Decidido... lo hago. –dije a mí mismo dándome coraje.
Cinco... Total ¿qué puede salir mal?
Cuatro... Creo estar preparado, he visto cómo lo hacen, y yo puedo
también.
Tres... ¿Y si va mal? Lo volveré a intentar, eso es.
Dos... Me tiemblan las piernas, tal vez debería esperar otra
ocasión.
Uno... No, no, es ahora o nunca...
Y la besé.
Aún lo recuerdo. Después de hacer la cuenta atrás para mis
adentros, le toqué el hombro y al darse vuelta, le robé un beso. Lo había visto
hacer miles de veces en las telenovelas que miraba mi madre por las tardes, no
podía ser tan complicado. Recuerdo también, haber rogado no me diera un bofetón
delante de todos los demás. Y es que desde el primer día que la había visto,
supe era la niña más bonita que jamás habría conocido. Sus dos coletas de
bucles perfectos, con esos lazos rojos que tanto resaltaban en sus cabellos
oscuros. Sus ojos, negros, pero mágicamente iluminados. Y su sonrisa, no había
día que ella no sonriera. Ella. fue la razón por la que ese año no falté un
sólo día.
Debe ser verdad aquello de que el primer amor nunca se olvida,
pues yo tenía sólo seis años, el primero en aquella escuela. Y ella... ella es
la niña más bonita que yo jamás he conocido.
(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 16: Crea un relato que gire en torno a una cuenta atrás.)
