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domingo, 13 de octubre de 2019


Había comenzado su rutina laboral, por ende la radio se encendía automáticamente a las 7:00am. Se levantó aún con sueño y puso el café a hacer. Dejó que la música siguiera sonando, escuchar a Aute siempre le hacía pensar en él.


Se hizo una foto así como estaba; todavía la camiseta con la que había dormido puesta y la taza del desayuno en la mano. Fue esa misma foto la que le envió por mail, aunque sabía que él estaría durmiendo, su trabajo lo tenía despierto casi hasta la madrugada. Recordaba cuando lo había conocido.

¿Madrugas cerca del mediodía? –le había preguntado sorprendida. De grande quiero vivir como tú.

Sonreía con el recuerdo cuando le sonó el móvil indicándole que tenía un nuevo mail. Para su sorpresa era la respuesta a su foto.

Mis días mejoran cuando veo un correo tuyo.
No imaginas cuánto deseo desayunarte.

Se ruborizó al leerlo, aunque hacía tiempo que se frecuentaban, él seguía causándole el mismo efecto.

Era un mimo... para que no me olvides y lleves mi imagen en tu cabeza todo el tiempo que no estés conmigo.

No había llegado a su habitación que el móvil volvió a sonar; él había respondido.

No podría olvidarte. No quiero sacar de mi cabeza nada que venga de ti.

Se quitó la camiseta, se echó boca abajo en la cama deshecha y mientras una de sus manos bajaba hasta su sexo, la otra marcaba su número. Tenía la necesidad, la urgencia de escucharlo.

Aquí me tienes... –le dijo en apenas un susurro.
Me encanta tenerte. –respondió él.

Esa mañana ella no llegó al trabajo, sin embargo viajó por horas sólo con el sonido de su voz.


domingo, 15 de abril de 2018

Al verla tal vez, no todos puedan comprender quién realmente tengan delante. Sus cabellos bañados por el sol, y sus ojos dulces como la miel, podrían hacer pensar en un ser frágil. Sin embargo, ella pertenece a un grupo de individuos privilegiados. Ella es de los que han sobrevivido.

Y ello no ha sido fácil. Fue la vida, que sin siquiera preguntarle o pedirle permiso, la ha convertido en la extraordinaria criatura que es hoy. Ha necesitado de coraje. Coraje para convertir cada herida en un punto de fuerza. Para que cada cicatriz fuera un recordatorio de lo vivido; de lo que podría haber sido y lo que ella ha logrado que no fuera. Todo aquello que había superado.

Ella ha librado cada una de sus batallas con pasión, la misma que siempre ha guíado su alma.
Ella, la que ha hecho de su voz, con la certeza de sus palabras, aquellas que surgían desde lo más profundo, su espada.
Ella, que en cambio, como escudo posee su natural esencia, templada en el fuego del día a día.
Ella, una mujer sin más armadura que la propia piel, con la cual sentir el latido; el proprio, y el del otro.
Ella, mujer y amiga.
Ella, sin dudas una guerrera de la vida.

Para vos, Gin, porque cuando se habla de "guerreras", me vienes siempre en mente...
smu@ckssssssssssssssssssss a montones!


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 34Tu protagonista tiene que ser una guerrera.)

jueves, 25 de agosto de 2016

Salí de la ducha envuelta en la toalla y fuí a mi habitación. Me vestí con esa lencería negra que tan sexy me hacía sentir. Medias de seda y el liguero nuevo, justo para esta cita. Luego me pondría aquel vestido corto sujeto al cuello que dejaba mi espalda descubierta. Me paré frente al espejo para peinarme y maquillarme.

Creo que el cabello suelto no harían tus rasgos tan duros... –dijo Ella con esa tímida voz de siempre, como con miedo a mi reacción. Y tal vez si no llevaras los labios tan rojos...

Ya no la escuchaba. Alteraba mis nervios esa manía de Ella de querer siempre aparentar ser más buena, más gentil, más decente, más santa... Yo en cambio me mostraba como era. Precisa en el trabajo. Generosa con mis amigas. Una señora en la calle. Una puta cuando se trataba de Él.

¿Volverás tarde? –susurró Ella. Mañana debo alzarme temprano, debo entregar un informe en el trabajo...

La miré de reojo, ni siquiera me detuve a responderle. Quedó allí, en pie, en el exacto lugar donde horas antes estaba yo. Había tenido su oportunidad y la desaprovechó. Esa noche yo tendría la mía... esa noche Él sería mío.

Ella me miraba. Esos ojos suplicantes y llenos de miedo... de lo que podría hacer... de lo que llegaría a ser.


Ella me miraba desde allí... desde el espejo.








(Estas letras pertencen a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Demiurgo desde su blog "El Demiurgo de Hurlingham".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)



jueves, 11 de agosto de 2016



Ella era una mujer en tierra extranjera. Una mujer buscando respuestas.

De día, sus huellas se perdían en la arena de esas grandes dunas. Caminaba detrás de las historias del antiguo Egipto. Sus pies se hundían en la arena tan profundamente como sentía que estaba su alma.

Al caer la tarde, su figura recorría las calles de la ciudad. Los últimos rayos de sol iluminaban las telas que los marchantes iban guardando para el día siguiente. Una leve brisa movía los abanicos de las palmas, mitigando el calor de su cuerpo. Sus pasos sin rumbo, se dejaban llevar por ese perfume exótico, mezcla de tierra y especias.

Mientras paseaba entre aquellas estrechas y ocres calles, cerró por un instante los ojos; inspirando ese aire que sabía a libertad. Iba inmersa en sus propios pensamientos, todo rumor había desaparecido, era la calma a cubrirla. Giró en una esquina y literalmente chocó con él, dos seres en una misma trayectoría. Su mirada se clavó en ella, dejándola sin palabras, sin respiro.

En un gesto involuntario, sus manos se habían apoyado en el pecho de él. Sabía que era una imprudencia, algo que no debía... sin embargo, no podía dejar de sentir esos latidos. Como si cada uno de ellos dijieran su nombre. Fueron segundos que duraron una eternidad.

Cuando ella se apartó, él tomó su mano para posarla aún sobre su pecho, justo en medio.

Ruhi... –susurró él. Ruhi...

Ella no sabía qué significaba, pero lo sentía. Su voz llamaba a una parte de ella tan profunda, tan olvidada. Desde esa noche no lograron separarse, porque simplemente se pertenecían.


Ella había necesitado perderse para encontrarse.



(Estas letras pertenecen a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Noa desde su blog "Hidden words".
Te invito a leer al resto de los participantes aquí!)



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