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jueves, 8 de noviembre de 2018

Estaba en medio de una tormenta. Así se sentía, un ser perdido y a la deriva. Porque no importaba si afuera resplandecía el sol, la lluvia se le había desatado dentro. Ya no comandaba sobre su propia nave, sobre su vida. Sentía que el timón de ésta giraba sin control. Como si sus pasos fueran dados en la arena, donde el viento borraba sus huellas sin más y donde siempre parecía deber recomenzar.

Entonces la conoció.

Le bastó cruzar con ella algunas palabras para sentir que la calma invadía su alma. Hasta podría jurar que se conocían de otra vida. Ella no le daba soluciones mágicas, simplemente escuchaba; hacía que viera las situaciones desde otra perspectiva, y estaba. Porque aunque nunca sus manos se hubiesen tocado, ella le había enseñado a ser presencia más allá de cualquier distancia.

Por ello, cada vez que las fuerzas le faltaban; cuando se llenaba de dudas; cuando sólo sentía el gris de los días... alzaba los ojos al cielo. Porque era éste, el cielo, que en todo su azul le mostraba su rostro; la luz de las mañanas era como su sonrisa; los atardeceres llevaban la paz de su mirada, y el soplar del viento le traía el calor de su voz.

(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros"
y esta semana la convocatoria fue hecha por Mag desde su blog "La trastienda del Pecado".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)
Hoy es un día especial,
aunque sé que ella dirá que es uno como cualquier otro,
y si algo he aprendido, es que tiene razón... jajajajajajaja!
Pero igual hoy es un día especial, sí,
como lo fue ayer y como espero lo sea mañana;
como lo son todos desde hace casi cinco años...
...entonces, como todos los días la saludaré:
Buongiorno Principessa...
pero hoy no puedo dejar de agregar
Feliz Cumpleaños Mag!!!

Si quieres, déjame aquí tu huella...

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