Mostrando las entradas con la etiqueta longevo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta longevo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de septiembre de 2018


El día comenzaba mal. Fue nada más levantarse de la cama, y en el intento de tomar su camisa –que la noche anterior había quedado en el suelo–, chocó la mano contra el borde de la cama. Resultado: la uña del dedo mayor se le partió, volando un pedazo por el aire y produciéndole un dolor alucinante. Se cubrió la boca para no gritar y corrió al baño para colocar la mano bajo el grifo del agua fría. Mientras repasaba una y mil veces el porqué se metía siempre en la misma situación.

Cuando al inicio de la semana recibió el mensaje por whatsapp de su madre, ya sospechó. Y es que su madre nunca llamaba “por nada”, o simplemente para saber cómo estaba. Debía necesitar algo, y ese algo seguramente sólo ella podría obtenerlo. Y no se equivocaba.

Resultaba que unos parientes de vaya a saber dónde, estaban visitando la ciudad. Estos se habían puesto en contacto con su madre, vaya a saber Dios cómo también, para informarla y organizar un encuentro.

Pues sí mi querida, así como te digo, son parte de la familia y han venido a visitarme... –le decía la madre al teléfono tras su escasa respuesta a los mensajes.
Mamá... –respiró profundo antes de perder la paciencia. ¿De qué familia me hablas que yo no los conozco de nada?
Barby..., ¿por qué tienes siempre que ser así antipática? –preguntó su madre como era habitual cuando frente a una verdad quedaba sin argumentos.
Barbara mamá... me llamo Barbara... –le aclaraba por enésima vez; ella adoraba el nombre que le había puesto su padre, aunque su madre probara a cambiarlo; pero esa es otra historia. No se trata de ser simpática o antipática, sino realista y directa... Yo no conozco a estas personas que tú llamas familia, y no veo la razón por la cual debería molestar a mi jefe para conseguir las entradas para la muestra del viejo galeón, para todos ellos.
Pero, ¡es que no te cuesta nada! –exclamaba al otro lado de la línea y ya la imaginaba encendiéndose un cigarrillo. Ellos han venido a visitarme y han traído al más longevo de la familia para festejar sus 90 años todos juntos... me ha parecido un buen regalo llevarlos a la mejor exposición de esta ciudad.

Insistía. Si no por otra cosa, su madre le ganaría por cansancio. Entre el dolor por la uña, y el recuerdo de la charla telefónica con su madre, la habían puesto muy fastidiosa, a pesar de la excelente noche que había apenas pasado.

Preciosa... –la voz de él desde el dormitorio la volvía hacer sonreír, quitando las sombras del mal humor. ¿Qué son esos ruidos? ¿Te ha pasado algo?
No, nada... –se apuró a responder saliendo del baño. Me he sólo golpeado una mano y se me ha roto una uña.
¿Aún tenías alguna? –preguntó él divertido. Pensé las habías dejado todas en mi espalda esta noche.
¡Qué tonto eres! –respondió ella tumbándose en la cama otra vez.
Pero te conozco bien y ese rostro no es por la uña rota... –le dijo tomándola por el mentón y haciendo que lo mirase a los ojos. ¿Qué pasa cielo?
Nada... –casi se avergonzaba a decirlo. Mi madre y sus absurdas ideas... ahora resulta que quiere llevar a unos parientes de no se sabe dónde, a la muestra del galeón; y yo debería conseguirle las entradas...
¿Y dónde está el problema? –preguntó quitándole nuevamente la camisa y abriéndole las piernas suave pero decididamente. Alguna ventaja tiene que traer tener tan buen sexo con tu jefe, ¿no crees?

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 32: Un relato en que aparezcan las siguientes palabras:
longevo, galeón, whatsapp, uña.)

Si quieres, déjame aquí tu huella...

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *