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martes, 2 de enero de 2018

Aún era de madrugada. La casa estaba en silencio y en unas horas tendría que ir al trabajo, comenzando la rutina. Puede parecer paradójico, pero he aprovechado a quedarme a escuchar el silencio en la calle que hace la nieve al caer, mientras disfruto de mi café.

No quería hacer balances; porque ha habido bueno y no tanto. Lo primero se ha disfrutado, lo segundo ha enseñado, al menos, en el mejor de los casos. Lo que sí deseaba y deseo es agradecer.

Agradecer a mi familia. A la que toca y a la que se elige. Porque me acompañan; porque me soportan y me ayudan a que pueda hacer lo que me gusta; porque sé que me leen y me estimulan a continuar; porque algunos pueden estar lejos físicamente, pero siempre están cerca de mi ... y haciendo parte de mi alma.

Agradecer a los amigos; a los de toda la vida, y a los que me han enseñado que el tiempo es un concepto relativo. Y aquí, permítanme hacer algunas menciones especiales...

A Mag... alguien que este mundo virtual ha puesto en mi camino; quien me ha “empujado” a abrir esta playa; con quien hemos pasado mil cosas y hemos sobrevivido a todas; con quien me siento querida y cuidada, y sobre todo, respetada... a esa gran mujer que tengo el honor de llamar amiga...

A Hugo... quien desde el primer momento me ha demostrado más allá de cualquier palabra, que la amistad, que el sentir verdadero, no sabe de distancias, ni de “tiempos”; porque hemos sabido estar siempre, porque hemos buscado el modo, porque no han habido reproches de niños de jardín de infantes, ni excusas tontas... al “flaco” con el cual el café se convirtió en un ritual estupendo...

A Ale... quien por esas vueltas que hace ese hilo rojo que todo lo une, un día nos encontramos y parece que hubiésemos estado allí desde siempre, esperándonos; quien me cuida como una mamá y me es cómplice como una hermana... a mi Luna personal y tan querida...

A Ivel... una niña con un talento impresionante; a la que se hace imposible no querer; quien me pone al día sobre series; y quien nunca falla cuando mi ánimo baja de algún escaloncito... a mi niña especial...

A los que siempre están aquí, pase lo que pase, y de los cuales ya no puedo hacer de menos... Auroratris, poesía en nombre de mujer; Dulce, un Caballero y amigo; Ginebra, una guerrera de corazón enorme; Ester, una mujer de ternura y cariño infinito; Cora, la dulzura hecha palabra...

Y a los que llegaron, estuvieron por aquí un tiempo, y luego se marcharon dejando su huella... a los que van y vienen, junto con las mareas, haciendo que se los espere cada vez... y a los que han apenas acabado de llegar, y aún no nos hemos conocido... a todos y cada uno...

...gracias ...de verdad y de todo corazón, gracias; porque sin ustedes nada de esto tendría sentido.



Como dice la canción, mis mejores regalos son ustedes,
vuestra amistad y compañía,
pero no quiero dejar de mostrar aquello
que algunos me han preparado
y hecho llegar...
de nuevo, gracias!
(haz click en la imagen para verlos)

Y ahora, a por un nuevo año, compartiendo y disfrutando juntos... smu@ckssssssssssss!!!


(De a poquito iré pasando por vuestras casas... prometido!)


jueves, 28 de diciembre de 2017

Ya era tiempo, mi vientre así lo decía. Y no, no estaba ansiosa. No conocía la razón, pero sabía que todo saldría bien. Aunque no me esperaba tener que cambiar de ciudad para tener a mi niño. Porque sabía, sabía ya que sería un niño, me lo decía mi corazón.

Él vino a buscarme, diciendo que partiríamos apenas se ocultara el sol. Debíamos ser prudentes y por ello, esperiamo al anochecer para montar en el asno e irnos.

Viajamos toda la noche, estaba realmente agotada. Los dolores se habían hecho cada vez más fuertes; no creía poder resistir por mucho más tiempo. Él encontró un establo y allí nos refugiamos. Me acomodé sobre el paizal, al tiempo que las contracciones se hacían más frecuentes. Mis gritos se escuchaban en el espacio infinito que nos rodeaba. No sé cuánto tiempo pasó, fueron minutos u horas; un momento eterno, que se detuvo cuando él sujetó al niño que nacía, colocándolo en mis brazos; y pude sentirlo todo, contra mi pecho.

Fue cuando vi la luz de un nuevo día, de un nuevo mundo.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 26: Escribe una historia en la que retrocedas al pasado
y seas tú el protagonista.)

Si quieres, déjame aquí tu huella...

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