lunes, 1 de mayo de 2017

Había una vez, en un país muy, muy lejano, una pequeña princesa de largos cabellos dorados como rayos de sol. La princesita era el fruto del amor entre el viejo Rey del Bosque y el Hada Maestra.

Desde muy niña había tenido que enfrentarse a algunas dificultades, que pusieron a prueba su coraje. Pero ella había heredado el temple y la determinación de su padre, y cada cosa la transformaba en algo positivo. De su madre había heredado la curiosidad y las ganas de aprender, de hacer; por ello siempre estaba con la naricita dentro algún libro. Fue así que, aunque todo le fuera hecho y servido, ella aprendió a cocinar y a coser, entre muchas otras cosas.

A medida que la princesa iba creciendo, más aumentaban sus ganas de aprender, su deseo de estudiar. El viejo Rey probaba a explicarle que ella no tenía porqué ir a la escuela, que ella era diferente al resto de las niñas. Sin embargo, exactamente eso era lo que ella no quería. Ella no deseaba ser diferente, ella quería ser como las otras niñas de su edad. Más grande se hacía, más rebelde se volvía. Su madre, el Hada Maestra, ya no recorría el castillo buscándola, iba directamente a la cocina, y allí la encontraba cubierta de harina, probando y preparando alguna nueva receta.

Finalmente, cuando la princesa estuvo por cumplir los dieciocho años, eligió su destino. Al llegar el día de su mayoría de edad, ella dejaría la corona y todo lo que ella significaba. Deseaba partir a recorrer el mundo, a conocer los miles de rincones y misterios que éste aún tenía reservados para ella. Vestiría como cualquier otra joven mujer de su edad. Estudiaría y buscaría un trabajo para mantenerse. Los Reyes temían que su princesa, la niña de sus ojos, no comprendiera del todo aquello a lo que debería enfrentarse; sin embargo la joven les respondió que desde ese día su única corona sería la libertad.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 47: Escribe un cuento de princesas,
pero dale un vuelco radical a alguno de sus tópicos.)


16 comentarios:

  1. Buen relato, un cuento de los que siempre interesa leer. Me gusta el final, estoy de parte de la libertad. Un abrazo

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    1. Gracias Ester... yo también estoy de esa parte, creo que nadie puede cortar esas alas.

      Besotes.

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  2. Es una vuelta de topicos y radical. Bien logrado.
    Un abrazo

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    1. Muchísimas gracias Demi.

      Un besote, paisano.

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  3. Esa princesa y yo hubiéramos sido muy buenas amigas jejeje… 😉

    Me encantó, mi preciosa Alma, porque así es como siento la vida… untándonos de ella, riendo, llorando, sintiéndola en toda su esencia y libertad… no hay mayor ni más importante corona o bandera, que esa bendita libertad que nos da el beneplácito de Ser y Sentir, como en verdad nos hace sentir plenos…

    Precioso! Un placer siempre leerte…

    Bsoss y cariños enormes 😘

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    1. Seguramente adorarías a esa princesa, y ella a vos!!

      Tod@s debemos ser libres de ser y sentir... de latir a nuestro ritmo... que la libertad sea la mejor corona.

      Besotes super, super grandes...♥

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  4. Seguro muchas princesas o príncipes o personas con algún título de nobleza, habrán deseado aquello alguna vez, ser comunes y corrientes. Y quienes no, buscan lo contrario, paradojas de la vida.

    Besos dulces Alma y dulce semana.

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    1. Como [casi] siempre, estoy de acuerdo con vos... parece ser verdad eso que dicen por aquí, que la césped del vecino es siempre más verde...

      Besos salados como el mar, Dulce.

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  5. Qué buen giro final! Sin duda una princesa piola y sobre todo LIBRE!
    besazos bonita!!

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    1. No he conocido una princesa más pilla que ella... es hermosa en todos los sentidos.

      Besotes gigantes!!

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  6. El cuento del revés. Muy buena idea :-) :-)
    Espero no encuentre un sapo fuera y sí un príncipe que la trate como una reina.

    Besos enormes.

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    1. Estoy segura que así será... el que elija será un príncipe... (y me encargaré que la trate como una Reina!! ...jajajajajaja)

      Besisssssssssss Mag.

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  7. Ojalá la libertad reinase así en tod@s, mi querida Alma.
    Gracias por traer esta entrada cuyo mensaje nos hace reflexionar.

    Mil besitos, corazón.

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    1. Ojalá Auro... es mi más grande deseo.

      Besotes infinitos.

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  8. Ya lo dijo Sabina hace tiempo que las niñas ya no quieren ser princesas, quieren decidir en su vida como hace tu protagonista. Bien por ellas.
    Un beso y feliz fin de semana

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    1. Lo más justo que cada un@ pueda decidir sobre su propia vida... my, muy bien por todas ellas.

      Besotes Conxita!

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