Ella ya no era una niña, la
última pérdida había cancelado esa poca fé en cualquier buena estrella. Así y todo,
sonreía al acariciarse el vientre que crecía día tras día. Una más de sus contradicciones;
sin creer en nada, lo apostaba todo.
No recuerda aquello que el
viejo señor del norte dejó esa Navidad. Pero seguramente, nunca olvidará que
ese siete de enero una pequeña de piel nívea y rizos negros trajo en sus manos
el regalo más grande...
...y, con sólo una mirada, volvió a creer en la magia, en lo infinito y eterno.
Ayer caminé junto a ti;
te tomé de la mano y confié.
Me reí, pero sobre todo me rompí. Caí. Sentí no tener un momento
de descanso, ningún placebo a la
rutina, a la realidad. Pero no dejaré me conviertas en una más de esas turistas que recorren tus días.
Hoy es mejor decirnos adiós, apagar la luz y cerrar la puerta a
nuestras espaldas.
‘Noche de paz... noche de amor...’ ...y mañana
será tiempo de renacer.
En lo personal ha sido un año muy, muy difícil. Comenzó mal, de la peor manera, y continuó bastante complicado. Muchos de los propósitos que me había planteado en esas primeras horas del 2019, se fueron difumando hasta desaparecer; otros han debido ser cambiados sin más. Pero bueno, así es la vida, no pide permisos.
Aunque también hubo otra constante: estos rinconcitos que son los blogs. Los míos, donde he volado con la imaginación y escrito (poco), o compartido música, o me he abierto para tratar de curar las heridas. Y también, obviamente, los de ustedes. Aunque muchas de esas veces haya pasado de puntillas, leyéndolos en silencio, porque no sabía qué decir o cómo hacerlo... pero en ambos casos, aquí o allí, he podido sonreír con esas palabras, con esos comentarios, con esas entradas.
Sentir el cariño entre letras; el abrazo silencioso, aunque fuera a la distancia; la preocupación a veces, que luego se transformaba en un mail personal... todos y cada uno, me han regalado algo para mí muy valioso: tiempo. Por eso, quiero dejarte mi regalo para ti, ábrelo en Navidad y úsalo cuando desees...
...en la cajita encontrarás un puñado de sonrisas para compartir si quieres; unos cuantos abrazos esperándote cuando lo necesites; un par de orejas dispuestas a escucharte; unos cuantos coloridos globos para poder volar juntos cuando la realidad amenace con aplastarnos; unas palabras amables cuando el mundo no lo sea; y mi agradecimiento más sincero... no te vayas de aquí sin él.
También aprovecho la ocasión para agradecer muy especialmente a:
Me quedé allí, sin saber qué pensar mientras veía cómo se mecían las hojas que el otoño había sustraído
a los árboles. De repente, todo parecía haber perdido sentido. Los días continuaban a pasar, uno tras
otro. No se detenían, por nada, por nadie. Por otro lado, ¿por qué deberían
hacerlo?, ¿qué deberían esperar? No sabía qué responder, porque tampoco yo
sabía qué debía esperar, o si realmente deseaba hacerlo. Ambigüedad, eso
sentía. Todo y nada.
Las palabras son las de los meses de Noviembre: mecían - días - pensar.)
jueves, 31 de octubre de 2019
Otra vez esa extraña
sensación la embargaba.
Ella, que dominaba cada aspecto y situación de la propia vida,
encontraba el máximo placer en poner las riendas en manos de Él.
Contradictoria,
así era ella, la contradicción hecha mujer. Pero es que ella sólo encontraba descanso cuando sus rodillas tocaban el
suelo que estaba delante de Él.
Las palabras son las de los meses de Octubre: extraña - descanso - suelo.)
domingo, 13 de octubre de 2019
Había comenzado su rutina laboral, por ende la radio se
encendía automáticamente a las 7:00am. Se levantó aún con sueño y puso el café
a hacer. Dejó que la música siguiera sonando, escuchar a Aute siempre le hacía pensar
en él.
Se hizo una foto así como estaba; todavía la camiseta con
la que había dormido puesta y la taza del desayuno en la mano. Fue esa misma
foto la que le envió por mail, aunque sabía que él estaría durmiendo, su
trabajo lo tenía despierto casi hasta la madrugada. Recordaba cuando lo había
conocido.
¿Madrugas cerca del mediodía? –le había preguntado
sorprendida. De grande quiero vivir como tú.
Sonreía con el recuerdo cuando le sonó el móvil indicándole
que tenía un nuevo mail. Para su sorpresa era la respuesta a su foto.
“Mis días mejoran cuando veo un correo tuyo.
No imaginas cuánto deseo desayunarte.”
Se ruborizó al leerlo, aunque hacía tiempo que se
frecuentaban, él seguía causándole el mismo efecto.
“Era un mimo... para que no me olvides y lleves mi imagen
en tu cabeza todo el tiempo que no estés conmigo.”
No había llegado a su habitación que el móvil volvió a
sonar; él había respondido.
“No podría olvidarte. No quiero sacar de mi cabeza nada que
venga de ti.”
Se quitó la camiseta, se echó boca abajo en la cama
deshecha y mientras una de sus manos bajaba hasta su sexo, la otra marcaba su
número. Tenía la necesidad, la urgencia de escucharlo.
Aquí me tienes... –le dijo en apenas un susurro.
Me encanta tenerte. –respondió él.
Esa mañana ella no llegó al trabajo, sin embargo viajó por
horas sólo con el sonido de su voz.
lunes, 23 de septiembre de 2019
El grupo de animales
yacía a sus pies. La sangre de ellos corría por sus manos. Pero no tenía otra
opción. Le bastó ver entrar a su hija aquella noche. El vestido hecho jirones; el maquillaje corrido; el rostro
desencajado. Lloró por días enteros. Había perdido la cuenta de cuántas duchas
había tomado, hasta casi desprenderse la piel, hasta dejarse ir y sucumbir al dolor. Entonces, el sabor a metal
invadió su boca, la furia cegó su razón y la brutal venganza guió sus pasos.