Cerró su puerta, dió
la vuelta y subió al auto. Se miró en el espejo retrovisor, se peinó el pelo
con las manos y volvió a poner en marcha.
A veces me haces
enfurecer, juro... –continuaba a decir Francesco. Pero te amo, por Dios si te
amo, cucciola.
Su mano se deslizaba
por la rodilla de Nadia, mientras conducía sin una destinación precisa. No
tenía ni idea dónde ir ni qué hacer. Era tarde, ya eran algunas horas que había
pasado la medianoche. Sin embargo, Francesco miraba a su novia, sentada a su
lado y pensaba que estaba tan bella como siempre. El exagerado calor de estos
días hacía que ella vistiera ligero, demasiado para el gusto de él.
De verdad no creo sea
como dices tú, Nadia... –dijo Francesco en tanto que bajaba la ventanilla de su
lado y encendía un cigarrillo. No son celos, ni yo te considero mi propiedad
como tú dices. Pero soy más grande y con más experiencia, y sé cómo piensan las
muchachos de tu edad. Seguro que ese amiguito tuyo creía poder decir así porque
tú en cierta forma lo has permitido, le has dejado pensar que tenía alguna
posibilidad contigo...
Ya se veían las
primeras luces del día. Francesco no se había detenido en toda la noche,
tampoco su temblor. Se rompió en llanto.
Te juro cucciola, te
juro que nunca quise llegar a esto... –pronunciaba mientras las lágrimas
corrían por su rostro. Pero te amo y no puedo soportar que me llames maníaco
posesivo, que digas que soy un enfermo de celos, o que lo mío no es amor, sólo
porque a veces alzo un poco la voz pero es que...
Francesco no podía
más. Detuvo el auto frente a la comisaría, con Nadia a su lado. Mejor dicho, el
cuerpo sin vida de ella. La había estrangulado horas antes, en un acto
irracional y sin ningún tipo de justificación, menos en nombre del amor.
Es el número 13: Escribe un relato inspirado en una
noticia que hayas leído esta semana.
Ésta es la noticia -haz click si deseas leerla-.)