La antigua biblioteca del
pueblo estaba cada vez más vacía. La gente había perdido el interés en los
libros, en la lectura; y la joven bibliotecaria no era de ayuda, era demasiado
inexperta.
Esto Ana no podía
soportarlo, desde siempre las bibliotecas eran su lugar favorito. Había conocido
varias, pero ésta era la del lugar donde nació, donde iban las personas que la
habían visto crecer. Por lo que ahora debía encontrar una solución; no podía
dejar que su biblioteca cerrara para siempre.
Ana pensó en varias opciones
para que la gente volviera a interesarle la lectura; en definitiva, los libros
siempre habían sido su pasión. Cuando susurró esas ideas a la bibliotecaria,
ésta las tomó como suyas. Entonces se organizaron visitas para los niños de la
escuela, y algunas tardes, lecturas compartidas para los adultos. Ana estaba
feliz, se paseaba entre ellos, sintiendo cada emoción. Lo que más adoraba era
ese instante en que un niño descubría que podía leer solo. Esa maravillosa luz
que inundaba sus ojos, la misma que aparecía en los grandes cuando escuchaban
una poesía, tal vez la misma con la que habían conquistado al amor de su vida.
Ana no podía ser más
feliz. La biblioteca, su biblioteca, volvía a tener vida. Los libros, los
relatos, los poemas, cada una de las historias que estaban encerradas allí dentro
volvían a ser reales. Y ya no le importaba que no la vieran, ser invisible para
todo el mundo, porque ella era entre cada una de las letras. Ella era la esencia
de cada palabra, de cada párrafo, de cada verso. Ella era simplemente, Ana.
Es el número 42: Escribe el relato de una persona invisible
que se cuela en su lugar favorito del mundo.)
Este relato es un pequeño detalle para una amiga,
Auroratris; a la cual aprecio y admiro muchísimo...
Para ti, en tu día, con todo mi cariño... ♥