Llegó lo más rápido que pudo, había corrido
hasta ahí como alma que la lleva el diablo. Leyó el mensaje, abandonado ahora
en el suelo. Su escritura, perfecta como
siempre, no reflejaba el sin sentido que había a su alrededor. “Lo debes aceptar.”, continuaban a repetir luego
de un tiempo. No sabía quiénes eran; no le importaba tampoco. Sólo sentía el
vacío. El que ocupó el espacio a partir de esos cinco
minutos. El tiempo que bastó para perderlo todo. Perderlo definitivamente.

(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.