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lunes, 17 de julio de 2017

8:00am. El teléfono sonaba y la voz en la secretaría telefónica empezaba a hablar.

Buenos días Roxana. Hoy es jueves 13 de julio de 2017. Estás en tu habitación, en nuestra casa de Mercedes. En unos minutos entrará Clotilde con tu desayuno. Abre el armario que se encuentra a tu derecha y vístete. Si deseas salir al jardín, advierte a la misma Clotilde que sabrá cómo hacer, y abrígate, que hoy hace mucho frío. Si quieres llamarme, lo mismo, dirígete a Clotilde... Soy Mariana y estoy ya en el trabajo...

Roxana se levantó de la cama, se miró al espejo y no se reconoció. El reflejo de esa mujer grande no podía ser ella. Como no reconoció la voz de Mariana, ella sólo era un niña.

Buenos días, señora. –saludó una mujer mientras abría la puerta de su cuarto. ¿Cómo se encuentra hoy?
Buenos días... Clotilde, ¿no? –respondió sin estar muy segura pero confiándose en el mensaje oído poco antes. Bien... me siento muy bien.

Las dos mujeres conversaban animadamente, poniéndose de acuerdo para el después. Mientras, la mirada de Mariana se perdía en la ciudad. Sentada en su oficina, frente al enorme ventanal del último piso de ese importante edificio, meditaba sobre lo ocurrido ese año. Finalmente había logrado ser una asociada de aquel reconocido estudio jurídico. Eso y la conspícua herencia recibida tras la muerte de su abuela, fue lo que le permitió reducir la condena de Roxana y quitarla del psiquiátrico donde estaba cumpliéndola. Habían pasado veinticinco años, y muchísimas horas de terapia psicológica, desde la tragedia que las había separado. Los médicos le habían dicho que el caso de Roxana era singular. No se trataba de Alzheimer ni demencia senil, parecía como si simplemente hubiese decidido olvidar esos últimos veinticinco años de su vida. Pero ella no. Mariana no había olvidado nada. Era una niña cuando había aprendido a callar; a hacer de cuenta que nada al afuera de su habitación, existía. Bastaba una mirada de Roxana, sólo quince años más grande, para que Mariana se refugiara allí. Así había crecido, bajo el ala protectora de ella. Así hasta el día que se convirtió en señorita con sólo doce años, y Roxana la protegió por última vez. Pese a todo el tiempo que había pasado, Mariana aún despertaba sudando en mitad de la noche; aún temblaba como una hoja cuando oía ciertos llantos, ahogados; aún no había logrado olvidar la imagen de “Papá” muerto en ese lago de sangre y a Roxana repitiendo como en trance “a ella no... no a mi niña...”. En cierto modo envidiaba a Roxana, había logrado cancelar todo de su memoria. Pero ella no, e igual se lo debía; por bien dos veces le debía la vida.

8:00am. El teléfono sonaba y la voz en la secretaría telefónica empezaba a hablar.

Buenos días Roxana. Hoy es viernes 14 de julio de 2017. Estás en tu habitación, en nuestra casa de Mercedes. En unos minutos entrará Clotilde con tu desayuno. Hoy llueve, por lo que puedes aprovechar a quedarte en la cama un poco más. Soy Mariana y ya estoy en el trabajo...”, por un instante se hizo silencio y lo único que se escuchó perfectamente es como del otro lado, desde donde antes provenía la voz, tragaban saliva. “...te amo mamá, nos vemos esta noche.


(Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 7Da voz a los recuerdos y ofrece una solución en forma de historia
para un personaje que pierde la memoria cada día.)


jueves, 14 de julio de 2016

Finalmente había dormido toda la noche, sin esas interminables vueltas de un lado a otro entre las sábanas ni esos sudores de madrugada. La brisa del mar entraba por las ventanas del cuarto, junto a los rayos de sol de esas primeras horas.
Se desperezó como si fuera un felino, se alzó y sonrió, convencido que iniciaría a disfrutar de sus tan merecidas vacaciones. Luego de la ducha se dirigió a la cocina a prepararse el café, y de repente tuvo una extraña sensación, había algo que no lograba recordar. Escuchó voces y risas provenientes de la playa, y esa sensación desapareció al momento.
Mientras saboreaba su café y alguna galleta, controló sus mails desde el celular... era demasiado obsesivo como para dejar pasar un entero mes sin saber qué ocurría en la oficina. Y allí estaba nuevamente... tenía la certeza de que debería recordar algo, pero no lograba saber qué. Sacudió la cabeza, como si aquel gesto pudiese poner orden en ella. Apagó el celular, guardó todo y fue a la playa. Pasaría allí toda la jornada.
En esos diez primeros días, el sol ya había bronceado su cuerpo con ese color dorado que tanto lo favorecía. Pero en ningún momento lo había abandonado esa pregunta que ya taladraba su ser... ¿qué sería aquello que debía recordar?
Al caer el sol volvió a su casa, relajado, sereno. Se duchó nuevamente para quitar el salitre de su piel. Preparó algo sabroso y se acomodó delante de la tv. Mirar los canales de deportes sin ningún tipo de interrupción era un placer que no se dejaría pasar.
Fumó el último cigarrillo del día y fue a dormir. Aún no había podido recordar qué era aquello que persistía en hacerle eco dentro. Se dijo así mismo que si no lo recordaba, era porque no debería tener demasiada importancia. Se colocó sólo el pantalón de su pijama a rayas y se acostó. Tranquilo, sin recordar...

...él ya la había olvidado.





(Estas letras pertenecen a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Gustavo desde su blog "Juliano, el apostata".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)




jueves, 24 de marzo de 2016

Era ya tarde, y siendo miércoles, mitad de semana, decidí terminar y cerrar el libro que estaba leyendo. Apagué la luz, para obligarme a dormir, pero nada.
Me giré. Me cubrí aún más, de repente un frío en la habitación me congeló hasta los huesos. Volví a girarme. Ví el radio reloj. Las 2:00am y aún no llegabas.
Me levanté y fui hasta la cocina. Tal vez un poco de leche caliente me ayudaría. Escuché el ascensor y miré hacia la puerta esperando verte entrar. Pero no, no se detuvo, no eras vos. Fui hasta el salón a observar la ciudad por la ventana. Estaba temiblemente silenciosa y había iniciado a llover. Despacio, como si de repente el manto de estrellas se hubiese transformado en lágrimas. Como si la noche hubiese sabido.
Las 3:00am y el sueño no llegaba... y vos tampoco.
La mañana de un día visiblemente gris, me encontró en el sofá. La vista fija en la puerta que no se abrió, porque vos no volviste...

Nunca más.



haz click aquí: 24/Marzo '76





(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Pepe desde su blog "Desgranando momentos".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)




jueves, 17 de marzo de 2016

En un invierno que parece infinito,
donde el silencio hace tanto ruido;
escuchas ecos de teorías que ya no explican esto,
y mueren en lo árido del olvido.

Todo eso que quisieras decir y callas,
quedando bajo tierra... latiendo...
Hasta que antes de morir, estallas,
como una nueva primavera... renaciendo.





(Este relato pertenece a los "Relatos Jueveros" y esta semana la convocatoria
fue hecha por Casss desde su blog "El balcón de Cas".
Te invito a leer el resto de los participantes aquí!)



Si quieres, déjame aquí tu huella...

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