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domingo, 13 de octubre de 2019


Había comenzado su rutina laboral, por ende la radio se encendía automáticamente a las 7:00am. Se levantó aún con sueño y puso el café a hacer. Dejó que la música siguiera sonando, escuchar a Aute siempre le hacía pensar en él.


Se hizo una foto así como estaba; todavía la camiseta con la que había dormido puesta y la taza del desayuno en la mano. Fue esa misma foto la que le envió por mail, aunque sabía que él estaría durmiendo, su trabajo lo tenía despierto casi hasta la madrugada. Recordaba cuando lo había conocido.

¿Madrugas cerca del mediodía? –le había preguntado sorprendida. De grande quiero vivir como tú.

Sonreía con el recuerdo cuando le sonó el móvil indicándole que tenía un nuevo mail. Para su sorpresa era la respuesta a su foto.

“Mis días mejoran cuando veo un correo tuyo.
No imaginas cuánto deseo desayunarte.”

Se ruborizó al leerlo, aunque hacía tiempo que se frecuentaban, él seguía causándole el mismo efecto.

“Era un mimo... para que no me olvides y lleves mi imagen en tu cabeza todo el tiempo que no estés conmigo.”

No había llegado a su habitación que el móvil volvió a sonar; él había respondido.

“No podría olvidarte. No quiero sacar de mi cabeza nada que venga de ti.”

Se quitó la camiseta, se echó boca abajo en la cama deshecha y mientras una de sus manos bajaba hasta su sexo, la otra marcaba su número. Tenía la necesidad, la urgencia de escucharlo.

Aquí me tienes... –le dijo en apenas un susurro.
Me encanta tenerte. –respondió él.

Esa mañana ella no llegó al trabajo, sin embargo viajó por horas sólo con el sonido de su voz.


jueves, 27 de octubre de 2016

Él había vuelto, como tantas otras veces.
Se detuvo delante de la puerta cerrada. Creía saber qué encontraría del otro lado, pero se detuvo a observar.
Una simple puerta. Una puerta con su pomo de bronce lúcido. Una puerta donde las vetas de la madera encerraban mil figuras. A veces parecían moverse, creándose nuevas. Esa simple puerta, ahora cerrada, lo separaba de ella.
Ella..., la que había sido su Luna azul de labios carmín. La que había atrapado su alma junto a la suya. ¿Estaría allí? ¿Lo estaría esperando?
Abrió la puerta y entró. Debía saberlo. Deseaba que así fuera.
Y sí, allí estaba ella esperándolo. El mar de encaje cubría el terciopelo de su piel. Esas dunas perfectas donde soñaba una y otra vez detener su rumbo. Las que custodiaban ese oasis tan parecido al Paraiso. Donde anhelaba perderse, porque era la única manera de encontrarse. Las estrellas muertas de sus ojos le indicarían el camino. Y los susurros de su voz lo harían renacer.
Su retina retuvo cada instante, inmortalizándolos.
Continuó a observarla allí. Sonrió.
                           
Y se volvió a cerrar la puerta.




 ("Azul terciopelo", haz click para escuchar la canción de inspiración,
43 de 52 para "Contando las semanas" de Sindel.
Estas letras pertenecen a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Pablo desde su blog "Al final de la noche".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)




viernes, 14 de octubre de 2016

#VDLN - 14

Llegó el viernes y entonces...



"Somos el puente hacia el infinito arqueado sobre el mar.
Buscamos aventuras para nuestro placer,
vivimos misterios,
elegimos desastres,
triunfos,
desafíos,
apuestas imposibles,
sometiéndonos a una prueba tras otra
mientras aprendemos el amor."
(Richard Bach)








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