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lunes, 24 de septiembre de 2018

Aún existen algunos que conservan la memoria del tiempo en los que él no existía.
Todo era sencillo, simple. Objetos y sujetos. Pero luego, lentamente comenzó a cambiar.
Unos pocos iniciaron a crear inútiles necesidades, y a producir cantidades exuberantes de cada objeto. Entonces él apareció. Decían que para tener una mayor seguridad, pero la realidad era otra. Había sido hecho para tener todo bajo control. Y nadie se dió cuenta que era el principio del fin.
De ahí a poco no hubo objeto que no lo tuviera. Él contenía el origen y el destino de cada uno, y hasta su exacta ubicación. Fue por ello que iniciaron a usarlo también en los animales. En esa ocasión dijieron que era el modo de cuidar las especies en via de extinción; que las queridas mascotas de nuestros hogares no se perdieran y, si lo hacían, poder encontrarlas enseguida. Pero sobre todo, decían prevenir que algún malintencionado abandonara la propia mascota. Y así fue que a alguno se le ocurrió la brillante idea de que se podría usar también en los niños, evitando secuestros y otros crímines. En los próximos cinco años lo habían puesto como ley mundial; al nacer a cada criatura se le grabaría a laser el propio código.
Hoy somos todos objetos, un número, con un origen y un destino. No nos hemos dado cuenta, pero nos tienen completamente bajo control, cada movimiento, cada acción. Ahora ya no importa más tu nombre, sólo eres un código de barras.

(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 17Busca "objeto" en Google imágenes.
La penúltima foto te presentará al protagonista de tu relato.)

Si quieres, déjame aquí tu huella...

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