Hacia poco había
vuelto de viaje y me costaba retomar la rutina de horarios y actividades
cotidianas. Tan así era que, al despertar, me dí cuenta que por la noche no
había dejado el móvil en carga, por lo que ahora estaba tecnológicamente
incomunicada. Encima esa mañana había quedado con una amiga para encontrarnos
en la cafetería de siempre y ya llegaba tarde. En fin, no lo pensé dos veces,
dejé todo como estaba y bajé las escaleras tan rápido que no romperme una
pierna fue un milagro. Apenas salí y escuché la puerta cerrarse a mi espalda,
supe con absoluta certeza que me había olvidado las llaves dentro. Levanté los
ojos al cielo, de cara al sol y metí mis manos en los bolsillos de la chaqueta.
La misma que me había llevado por las dudas a ese paraíso de mar y arenas
blancas de esos días de vacaciones; y lo único que encontré fue la tarjeta de
embarque del viaje de ida. Podía interpretarlo como una señal, algo que me
decía: "volvé!"... ¿o no?
(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros"
y esta semana la convocatoria fue hecha por Mar desde su blog: "La bitácora de Mar".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)
martes, 21 de enero de 2020
¿Cómo era antes de
conocerlo?
No lo recordaba. No le importaba.
Porque ella era mejor desde que él estaba en sus días. Lo sabía,
lo sentía.
Y, aún si lo de ellos no era amor, aunque no fueran nada, ella sólo deseaba serle.
Porque lo único que ella no podría perdonarse jamás, sería el pecado de no vivirlo.
Las palabras del mes de Enero son: antes - pecado - aunque.)
martes, 7 de enero de 2020
Ella ya no era una niña, la
última pérdida había cancelado esa poca fé en cualquier buena estrella. Así y todo,
sonreía al acariciarse el vientre que crecía día tras día. Una más de sus contradicciones;
sin creer en nada, lo apostaba todo.
No recuerda aquello que el
viejo señor del norte dejó esa Navidad. Pero seguramente, nunca olvidará que
ese siete de enero una pequeña de piel nívea y rizos negros trajo en sus manos
el regalo más grande...
...y, con sólo una mirada, volvió a creer en la magia, en lo infinito y eterno.
Ayer caminé junto a ti;
te tomé de la mano y confié.
Me reí, pero sobre todo me rompí. Caí. Sentí no tener un momento
de descanso, ningún placebo a la
rutina, a la realidad. Pero no dejaré me conviertas en una más de esas turistas que recorren tus días.
Hoy es mejor decirnos adiós, apagar la luz y cerrar la puerta a
nuestras espaldas.
‘Noche de paz... noche de amor...’ ...y mañana
será tiempo de renacer.
En lo personal ha sido un año muy, muy difícil. Comenzó mal, de la peor manera, y continuó bastante complicado. Muchos de los propósitos que me había planteado en esas primeras horas del 2019, se fueron difumando hasta desaparecer; otros han debido ser cambiados sin más. Pero bueno, así es la vida, no pide permisos.
Aunque también hubo otra constante: estos rinconcitos que son los blogs. Los míos, donde he volado con la imaginación y escrito (poco), o compartido música, o me he abierto para tratar de curar las heridas. Y también, obviamente, los de ustedes. Aunque muchas de esas veces haya pasado de puntillas, leyéndolos en silencio, porque no sabía qué decir o cómo hacerlo... pero en ambos casos, aquí o allí, he podido sonreír con esas palabras, con esos comentarios, con esas entradas.
Sentir el cariño entre letras; el abrazo silencioso, aunque fuera a la distancia; la preocupación a veces, que luego se transformaba en un mail personal... todos y cada uno, me han regalado algo para mí muy valioso: tiempo. Por eso, quiero dejarte mi regalo para ti, ábrelo en Navidad y úsalo cuando desees...
...en la cajita encontrarás un puñado de sonrisas para compartir si quieres; unos cuantos abrazos esperándote cuando lo necesites; un par de orejas dispuestas a escucharte; unos cuantos coloridos globos para poder volar juntos cuando la realidad amenace con aplastarnos; unas palabras amables cuando el mundo no lo sea; y mi agradecimiento más sincero... no te vayas de aquí sin él.
También aprovecho la ocasión para agradecer muy especialmente a:
Me quedé allí, sin saber qué pensar mientras veía cómo se mecían las hojas que el otoño había sustraído
a los árboles. De repente, todo parecía haber perdido sentido. Los días continuaban a pasar, uno tras
otro. No se detenían, por nada, por nadie. Por otro lado, ¿por qué deberían
hacerlo?, ¿qué deberían esperar? No sabía qué responder, porque tampoco yo
sabía qué debía esperar, o si realmente deseaba hacerlo. Ambigüedad, eso
sentía. Todo y nada.
Las palabras son las de los meses de Noviembre: mecían - días - pensar.)
jueves, 31 de octubre de 2019
Otra vez esa extraña
sensación la embargaba.
Ella, que dominaba cada aspecto y situación de la propia vida,
encontraba el máximo placer en poner las riendas en manos de Él.
Contradictoria,
así era ella, la contradicción hecha mujer. Pero es que ella sólo encontraba descanso cuando sus rodillas tocaban el
suelo que estaba delante de Él.