viernes, 29 de junio de 2018

#VDLN - 102

"Ámame sin miedos.
Confía sin cuestionarme.
Necesítame sin exigir.
Quiéreme sin restricciones.
Acéptame sin cambios.
Deséame sin inhibiciones.
Por un amor tan libre ...que nunca vuele lejos."
(Anónimo)





lunes, 25 de junio de 2018

Eran las nueve de la mañana y llegaba tarde... otra vez. Pero es que el día había comenzado tan bonito, con ese aire de inicios del verano que invitaba a pasear; y yo con mis tacones nuevos. Tomé el camino más largo, aunque me parecía escuchar la voz de mi madre diciéndome todo lo imprudente que yo solía ser. Fue girar la esquina y verlo allí parado, como siempre, esperándome. Sus seductores ojos negros parecían querer comerme. Y es que él no perdía nada, ni siquiera el vicio... por suerte.

(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras para el mes de Junio: nueve, vez, camino.)

Una vez más debo y quiero agradecer a Adella Brac, por haberme otorgado esta mención que luzco con muchísimo placer, trás haber participado durante seis meses a su iniciativa... gracias Adella, de ♥


viernes, 22 de junio de 2018

#VDLN - 101

"Cada palabra tiene consecuencias... cada silencio también."
(Jean Paul Sartre)

lunes, 18 de junio de 2018

Hacia sólo quince días que estaba trabajando allí, pero todo se había vuelto tan rutinario, que comenzaba a aburrirse. Sólo a su jefe se le habría podido ocurrir colocar cámaras de seguridad en la biblioteca. Era una pequeña ciudad, ¿qué podría pasar que necesitara de vigilancia constante? Y, sobre todo, ¿por qué él debía pasarse las tardes enteras a ver lo que sucedía, cuando eso significaba no ver nada?


Aunque había una única cosa que interrumpía ese tedio, o mejor dicho, una única persona. Ella; Eleonora. Llegaba todos los días una hora después de que la biblioteca abría por la tarde; y permanecía allí hasta cinco minutos antes de que cerraran. Él no dejaba de observarla, desde que entraba e iba a la sección de historia, hasta cuando se levantaba y, sonriendo, se marchaba. La veía acomodarse el cabello y la falda; controlar sus apuntes y los botones de su camisa. Por eso, no escapó a su mirada, cuando aquel día, Eleonora pareció encontrarse, por casualidad, con su profesor. Vió cómo ella observaba de reojo cada movimiento de él. Cómo la experimentada mano de él rozaba la espalda de ella cada vez que se acercaba a explicarle algo. Y fue así, observando cada uno de sus movimientos, que vió cuando muy disimuladamente, Eleonora se dirigió hacia la sección privada, y su profesor por detrás suyo a pocos pasos.

Nunca había nadie en esa parte de la biblioteca; pero él, con la cámara de seguridad, tenía una buena visión del entero sector. Por ello pudo ver perfectamente cuando el cuerpo de Eleonora quedó atrapado entre los libros y el peso de su profesor. Por unos segundos dudó en llamar a su jefe, pero sólo hasta que vió cómo ella respondía a esa presión. Eleonora levantó su falda y rodeó con sus piernas la cintura de él. Sus manos se sujetaban a los hombros de éste, arañando su espalda, mientras sus dedos se entrelazaban en sus cabellos. No pudo evitar excitarse ante el espectáculo que observaba como inadvertido espectador. Fue evidente el movimiento del profesor al bajar la cremallera de sus pantalones. Y, aún si eran sólo imágenes sin sonido alguno, por la expresión del rostro de Eleonora, podía sentir sus gemidos mientras él la penetraba. La embestía contra la pared de libros, una y otra vez, hasta vaciarse dentro ella.

No podía decir cuánto tiempo era que estaba observando todo esto. Se quedó casi aguantando la respiración, cuando el profesor se acomodó la ropa y se marchó como si nada hubiese ocurrido; sólo dándole un beso en la frente. Y ella, la misma Eleonora, mientras bajaba su falda y, descaradamente, miraba hacia donde estaba la cámara, sonriendo. Estaba confundido, no entendía ese gesto, seguramente había visto mal. Pensaba en ello cuando la voz de su jefe lo sorprendió por detrás.

Algún día, todo lo que abarcan ahora tus ojos, será mío... –pronunció éste, más como una sentencia que como un deseo.

Ahora se explicaba el porqué de todo eso. Sonrió pensando al dicho que 'el Diablo sabe más por viejo, que por diablo'. Y por ello, éste era su jefe.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 31: Escribe una escena de sexo pero narrada por un mirón.
El relato igualmente, surgió por iniciativa de Gin para su propuesta 'Tentaciones'.)


*Te pido disculpas públicamente Gin, porque te tomas un enorme trabajo con todas nuestras letras y yo esta vez no he podido cumplir en tiempo... pero tampoco he querido dar por perdido este relato. ♥

viernes, 15 de junio de 2018

#VDLN - 100

¿Quién dijo que el fútbol es sólo cosa de hombres?
No voy a entrar en los clásicos debates sobre derechos y capacidades, todos ya sabemos cómo son y somos; de lo que pueden y podemos... y es una obviedad que como hay hombres a los que este deporte les es totalmente indiferente, existen mujeres, -la que les escribe, por ejemplo-, a las que les apasiona.
Y justamente, para nosotr@s, que nos gusta ver los 90 minutos de este juego del Esférico (papá no te rías!!), hace unas pocas horas comenzó uno de los eventos más esperados: el Mundial.
Para quien no pudo, o no quiso, ver la fiesta inagural, debo decir que se han perdido un hermoso espectáculo; con la actuación de nada más ni nada menos que de Robbie Williams... (que dicho sea de paso, esto para las chicas: ¿han visto qué bien le han pasado los años a este muchacho? 😛)
Igualmente, por esta ocasión, en este Viernes Dando La Nota, les traigo una canción que para mí es "Mundial", que me quedará por siempre en la memoria y en el  ♥... y que, algo que pienso en este preciso instante, es la muestra -personal- que tal vez las cosas ya estén escritas en algún lado, y que todo tiene un porqué...


"...♫ Tal vez no será una canción
a cambiar las reglas del juego
pero quiero vivirla así esta aventura
sin fronteras y con el corazón en la garganta.

Y el mundo en un carrusel de colores
y el viento acaricia las banderas
llega una emoción y te lleva lejos
y desata la locura en un abrazo.

Noches mágicas
persiguiendo un gol
bajo el cielo
de un verano italiano.

Y en tus ojos
deseo de ganar...
Un verano
Una aventura más.

Aquel sueño que comienza desde niño
y que te lleva siempre más lejos;
no es una fábula y de los vestuarios
salen los muchachos y somos nosotros.

Noches mágicas
persiguiendo un gol
bajo el cielo
de un verano italiano.Noches mágicas
persiguiendo un gol
bajo el cielo
de un verano italiano.Noches mágicas
persiguiendo un gol
bajo el cielo
de un verano italiano.
Una aventura gol! ♫..."


martes, 12 de junio de 2018

24 Retos de Lectura - #11

Reto 11:
Los colegios ya cierran por vacaciones. Y tú, que estás hecha una chavala, no quieres pensar en los años que hace que saliste... Así que este mes vamos a viajar en el tiempo y espacio.
Relee tu libro favorito de niño/adolescente y redescubre la historia que tiene detrás.
Elección: “El príncipe feliz”, de Oscar Wilde

Sinopsis:
“La estatua del Príncipe feliz estaba cubierta por hojas de oro, sus ojos eran dos zafiros, y tenía un rubí en el puño de su espada.
Una noche llegó a la ciudad una golondrina, y al posarse en la estatua vió que ésta lloraba porque desde lo alto podía ver toda la miseria de la ciudad. Entonces decidió quedarse un poco más para ser su mensajera, a pesar de que sus amigas ya habían partido para Egipto y de que cada vez hacía más frío.”

Días atrás, cuando leía la nueva consigna de los retos de lectura, enseguida una imagen vino a mi cabeza. La de un libro con la tapa dura, blanca y naranja, y una ilustraciones hermosas. Creo que tenía 10 años o poco más, cuando a mis manos llegó “El Príncipe Feliz”. Sé que me lo regaló alguien especial, porque recuerdo una hermosa dedicatoria escrita a mano, -aunque, si por más esfuerzo que haga, no logro identificar quién-. El libro debe aún estar en casa de mis padres, o eso espero, por lo cual he vuelto a buscarlo para leerlo.

Lo que sí recuerdo es cuánto me gustaba el concepto de amistad que se transmitía en cada palabra. El sacrificio hecho por la pequeña golondrina, por quien conoció y se convirtió en su amigo, el Príncipe. Y la compasión y solidaridad de la que es capaz éste; el cual dona todo lo que tiene, y está dispuesto a la propia ruina y destrucción con tal de mejorar la vida de los habitantes de su ciudad. Pero en esta nueva lectura que hice, me he quedado pensando en el papel del Príncipe; un ser que como él mismo describe, ha vivido una existencia tranquila, llena de comodidades, dándose los gustos, y no viendo lo que ocurría a su alrededor. Y cómo éste deja pasar oportunidades, posibilidades de “estar” con y para el otro, y sólo darse cuenta de todo esto cuando ya no puede cambiarlo, cuando ya lo ha perdido definitivamente... y me pregunto: ¿cuántos Príncipes o Princesas –aparentemente- felices hay en este mundo?

“(...) –Cuando estaba yo vivo y tenía un corazón de hombre –repitió la estatua-, no sabía lo que eran las lagrimas porque vivía en el Palacio de la Despreocupación, en el que no se permite la entrada al dolor. Durante el día jugaba con mis compañeros en el jardín y por la noche bailaba en el gran salón. Alrededor del jardín se alzaba una muralla altísima pero nunca me preocupó qué había detrás de ella, pues todo lo que me rodeaba era hermosísimo. Mis cortesanos me llamaban ‘el Príncipe feliz’ y, realmente, era yo feliz, si es que el placer es la felicidad. Así viví y así morí, y ahora que estoy muerto me han elevado tanto, que puedo ver todas las fealdades y miserias de mi ciudad, y aunque mi corazón sea de plomo, no me queda más recurso que llorar. (...)”

Cuando era chica leía una y mil veces una misma historia, ya de adulta –quién sabe porqué- no leo dos veces el mismo libro... este reto me ha demostrado que, tal vez, debería hacerlo más seguido. Por lo cual, si lo has ya leído, vuelve a hacerlo; y si no lo has hecho aún, lee “El Príncipe Feliz”.

A la próxima!

(Nota: la sinopsis fue sacada del sitio: quelibroleo)

domingo, 10 de junio de 2018

¿Qué hay en la caja? –preguntó él, disimulando la curiosidad que había logrado despertarle.
Mmmmm... –respondió ella, mirándolo de esa manera tan pícara que a él tanto le gustaba. Si te lo digo, ¿qué sorpresa sería? ...mejor ábrela.

Él caminó lento hacia la mesa donde estaba la caja. No apartaba los ojos de ella, que le sonreía mordiéndose el labio. Casi dejaba de lado su curiosidad, dándole paso a su lujuría, lo que hubiese en la caja estaría allí también luego. Sin embargo, algo le decía que era mejor hacer como ella le había dicho.

La abrió levantando la tapa y frunció las cejas. Dentro había otra caja más pequeña, sujeta de forma muy particular con unas cintas de seda negra. Sobre ésta una pequeña tarjeta escrita a mano; reconoció la caligrafía de ella.

“Tú has sido el maestro, ahora es tiempo de comprobar si la alumna ha aprendido.” –leyó él a media voz... y sonrió.

Le llevó unos minutos, pero deshizo uno a uno los nudos que ella tan bien había realizado alrededor de esta caja. Cuando finalmente la abrió, alzó una ceja al ver que otra caja lo esperaba. Esta vez en madera, con una pequeña cerradura, y otra tarjeta por encima.

Tiene ganas de jugar la nena... –dijo él antes de leer nuevamente lo que ella había escrito. “Para llegar a tu regalo deberás buscar en tu mejor escondite...”

Sin dudarlo un instante, se acercó a ella con paso seguro y levantó su falda, metiendo una mano por entre sus bragas. Ella retuvo la respiración; y, cuando él encontró la pequeña llave, la quitó lentamente, pasando su dedo corazón por sus húmedos pliegues, y ella ahogó un gemido.

Volvió sobre sus pasos, y abrió el cofre de madera. Sonrió satisfecho al mirar en su interior; lo emocionaba que lo conociera de esa forma. Fue hacia ella otra vez, sentándose delante y sujetándola. Deseaba sentir su calor, su piel, su esencia, su alma. Porque lo de ellos era más fuerte que cualquier otra cosa. Porque ellos eran cómplices.

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 21: Te damos una frase como punto de partida, y lo demás lo añades tú:
"¿Qué hay en la caja?".)

Si quieres, déjame aquí tu huella...

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *