lunes, 20 de febrero de 2017

Juntos, y con él entre sus brazos, dejó de creer que la vida le estaba cobrando una deuda que no le pertenecía, y finalmente se sintió plena... feliz.


Sólo un año antes se marchaba sin un destino preciso. Cerraba la puerta, dejando el amor también detrás de ella. Estaba vencida, vacía, y ya no tenía nada, nada le quedaba. Sin pensarlo demasiado, cruzó el océano y terminó en una isla. Luego de diez días ya había encontrado un pequeño apartamento que descendía directamente a la playa; y un trabajo de ayudante de cocina en el mesón del pueblo, no pagaban demasiado pero le bastaba para las boletas y sus cosas. Lo único que había pedido es no ser llamada por su nombre, quería borrar, olvidar su vida anterior, de ahora en más, para todos ella sería Jazmín.

Jazmín... niña... –Clara, la dueña y cocinera del mesón, la había tomado bajo su ala como a una hija. ¿Ya te marchas?
Sí, Clara, se ha hecho tarde y mañana quisiera ir temprano a dar una vuelta por el faro. –respondió con su mejor sonrisa.
Es que niña... –tomó las manos de ella entre las suyas. Llevas más de tres meses trabajando para nosotros y aún no te has quedado nunca a comer ni nada.
Ya sucederá Clara... –y le acarició suavemente su redondo rostro. No pienso escapar a ningún lado.
Jazmín... –su mirada la conmovía. Es que no tienes amigos, ni has querido conocer a nadie... Eres joven y guapa, mi niña, mereces ser feliz.
Ainsssss Clara... –sus ojos iniciaban a colmarse de lágrimas retenidas. Mi querida Clara, hace tiempo que he dejado de esperar, la felicidad no es para mí... Pero estoy bien, estoy serena, de verdad, no debes preocuparte.
Pues me preocupo en cambio... –apoyó su índice sobre la punta de la nariz de ella. Y prométeme que mañana domingo vendrás a estar aquí con nosotros.
Está bien, Clara, tú ganas... Pero ahora me marcho, sino mañana... –volvía a sonreírle.
Sí, sí... vete ya... pero recuerda, mañana almorzarás con nosotros. –le besó la frente y la observó hasta que giró en la esquina.

Al día siguiente hizo lo que había planeado, fue hasta el faro. Apoyó su bicicleta y subió a lo más alto. Le gustaba observar el horizonte, y recordar. Pasaron unos cuantos minutos cuando decidió que era hora de ir hacia el mesón, ayudaría a Clara a preparar. Fue a recoger su bicicleta cuando observó que había otra sobre la suya, sujeta por una cadena. Miró a su alrededor y sólo logró ver a un hombre que estaba por entrar al mar.

¡Ey... ey...! –gritaba con toda su voz, mientras alzaba una mano.

Él se giró hacia donde venían los gritos, alzó también su mano y corrió adentrándose en el mar. Jazmín no podía creerlo, ¿por qué justo a ella debía tocarle un imbécil de ese tipo? Caminó hasta donde estaba la ropa de ese hombre, maldiciendo a cada paso. Esperó casi media hora a que él saliera del agua.

¿Es tuya la bicicleta con la cadena delante del faro? –preguntó sin más y con tono fastidioso.
Buenos días para comenzar... mi nombre es... –pero ella no lo dejó terminar.
No me interesa tu nombre... –lo interrumpió de mala manera. Con tu cadena has sujetado la rueda de la mía y llevo más de media hora de atraso en mis ocupaciones.
Pues no lo he hecho intencionadamente... –por alguna extraña razón él sonreía.
Ya... imagino que no. –dijo alzando los ojos al cielo. El tema es que llevo apuro, ¿puedes abrir la bendita cadena, por favor?

Y comenzó a caminar nuevamente hacia el faro, él debió correr detrás. Apenas abrió la cadena, Jazmín montó en su bicicleta y se marchó. Él sólo logró gritar un “¡A la próxima!”, a lo que ella alzó la mano sin siquiera girarse.

Disculpa el retraso, Clara... –dijo entrando al mesón. Un idiota encadenó su bicicleta a la mía, allí al faro.
Nada mi niña, no es nada... –y le dió un abrazo. Lo importante es que ya estás aquí. Ve dentro y avisa a los otros de tu llegada.

Todo estaba listo. Jazmín salió de la cocina con las cestas del pan, cuando se encontró defrente con Clara y...

Jazmín, te presento mi sobrino Tiago. –la cara de sorpresa de ella era increíble.
O si quieres el idiota que encadenó su bicicleta a la tuya... –y sonrió de lado, mientras Clara los miraba divertida.

El almuerzo fue entretenido. Ella logró relajarse y él no era el imbécil que creía. Clara se alzó para buscar el postre y Jazmín dijo que iniciaría a llevar los platos a la cocina. Fue levantarse y comenzar a recoger, que sintió todo darle vueltas. No hizo en tiempo a decir ni hacer nada que se desplomó al suelo. Cuando despertó estaba en una de las camas del hospital, con Clara sosteniéndole la mano.

Niña... qué susto nos has dado... –dijo acariciándole el rostro.
Es que... ¿que han dicho los médicos? –no podía retener las lágrimas. ¿Ya... lo he perdido?
No Jazmín... –le secaba el llanto. Ha sido sólo una baja de presión... Tú y el bebé están bien... pero, ¿cómo no me has dicho que estabas embarazada?

Jazmín inició a llorar desconsoladamente, y comenzó a contar toda su historia a Clara. Todas las veces que se ilusionó, y todas las veces que irremediablemente quedó hecha pedazos. Hasta esa última, de la que no pudo reponerse, y cuando decidió dejarlo todo porque nada le quedaba.

Pero mi niña, ahora... –Clara finalmente comprendía el peso que había cargado ella estos meses.
Ahora nada, Clara... –dijo tragando saliva y secándose ella misma las lágrimas. No puedo hacerle esto otra vez... Porque lo perderé, y no podría ver apagarse esa luz en sus ojos de nuevo. No Clara, no puedo hacérselo, enfrentaré todo sola...
Tú no estás sola, Jazmín... me tienes a mí, y ahora está Tiago también... –trataba de calmarla.
¿Él sabe? –preguntó ella tímidamente.
Sí, los médicos creyeron fuese el padre... –y ella inició a llorar nuevamente. Shhh... serénate ahora... todo se solucionará, ya verás.

Las semanas pasaban y el vientre de Jazmín crecía a simple vista. Clara la mantenía ocupada pero lejos de la cocina. Y con Tiago se habían vuelto buenos amigos, él la acompañaba en sus caminatas por la playa y sus paseos hasta el faro. Estaban allí, al terminar de las 35 semanas, cuando ella continuaba a fijar el horizonte.

¿Por qué no lo llamas... no lo buscas? –preguntó él observándola.
No puedo, Tiago... –su voz se quebraba. Él no habrá perdonado el que lo haya dejado, no de ese modo.
Pero si supiera que tendrá un hijo... –no se atrevía a preguntar aquello que realmente deseaba saber.
Es lo mismo... lo conozco y no creo haya entendido mis razones. –no quería llorar. Ni creo las entienda ahora.
Jazmín... tú sabes que yo me he... –ella le cubrió la boca con su mano.
Shhh... no lo digas, por favor... –la mirada de Tiago se clavó en la suya. Lo siento... yo nunca he dejado de amarlo.

Pese a todo, Tiago la abrazó contra su pecho, consolándola y consolándose. Teniéndola así fue que sintió como el cuerpo de ella se aflojaba. De repente, sus piernas y pies se mojaron. Jazmín había roto bolsa y se desvanecía. Tiago la tomó en brazos, la cargó en su automóvil y la llevó urgente al hospital.

Pasaron unas horas antes que el médico saliera de la sala operaciones. Ambos se encontraban bien. El bebé era un niño sano; pero ella había perdido mucha sangre en el parto y eso la hizo entrar en coma.

Abrió los ojos y vió a alguien sentado a su lado, sosteniendo su mano. No lograba distinguir quién era; los párpados le pesaban y tenía sed. Se movió apenas y volvió a caer dormida. Entonces sintió su mano acariciarle la frente.

Sissí... amor, despierta... –reconocía esa voz, pero no podía ser, estaba soñando. Sissí... despierta, soy yo, ya estoy aquí.
Alex... –no lograba mantener los ojos abiertos. No puede ser...

Después de 10 días Jazmín, había despertado. Llamaron a los médicos. Ya habría tiempo de contarle cómo fue que Clara lo buscó y lo contactó. Él nunca había dejado de buscarla, y apenas supo dónde estaba, tomó el primer avión hacia la isla. Sólo al llegar al hospital supo el estado de salud de su mujer. Y que había sido padre. Fueron Clara y Tiago quienes le contaron todo lo que Jazmín, su Sissí, había pasado.

Fueron días de largas conversaciones, primero en el hospital, luego en el apartamento de ella, más tarde en las caminatas por la playa mientras Clara se ocupaba de su nieto postizo. Costó, pero finalmente lo consiguieron, ambos se amaban profundamente.

Siete... –dijo Alex. Desde ahora, siete es el número perfecto.
Nuestro hijo... –respondió ella. Él es perfecto, e infinito.



(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'"
Es el número 14: Describe una historia cuyo punto de partida comience con el final de toda la trama.)



20 comentarios:

  1. Hermosa historia Taña!! La verdad me quedé sin palabras y con ganas de más.
    Excelente, tierna, esperanzadora.
    Besotes y gracias por estos regalos!!

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    1. ¿Más? ...ya ésta me pareció era larguísima!!

      Gracias... gracias por estar siempre ahí, apoyando.

      Besotes flaco.

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  2. Maravillosos sentimientos convergen en este precioso relato, concebir un hijo, el amor…el reencuentro… Conmovedor, tierno y sensible… Así es la vida, el destino…que por alguna extraña razón, siempre acaba mostrándonos que el amor todo lo puede, y que la esperanza, es aquella que jamás hemos de abandonar…

    Un placer siempre, mi preciosa Alma…

    Bsoss con cariño, y muy feliz semana ♥

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    1. Yo también quiero creer que el Amor, así con mayúscula, el verdadero y el que hace bien, todo lo puede.

      El placer es mío Gin, siempre mío... besotes ♥

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  3. Te felicito Alma, me has conmovido.
    He sentido todas las Emociones al leerte.

    Mil besitos, preciosa

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    1. Infinitas gracias Auro, por todo, de verdad.

      Besotes, preciosa.

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  4. Bello de principio a fin, el amor trae felicidad y llega lo más ansiado, un hijo, me gusta tu blog, gracias.
    Abrazo

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    1. Bienvenida a mi playa María... a mí me gusta que hayas llegado aquí y quieras quedarte, ya tienes tu sitio.

      Un beso.

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  5. Que bonitos son los relatos que escribes para esta propuesta, me haces ser parte de la historia y casi opino sobre lo que deben hacer los protagonistas. Un abrazo

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    1. ¿Y casi? ...pues hazlo Ester!!! ...creo que pocas cosas me gustarían más que hagas tuyos a los personajes y me cuentes tu visión ...la próxima vez, hazlo!!

      Besotes saltarines.

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  6. Una muy bonita historia, de amor, de esas donde hay un desenlace feliz, porque el amor siempre debe tener, no finales, sino momentos felices. Muy buen relato, otra vez ;)

    Besos dulces y dulce semana Alma.

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    1. Como siempre, vos lo dijiste, en pocas palabras lo has resumido muy bien... "El amor siempre debe tener, no finales, sino momentos felices."

      Gracias Dulce... y besos salados como el mar.

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  7. Preciosa historia Alma, llena de detalles y asi es como nos dejamos llevar de tu mano


    Besos dulces preciosa

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    1. Y a mí me encanta que vos pasees conmigo por esta playa, de verdad.

      Besotes grandes, grandes.

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  8. Un relato divino, me admira tu creatividad.
    Un abrazo.

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    1. Y como diría una querida amiga mía, yo me "azoro" ante tus palabras y cumplidos...

      Gracias Musa, besotes.

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  9. ¡Qué bonito! No sabes cómo me he alegrado de que la historia terminase bien: estoy cansado de cosas tristes, bastantes se ven ya en la vida real :)

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    1. Tenés toda la razón Holden, para cosas tristes leemos los periódicos!! Si tengo que imaginar, crearé un mundo a colores... ¿cómo decía Lennon? "...podrán llamarme un soñador, pero no soy el único" ...y acá entre letras habitamos unos cuantos!!

      Besotes, grandote.

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  10. Es una continuación, ¿cierto? ¿Cierto?!!! *Como niña pequeña dando saltitos*
    Cuando creía que no le quedaba nada, lo tuvo todo...

    Preciosa historia.
    quieroTe, Alma!!!!!
    Besos :*****

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    1. Te ví mi niña especial... y te veías tan bonita. Sí, es una continuación, no lo llamo fina, eso se lo dará cada uno...

      Yo también te quiero Ivel... ¿lo sabes no?
      Besotes a montones!!!

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