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jueves, 28 de diciembre de 2017

Ya era tiempo, mi vientre así lo decía. Y no, no estaba ansiosa. No conocía la razón, pero sabía que todo saldría bien. Aunque no me esperaba tener que cambiar de ciudad para tener a mi niño. Porque sabía, sabía ya que sería un niño, me lo decía mi corazón.

Él vino a buscarme, diciendo que partiríamos apenas se ocultara el sol. Debíamos ser prudentes y por ello, esperiamo al anochecer para montar en el asno e irnos.

Viajamos toda la noche, estaba realmente agotada. Los dolores se habían hecho cada vez más fuertes; no creía poder resistir por mucho más tiempo. Él encontró un establo y allí nos refugiamos. Me acomodé sobre el paizal, al tiempo que las contracciones se hacían más frecuentes. Mis gritos se escuchaban en el espacio infinito que nos rodeaba. No sé cuánto tiempo pasó, fueron minutos u horas; un momento eterno, que se detuvo cuando él sujetó al niño que nacía, colocándolo en mis brazos; y pude sentirlo todo, contra mi pecho.

Fue cuando vi la luz de un nuevo día, de un nuevo mundo.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 26: Escribe una historia en la que retrocedas al pasado
y seas tú el protagonista.)

viernes, 15 de diciembre de 2017

#VDLN - 74

"Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz y sombras...
Si me quieres, quiéreme negra,
y blanca; y gris, y verde;
y rubia, y morena...
Quiéreme día, quiéreme noche...
Y madrugada en la ventana abierta!
Si me quieres, no me recortes:
Quiéreme toda... o no me quieras!"
(Dulce María Loynaz)




viernes, 18 de agosto de 2017

#VDLN - 57

"Cuando sufres, oblígate a recordar un momento alegre.
Una sola luciérnaga es el fin de la oscuridad."
(Alejandro Jodorowsky)


Hoy, más que nunca, no dejemos de ser luz...
no dejemos que ganen las sombras.

martes, 27 de junio de 2017

Eran semanas que insistía en que fuera a ver su galería. Finalmente exponía cerca de casa y eso me dejaba ya sin más excusas. Por lo que esa tarde, excepcionalmente libre de mi trabajo, decidí ir hasta allí.

No advertí que iría, deseaba observar cada una de sus obras sin la presión que produce la admiración hacia el artista, al cual aparte se conoce. Apenas entré quedé impactada por aquello que ví. El nombre había hecho que imaginara muchas cosas pero no lo que encontré. Recorría cada pequeño salón deteniéndome delante de cada cuadro. Los colores que había elegido, cada una de las tonalidades de estos, hacían un todo magnífico. Pero fue al final de la galería cuando quedé subyugada por él.

Solo allí, con una tenue luz que lo hacía aún más importante, especial, único. Y ese color tan característico, que despertaba cada uno de mis sentidos, ese morado que era tan él. Deseaba tocarlo, sabiendo que era absolutamente prohíbido... lo que lo hacía aún más tentador. Fue en ese instante, mágico, mientras empezaba a sonar el Duke suavemente de fondo, que lo supe. Supe que era él lo que deseaba ver cada mañana apenas abriera los ojos. Lo deseaba mío. Deseaba esas sombras, con ese particular haz de luz. Era él... el cuadro.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 9: Escribe un relato que integre las palabras 'luz' y 'cuadro'
como elementos relevantes del argumento.)


miércoles, 21 de junio de 2017

Hace ya algunos años, también en un solsticio de invierno, cuando el sol comenzaba a esconderse detrás del horizonte salino, aquellas playas del sur fueron testigo de algo mágico y maravilloso.

La Luna y el Mar, en una de sus eternas danzas de amor, dieron a la luz un hijo. Surgió del mismo fondo de ese vasto océano. En él se conjugaba la pureza y la luz de su madre, con la fuerza y el temple de su padre.

Un día, cuando era ya grande, supo de un antiguo tesoro. Uno que no era formado por piedras preciosas ni monedas de oro, pero el cual todas las criaturas de la Tierra deseaban. No era fácil lo que se proponía, pero no por ello dejaría de intentarlo. Se sumergió y comenzó su búsqueda, sin darse cuenta que la Luna se ensombrecía dando inicio a una feroz tormenta. El mar estaba tan agitado, que las olas se alzaban y rompían con una fuerza descomunal. Fueron ellas las que lo llevaron a lo más profundo, allí donde todo era oscuro pero extrañamente calmo. Y, contrariamente a lo que se podría pensar, él se sintió sereno; el Mar lo estaba acunando y enseñándole el complejo lenguaje del silencio. La Luna lo observaba desde el alto con su sabio mutismo y cuando creyó que él ya estaba listo, besó al Mar que tanto amaba y con la alta marea hizo que él volviera a la superficie.

Cuenta la leyenda, que desde ese día, cuando las tormentas son demasiado destructivas, él se sumerge, buscando en lo más profundo, la luz en la oscuridad del abismo, la serenidad de un latido.

...dedicado a mi querido amigo Demian en su cumpleaños.



(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 33: Realiza una historia que tenga lugar en el fondo del mar.)


Si quieres, déjame aquí tu huella...

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