jueves, 11 de octubre de 2018

Han pasado poco más de dos años desde cuando te detuviste a leer en aquel parque. Recogiste tus cabellos sobre la nuca, como haces a menudo; y te sentastes sobre la hierba, a la sombra de uno de los árboles que allí se encuentran. Sentías que eras observada; lo sabías, pero continuaste. Te gustaba esa sensación, te excitaba. Y finalmente lo descubriste.

En un sólo momento advertiste su clase, su elegancia aún vestido de forma casual. Cuando se quitó los lentes de sol, pudiste ver sus oscuros ojos, su mirada de paciente cazador. Su cabello matizado de tonos de grises, te hacía suponer experiencia. No pudiste hacer a menos de observar sus manos... finas, cuidadas, de pulso firme. Y, sin razón aparente, temblaste.

Él te observó. Tus hombros, tu cuello, tus labios... que no te frenaste de morder, casi como a provocarlo. Te había puesto nerviosa, un cosquilleo te recorría el cuerpo, por lo que decidiste marcharte. Tu instinto advertía el peligro. Recogiste tus pertenencias y te alzaste. Quisiste pasar por delante de él tan rápido que, sin ni siquiera darte cuenta, caíste de bruces a sus pies, golpeándote la sien.

Déjame que te ayude... –te dijo, mientras sus manos ya sostenían tu cuerpo, levantándolo del suelo. Sólo te has hecho un pequeño corte, nada grave...
Gracias... –estabas definitivamente avergonzada y muy confundida.
Soy un doctor... –agregó él ante tu expresión de incredulidad. Por eso sé lo del corte... pero igual me gustaría me acompañes hasta mi consultorio, es aquí cerca.

Dudaste, había algo en el modo de mirarte. Pero él tomó tu brazo y no supiste negarte. O no quisiste. Él marcaba el paso. Seguro, decidido. Y tú a su lado.

Entraste en el edificio, siguiéndolo,  pese a que tus rodillas casi se tocaban. Cuando se detuvo frente al ascensor, hiciste un paso atrás. Te preguntabas qué demonios hacías allí; pero antes de darte cuenta, él había sujetado tu mano, y estaban subiendo dentro ese reducido espacio.

Tercer piso. Departamento siete. Pasillos alfombrados. Una placa dorada con su nombre y su título en la puerta. Observabas cada detalle, trateniéndolo en la memoria; como si ello te fuera a servir de algo. Pobre ingenua. Abrió la puerta.

Pasa... –te dijo sonriendo de lado. No muerdo... al menos que tú me lo pidas, por supuesto.
¿Cómo? –preguntaste, y tu voz se notaba definitivamente nerviosa.
Bromeaba... –agregó, cerrando la puerta detrás de mí. Acomódate, por favor.

Hiciste un respiro profundo, mientras entrabas para sentarte delante de su escritorio. El corazón te latía tan fuerte que temías lo escuchara sin más. Te pidió dejaras tus cosas y te acomodaras sobre la camilla. Sus manos sostenían la bandeja de los materiales para desinfectarte la herida. Te recostaste sin dejar de mirarlo a los ojos. Sentiste las gotas de sudor frío correrte por la espalda. Cuando apoyó el algodón mojado sobre tu frente, se te nubló la vista. Lo último que recuerdas aquello que te susurró:

Desde ahora estás en mis manos, yo cuidaré de ti... mia cara...

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 43Toca un relato en clave de thriller relatado en 2° persona.)

16 comentarios:

  1. Una víctima más, bueno, si es un psicópata como parece tendrá un listado de ellas. Ya hasta pienso como detective al leer tu relato :) Muy bien desarrollada la idea.

    Besos dulces Alma.

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    1. Yo creo que tiene varias interpretaciones, y cada una de ellas, válida... Me alegra te haya gustado.

      Besos grandes como el mar, Dulce.

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  2. Desde que el llega se hace sospechoso, pero según avanzo en la lectura voy cambiando mi opinión sobre el, lo has planteado perfectamente, así se empieza una historia atrapando al lector. Un abrazo

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    1. Me ha gustado que hayas cambiado idea, Ester... quizá después de todo él no sea tan malo, ¿no?

      Besotes!

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  3. Un fuerte recordatorio de lo importan que es escuchar nuestra intuición, porque en el fondo, siempre sabemos lo que viene. El miedo es una alerta de supervivencia tremenda.

    Muy buen relato, me sumergí por completo en él, extasiada.

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    1. Estoy muy de acuerdo contigo, Kadannek... es imprescindible escuchar esa voz interior, y como dicen: "el miedo no es tonto...".

      Besotes!

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  4. Magnífica historia que te atrapa y mantiene en vilo desde el principio… El corazón en un puño…
    Qué importante, a la vez que difícil, mantener la mente fría…

    Muy bueno, mi preciosa Alma.

    Bsoss y abrazos miles, y muy feliz noche 💙

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    1. Tal vez ella no deseaba mantener la mente fría, y simplemente se ha dejado llevar... es una opción...

      Besotes Gin... muchos, muchos...♥

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  5. Por un momento me recordó a una película de Richar Gere y Diane Lane... solo un fragmento... Te felicito mi querida Alma... impacta cada escena.

    Mil besitos para tus sueños ♥

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    1. Creo que sé que película dices, Auro... y no es más que un cumplido... así que gracias!

      Besotes infinitos preciosa.

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  6. Nunca un tropezón atuvo tan buenas secuelas :-)
    Me ha encantado la narración, la atmósfera en la que la escena se envuelve... y casi puedo percibir la agitada inquietud de ella y la seguridad de él.

    Un beso muy grande.

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    1. Sonrío Mag, porque has entendido todo...

      Besissssssssssssssss hermosa.

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  7. En la entrada de "dando la nota" no he visto donde dejar el comentario, me ha sorprendido la acústica de las montañas. Un abrazo

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    1. Hola Ester... es que todas las entradas habían sido programadas con tiempo, como si una parte de mí supiese que no iba a poder -ni querer- estar mucho por el blog en estos días... pero esa entrada, la última de #VDLN, pues ha sido un modo de despedirme, un homenaje a alguien muy importante para mí; por eso he quitado los comentarios... espero me comprendas.

      Esas montañas son el paisaje que me rodea... una maravilla sin dudas. Besotes!

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  8. Hay algo que el narrador no cuenta. No está claro si ella debió seguir desconfiando o si hizo bien en aceptar su invitación. No es raro que tenga un consultorio en su casa, pero esa frase final da para desconfiar. Aunque para ella podría ser demasiado tarde. Podría ser una prisionera de alguien que no quiere que sufra daño, aunque signifique que tiene que retenerla.

    Bien contado.
    Besos, paisana.

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    1. Creo que si ese "detalle" no es claro, es totalmente voluntario... es decir, me gusta que cada uno que lee mis relatos saque su propia conclusión... ¿vos que pensás, se confió o es una especie de prisionera, Demi?

      Besos paisano!

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