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viernes, 7 de agosto de 2020

Escuché el ascensor. Sabía que era Él.


La puerta del departamento se abrió. Todo estaba iluminado con velas. La música suave, de fondo, que provenía de la habitación. Sentada sobre el borde de la cama. Las piernas cruzadas. Sólo la lencería negra como vestimenta.


Se paró delante mío y sonrió de lado. Dejó el saco sobre el sillón, tomándose todo el tiempo. Aflojó la corbata, sin quitarsela. Vino hacia mí y me hizo alzar. Se acercó a mis labios, pude sentir su respiración sobre el rostro. Temblé, y Él lo percibió.


Su profunda mirada ahora estaba fija en mis ojos oscuros. Una de sus manos rozó distraidamente mi pierna, sabía que quería ver mi reacción. Continué a fijarlo.


Al improviso, me empujó contra la pared. Mi respiración se hizo más marcada, pesada…, se agitó. Sus dedos comenzaron a acariciarme el cuello, y no pude no apoyarme a su cuerpo.


Me quitó el sujetador y se inclinó sobre mi seno. Sentí su boca saborear uno de mis pezones. Duros…, erectos…, por y para Él.


El tiempo pareció detenerse. Podía sentir cada movimento suyo, cada respiro.

Su mano bajó por mi vientre, hasta mi sexo. Se separó un poco de mí, para observarme. Sonrió ante el rubor que inundó mi cara. Volvió a sujetarme entre su cuerpo y la pared. Sentí su dedo entre mis pliegues, moviéndose lento, mojándose con mi humedad. Pese a la oscuridad, Él vió el brillo en mis ojos oscuros, el fuego que me provoca cada vez. Cada vez que soy suya, porque lo soy.


Continuó apretándome contra la pared. Su lengua recorría mi cuello con hambre. Sentí la fuerza de su miembro penetrándome, como aquella de sus dientes en mi hombro. Fue su respiración que comenzó a crecer en intensidad. Se volvió feroz…, casi animal. Así eran sus embestidas. Mis manos se enredaban en su pelo y mis gemidos se ahogaban en su cuello. Marqué con mis uñas su espalda en el preciso instante en que su semen quemaba mis entrañas. Mi boca pronunció su nombre al explotar en un exquisito orgasmo.

El tiempo volvió lentamente a transcurrir. Me besó permaneciendo aún dentro de mí. Luego de unos segundos me llevó en sus brazos hasta la cama. Su cuerpo y la profundidad del sueño acabó por envolverme. 

martes, 16 de junio de 2020

Sentí su cuerpo pegado al mío, irrefrenable. Tibia su piel al roce de la mía. Temblorosa su boca al contacto de mi aliento. Podía percibirla temblar, extenderse y arquearse como una ola que viene brava y yace sobre la arena. Su nombre remembraba en la agitación de mi respiración.
Pasó su mano por mi pelo, sujetándome y supe en ese preciso instante que me comería la boca. Su lengua jugueteaba con la mía, mientras mis dedos exploraban la humedad de sus labios. Hambre. Ella había dado otro significado a esta palabra. Y supe que nunca había deseado tanto a alguien como hasta ahora.
Descubrir lo que me provocaba, no solo erizaba mi piel, sino que corrompía mi alma en un auténtico demonio que me avocaba a entregarme a ella sin pensar en nada más. Era puro deseo lo que sentía por ella. Una necesidad que se colmaba cuando nos enredábamos en aquellos abrazos, cuando nos devorábamos la boca hasta dolernos, cuando el fuego de nuestras miradas acallaba todo lo demás...
Me tomaba. Lo hacía con cada centímetro de mi cuerpo, porque ella había alcanzado a tocar rincones que no sabía siquiera de poseer. Abrí mis piernas y mi ser entero. Temblaba. Estaba siendo presa de la fiebre que me provocaban sus caderas y deseaba liberarme. Quería sucumbir ante ella; la abolición total de todos mis límites bajo el influjo de su tacto; que claudicara hasta el último de mis tabúes cuando su voz pronunciaba mi nombre.
Percibí su calor en la comisura de mis labios. Sus piernas eran el postigo al infierno, un infierno en el que no dudaba en arder, en el que me bebía sus demonios uno a uno, los martirizaba y golpeaba con mi lengua, apoderándome de sus almas. Me aferraba a ella. O ella se vencía sobre mí. Me hundía en sus pliegues y se entregaba al caudal que me enloquecía. gemía y maldecía. Se retorcía mientras mis dedos profanaban y arremetían contra ella, se expandían en su interior... La miraba desde el arco de sus piernas. Sus pechos, erguidos; sus vórtices, erectos...

Maldije en todos los idiomas que conocía. No daba crédito a lo que salía de esos labios; lo que su lengua me estaba provocando. Mis manos se enredaron en su cabellera, haciendo que su boca comulgase con la mía. La mezcla de perfumes, de sudor y de sexo era el más potente afrodisíaco. Me fue natural querer lamer su seno, hundir mi rostro entre ellos y morder sus pezones. Ese aroma que desprendía su piel; la suavidad de sus manos sobre mi cuerpo; el sabor de sus pechos; el ritmo alocado de su corazón; la luz que desprendían sus ojos... Me dejé ir y ella se venía conmigo; una y otra vez. Ella había liberado un demonio y ahora debería domarlo o quemarse en su fuego.

Se arqueaba y exudaba como si estuviera sometida a posesión. Clavaba los talones en el colchón, me presionaba hacia ella. Se elevaba exultante, totalmente entregada mientras sus dientes provocaban en mí esa necesidad de venganza. Dominar o ser dominada. Alzarse o sucumbir. Mis demonios y los suyos cabalgando en la misma consumación. Nuestras piernas abrazando al otro cuerpo. Nuestras bocas embebiéndose del sabor de la otra, las lenguas usurpándose el propio espacio... Las pieles ardiendo, las entrañas rezumando pálpitos húmedos, viscosos, dulces... Un solo giro y cayó bajo las fauces de mi fiera. Ella, conmigo a su alcance. Matemática perfecta. Sus sexo a la altura de mi boca. El mío calado por su aliento. Sus manos abriéndome. Las mías, clavándose... ofrecidas y ofrenciéndose al placer de sabernos nuestras, de disfrutar de nuestros cuerpos. Gozar de la carne de hembra, del sabor a mujer... Empapándonos sin nombrarnos, gimiendo y maldiciendo mientras nos impregnábamos de la otra camino de ese clímax que nos llevara al más profundo de los abismos y elevarnos sobre él para entregar a la otra el fruto logrado: El éxtasis, y nos quedamos juntas, gozando de la serenidad luego de ese huracán que había arrasado con nosotras y con nuestro lecho.

Después de tanto tiempo, vuelvo a escribir a cuatro manos
y eso, no sólo me hace feliz, sino que lo siento como un honor.

Hace muchos años atrás, cuando entré a este mundo de los blogs,
llegué a "El tacto del Pecado" y quedé fascinada...
Todo era nuevo, un tipo de relatos que nunca antes había leído,
te envolvían, te hacían sentir parte de él, desear serlo... y luego,
luego conocí a Mağ.

Mujer maravillosa, escritora magnífica, amiga extraordinaria...
Ella fue una de las que me impulsó y apoyó para crear este espacio,
ella creyó en mí y en mis letras.
Hemos pasado tantas cosas, buenas y no tanto,
y aquí estamos: fuertes, unidas, amigas,
hemos demostrado que los pilares eran sólidos.
Y hoy, volvemos a escribir juntas...
GRACIAS,
gracias, gracias, gracias de corazón.

...y no dejen de visitar su espacio, basta hacer click en el nombre de su blog,
no te lo pierdas, no te arrepentirás!!!

miércoles, 13 de mayo de 2020


Él la deseaba tanto esa noche, la había pensado todo el día, imaginándola. Estacionó en la puerta del edificio y mirando el balcón del departamento notó las luces apagadas. Subió con el temor de deber aún esperar, frenar la ansiedad de tenerla. Apenas entró en el salón supo que se había equivocado, un ligero rumor provenía del baño. Cerró la puerta a su espalda y se dirigió allí. La sorprendió que estaba por ducharse. Inmediatamente la tomó empujándola contra la pared y la besó con tal pasión de dejarla sin aliento. El beso continuò en otro y otro más, cada vez con más ganas, hasta ser casi violento. Su lengua se insinuaba de forma prepotente en la boca de ella, entre sus labios carnosos, tan malditamente indecentes, perfectos para…

En ese momento comprendí. Sin decir una palabra me postré ante él. Con un apuro poco habitual, liberó su miembro de la prisión de sus pantalones y tomándome por la cabeza, lo metió en mi boca, hasta el fondo. Era extraño, pero deseaba ser obediente, por lo que lo recibí por entero y me dediqué a él con total devoción.  Lo lamía, lo rodeaba con mi lengua, mientras mis manos sujetaban su culo con fuerza. Haría que se olvidara de todo, tiempo y espacio, sólo él y yo.

Permanecía de rodillas delante de él, que continuaba a hundirlo en mi boca como nunca había hecho antes.  Intuí toda la espera reprimida de ese día, todas las fantasias y convirtí ese gesto en único; haciéndolo a mi modo y con mis reglas. Sentí las primeras gotas, esa mezcla de dulce y amargo sobre mi lengua. Pero él no quiso llegar hasta el final, se quitó antes de explotar en mi garganta. Y me alejó ese poco que bastaba.

Me pusé en pie, sin dejar de mirarlo a los ojos. Había terminado el momento de obedecer, ahora iniciaba mi juego. Me giré preguntándole si quería enjabonarme. Apoyé las manos a la pared de mosaicos, arqueando la espalda y abriendo mis piernas, en una posición que exclamaba claramente mis intenciones. Me deseaba, lo sabía, y haría que lo hiciera aún más. Me inclinaba hacía él sin pudor, sin verguenza. Lo escuché sacarse las últimas ropas y colocarse detrás mío. Comenzó a acariciarme. Aún bajo el agua sentía sus manos quemarme la piel. Mis pezones se endurecieron al contacto de ellas, y él los pellizcaba provocándome. Bajó y sentí como sus dedos separaban mis labios, y entraban en mi sexo. Se recreaba en ellos, haciendo que mi humedad creciera. Inesperadamente, sin ningún cuidado, me penetrò. Duro como el mármol lo sentí hasta el fondo de mis entrañas y no pude tratener una exclamación, algo entre dolor y placer.
Continuó con sus potentes embestidas, se fundía una y otra vez dentro mío. Y más lo hacía, más yo disfrutaba. Esa exclamación inicial se transformó en intensos gemidos. El placer era ya irrefrenabile. Ambos cuerpos eran recorridos de violentos temblores. La respiración agitada de él fue la señal que no duraría mucho más.

En un susurrado gemido, mientras decía mi nombre, sentí su calor inundarme. Y yo me corrí sobre él en el mismo instante. Por un momento nos quedamos inmóviles, con las piernas temblando por la intensidad que nos había envuelto. Dejamos que el agua finalmente refrescara nuestros cuerpos. Tomándome de la cintura me giró y abrazó, aún podía sentir su deseo. Y lo supe. Supe que ese había sido sólo el inicio de una larga noche.







sábado, 31 de agosto de 2019

Otra vez tenía esa sensación, ese cosquilleo que le invadía el cuerpo, el sexo, cuando lo leía. Sentía esa sirena de alarma dentro su cabeza. Él era de esos hombres peligrosos, sabía siempre qué decir.

“Me gusta tu presencia e intentaré merecérmela,
aunque no gane el derecho de ocupar parte de tu cama.”

Sin saber que con sólo esa frase, él ya se había metido en ella.


(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras son las de los meses de Agosto: tenía - sirena - hombres.)

lunes, 18 de junio de 2018

Hacia sólo quince días que estaba trabajando allí, pero todo se había vuelto tan rutinario, que comenzaba a aburrirse. Sólo a su jefe se le habría podido ocurrir colocar cámaras de seguridad en la biblioteca. Era una pequeña ciudad, ¿qué podría pasar que necesitara de vigilancia constante? Y, sobre todo, ¿por qué él debía pasarse las tardes enteras a ver lo que sucedía, cuando eso significaba no ver nada?


Aunque había una única cosa que interrumpía ese tedio, o mejor dicho, una única persona. Ella; Eleonora. Llegaba todos los días una hora después de que la biblioteca abría por la tarde; y permanecía allí hasta cinco minutos antes de que cerraran. Él no dejaba de observarla, desde que entraba e iba a la sección de historia, hasta cuando se levantaba y, sonriendo, se marchaba. La veía acomodarse el cabello y la falda; controlar sus apuntes y los botones de su camisa. Por eso, no escapó a su mirada, cuando aquel día, Eleonora pareció encontrarse, por casualidad, con su profesor. Vió cómo ella observaba de reojo cada movimiento de él. Cómo la experimentada mano de él rozaba la espalda de ella cada vez que se acercaba a explicarle algo. Y fue así, observando cada uno de sus movimientos, que vió cuando muy disimuladamente, Eleonora se dirigió hacia la sección privada, y su profesor por detrás suyo a pocos pasos.

Nunca había nadie en esa parte de la biblioteca; pero él, con la cámara de seguridad, tenía una buena visión del entero sector. Por ello pudo ver perfectamente cuando el cuerpo de Eleonora quedó atrapado entre los libros y el peso de su profesor. Por unos segundos dudó en llamar a su jefe, pero sólo hasta que vió cómo ella respondía a esa presión. Eleonora levantó su falda y rodeó con sus piernas la cintura de él. Sus manos se sujetaban a los hombros de éste, arañando su espalda, mientras sus dedos se entrelazaban en sus cabellos. No pudo evitar excitarse ante el espectáculo que observaba como inadvertido espectador. Fue evidente el movimiento del profesor al bajar la cremallera de sus pantalones. Y, aún si eran sólo imágenes sin sonido alguno, por la expresión del rostro de Eleonora, podía sentir sus gemidos mientras él la penetraba. La embestía contra la pared de libros, una y otra vez, hasta vaciarse dentro ella.

No podía decir cuánto tiempo era que estaba observando todo esto. Se quedó casi aguantando la respiración, cuando el profesor se acomodó la ropa y se marchó como si nada hubiese ocurrido; sólo dándole un beso en la frente. Y ella, la misma Eleonora, mientras bajaba su falda y, descaradamente, miraba hacia donde estaba la cámara, sonriendo. Estaba confundido, no entendía ese gesto, seguramente había visto mal. Pensaba en ello cuando la voz de su jefe lo sorprendió por detrás.

Algún día, todo lo que abarcan ahora tus ojos, será mío... –pronunció éste, más como una sentencia que como un deseo.

Ahora se explicaba el porqué de todo eso. Sonrió pensando al dicho que 'el Diablo sabe más por viejo, que por diablo'. Y por ello, éste era su jefe.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 31: Escribe una escena de sexo pero narrada por un mirón.
El relato igualmente, surgió por iniciativa de Gin para su propuesta 'Tentaciones'.)


*Te pido disculpas públicamente Gin, porque te tomas un enorme trabajo con todas nuestras letras y yo esta vez no he podido cumplir en tiempo... pero tampoco he querido dar por perdido este relato. ♥

miércoles, 28 de marzo de 2018

24 Retos de Lectura - #06

Reto 6:
Paséate por la sección erótica. Cuanto más metal haya en la portada, mejor.
Elección: “No te escondo nada”, de Sylvia Day

Sinopsis:
“Gideon Cross apareció en mi vida como un rayo en la oscuridad... Era guapo y brillante, imprevisible y sensual. Me atraía como nadie ni nada lo había hecho en toda mi vida. Ansiaba tocarle como si fuera una droga, aún sabiendo que eso me debilitaría. Yo estaba muy herida y él abrió esas grietas tan fácilmente...
Gideon lo sabía. Tenía sus propios demonios. Y nos convertimos en los espejos que reflejaban las heridas más íntimas de cada uno... y también nuestros deseos. Los lazos de un amor me transformaron, incluso cuando rezaba para que la tormenta de nuestros pasados no nos separara.”

Bueno... ¿qué decir? Como hice hasta ahora, he elegido un libro diferente del que ponen como ejemplo en el sitio que organiza el reto... esta vez creo fue mi primer error.

Y el problema de la historia no está en la temática que aborda, lo erótico, -que según mi humilde opinión, es sólo simple y llano sexo-, sino en el modo que se tocan ciertos temas. Más allá que la novela se parece a muchas otras antes escritas y que cae en los clásicos clichés: él es super joven, demasiado atractivo y extra rico... ella también joven, muy hermosa, y otro tanto millonaria... (a este punto me pregunto si un hombre maduro, con un normalísimo trabajo, no pueda ser tan seductor y tener una apasionada historia con una mujer que conoce en el tren, por ejemplo... en fin.) ...decía, que más allá de esto, la trama tiene algunos puntos para mí muy flojos.

La protagonista se supone sea una víctima de abuso, y sin embargo, de buenas a primeras, se deja llevar por una atracción hacia un tipo que sin un buenos días, ni flores, ni nada de seducción le dice que se quiere acostar con ella... ¿¿?? (tal vez la escritora venía de otro sector, un poco más "hard"...). Él es un “dominante” (porque obviamente se toca sútilmente el tema BDSM... no sea cosa que alguno pudiese creer que un hombre y una mujer pueden tener sexo sin dominar o ser dominado!!), que de un momento al otro va detrás de ella por cada estupidez que se le pasa por la cabeza. En definitiva, dos protagonistas posesivos, celosos y dominantes, pero que pasan al rol sumiso por el otro. Ambos con importantes traumas de abuso infantil, pero que a su vez solucionan –por así decirlo- todo con el sexo... algo totalmente impensable para cualquiera sepa un poco del tema.

En definitiva, si es por escenas de pasión y sexo, creo haber leído cosas mejores en los libros que le “robaba” a mí mamá (shhhhh... vos hacé de cuenta que no lees má!) ...pero si ya lo compraste, o te lo prestaron, y no tenés otra cosa para leer, pues adelante! Como digo siempre, para opinar hay que saber, en este caso, leer.

A la próxima!

Si quieres, déjame aquí tu huella...

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