He meditado sobre el
tema, y he llegado a la conclusión que es la enésima muestra de la naturaleza humana.
No nos damos cuenta, no valoramos aquello que tenemos, hasta que ya no es así.
Viene a mi mente esa
canción:
“...♫ ...sólo necesitas
la luz cuando se está consumiendo,
sólo echas de menos el
sol cuando comienza a nevar,
sólo sabes que la
quieres cuando la dejas marchar...
...sólo sabes que has
estado bien cuando te sientes de bajón,
sólo odias la
carretera cuando echas de menos tu casa,
sólo sabes que la quieres
cuando la dejas marchar... ♫...”
E irremediablemente
hemos dejado que se marchara.
Lo hemos hecho cuando
no hemos dicho, cuando no hemos hecho. Cuando no hemos logrado masticar y
tragar el orgullo. Cuando no hemos querido que vean nuestras lágrimas, que nos muestran
frágiles, que nos hacen vulnerables. Cuando hemos dejado que ganara el miedo, y
no han servido los “tal vez...” ni los “y si...”, tanto menos los “si sólo
hubiese...”.
Y ya es tarde, hemos
dejado que se marchara y no lo hemos intentado... no la detuvimos.
(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 20: Realiza un texto en el que no aparezca en ningún momentola letra "P".)
