qué. Sacudió la
cabeza, como si aquel gesto pudiese poner orden en ella. Apagó el celular, guardó
todo y fue a la playa. Pasaría allí toda la jornada.
En esos diez primeros días, el sol ya había bronceado su cuerpo
con ese color dorado que tanto lo favorecía. Pero en ningún momento lo había
abandonado esa pregunta que ya taladraba su ser... ¿qué sería aquello que debía
recordar?
Al caer el sol volvió a su casa, relajado, sereno. Se duchó nuevamente
para quitar el salitre de su piel. Preparó algo sabroso y se acomodó delante de
la tv. Mirar los canales de deportes sin ningún tipo de interrupción era un
placer que no se dejaría pasar.
Fumó el último cigarrillo del día y fue a dormir. Aún no había
podido recordar qué era aquello que persistía en hacerle eco dentro. Se dijo
así mismo que si no lo recordaba, era porque no debería tener demasiada importancia.
Se colocó sólo el pantalón de su pijama a rayas y se acostó. Tranquilo, sin
recordar...
...él ya la había olvidado.
(Estas letras pertenecen a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria