Lara era el ser más curioso que habitaba la tierra. Le gustaba
aprender cosas nuevas, y conocer todo lo que la rodeaba. Su abuela siempre la
llamaba pispireta, porque decía que tenía el alma inquieta.
Igualmente, ella a veces se desanimaba. No se sentía bonita, ni
nada especial. No creía tener algún tipo de habilidad particular, se sentía
pequeña, y se dejaba ganar por la ansiedad. Deseaba ser ya grande, tomar sus
propias decisiones, elegir su camino.
Aún no estás preparada... –le continuaba a decir su mamá. Ya
llegará tu momento, pequeña.
Lara no se resignaba. No podía esperar como le decía su madre,
ella quería crecer ya. Quería cambiar, quería ser otra. Esa noche se fue a dormir
como tantas otras noches. Con la mirada baja y la voz apagada, a pesar que en
el mundo de los sueños ella podía ser todo lo que deseaba.
A la mañana siguiente, apenas abrió los ojos, se percibió diferente,
aunque no lograba explicar cómo. Entonces, rápidamente se levantó y salió
corriendo hacia donde estaban los demás. Y ellos, al verla, sonrieron. Porque finalmente
el momento, su momento, había llegado. Ahora ella era todo lo que siempre había
soñado.
Porque sólo logramos cambiar cuando estamos preparados para ello,
sólo necesitamos tiempo.
Es el número 36: Haz una historia que tenga al final una frase moralizante a modo de fábula.)




