Mostrando las entradas con la etiqueta peluquería. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta peluquería. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de noviembre de 2017

Hacía meses que no se veían; se comunicaban sólo por mail y algún que otro mensaje por whatsapp. Sabía que Javi finalmente había abierto su propia peluquería, y aún si era su mejor amigo, no le había dicho nada de su regreso. Por eso, pensó en presentarse directamente allí y sorprenderlo.

Llegó al local y rió por lo bajo; le había dicho que ese tipo de decoración era más del estilo “Cabaret” con la Minelli que de un viejo salón para señoras restaurado. Pero hoy debía estar allí, porque él era su amigo y se lo debía. Entró con paso arrogante porque sabía que daría que hablar a esa hora de la mañana. Y ese enorme pañuelo color fucsia era el toque final para una escena que había repetido mil veces en su cabeza.

¡Santo Dios... Martin! –el grito de Javi casi hizo se rompiera el gran ventanal de la entrada. ¿Y vos de dónde saliste?
Mirá si serás bruja... –respondió Martin agudizando el tono de voz a propósito. Yo hago diecisiete horas de vuelo para verte y vos ni siquiera me das un abrazo.

Martin se detuvo en medio del salón con los brazos abiertos, mientras Javi lo tomaba por el pañuelo, sonriendo. El rostro de la octagenaria señora sentada esperando para continuar con los golpes de sol, era entre el asombro y el divertido. Aunque verla a ella con esa gorra ridícula no sólo era gracioso, sino que subrayaba lo subreal.

Y..,. ¿me dirás qué haces aquí o tendré que tirarte uno a uno estos rizos que tanto me gustan? –dijo Javi mientras sus manos se dirigían hacia el cabello de su amigo.
¿Aparte venir a ver a mi mejor amigo? –respondió Martin frenando las manos que iban derecho a su cabeza. Bueno... creí eras el mejor peluquero de la ciudad...
Estilista... –corrigió Javi dándose aires. Y éste es el mejor salón de la ciudad... pero para señoras no para un Casanova como vos.
Podrás hacer una excepción... –agregó Martin, sonriendo y guiñándole un ojo a la rubia que hacia cinco minutos había salido de la parte de atrás, donde se lavan las cabezas. Y esto parece más “La jaula de las locas” que otra cosa!

Ambos estallaron en sonoras carcajadas y se volvieron a abrazar.

Entonces le digo a Carla que te lave esa melena de rey león que llevas... –dijo Javi girándose para buscar a su ayudante.
No hace falta... –respondió Martin sentándose en una de las sillas delante del espejo. Quiero me afeites.

Ambos se quedaron mirando a través del espejo. Martin se acomodaba mientras su amigo se acercaba. Sus pasos eran lentos, y no dejaba de observar a su amigo, aunque éste evitaba su mirada.

Javi se puso detrás de Martin, tomó el cepillo y comenzó con su trabajo. Un mechón completo cayó en su hombro.

Martin... –murmuró Javi y los ojos se le llenaron de lágrimas. ¿Por qué...?
Porque él también ha vuelto y si tengo que perder mis rizos, ¿qué mejor que en manos de mi mejor amigo? –respondió y sonrió, emocionado.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 25Utiliza toda tu creatividad para describir de forma cómica
un relato de una visita a la peluquería con final dramático.)

viernes, 5 de febrero de 2016

Sábado, el despertador no suena pero me despierto tan temprano como siempre. Me levanto y voy al baño como una autómata. Pasando me miro al espejo y, ¡por Dios... qué desastre! Decidido, voy a la peluquería.

Cuando llego allí no hay muchas mujeres esperando, ...por suerte. Y sí, porque sinceramente, todas esas horas escuchando “ciertos” discursos, suelen darme dolor de cabeza. Pero deseo un cambio, mejor, deseo que el cambio interior se refleje por fuera.

Y... ¿qué hacemos esta vez? –preguntó Sol, sonriéndome como si supiera ya lo que iba a contestarle; pero la sorprendería.
Quiero un cambio radical... –respondí con mirada desafiante, aunque si aún no sé a quién quería convencer, si a ella o a mí misma. Me pongo en tus manos.
¿Estás segura? –preguntó nuevamente pero riendo, creo que ya me conoce demasiado bien.
¡Sí! –respondo entusiasmada. Quiero un corte que los demás admiren, se maravillen. Quiero un corte que deje atrás lo pasado y recomenzar. Corte nuevo para una nueva yo.
Ok... Si es lo que querés. –dijo Sol levantando una ceja sin creerme del todo.

Una vez hecho el lavado, me acomodé en uno de los sillones y Sol me colocó esa molesta bata que siempre me da picazón al cuello.
¿Una tinta? –preguntó mientras me ofrecía una carpeta llena de mechones de todos colores.
Mmmm... No sé... –y miraba esos colores, había hasta un violeta, y por un momento me imaginé como un personaje de historieta. No, mejor no... Con todo lo que me costó mi mechón a lo Crudelia... Y sabés, eso de venir una vez a la semana a “retocar”; no, no es para mí.
¡Ja ja ja ja ja ja! –se rió con ganas. “Mechón a lo Crudelia...” Esta me la anoto.
Un cambio radical significa algo corto, desparejo... –decía Sol mientras me miraba através del espejo. Algo muy juvenil... ¿Qué decís?
¿Te parece? –y ya había fruncido la boca. Con mi cara redonda y el pelo corto pareceré un zapallo... No, deja, deja... Mejor mantengamos la largueza.
Bien... –y no agregó más; sonrió y comenzó a cortar.

Estuvo un rato, tijeras aquí y allá, me peinó con la ayuda del secador y un poco de laca (que detesto), y el resultado fue exactamente igual a las últimas veces, en los últimos años. Fui hasta la caja, le pagué, le di las gracias y un abrazo; nos sonreímos cómplices (ambas sabíamos desde el inicio que terminaría así), y me fui a casa. Donde me volví a lavar la cabeza para peinarme como me gusta. Preparé un poco de tè y pensé como decía Scarlett: “Mañana será otro día...” Y habrá siempre tiempo para cambios radicales... porque el verdadero cambio, ya sucedió.






(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Alfredo desde su blog "La Plaza del Diamante".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)





Si quieres, déjame aquí tu huella...

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *