Caminaba por esa
callecita como tantas otras veces, cuando la vió. Ella estaba por ser lapidada,
la acusaban de adulterio. Y pese a la situación y a las heridas, ella era
hermosa. Se arrojó a sus pies para agradecerle, pero él no lo permitió. Tomó su
mano y la ayudó a levantarse. Su piel, tan blanca y suave; y sus ojos... quedó
capturado de esa mirada de miel.
Ella escuchó cuando
las personas a su alrededor lo llamaban a él, Maestro. Y la miraban juzgándola,
como antes habían hecho esos hombres con aquellas piedras en sus manos. Bastó
que él mirara a todos y cada uno de ellos, para que se hiciera silencio. Él le
pidió de acompañarlo, y se fueron de allí lentamente.
Pasaron los siguientes
días juntos, contándose de uno y del otro. Entonces él decidió. Llamó a sus
compañeros y les comunicó que continuaría su viaje solo, o al menos sin ellos.
Le había pedido a ella que lo hiciera, sería ella ahora su compañera. Y así
fue. Al inicio no lo comprendieron, lo criticaron, dijieron que no la conocía
de nada; a lo que respondió que si aún no habían aprendido que ciertas cosas
escapan a la razón, entonces no había sido un buen maestro. Y al final se
marchó con ella. Lo siguiente que se supo es que luego de algunos meses ellos
se unieron en matrimonio; no tuvieron hijos pero vivieron muchísimos años
felizmente, juntos hasta el final de sus días.
Hoy, 19 de Jeshvan de
5778, mi abuelo volvió a contarme la historia del profeta más importante. Cómo
el amor por una mujer cambió el rumbo del hombre al que llamaban el hijo de
Dios, y así, el de todos nosotros.
(Este relato es dedicado a
una gran Mujer,
que tengo el honor de
llamar amiga...
...feliz cumpleaños Mag!!!)
Es el número 15: ¡Cambia el devenir de los hechos!
Elige un momento histórico clave y construye una realidad totalmente diferente.
¿Qué hubiera sucedido si...?
Practica sin miedo toda tu destreza con la descripción.)
