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jueves, 5 de marzo de 2015

Habían pasado poco más de dos semanas desde el Carnaval; y el encuentro de la última noche no dejaba de invadir mi mente.

Hicimos el amor repetidas veces en estos días, y fue fantástico como siempre. Pero a un cierto momento, después del sexo, de la pasión, cuando todo inicia a calmarse, antes del instante de rendirme al sueño…, ese susurro volvía a mis oídos. Me bastaba recordar esos dedos recorriendo todo mi cuerpo, para que mi piel..., mis pezones se erizaran. Cualquier brisa en mi cuello hacía que llevara mis manos donde esa boca me había marcado a fuego.

Temía se diera cuenta de mi distracción. ¿Y cómo lo explicaría? Podría decir que había creido fuese él. Pero cuando descubrí que así no era, ¿por qué no dije algo?, ¿por qué no conté lo que había sucedido? Porque la verdad era que me había gustado…, eso era todo. Me bastó sentirlo en mi espalda para arder de deseo. Sentir esos labios para que los míos se mojaran. Y una vez dentro mío, las embestidas de sus ingles me habían hecho llegar a la cima. Para terminar en el derramarme de un orgasmo que había barrido con toda la razón…

Aún a mitad de semana quiso ir a cenar afuera. Pregunté si había alguna ocasión especial, y simplemente respondió: “con vos cualquier ocasión puede convertirse en especial…”. Me sentí culpable, aunque si no lo era…, o sí. Continuaba a cuestionarme cómo no me había dado cuenta de la diferencia; y automáticamente bajé la mirada. La cena fue maravillosa, si bien no lograba concentrarme. Él era tan atento…, tan dulce…, tan extremadamente sexy. Que había decidido contarle lo ocurrido a Venecia…, no sabía cómo, ni siquiera imaginaba las consecuencias, pero debía hacerlo…, se lo debía.


Había transcurrido la cena sintiendo un nudo en el estómago, y sin que él me dejara crear la posibilidad de contarle nada. Volvimos a casa, me dio un beso y me pidió de esperarlo en la habitación. Una tenue luz alumbraba todo el cuarto, y me paré frente a la ventana. Lo sentí llegar a mis espaldas, cerré los ojos y le dije: “-Amor…, debo decirte algo…” Me rodeó la cintura con un brazo, corrió mi pelo con su cara, y haciéndome ver qué traía en la mano, susurró a mi oído: “shhh…”.



Fin




jueves, 26 de febrero de 2015


Me acomodé el pantalòn y me fui. Escapé. Porque eso es lo que hice, escapar. Caminé veloz hasta llegar al hotel. Entré en la habitación y me tumbé en la cama; boca arriba y vestido como estaba.

Su perfume aún estaba impregnado en mi.  Sentía en mis sienes cada latido, de ella, mío. Su aroma envolviéndome. Mi cuerpo continuaba a estar agitado. No lograba calmar ese temblor en mis dedos…, mis dedos que sin pensar llevé a mi boca. Todavía con su sabor en ellos, como un elixir en ella..., queriendo saborearlo hasta el infinito. Mis ojos cerrados no cesaban de recordarme su imagen. Poseerla así, ahí, en la calle. Sentirla entre mis brazos…, el movimiento de su cuerpo…, su calor. Nuestro encuentro fue mejor que cualquier fantasía. Sus palabras habían siempre causado ese efecto en mí. Había logrado incendiar mi alma desde el momento que la conocí. Y ahora que probé el calor de su cuerpo…, de esta manera…, nueva, inesperada, deseada. No pienso a otra cosa que volver a hacerla mía nuevamente; otra vez…, y otra vez.

Pero esta vez sabría que soy yo. Quiero reflejarme en sus pupilas y que ella se refleje en las mías, mientras me fundo en ella. Quiero besarla…, toda…, lentamente. Recorrer con mi lengua cada centímetro de su piel, para luego enredarla con la suya. Mis manos en sus pechos, mis dedos pellizcando sus erectos pezones. Quiero penetrarla y sentirla jadear debajo de mi cuerpo. O sobre él, con su aliento en mi cuello. Sus dientes que me muerden y jalan y sus uñas en mi espalda. Posar mis manos en sus caderas mientras acompaño su subir y bajar por mi miembro.

Y sobre todo, quiero sentir mi nombre gritado junto al derramarse de su orgasmo…, mientras me lleno de ella, y ella se llena de mí. Y susurro, y grito: -mía…, mía…, sos mía…, siempre lo fuiste y siempre lo serás.


Pensar en ella…, en lo que habíamos apenas hecho…, en lo que aún deseaba hacer…, hizo que me excitara. Pero no podía…, quería, ohhh Dios, si quería…, pero en ese momento simplemente no podía.

Y decidí hacerme la ducha.










*Para esta parte del relato necesité de la "visión" masculina; por lo cual, agradezco la ayuda y las ideas brindadas por el escritor y amigo Dav tor (http://recuerdodenoche.blogspot.it/)

Si quieres leer dónde comenzó esta historia...

jueves, 19 de febrero de 2015


Carnaval, yo adoro el Carnaval. Yo adoro nuestro Carnaval, sí porque es nuestro y en Venecia. Me encanta nuestra forma de festejarlo, jugar a ser dos desconocidos que se ven…, se gustan…, se seducen…, se conquistan. Este año fue maravilloso…, y único…, decididamente único.

Llegamos el sábado y como habíamos planificado el todo con bastante anticipación conseguimos una habitación en Palazzo Contarini. Lo que fue el primer sueño hecho realidad de este largo fin de semana.
En el día nos dedicábamos a recorrer las diferentes muestras y exposiciones, por las noches, ya con nuestros trajes típicos, cenábamos en algún restaurant, y luego a pasear por las callecitas. Cruzando puentes y besándonos en cada uno de ellos, hasta que no podíamos más y volvíamos a la habitación para hacernos el amor por horas.

Era todo perfecto…, demasiado. Por eso cuando se le ocurrió cómo quería pasar la última noche, no tuve objeción, el broche de oro para el mejor Carnaval de todos los tiempos. Cenaríamos en nuestra habitación, y luego, como cada noche, saldríamos con nuestros trajes y máscaras, pero cada uno por su lado. Yo iría a tomar un café en mi lugar preferido, y él me encontraría después, probando a seducirme. De ahí en más sólo pronunció la palabra sorpresa con tal malicia que hizo me mojara al instante.

Martedì grasso, había estado todo el día pensando en esa noche, y finalmente había llegado. El traje con su falda larguísima azul profundo, el corset ajustado al máximo (casi ni podía respirar) la máscara plateada, y la infaltable capa negra. Nos despedimos con un casto beso en la puerta del hotel, y yo me dirigí hacia Piazza San Marco, obvio. Mi lugar favorito es el “Florian”, sin importar que un café cueste cinco veces más que en cualquier otro sitio. Al llegar comprobé que estaba lleno como de costumbre, por suerte siempre hay un caballero dispuesto a hacerle lugar a una dama. Me senté y pedí mi café “corretto Bailey’s” y me entretuve conversando con los desconocidos con los que compartía la mesa, esperando verlo aparecer.

Había pasado una hora y nada. Tuve miedo que no me hubiese notada, por lo que decidí salir a buscarlo. Algo al cuanto difícil pensando a la cantidad de gente que había. Una vez fuera lo ví, estaba detrás de una de las columnas, había estado observándome todo el tiempo…, y eso ya me había excitado. En vez de ir a su encuentro, le pasé delante, ignorándolo. Me dirigí hacia la Basílica de San Marco para llegar al hotel desde atrás, sabía que él me seguía. A medida que avanzaba, las calles iban siendo más desiertas. No lograba verlo pero lo sentía, mi piel se erizaba sabiéndolo detrás. No sé por qué, pero llegué hasta los arsenales, y fue ahí que sin darme tiempo a girar, lo sentí a mis espaldas. Me rodeó la cintura con un brazo y con la
otra mano tapó mi boca, suave pero decidido. No pronunció palabra,
sólo escuché un "shhh…”. Inmediatamente luego, con la cara me corrió el pelo y apoyó su boca en mi cuello, dejándome un camino de besos hasta el lóbulo de la oreja …la humedad de sus labios me quemaba …mis pezones ya se habían puesto duros y rígidos como misiles …no pude evitar pasar mi lengua por la mano que cubría mi boca, estaba excitadísima…, él metió un dedo dentro ella y se lo succioné como si fuera su miembro…. el brazo que me sujetaba la cintura ya había alzado mi falda y su mano jugaba en mis húmedos pliegues…, sus dedos mojados por mi saliva empezaron a jugar con mis pezones, los pellizcaba, los estiraba, dolor y placer con el mismo toque…, por todo el tiempo su boca no había dejado mi cuello, lo besaba, lo lamia, lo mordía…, sentí su sexo, duro, erguido, sobre mi culo…, y sin más, me sujetó por las caderas y me penetró, una embestida tan fuerte que tuve que sujetarme del barandal, tuve miedo de caer en el canal…, creo que sintió mi temor, porque por toda respuesta se acercó a mi oído y volvió a susurrar "shhh…”. Sus embestidas eran tremendas, parecía como que en cada una quería ir más adentro…, al notar que continuaba a sujetarme, sus manos pasaban de mis caderas al seno, me pellizcaba el culo y luego las tetas, sin dejar de empujarse dentro mío…, podía sentir todo mi ser ajustarse a su pene, sentía como estaba a punto de explotar, y yo lo haría junto a él…, sentí su aliento en mi nuca, mientras mis gemidos ya estaban fuera de control…, sus manos apretaron una vez más mis pechos y sentí, como con un golpe certero de sus ingles, su semen inundaba mi cuerpo, en el preciso instante que mi orgasmo se derramaba sobre él.

Poco a poco los espasmos de ambos se fueron calmando, y él suavemente se retiró de dentro mío, no sin antes besarme el hombro izquierdo. Casi no lograba moverme, continuaba a sujetarme con una mano, no confiaba en la fuerza de mis piernas en ese momento, y con la otra mano me acomodé el traje. Le dije: -Amor, siempre fantaseamos con hacerlo en una de estas callecitas pero no creí llevarlo a la realidad… Me giré y ya no estaba, la cosa me sorprendió, hasta me molestó. Supuse me esperaría en el hotel para el segundo round…, ya vería él qué significa dejarme sola después de algo así.

Lamentablemente me equivoqué de pasaje y terminé dando una gran vuelta, cuando llegué a la habitación habían pasado unos amplios veinte minutos. Me encontré con él sentado en uno de los sillones, en pijama y con una bolsa de hielo en la cabeza.

-¿Qué te pasó?, pregunté al mismo tiempo que él exclamaba: -Finalmente llegaste!… No imaginás! Cuando nos despedimos esta noche, hice cien metros y me asaltaron…dos hombres que no pude ver. Me golpearon y se llevaron todo: billetera, réloj, celular y hasta la máscara! Y sin mi celular sabés que no recuerdo tu número, por eso no tenía modo de avisarte… Me pasé las últimas tres horas en la comisaría…, ¿y vos?, ¿qué hiciste todo este tiempo?
-Nada…, esperarte…, disfrutar los festejos del Martedì Grasso…Ahora me hago una ducha y vuelvo, así descansamos.

Fui hasta el baño, me desvestí, y mirándome al espejo, me quité la máscara…, aquella del Carnaval, obviamente.





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