Era ya tarde, y siendo
miércoles, mitad de semana, decidí terminar y cerrar el libro que estaba
leyendo. Apagué la luz, para obligarme a dormir, pero nada.
Me giré. Me cubrí aún
más, de repente un frío en la habitación me congeló hasta los huesos. Volví a
girarme. Ví el radio reloj. Las 2:00am y aún no llegabas.
Me levanté y fui hasta
la cocina. Tal vez un poco de leche caliente me ayudaría. Escuché el ascensor y
miré hacia la puerta esperando verte entrar. Pero no, no se detuvo, no eras
vos. Fui hasta el salón a observar la ciudad por la ventana. Estaba
temiblemente silenciosa y había iniciado a llover. Despacio, como si de repente
el manto de estrellas se hubiese transformado en lágrimas. Como si la noche
hubiese sabido.
Las 3:00am y el sueño
no llegaba... y vos tampoco.
La mañana de un día
visiblemente gris, me encontró en el sofá. La vista fija en la puerta que no se
abrió, porque vos no volviste...
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(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Pepe desde su blog "Desgranando momentos".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)






