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miércoles, 16 de agosto de 2017

He meditado sobre el tema, y he llegado a la conclusión que es la enésima muestra de la naturaleza humana. No nos damos cuenta, no valoramos aquello que tenemos, hasta que ya no es así.

Viene a mi mente esa canción:

“...♫ ...sólo necesitas la luz cuando se está consumiendo,
sólo echas de menos el sol cuando comienza a nevar,
sólo sabes que la quieres cuando la dejas marchar...

...sólo sabes que has estado bien cuando te sientes de bajón,
sólo odias la carretera cuando echas de menos tu casa,
sólo sabes que la quieres cuando la dejas marchar... ♫...”

E irremediablemente hemos dejado que se marchara.
Lo hemos hecho cuando no hemos dicho, cuando no hemos hecho. Cuando no hemos logrado masticar y tragar el orgullo. Cuando no hemos querido que vean nuestras lágrimas, que nos muestran frágiles, que nos hacen vulnerables. Cuando hemos dejado que ganara el miedo, y no han servido los “tal vez...” ni los “y si...”, tanto menos los “si sólo hubiese...”.

Y ya es tarde, hemos dejado que se marchara y no lo hemos intentado... no la detuvimos.

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 20: Realiza un texto en el que no aparezca en ningún momentola letra "P".)

Si quieres, déjame aquí tu huella...

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