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martes, 16 de junio de 2020

Sentí su cuerpo pegado al mío, irrefrenable. Tibia su piel al roce de la mía. Temblorosa su boca al contacto de mi aliento. Podía percibirla temblar, extenderse y arquearse como una ola que viene brava y yace sobre la arena. Su nombre remembraba en la agitación de mi respiración.
Pasó su mano por mi pelo, sujetándome y supe en ese preciso instante que me comería la boca. Su lengua jugueteaba con la mía, mientras mis dedos exploraban la humedad de sus labios. Hambre. Ella había dado otro significado a esta palabra. Y supe que nunca había deseado tanto a alguien como hasta ahora.
Descubrir lo que me provocaba, no solo erizaba mi piel, sino que corrompía mi alma en un auténtico demonio que me avocaba a entregarme a ella sin pensar en nada más. Era puro deseo lo que sentía por ella. Una necesidad que se colmaba cuando nos enredábamos en aquellos abrazos, cuando nos devorábamos la boca hasta dolernos, cuando el fuego de nuestras miradas acallaba todo lo demás...
Me tomaba. Lo hacía con cada centímetro de mi cuerpo, porque ella había alcanzado a tocar rincones que no sabía siquiera de poseer. Abrí mis piernas y mi ser entero. Temblaba. Estaba siendo presa de la fiebre que me provocaban sus caderas y deseaba liberarme. Quería sucumbir ante ella; la abolición total de todos mis límites bajo el influjo de su tacto; que claudicara hasta el último de mis tabúes cuando su voz pronunciaba mi nombre.
Percibí su calor en la comisura de mis labios. Sus piernas eran el postigo al infierno, un infierno en el que no dudaba en arder, en el que me bebía sus demonios uno a uno, los martirizaba y golpeaba con mi lengua, apoderándome de sus almas. Me aferraba a ella. O ella se vencía sobre mí. Me hundía en sus pliegues y se entregaba al caudal que me enloquecía. gemía y maldecía. Se retorcía mientras mis dedos profanaban y arremetían contra ella, se expandían en su interior... La miraba desde el arco de sus piernas. Sus pechos, erguidos; sus vórtices, erectos...

Maldije en todos los idiomas que conocía. No daba crédito a lo que salía de esos labios; lo que su lengua me estaba provocando. Mis manos se enredaron en su cabellera, haciendo que su boca comulgase con la mía. La mezcla de perfumes, de sudor y de sexo era el más potente afrodisíaco. Me fue natural querer lamer su seno, hundir mi rostro entre ellos y morder sus pezones. Ese aroma que desprendía su piel; la suavidad de sus manos sobre mi cuerpo; el sabor de sus pechos; el ritmo alocado de su corazón; la luz que desprendían sus ojos... Me dejé ir y ella se venía conmigo; una y otra vez. Ella había liberado un demonio y ahora debería domarlo o quemarse en su fuego.

Se arqueaba y exudaba como si estuviera sometida a posesión. Clavaba los talones en el colchón, me presionaba hacia ella. Se elevaba exultante, totalmente entregada mientras sus dientes provocaban en mí esa necesidad de venganza. Dominar o ser dominada. Alzarse o sucumbir. Mis demonios y los suyos cabalgando en la misma consumación. Nuestras piernas abrazando al otro cuerpo. Nuestras bocas embebiéndose del sabor de la otra, las lenguas usurpándose el propio espacio... Las pieles ardiendo, las entrañas rezumando pálpitos húmedos, viscosos, dulces... Un solo giro y cayó bajo las fauces de mi fiera. Ella, conmigo a su alcance. Matemática perfecta. Sus sexo a la altura de mi boca. El mío calado por su aliento. Sus manos abriéndome. Las mías, clavándose... ofrecidas y ofrenciéndose al placer de sabernos nuestras, de disfrutar de nuestros cuerpos. Gozar de la carne de hembra, del sabor a mujer... Empapándonos sin nombrarnos, gimiendo y maldiciendo mientras nos impregnábamos de la otra camino de ese clímax que nos llevara al más profundo de los abismos y elevarnos sobre él para entregar a la otra el fruto logrado: El éxtasis, y nos quedamos juntas, gozando de la serenidad luego de ese huracán que había arrasado con nosotras y con nuestro lecho.

Después de tanto tiempo, vuelvo a escribir a cuatro manos
y eso, no sólo me hace feliz, sino que lo siento como un honor.

Hace muchos años atrás, cuando entré a este mundo de los blogs,
llegué a "El tacto del Pecado" y quedé fascinada...
Todo era nuevo, un tipo de relatos que nunca antes había leído,
te envolvían, te hacían sentir parte de él, desear serlo... y luego,
luego conocí a Mağ.

Mujer maravillosa, escritora magnífica, amiga extraordinaria...
Ella fue una de las que me impulsó y apoyó para crear este espacio,
ella creyó en mí y en mis letras.
Hemos pasado tantas cosas, buenas y no tanto,
y aquí estamos: fuertes, unidas, amigas,
hemos demostrado que los pilares eran sólidos.
Y hoy, volvemos a escribir juntas...
GRACIAS,
gracias, gracias, gracias de corazón.

...y no dejen de visitar su espacio, basta hacer click en el nombre de su blog,
no te lo pierdas, no te arrepentirás!!!

jueves, 8 de noviembre de 2018

Estaba en medio de una tormenta. Así se sentía, un ser perdido y a la deriva. Porque no importaba si afuera resplandecía el sol, la lluvia se le había desatado dentro. Ya no comandaba sobre su propia nave, sobre su vida. Sentía que el timón de ésta giraba sin control. Como si sus pasos fueran dados en la arena, donde el viento borraba sus huellas sin más y donde siempre parecía deber recomenzar.

Entonces la conoció.

Le bastó cruzar con ella algunas palabras para sentir que la calma invadía su alma. Hasta podría jurar que se conocían de otra vida. Ella no le daba soluciones mágicas, simplemente escuchaba; hacía que viera las situaciones desde otra perspectiva, y estaba. Porque aunque nunca sus manos se hubiesen tocado, ella le había enseñado a ser presencia más allá de cualquier distancia.

Por ello, cada vez que las fuerzas le faltaban; cuando se llenaba de dudas; cuando sólo sentía el gris de los días... alzaba los ojos al cielo. Porque era éste, el cielo, que en todo su azul le mostraba su rostro; la luz de las mañanas era como su sonrisa; los atardeceres llevaban la paz de su mirada, y el soplar del viento le traía el calor de su voz.

(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros"
y esta semana la convocatoria fue hecha por Mag desde su blog "La trastienda del Pecado".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)
Hoy es un día especial,
aunque sé que ella dirá que es uno como cualquier otro,
y si algo he aprendido, es que tiene razón... jajajajajajaja!
Pero igual hoy es un día especial, sí,
como lo fue ayer y como espero lo sea mañana;
como lo son todos desde hace casi cinco años...
...entonces, como todos los días la saludaré:
Buongiorno Principessa...
pero hoy no puedo dejar de agregar
Feliz Cumpleaños Mag!!!

martes, 24 de abril de 2018

Hay gestos que aún repitiéndose todos los años, que aún si sabes que llegarán, porque te sabes, te sientes querida, no dejan de emocionarte. Y decir simplemente "gracias" parece no bastar, y las palabras para expresarlo todo, no bastan o no las conoces...

Entonces, mi forma de devolver tanto, tanto cariño, es dejar muestras, huellas en esta playa, con todo mi agradecimiento...
...de Mag

Disfrutar del tiempo de amistad entre silencios, espacios y tiempos, ayuda a consolidar sentimientos y reconocer la verdad de las cosas. Hoy, es uno de esos días donde los deseos de felicidad se visten de pétalos de rosas, de augurios sentidos donde clama un abrazo fuerte y brinca un beso sobre la mejilla.

Hoy es tu día. Sin más, y solo me cabe seguir pensando en agradecer todos los momentos y aplaudir al azar que nos cruzó, tal vez, por destino, por las pruebas superadas y las confidencias compartidas. Almi, disfruta mucho este día y no dejes de sonreír pese a todos, pese a todo, pese a lo que sea, que nada al final es más importante que la dicha de cada cual consigo mismo y con los suyos, y hacer lo que realmente hace sentir bien.

Esa es la verdadera Felicidad. Y es la que te deseo.

Muchísimos besos y abrazo fuerte.

¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS!!!


Gracias Mag... gracias de ♥


martes, 8 de noviembre de 2016

Mag

Hoy es un día especial, hoy es tu cumpleaños.
Aunque ambas sabemos que todos los días son especiales, que todos los días son una oportunidad, y es así como no se deben dejar pasar los momentos... los momentos para unas palabras, los momentos para un gesto, los momentos para una sonrisa, los momentos para un abrazo...
Y aunque sé que muchos halagos a ti te azoran (hasta “hablo” diferente desde que estamos juntas!!) lo haré igual... porque hoy deseo festejarte, brindar contigo y agradecer el haberte conocido, teniendo el honor de llamarte “Amiga”.
Hoy, en tu cumpleaños entonces te digo:

Gracias...
Gracias por todas aquellas veces que me has preguntado “¿Qué tienes?” y al responderte “Nada” me has abrazado más fuerte...
Gracias por todas aquellas veces en las que me he sentido frágil y me has ayudado a “ver”, en cambio, lo fuerte que soy...
Gracias por todas aquellas veces que no me has dejado caer y has pintado un sol en cielos grises...
Gracias por todas aquellas veces que has disculpado mis ataques de locura...
Gracias por todas aquellas veces que me has dado ese tirón de orejas que necesitaba...
Gracias por todas aquellas veces que pese a las críticas, has continuado a ser tú misma, la gran amiga que eres...
Gracias por todas aquellas veces que hubiese dicho “Basta... hasta aquí” y me has dado un motivo para intentarlo una vez más, sabiendo que en verdad no deseaba rendirme...
Gracias por todas aquellas veces que has permanecido a mi lado, aún cuando todo el resto se había ido...
Gracias en definitiva por ser... por estar más allá de distancias y tiempos... gracias por ser Amiga y dejarme serlo para ti...

¡Feliz cumpleaños Mag!



Besotes enormes y un abrazo de esos que tú conoces bien... con toda (el) Alma.



Si quieres, déjame aquí tu huella...

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