Hacía meses que no se veían; se comunicaban sólo por
mail y algún que otro mensaje por whatsapp. Sabía que Javi finalmente había
abierto su propia peluquería, y aún si era su mejor amigo, no le había dicho nada
de su regreso. Por eso, pensó en presentarse directamente allí y sorprenderlo.
Llegó al local y rió por lo bajo; le había dicho que ese tipo de
decoración era más del estilo “Cabaret” con la Minelli que de un viejo salón
para señoras restaurado. Pero hoy debía estar allí, porque él era su amigo y se
lo debía. Entró con paso arrogante porque sabía que daría que hablar a esa hora
de la mañana. Y ese enorme pañuelo color fucsia era el toque final para una
escena que había repetido mil veces en su cabeza.
¡Santo Dios... Martin! –el grito de Javi casi hizo se rompiera el
gran ventanal de la entrada. ¿Y vos de dónde saliste?
Mirá si serás bruja... –respondió Martin agudizando el tono de voz
a propósito. Yo hago diecisiete horas de vuelo para verte y vos ni siquiera me
das un abrazo.
Martin se detuvo en medio del salón con los brazos abiertos, mientras
Javi lo tomaba por el pañuelo, sonriendo. El rostro de la octagenaria señora sentada
esperando para continuar con los golpes de sol, era entre el asombro y el
divertido. Aunque verla a ella con esa gorra ridícula no sólo era gracioso,
sino que subrayaba lo subreal.
Y..,. ¿me dirás qué haces aquí o tendré que tirarte uno a uno
estos rizos que tanto me gustan? –dijo Javi mientras sus manos se dirigían
hacia el cabello de su amigo.
¿Aparte venir a ver a mi mejor amigo? –respondió Martin frenando
las manos que iban derecho a su cabeza. Bueno... creí eras el mejor peluquero
de la ciudad...
Estilista... –corrigió Javi dándose aires. Y éste es el mejor
salón de la ciudad... pero para señoras no para un Casanova como vos.
Podrás hacer una excepción... –agregó Martin, sonriendo y
guiñándole un ojo a la rubia que hacia cinco minutos había salido de la parte
de atrás, donde se lavan las cabezas. Y esto parece más “La jaula de las locas”
que otra cosa!
Ambos estallaron en sonoras carcajadas y se volvieron a abrazar.
Entonces le digo a Carla que te lave esa melena de rey león que
llevas... –dijo Javi girándose para buscar a su ayudante.
No hace falta... –respondió Martin sentándose en una de las sillas
delante del espejo. Quiero me afeites.
Ambos se quedaron mirando a través del espejo. Martin se acomodaba
mientras su amigo se acercaba. Sus pasos eran lentos, y no dejaba de observar a
su amigo, aunque éste evitaba su mirada.
Javi se puso detrás de Martin, tomó el cepillo y comenzó con su
trabajo. Un mechón completo cayó en su hombro.
Martin... –murmuró Javi y los ojos se le llenaron de lágrimas.
¿Por qué...?
Porque él también ha vuelto y si tengo que perder mis rizos, ¿qué
mejor que en manos de mi mejor amigo? –respondió y sonrió, emocionado.
Es el número 25: Utiliza toda tu creatividad para describir de forma cómica
un relato de una visita a la peluquería con final dramático.)
un relato de una visita a la peluquería con final dramático.)

